21º Domingo T. O., «CONOCER A JESÚS ES VIVIR LO QUE ÉL VIVIÓ», de Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Fe Adulta

Mt 16, 13-20

Como el domingo pasado se sitúa la escena fuera del territorio palestino. Otra vez Jesús se retira con sus discípulos; ahora a la región de Cesarea de Filipo. Se van a tratar temas que desbordan la problemática estrictamente judía, y por eso Mateo coloca la escena en territorio gentil, fuera de una concepción del Mesías demasiado nacionalista, para dar a entender que estamos en una apertura a los gentiles. Ni lo que dice sobre Jesús, ni lo que dice sobre la Iglesia podía ser aceptado por un judío normal.

Dos temas nos proponen hoy las lecturas: Quién es Jesús y el poder de las llaves. Lo primero que hay que tener en cuenta es que los evangelios están escritos mucho después de la muerte de Jesús, y por lo tanto reflejan, no lo que entendieron mientras vivieron con él sino lo que las primeras comunidades pensaban de él. También es lógico que se preocuparan por la estructura de la nueva comunidad: El texto expresa vivencias pascuales. Esto no le quita importancia sino que se la da, porque se trata de la experiencia de la primera comunidad que expresa así su fe en Jesús.

Se quiere diferenciar la opinión de la gente de la de los discípulos. Mejor sería decir que la diferencia sería entre lo que la gente y los discípulos pensaron de Jesús mientras vivía y lo que pensaron de él después de la Pascua. Es verdad que, mientras vivieron con él le mostraron una gran estima, pero no se dieron cuenta de la novedad que la figura de Jesús aporta. A los discípulos les costó Dios y ayuda dar el paso de una interpretación nacionalista del Mesías, a la del verdadero mesianismo que encarnaba la figura de Jesús. Solo después de Pascua fueron capaces de dar el paso.

Antes de esa experiencia, Pedro nunca pudo decir a Jesús que era el Hijo de Dios. (Marcos dice escuetamente: tú eres el Mesías y Lucas: el Mesías de Dios). Los judíos ni siquiera tenían un concepto de Hijo de Dios en sentido estricto. En el AT se llamaba hijo de Dios al rey, a los ángeles, al pueblo judío, pero en sentido simbólico. Para un judío lo más que se podía decir de un ser humano es que era el Ungido, es decir, Mesías. Los griegos (y también otras culturas) sí tenían un concepto de Hijo de Dios. Ellos sí podían decir de una persona que era hijo de Dios. Gracias al contacto con la cultura griega, los cristianos pudieron llegar a decir, después de la experiencia pascual, que Jesús era Hijo de Dios.

Jesús no pudo decir a Pedro, “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”; porque a Jesús nunca le pasó por la cabeza el fundar una Iglesia. Él era judío por los cuatro costados y no podía pensar en una religión distinta. Lo que quiso hacer con su predicación, fue purificar la religión judía de todas las adheren­cias que la hacían incompatible con el verdadero Dios. Tampoco los primeros seguidores de Jesús pensaron en apartarse del judaísmo. Fue el rechazo frontal de las autoridades judías, sobre todo de los fariseos después de la destrucción del templo, lo que les obligó a emprender su propio camino.

¿Quién es Jesús? La respuesta teórica es imposible. Desde nuestra visión, la pregunta está mal formulada. Que Jesús fue un ser humano concreto, es el punto de partida para su comprensión. Si partimos de la alternativa de que pudo ser hombre o pudo ser Dios, imposibilitamos una respuesta coherente. Es los que hicieron los primeros concilios cristológicos. Si Jesús fue Dios es porque es hombre, y si es hombre cabal es porque es Dios. No hay incompatibilidad entre ambas realidades. Todo lo contrario, Dios está en lo humano y el hombre solo puede llegar a su plenitud a través de lo divino, que ya es.

La respuesta que pone Mateo en boca de Pedro parece, a primera vista, certera, aunque no supone ninguna novedad, porque todos los evangelistas lo dan por supuesto desde las primeras líneas. Está claro que el objetivo del relato es afianzar una profesión de fe pascual. Si Pedro hubiera pronunciado esa frase antes de la experiencia pascual, lo hubiera hecho pensando en un “hijo de Dios” en el sentido en que lo entendían los judíos; como persona muy cercana a Dios o que tiene un encargo especial de su parte.

No se podría definir con dogmas, quién es Jesús. No debemos dejar de hacernos la pregunta. Lo que es Jesús para nosotros, nunca lo descubriremos del todo. También hoy la pregunta fundamental que debe hacerse todo cristiano, tiene que ser: ¿quién es este hombre? Lo malo es que todo intento de responder con fórmulas cerradas no solucionará el problema. La respuesta tiene que ser práctica, no teórica. Mi vida es la que tiene que decir quién es Cristo para mí. Del esfuerzo de los primeros siglos por comprender a Jesús, debemos hacer nuestras, no las respuestas que dieron sino las preguntas que se hicieron.

Dar por definitivas las respuestas de los primeros concilios nos ha sumido en la rutina. Lo que nos debe importar es descubrir la calidad human de Jesús y descubrir la manera de llegar nosotros a esa misma plenitud.

Se trata de responder con la propia vida a la pregunta de quién es Jesús. Y tú, ¿quién dices que soy yo? ¿Qué dice tu vida de mí? Hubo un tiempo en que hemos creído que lo importante era la respuesta. Como la respuesta ya estaba dada, hemos dejado de hacernos la pregunta, y eso es lo grave. Hoy sabemos que lo importante es que sigamos haciéndonos la pregunta.

Desde el punto de vista doctrinal la historia se encarga de demostrarnos que nunca nos aclararemos del todo. O exageramos su divinidad convirtiéndole en un extraterrestre o afianzamos su humanidad y entonces se nos hace muy difícil el compaginar que sea plenamente hombre y a la vez divino. Una vez más tenemos que decir que la solución nunca la encontraremos a nivel teórico. Solo desde la vivencia interior podremos descubrir lo que significa Jesús como manifestación de Dios. Solo si nos identificamos con Jesús, haciendo nuestra su vivencia de Dios comprenderemos lo que fue Jesús.

Respecto a la segunda cuestión, tenemos que aclarar algunos puntos. En primer lugar, los textos paralelos de Marcos y de Lucas no dicen nada de la promesa de Jesús a Pedro. Es éste un dato muy interesante, que tiene que hacernos pensar. Marcos es anterior a Mateo. Lucas es posterior. Tanto la confesión de Hijo de Dios como la promesa de Jesús a Pedro, es un texto exclusivo de Mateo. Si tenemos en cuenta que Mateo y Lucas copian de Marcos, descubriremos el verdadero alcance del relato de Mateo. Lo añadido está colocado ahí con una intención determinada: revestir a Pedro de una autoridad especial frente a los demás apóstoles.

Es la primera vez que encontramos el término “Iglesia” para determinar la nueva comunidad cristiana. Utiliza la palabra que en la ‘traducción de los setenta’ del AT se emplea para designar la asamblea (ekklesian). El texto intenta afianzar a Pedro en la presidencia de esa organización, pero es exagerado deducir de él lo que después significó el papado. Hay que tener en cuenta que existe otro texto paralelo, también de Mateo, que leeremos dentro de dos domingos, que va dirigido a la comunidad: “Porque lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo; y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”.

No se entiende que en dos lugares tan próximos del mismo evangelio dé el poder de atar y desatar a Pedro y a la comunidad. Si ponemos atención, veremos que los dos textos no se contradicen, sino que se complementan. La última palabra la tiene siempre la comunidad, pero esta tiene que tener una persona que la represente.

Pedro o su sucesor, cuando hablan en nombre de la comunidad y expresando el común sentir de la comunidad, tienen la garantía de acertar en los asuntos importantes para la comunidad. No es la comunidad la que tiene que doblegarse ante lo que diga una persona, sino que es el representante de la comunidad el que tiene que saber expresar el común sentir de ésta.

Meditación-contemplación

Y tú, ¿quién dices que soy yo?

Ser cristiano significa responder a esta interpelación de Jesús.

No de manera teórica y aprendida,

sino con las actitudes vitales que él me exige hoy.

……………

En el momento que deje de hacerme la pregunta,

he dejado de ser cristiano.

Si tengo ya la respuesta definitiva,

me he colocado fuera del camino.

……………

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios Vivo”,

es la profesión de fe de los primeros cristianos.

Es el fruto de toda la experiencia pascual.

Yo también puedo ser lo que fue Jesús.

………………

Fray Marcos

 

21º DOMINGO T.O., «QUÉ DECIMOS NOSOTROS-ETA GUK ZER DIOGU» José A. Pagola

José Antonio Pagola

Mt 16, 13-20

Eta guk zer diogu

Behin batean ikasleei egin zien galdera bera digu egiten Jesusek gaur guri: «Eta zuek, ni nor naizela diozue?» Ez digu galdetzen, haren nortasun misteriotsuaz zer erantzungo bakarrik, baizik eta berarekiko gure harremanei berrikusi bat ematera eragin nahi digu. Zer erantzuten al diogu geure elkarteetatik?

Egunetik egunera hobeto ezagutzen al dugu Jesus, ala betiko «geure eskema zahar aspergarrietan hesiturik» daukagu bera? Elkarte bizi al gara, arduratzen al gara Jesus geure bizitzaren eta jardunbideen erdi-erdian jartzeaz, ala lokarturik bizi gara ohikerian eta erdipurdi eginik?

Sutsuki maite al dugu Jesus, ala pertsonaia ajeatua bihurtu da, dei egiten dioguna, baina gure bihotzean axolarik eza eta hartaz ahaztea haziz doazelarik? Gure elkarteetan hurbiltzen direnek senti ote dezakete, guretzat benetako indarra eta tiramena dituela Jesusek?

Jesusen ikasle sentitzen al gara? Ari al gara ikasten, haren biziera dela medio, gaur egungo geure gizarte honetan bizitzen, ala geure probetxurako gustagarriago den edozein gauza erakargarriren ondoren joaten gara? Bost axola al zaigu nolanahi bizitzea, ala, Jesus bezala bizitzen ikasteko, eskola bihurtu dugu geure elkartea?

Ikasten ari al gara, Jesusek begiratzen zion bezala, geure bizitza nola begiratuko? Premian eta baztertuak direnei errukiz eta erantzukizunez begiratzen al diegu geure elkarteetatik, ala geure ospakizunetan hesitzen gara, elbarrienak eta ahaztuenak, Jesusek beti hobesten zituen haiek, direnen sufrimenduari ezikusiarena eginez?

Aitaren egitasmoan, Jesusen lankide izaten jarraitzen al dugu mundua gizatarrago bihurtzeko, ala pentsatzen jarraitzen dugu ezen kristautasunak duen gauzarik inportanteena nor bere salbazioaz arduratzea dela soil-soilik? Konbentziturik al gaude ezen Jesusi jarraitzeko era, eguna joan eguna etorri, gizon-emakume guztien bizitza gizakoiago eta zoriontsuago egiten saiatzea dela?

Kristauen igandea bizi, Jesusen piztuera ospatuz bizitzen al dugu, ala asteburua inolako kristau-zentzurik gabe antolatzen jarraitzen dugu? Ikasi al dugu Jesus bihotzaren isiltasunean aurkitzen, ala sentitzen hasiak gara gure fedea itzaliz doala, geure baitan ditugun zarata eta hutsunea direla medio?

Sinesten al dugu, biziaz bete-beterik, gurekin ibili dabilen Jesus berpiztuagan? Bere jarraitzaileoi ondare utzi zigun bakeari harrera ona egiten jarraitzen al dugu geure elkarteetan? Sinesten al dugu, sekula amaituko ez den maitasunez maite gaituela Jesusek? Sinesten al dugu indar eraberritzailea duela horrek? Ba al dakigu, geure baitan daramagun esperantzaren misterioaren lekuko izaten?

¿QUÉ DECIMOS NOSOTROS?

Mt. 16, 13-20

También hoy nos dirige Jesús a los cristianos la misma pregunta que hizo un día a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. No nos pregunta solo para que nos pronunciemos sobre su identidad misteriosa, sino también para que revisemos nuestra relación con él. ¿Qué le podemos responder desde nuestras comunidades?

¿Conocemos cada vez mejor a Jesús, o lo tenemos “encerrado en nuestros viejos esquemas aburridos” de siempre? ¿Somos comunidades vivas, interesadas en poner a Jesús en el centro de nuestra vida y de nuestras actividades, o vivimos estancados en la rutina y la mediocridad?

¿Amamos a Jesús con pasión o se ha convertido para nosotros en un personaje gastado al que seguimos invocando mientras en nuestro corazón va creciendo la indiferencia y el olvido? ¿Quiénes se acercan a nuestras comunidades pueden sentir la fuerza y el atractivo que tiene para nosotros?

¿No sentimos discípulos y discípulas de Jesús? ¿Estamos aprendiendo a vivir con su estilo de vida en medio de la sociedad actual, o nos dejamos arrastrar por cualquier reclamo más apetecible para nuestros intereses? ¿Nos da igual vivir de cualquier manera, o hemos hecho de nuestra comunidad una escuela para aprender a vivir como Jesús?

¿Estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba Jesús? ¿Miramos desde nuestras comunidades a los necesitados y excluidos con compasión y responsabilidad, o nos encerramos en nuestras celebraciones, indiferentes al sufrimiento de los más desvalidos y olvidados: los que fueron siempre los predilectos de Jesús?

¿Seguimos a Jesús colaborando con él en el proyecto humanizador del Padre, o seguimos pensando que lo más importante del cristianismo es preocuparnos exclusivamente de nuestra salvación? ¿Estamos convencidos de que el modo de seguir a Jesús es vivir cada día haciendo la vida más humana y más dichosa para todos?

¿Vivimos el domingo cristiano celebrando la resurrección de Jesús, u organizamos nuestro fin de semana vacío de todo sentido cristiano? ¿Hemos aprendido a encontrar a Jesús en el silencio del corazón, o sentimos que nuestra fe se va apagando ahogada por el ruido y el vacío que hay dentro de nosotros?

¿Creemos en Jesús resucitado que camina con nosotros lleno de vida? ¿Vivimos acogiendo en nuestras comunidades la paz que nos dejó en herencia a sus seguidores? ¿Creemos que Jesús nos ama con un amor que nunca acabará? ¿Creemos en su fuerza renovadora? ¿Sabemos ser testigos del misterio de esperanza que llevamos dentro de nosotros?

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.16.13-20)

*     DOMINGO XXI. T.O –A– AGOSTO 24 de 2014

*          En el  Evangelio de hoy  se encuentra  La gran pregunta de Jesús a los discípulos, dirigida también a cada uno de los creyentes y comunidades.
*                                   ¿Quién dice la gente que soy Yo? Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?…
Esta pregunta nos la hace Jesús a cada uno, personalmente. Realmente, su persona ¿significa nuestra esperanza?..

*          Nos la hace la gente que nos conoce.  ¿Nuestra vida responde a la fe que decimos profesamos?

*          Nos la pueden hacer los amigos, los hijos, los grupos de reflexión o comunidades cristianas, o en la catequesis. ¿Qué diría yo desde mi interior de Jesús?…

*          Viene Jesús de Nazaret, una vez más, y nos hace la pregunta: ¿Tú… Quién dices que soy Yo?

¿Qué pensamos y decimos de nuestra fe y de nuestra esperanza, de nuestro seguimiento y entrega, de su persona y de sus Palabras?

* Tal vez, y puede ser un fallo grande, sabemos hablar de todo pero nos cuesta hablar de Dios: manifestar  nuestras creencias religiosas. Defender, si es necesario el sentido que tenemos de la vida, la familia y de la sociedad desde el Evangelio.

* Podíamos seguir haciéndonos las buenas preguntas que en un documento manifiesta  J, Leoz.
¿Qué decimos sobre El? ¿Le conocemos profundamente o sólo superficialmente? ¿Escuchamos su Palabra o simplemente asistimos a su lectura?

No es difícil encontrar personas que digan que Jesús es un personaje formidable, histórico, pero olvidan  o no lo han sentido nunca que Jesús, como Hijo de Dios, es Salvador.
Jesús de Nazaret, no ha venido al mundo para ser anunciado en grandes carteles y luego ser olvidado en el estilo de vida de los que nos decimos creyentes.

Jesús, ha venido sobre todo para que veamos en El, un Camino, la mejor fotografía y el mejor rostro que Dios tiene: el MOR, que se traduce en Misericordia, Bondad, Ternura, Perdón, escucha. etc.
*          Hoy, como Pedro entonces, nuestra Iglesia (Con limitaciones,, contradicciones, dificultades) y cada uno de nosotros, tenemos que seguir respondiendo  a la pregunta que nos hace de nuevo Jesús de Nazaret.
Y tú… ¿QUIÉN DICES QUE SOY YO?
¿Sabremos responder desde nuestro interior como Pedro?

TÚ, SEÑOR, ERES EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS.

ORACIÓN
* Y VOSOTROS ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?…

PERO YO OS DIGO.

¿Nos lo podrá decir?…  escuchemos en el silencio el sentir de nuestro interior…

A vosotros que compartís mi proyecto y lo lleváis a cabo; a vosotros que recibís mi Palabra y la ponéis en práctica; a vosotros que os reunís en mi nombre y recordáis mi presencia

Os llamo amigos.

A vosotros que sois fuertes en vuestra debilidad; a vosotros que os mantenéis firmes en la Palabra del evangelio; a vosotros que progresáis en la fe

Os llamo amigos.

¿Nos lo podrá decir? Dejemos que nuestro interior nos hable.

A vosotros, dispuestos a dar la cara, a defender mi causa, a hablar  de mí y decir quién soy yo;
A vosotros con quienes se puede contar ante las necesidades de los otros.

Os llamo amigos.

A vosotros que afrontáis la realidad  e intentáis mejorarla; a vosotros que trabajáis por un futuro mejor para todos.

Os llamo amigos.

A vosotros, que celebráis lo que creéis y compartís lo que tenéis; A vosotros en la fiesta y juntos en la dificultad; a vosotros que tratáis de vivir mis sentimientos y mi Espíritu.

Os llamo amigos.

Dejemos que resuene esta pregunta de nuevo en nuestro interior:

*Y VOSOTROS ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?

Que Jesús de Nazaret, después de darle la respuesta y comunicarla a los demás nos pueda decir:.

OS LLAMO AMIGOS. AMÉN.

SEGUIMOS ORANDO. RECORDANDO EL DOLOR QUE SE VIVE EN NUESTRO MUNDO

Jesús De Nazaret. Hoy unidos en Iglesia queremos decir con nuestra Oración y nuestros compromisos:
“NO A LA GUERRA” “NO A LA DESHUMANIZACIÓN”.

Reconocemos que la guerra jamás favorece el bien de la comunidad humana, que la violencia destruye y jamás construye, sólo trae hambre, sufrimientos, muertes. Las heridas de la guerra quedan sangrando durante mucho tiempo y los conflictos dañan la situación de los pobres y producen nuevas formas de pobreza.

El espectáculo desolador de miseria y sufrimientos que estamos viviendo en estos tiempos causadas por las guerras, es un aviso para todos – personas, sociedad, mundo-

Que se comprenda, que el dinero, no debe invertirse en guerras, ni ser empleado para destruir y matar, adultos y multitud de niños indefensos, sino para defender la dignidad humana, mejorar su vida y construir una sociedad abierta y solidaria.

Que nuestro grito y compromiso, brote de lo más íntimo de nuestro ser clamando:
Jesús de Nazaret, ayúdanos a no cerrar los ojos, a no quedarnos pasivos ante tanta injusticia, para que con tu ayuda y los compromisos a nuestro alcance podamos trabajar unidos por la
PAZ, SOLIDARIDAD, HUMANIDAD PARA TODOS. AMÉN. ZURIÑE

ORAR CON EL EVANGELIO: (Mt.15:21-28)

  • DOMINGO 20º. T.O-A– AGOSTO 17 de 2014.
  • La Palabra de Dios si La profundizamos cada semana, va transformando nuestro interior, como la tierra misma que se va haciendo más fructífera y más rica, cuando se trabaja.

A veces pensamos que las cosas que les pasan a los demás, como no son de los nuestros, o son de fuera, o inmigrantes, que no les duelen, que no sienten lo mismo que nosotros. Esa mentalidad estaba muy arraigada en el pueblo judío. Ellos eran los “buenos” y los demás “paganos repugnantes” que no creían en nada. Sin embargo hoy escuchamos al profeta Isaías decir: “A los extranjeros que se han dado al Señor… los traeré a mi monte santo. Los alegraré en mi casa de oración”… Dios quiere una “casa” sin fronteras, pero las personas nos empeñamos en poner límites, vallas, pinchos, etc…Pero que tengamos claro que ese no es el proyecto de Dios.

Hasta el mismo S. Pablo se dio cuenta y se convirtió en “apóstol de los gentiles”, después de encontrar un rechazo de los de su religión, de su misma raza.

Jesús, con su actitud hacia la mujer cananea nos da su ejemplo.

Mateo en el evangelio recoge la manera de pensar de aquella época: la salvación es solo para el pueblo judío, para el pueblo de Dios…  “Jesús es un gran pedagogo y sabe sacar lo mejor de aquella mujer y dejarse “convencer” por su súplica y por su gran humanidad. Y acaba alabando su fe, que es capaz de todo: “Mujer, que grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. Aquí tenemos a Jesús alabando la fe de una extranjera delante de sus discípulos. Nos imaginamos las caras que ellos pondrían. Y que gran lección para nosotros, para no quedarnos con lo exterior de las personas, sino ver que hay dentro, en su corazón. Seguro que encontraremos al mismo Dios que nosotros tenemos, al que llamamos Padre y que nos hace hermanos aunque las califiquemos de esta u otra raza, religión, color…

Que Jesús de Nazaret nos enseñe a vivir esta comunión con Dios y con los demás, sin fronteras ni barreras.

ORACIÓN

Todos Necesitamos un poco de la fe de la Cananea. Danos Jesús de Nazaret  un corazón capaz de descubrir tu presencia en los otros, aunque sean diferentes.

Danos una fe sólida y verdadera que nos ayudará a vencer los obstáculos.

Una fe, confiada que nos hará esperar contra toda esperanza.

Una fe insistente, como la de la Cananea que nos ayudará a ser pacientes y no desesperar.
Enséñanos a pensar en los otros.

Danos la gracia de entender que en cada instante, mientras nosotros vivimos una vida bastante tranquila ayudados por Ti, hay millones de seres humanos, que también son hijos tuyos y hermanos nuestros, que mueren de hambre, y mueren de frío, de guerras y enfermedad, sin haberlo merecido… Que sepamos gritarte como la cananea: “Ten compasión de ellos”.

¡Oh Dios, que todos los pueblos te alaben!

Que un día nos puedas decir:

¡QUE GRANDE ES VUESTRA FE!

AMÉN.

ZURIÑE

20º Domingo T.O., «JESÚS ES DE TODOS», José A. Pagola

Mt 15, 21-28

Una mujer pagana toma la iniciativa de acudir a Jesús aunque no pertenece al pueblo judío. Es una madre angustiada    que vive sufriendo con una hija “atormentada por un demonio”. Sale al encuentro de Jesús dando gritos: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”.

La primera reacción de Jesús es inesperada. Ni siquiera se detiene para escucharla. Todavía no ha llegado la hora de llevar la Buena Noticia de Dios a los paganos. Como la mujer insiste, Jesús justifica su actuación: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

La mujer no se echa atrás. Superará todas las dificultades y resistencias. En un gesto audaz se postra ante Jesús, detiene su marcha y de rodillas, con un corazón humilde pero firme, le dirige un solo grito: “Señor, socórreme”.

La respuesta de Jesús es insólita. Aunque en esa época los judíos llamaban con toda naturalidad “perros” a los paganos, sus palabras resultan ofensivas a nuestros oídos: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Retomando su imagen de manera inteligente, la mujer se atreve desde el suelo a corregir a Jesús: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los señores”.

Su fe es admirable. Seguro que en la mesa del Padre se pueden alimentar todos: los hijos de Israel y también los perros paganos. Jesús parece pensar solo en las “ovejas perdidas” de Israel, pero también ella es una “oveja perdida”. El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos. Ha de ser de todos y para todos.

Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta nos revela su humildad y su grandeza: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! que se cumpla como deseas”. Esta mujer le está descubriendo que la misericordia de Dios no excluye a nadie. El Padre Bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos.

Jesús reconoce a la mujer como creyente aunque vive en una religión pagana. Incluso encuentra en ella una “fe grande”, no la fe pequeña de sus discípulos a los que recrimina más de una vez como “hombres de poca fe”. Cualquier ser humano puede acudir a Jesús con confianza. Él sabe reconocer su fe aunque viva fuera de la Iglesia. Siempre encontrarán en él un Amigo y un Maestro de vida.

Los cristianos nos hemos de alegrar de que Jesús siga atrayendo hoy a tantas personas que viven fuera de la Iglesia. Jesús es más grande que todas nuestras instituciones. Él sigue haciendo mucho bien, incluso a aquellos que se han alejado de nuestras comunidades cristianas.

José Antonio Pagola

20º DOMINGO T.O. «DEJAR CAER LAS ETIQUETAS» Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Mt 15, 21-28

Los estudiosos judíos que se han acercado a la figura de Jesús (Joseph Klausner, Schalom Ben Chorim, Pinchas Lapide, Geza Vermes, David Flusser, Jacob Neusner, Mario Javier Saban…) insisten, con razón, en el carácter judío del Maestro de Nazaret. Denuncian la des-judaización a que lo sometió la teología cristiana y se rebelan contra la pretensión de esa misma teología cuando afirma una supuesta superioridad ética del cristianismo con respecto al judaísmo. A quien le interese toda esta cuestión, le recomiendo la lectura del libro de M.J. SABAN, El judaísmo de Jesús. Las enseñanzas éticas de la Torá y de la tradición israelita de Yeshua de Nazaret, edición del autor, Buenos Aires 2008. (www.mariosaban.com).

Y algunos de ellos se apoyan en este texto para mostrar la reacción de Jesús como la propia de un rabino judío de la época. Su mensaje se dirigía únicamente al pueblo de Israel, por lo que ignora la súplica de la mujer cananea. Más aún, ante la insistencia, Jesús se dirige a ella con el despectivo término (“perros”) que usaban los judíos para referirse a los gentiles.

Nos encontramos, por tanto, ante un rabí judío, fiel a la tradición de su pueblo, aunque en tantos otros puntos ofreciera una interpretación novedosa de aquella misma tradición, en la línea del rabino Hillel, el Anciano.

¿En qué consiste la novedad de la situación que se refleja en este relato? Parece claro que en la flexibilidad de Jesús, que no duda en modificar su perspectiva en cuanto, gracias a la actitud de la mujer cananea, se abre a un horizonte mayor.

No parece exagerado decir que Jesús vivió aquí una experiencia de “conversión”. De pronto, se dejó “salir” de un esquema preestablecido, sancionado por la tradición de su pueblo, abriéndose a la novedad desconcertante que rompía las barreras nacionales y religiosas.

Gracias a esa nueva perspectiva, cayó la etiqueta con la que un judío miraba a los gentiles (“perros”) y fue posible una relación sencillamente humana, más allá de barreras o fronteras artificialmente construidas.

En realidad, “pensar” equivale a poner etiquetas. Por eso, creemos que, pensando, nos acercamos a la verdad, pero bien pudiera ocurrir justamente lo contrario. Porque, en el hecho mismo de pensar, lo que hacemos es sobreimponer nombres y formas a cualquier realidad, acontecimiento o persona que aparece ante nosotros. Por eso mismo, más que “ver”, lo “interpretamos” desde nuestros juicios previos.

Cuando eso ocurre –y es lo más habitual mientras estamos en la mente-, no solo no vemos con limpieza, sino que desfiguramos y falseamos la realidad. Es decir, con frecuencia, el pensamiento nos aleja de la verdad. Hasta el punto de que tomamos como “verdad” lo que no es sino una convención social, sostenida por nuestros esquemas mentales.

Ese es el funcionamiento típico del ego. Dado que el ego no es otra cosa que nuestra identificación con la mente, solo sabe moverse a partir de las etiquetas que esta le muestra. Con un añadido: coloreará todas ellas con un “me gusta” o “no me gusta”, y hará de este juicio su única ley.

El ego es rígido, porque se ve obligado a una búsqueda afanosa y ansiosa de seguridad. Por ello, rechazará cualquier “novedad”, y exigirá que la realidad se acomode invariablemente a sus propios criterios.

Hace falta mucho valor y mucha humildad para asumir un cambio como el que, en este relato, percibimos en Jesús. Sin embargo, no es menos cierto que no es posible el crecimiento humano si no ponemos en cuestión nuestras supuestas “verdades” –que no suelen ser otra cosa que rutina aceptada-, y nos abrimos a la Realidad sin etiquetas que la disfrazan.

«La verdad ­–decía Krishnamurti- está en la observación de lo que es. Verse a uno mismo tal como es, es el principio y final de toda búsqueda”. La Verdad no está en la mente, sino que es una con la Realidad. Y, para verla, necesitamos serla, lo cual requiere aprender a silenciar la mente, para tomar distancia de sus esquemas y etiquetas.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc. 1,39-56)

  • FESTIVIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA. Agosto 15 -2014

Hoy celebramos que María, por Jesús, vive ya la plenitud del Amor que no puede morir nunca.

Y Ella es imagen de la Iglesia, es la primera creyente que ha llegado al término hacia el cual todos queremos caminar. Por eso es un modelo para nosotros. Ella ha vivido de la fe, como nosotros. Ella también se ha encontrado con un Dios que le creaba interrogantes.

Ella tuvo que decidir el dar la respuesta a dios que la ponía en camino, en acción.

La fiesta de hoy es un canto a la esperanza, un canto a la vida a pesar de la muerte. Esta realidad por la que todos tenemos que pasar, por la que ha pasado Jesús y María. Pero la fe en Jesucristo, muerto y resucitado, nos abre las puertas de la esperanza.

Tenemos que tener como modelo a María. Como Ella, nos tenemos que poner en “camino” para ir a ayudar a los que nos necesitan. Ella llevaba a Jesús en sus entrañas y no se quedó en casa, sino que, empujada por el fruto que se iba tejiendo en su seno, subió a ayudar a su prima. No guardemos a Jesús para nosotros solos. Ella nos impulsa a llevarlo a todas partes, especialmente donde más se necesita.

Como María, alegrémonos de un Dios que muestra su fuerza y su poder en los sencillos y los humildes; demos gracias a este dios que transforma nuestros esquemas para que seamos humanos de verdad; Nos tenemos que fiar de Dios, de verdad, ya que el, es siempre fiel a su promesa de amor y vida. Y  que sepamos ponernos al lado de los humildes y de los pobres, trabajando juntos los que todavía no hemos perdido, a pesar de todo, las ganas y la ilusión de luchar por un mundo más humano; que seamos testigos de una vida que merece la pena vivir. María, también lo tuvo difícil  y se puso en camino…

Acojamos esta vida para que, en el vivir a veces gris y monótono de cada día, sepamos sembrar semillas de Esperanza y contagiemos la alegría de vivir, para luego llegar a la vida en PLENITUD CON CRISTO, nuestro Salvador. Contemos con la fuerza de El y de María y…juntos,
seguimos el camino.

ORACIÓN
Hoy, en el evangelio, vemos a María iniciar un camino de servicio:
“María se puso en camino y se fue aprisa a la montaña”

Los frutos del amor servicial de María se hicieron evidentes:

“¡Dichosa tú que has creído!”

“Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador”.

Cristo nuestro: Ayúdanos a “ponernos en camino”.

Ilumina nuestra inteligencia, para ver las necesidades.

Danos coraje para ponernos en marcha: que tu Madre, la ya plenamente realizada, nos acompañe.
Que su ejemplo de amor gratuito estimule nuestra creatividad para saber ver y hacer.

María Madre de la alegría, danos la confianza de que Jesús vive y va con nosotros.

Quítanos el miedo y haznos trabajar por la Paz y la justicia, de manera que todos en este mundo, podamos vivir alegres y felices.

Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, nuestro Maestro, amigo y compañero de Camino, Verdad y Vida. AMÉN   – ZURIÑE

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.14.22-33)

DOMINGO XIX. T.O. –A– AGOSTO 10 -2014

“MÁNDAME IR HACÍA TI”. ME HUNDO: ¡SÁVAME!

El pasaje evangélico de hoy tiene como tres partes: 1º travesía del lago en barca para ir a la otra orilla, solos. Jesús se queda despidiendo a la gente, luego sube solo al monte para orar. Y la borrasca del mar de Galilea… 2ª El tema central que es “el encuentro de Jesús con sus discípulos al amanecer”. Y un diálogo con Pedro. La 3ª, Cese de la tempestad y los discípulos postrados ante Jesús, le reconocen como Hijo de Dios.

  • Jesús se despide  de la gente. Ordena a sus discípulos que suban a la barca y vayan a la otra orilla. El, no entra en la barca sino que se retira de ellos y sube al monte para orar. (Monte, lugar de encuentro y revelación de Dios. Vemos en los evangelios muchas veces que Jesús sube al monte…)

Mientras tanto, la barca, es zarandeada por las olas. Hacia la madrugada Jesús va al encuentro de los suyos andando sobre las aguas. Los discípulos llevan varias horas remando, en la oscuridad de la noche, con el viento contrario y sin la cercanía de Jesús. Vislumbran la silueta humana caminando sobre el agua. El susto que se llevan les hace gritar. Pero Jesús les tranquiliza:
“¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Y bien pronto lo comprobó Pedro, con su fogoso ímpetu le pide a Jesús llegar hasta Él caminando sobre el agua. Lo hizo, pero un golpe de viento lo hizo tambalearse y vio que se hundía y el que se creía el más valiente, sintió miedo y gritó “Señor. Sálvame” y Jesús le dijo “Por qué has dudado”.

* El simbolismo que nos narra Mateo: La barca representa a la Iglesia, que atraviesa no pocas dificultades en su navegar por la historia. Porque tiene a Jesús, estamos llamados a superar los miedos y a mantener firme la confianza en su persona. La barca eclesial no va a zozobrar nunca, porque contamos con la asistencia del mismo Dios manifestado en el poder salvador de Cristo.

*    El miedo atemoriza y bloquea a muchos cristianos. Nos cuesta compaginar dos imágenes de la Iglesia: La casa edificada sobre roca, que refleja seguridad y la barca, que se mueve, pero no atracada en el puerto, sino navegando y no siempre por mares tranquilos sino encrespados como los actuales. ¿Podemos olvidar que en la barca está siempre Jesús? Aunque esto no nos dispensa de vigilar en la noche y trabajar cuidando la barca, cuando ruge la tormenta. Pedro, se apoyó en su valentía y se hundía… Lección básica para nosotros: sólo quien se apoya en Cristo, puede resistir a todos los vendavales que arrecian en nuestro caminar diario.

Que sepamos seguir a Jesús de Nazaret, no porque nos “hundimos” en nuestra pequeñez, sino porque nos apoyamos en el poder de su Espíritu. El nos dice:
“ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO”

ORACIÓN

“SEÑOR, MÁNDAME IR HACIA TI”

Jesús de Nazaret, cada uno de nosotros y toda la Iglesia necesitamos hacer nuestra esta súplica, con humildad y confianza.

Ayúdanos a ir a Ti, para que no nos hundamos, porque  con solas nuestras fuerzas, no somos capaces de alcanzarte ni tampoco estar a la altura de lo que exige nuestra fe.

Tu cercanía y tu presencia, Jesús de Nazaret dio a tus discípulos  fuerza y coraje para seguir la travesía. A pesar de las circunstancias adversas.

“ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO”

Y hoy nos lo dices a la Iglesia, a toda la comunidad y a cada uno.

Con tu presencia, con tu fuerza, agárranos fuerte de la mano.

“SEÑOR, SÁLVANOS”

Ayúdanos a que sepamos empujar la barca y montar en ella con nuestra ayuda a todos los que necesitan de Ti, porque sufren la tempestad del hambre, el paro, la soledad, la guerra…
Jesús de la Oración: Ayúdanos a buscar tiempo y lugar “solitario” para el encuentro con el Padre, contigo y vuestro Espíritu. Para entender e impulsar nuestra vida y así, ofrecerla como tú, al servicio de tu Reino

“SEÑOR, MÁNDANOS IR HACIA TI”

AMÉN   –   ZURIÑE

19. IGANDEAN ZEHAR: «Krisiaren erdian – En medio de la crisis» José A. Pagola

KRISIAREN ERDIAN:

José A. Pagola
Mt 14, 22-33

Ez da zail ikustea Jesusen ikasleen ontzia, olatuek astindua eta kontrako haize bortitzak erasotzen dion hori, gaur egungo Elizaren irudia dela; kontrako mota guztietako indarrek kanpotik mehatxatua eta barnean beldurraren eta fede eskasaren tentazioa jasaten ari den gaurko Elizaren irudia, alegia. Nola irakur genezake ebanjelioko kontakizun hau, Eliza hondoa jotzen ari dela ematen duen krisialdi honetan?

Ebanjelariaren arabera, «Jesus ontzira hurbildu da ur gainean ibiliz». Ikasleak ez dira gai izan zein den antzemateko, ekaitzaren erdian eta gau ilunean. «Mamu bat» dela iruditu zaie. Izuturik dauzka ikarak. Egiazko gauza bakarra ekaitz ikaragarri hura da.

Hauxe da gure lehenengo arazoa. Elizaren krisialdia bizitzen ari gara, batak besteari adorerik eza, ikara eta fede-falta kutsatuz. Ez gara gai ikusteko, hain juxtu krisialdi gogor hau dela medio ari zaigula Jesus hurbiltzen. Inoiz baino bakarrago eta babesgabeago sentitzen gara.

Jesusek hiru hitz esan dizkie: «Aupa. Neu naiz. Ez izan beldur». Jesus bakarrik mintzo daiteke horrela. Baina ikasleen belarriek olatuen burrunba eta haizearen indarra bakarrik entzuten ahal dituzte. Hauxe da gure okerra ere. Ez badugu entzuten Jesusen gonbita, beragan baldintzarik gabeko konfiantza jartzekoa, zeinengana jo genezake?

Pedrok barne bulkada bat sentitu du, Jesusen deiak sostengatzen diona, eta ontzitik jauzi egin eta «Jesusengana abiatu da hur gainean oinez». Hori bera ikasi beharko genuke gaur egun krisialdi honetan, Jesusengana abiatzeko: sostengutzat hartuz, ez boterea, ez ospea, ez iraganeko segurantza, baizik Jesusekin topo egiteko gogoa, gaur egungo ilunaldian eta segurantza-faltan.

Ez da erraza. Geu ere senti gintezke koloka eta hondoratzen, Pedro bezala. Baina hark bezala, esperimenta dezakegu Jesusek eskua luzatzen eta onik ateratzen gaituela, esanez: «Fede eskaseko jendea, nolatan duda hori?»

Zergatik dugu hartarainoko duda? Nolatan ez dugu ikasten, kasik, ezer berririk krisialdi honetatik? Nolatan jarraitzen dugu sasi-segurantzen bila, geure elkarteen baitan «irauteko»? Aldiz, fede berritu batekin Jesusengana abiatzen ikasi beharko genuke, geure egun hauetako gizarte sekularizatuaren barnean berean bada ere.

Krisialdi hau ez da kristau-fedearen azkena. Beharrezkoa dugun garbikuntza da, mendetan barna Jesusengandik urrundu gaituzten mundutar interesetatik, triunfalismo engainagarrietatik eta egiazko bidea desitxuratzetik geure burua askatzeko. Jesus jardunean ari da krisialdi honetan. Eliza ebanjelikoago baterantz gidatu nahi gaitu. Biziberritu dezagun Jesusenganako konfiantza. Ez gaitezen beldur izan.

EN MEDIO DE LA CRISIS:

No es difícil ver en la barca de los discípulos de Jesús, sacudida por las olas y desbordada por el fuerte viento en contra, la figura de la Iglesia actual, amenazada desde fuera por toda clase de fuerzas adversas y tentada desde dentro por el miedo y la poca fe. ¿Cómo leer este relato evangélico desde la crisis en la que la Iglesia parece hoy naufragar?
Según el evangelista, “Jesús se acerca a la barca caminando sobre el agua”. Los discípulos no son capaces de reconocerlo en medio de la tormenta y la oscuridad de la noche. Les parece un “fantasma”. El miedo los tiene aterrorizados. Lo único real es aquella fuerte tempestad.

Este es nuestro primer problema. Estamos viviendo la crisis de la Iglesia contagiándonos unos a otros desaliento, miedo y falta de fe. No somos capaces de ver que Jesús se nos está acercando precisamente desde esta fuerte crisis. Nos sentimos más solos e indefensos que nunca.
Jesús les dice tres palabras: “Ánimo. Soy yo. No temáis”. Solo Jesús les puede hablar así. Pero sus oídos solo oyen el estruendo de las olas y la fuerza del viento. Este es también nuestro error. Si no escuchamos la invitación de Jesús a poner en él nuestra confianza incondicional, ¿a quién acudiremos?

Pedro siente un impulso interior y sostenido por la llamada de Jesús, salta de la barca y “se dirige hacia Jesús andando sobre las aguas”. Así hemos de aprender hoy a caminar hacia Jesús en medio de la crisis: apoyándonos, no en el poder, el prestigio y las seguridades del pasado, sino en el deseo de encontrarnos con Jesús en medio de la oscuridad y las incertidumbres de estos tiempos.

No es fácil. También nosotros podemos vacilar y hundirnos como Pedro. Pero lo mismo que él, podemos experimentar que Jesús extiende su mano y nos salva mientras nos dice: “Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis?”.
¿Por qué dudamos tanto? ¿Por qué no estamos aprendiendo apenas nada nuevo de la crisis? ¿Por qué seguimos buscando falsas seguridades para “sobrevivir” dentro de nuestras comunidades, sin aprender a caminar con fe renovada hacia Jesús en el interior mismo de la sociedad secularizada de nuestros días?

Esta crisis no es el final de la fe cristiana. Es la purificación que necesitamos para liberarnos de intereses mundanos, triunfalismos engañosos y deformaciones que nos han ido alejando de Jesús a lo largo de los siglos. Él está actuando en esta crisis. Él nos está conduciendo hacia una Iglesia más evangélica. Reavivemos nuestra confianza en Jesús. No tengamos miedo.

 

DOMINGO 19 T.O., «EL DIOS DE PODER ES EL ÍDOLO HECHO A NUESTRA MEDIDA»

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mt 14, 22-33

Como el domingo pasado vemos una parábola en acción. No es fácil imaginar lo que en realidad pudo pasar, si es que hubo un episodio real, que diera pie a este relato. En este relato, lo que pasó tiene poca importancia; todo él está lleno de símbolos que nos quieren llevar más allá de una información de sucesos puntuales.

Este relato se parece más a los relatos de apariciones pascuales. Algunos exegetas sugieren que puede tratarse de un relato de Jesús resucitado, que han colocado más tarde en el contexto de la vida real.

También hoy es la primera lectura la que nos empuja a una interpretación espiritual. Tanto Elías como Pedro reciben una magistral lección. Los dos habían hecho un Dios a su imagen y semejanza. La experiencia les enseña que Dios no se puede meter en conceptos y que es siempre más de lo que creemos. Nunca se identifica con lo que pensamos de Él.

Además de Mateo, lo narran Marcos y Juan. Los tres lo sitúan después de la multiplicación de los panes. Los tres presentan a Jesús subiendo a la montaña para orar. En los tres relatos, Jesús camina sobre el agua. También coinciden en señalar el miedo de los discípulos; Mateo y Marcos dicen que gritaron. La respuesta de Jesús es la misma: Soy yo, no tengáis miedo.

En Marcos y Mateo, Jesús manda a los discípulos embarcar y marchar a la otra orilla; pero el verbo griego, deja entrever cierta imposición. En Juan, la iniciativa es de los discípulos y se deja entender que lo hacen despechados porque Jesús no acepta ser proclamarlo rey.

En el AT, el monte es el lugar de la divinidad. Jesús, después de un día ajetreado, se eleva al ámbito de lo divino. Como Moisés la segunda vez que sube al Sinaí, va solo. Nadie le sigue en esa cercanía a la esfera de lo divino. La multitud solo piensa en comer. Los apóstoles piensan en medrar. Para la tentación, Jesús se pone a orar. Es muy interesante descubrir que Jesús necesita de la oración, desbaratando así, la idea simplista que tenemos, de que él era Dios sin más. Jesús tiene necesidad de momentos de auténtica  contemplación.

Jesús sube a lo más alto. Los discípulos bajan hasta el nivel más bajo, el mar. Creen que van a encontrar allí las seguridades que Jesús les niega al no aceptar la gloria humana. En realidad encuentran la oscuridad, la zozobra, el miedo. Las aguas turbulentas representan las fuerzas del mal. Son el signo del caos, de la destrucción, de la muerte.

Jesús camina sobre todo esto. En el AT se dice expresamente que solo Dios puede caminar sobre el dorso del océano. Al caminar Jesús sobre las aguas, se están diciendo dos cosas: que domina sobre las fuerzas del mal y que es Dios.

En el relato se aprecia la visión que de Jesús tenía aquella primera comunidad. Era verdadero hombre y como tal, tenía necesidad de la oración para descubrir lo que era y superar la tentación de quedarse en lo material. Al caminar sobre el mar, está demostrando que era también verdadero Dios. La confesión final es la confirmación de esta experiencia. Esta confesión apunta también a un relato pascual, porque solo después de la experiencia de la resurrección, confesaron los apóstoles la divinidad de Jesús.

La barca es símbolo de la nueva comunidad. Las dificultades que atraviesan los apóstoles, son consecuencia del alejamiento de Jesús. Esto se aprecia mejor en el evangelio de Juan, que deja muy claro que fueron ellos los que decidieron marcharse sin esperar a Jesús. Se alejan malhumorados porque Jesús no aceptó las aclamaciones de la gente saciada.

Pero Jesús no les abandona a ellos y va en su busca. Para ellos Jesús es un “fantasma”; está en las nubes y no pisa tierra. No responde a sus intereses y es incompatible con sus pretensiones. Su cercanía, sin embargo, les hace descubrir el verdadero Jesús.

El miedo es el primer efecto de toda teofanía. El ser humano no se encuentra a gusto en presencia de lo divino. Hay algo en esa presencia de Dios que le inquieta. La presencia del Dios auténtico no da seguridades, sino zozobra; seguramente porque el verdadero Dios no se deja manipular, es incontrolable y nos desborda.

La respuesta de Jesús a los gritos es una clara alusión al episodio de Moisés ante la zarza. El “ego eimi” (yo soy) en boca de Jesús es una clara alusión a su divinidad. Juan lo utiliza con mucha frecuencia.

El episodio de Pedro, merece una mención especial. Es muy probable que sea una tradición, seguramente legendaria, exclusiva de esa comunidad. Aunque así sea, tiene mucha miga. Pedro siente una curiosidad inmensa al descubrir que su amigo Jesús se presenta con poderes divinos, y quiere participar de ese mismo privilegio. “Mándame ir hacia ti, andando sobre el agua”; haz que yo partícipe del poder divino como tú. Pero Pedro quiere lograrlo por arte de magia, no por una transformación personal. Jesús le invita a entrar en la esfera de lo divino y participar de ese verdadero ser: ven.

Estamos hablando de la aspiración más profunda de todo ser humano consciente. En todas las épocas ha habido hombres que han descubierto esa presencia de Dios. Pedro representa aquí, a cada uno de los discípulos que aún no han comprendido las exigencias del seguimiento. Jesús no revindica para sí esa presencia divina, sino que da a entender que todos estamos invitados a esa participación.

Pedro camina sobre el agua mientras está mirando a Jesús; se empieza a hundir cuando mira a las olas. No está preparado para acceder a la esfera de lo divino porque no es capaz de prescindir de las seguridades.

El verdadero Dios no puede llegar a nosotros desde fuera y a través de los sentidos. No podemos verlo ni oírlo ni tocarlo, ni olerlo ni gustarlo. Tampoco llegará a través de la especulación y los razonamientos. Dios no tiene más que un camino para llegar a nosotros: nuestro propio ser. Su acción no se puede “sentir”. Esa presencia de Dios, solo puede ser vivida. El budismo tiene una frase, a primera vista tremenda: “si te encuentras con el Buda, mátalo”. Si te encuentras con dios, mátalo. Ese dios es falso, es una creación tuya; es un ídolo. Si lo buscas fuera de ti, estás persiguiendo un fantasma.

También hoy, el viento es contrario, las olas son inmensas, las cosas no salen bien y encima, es de noche y Jesús no está presente. Todo apunta a la desesperanza. Pero resulta que Dios está donde menos lo esperamos: en medio de las dificultades, en medio del caos y de las olas, aunque nos cueste tanto reconocerlo.

La gran tentación ha sido siempre que se manifestara de forma portentosa. Seguimos esperando de Dios el milagro. Dios no está en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego. Es apenas un susurro.

Hoy tenemos que afrontar la misma disyuntiva. O mantener a toda costa nuestro ídolo, o atrevernos a la búsqueda del verdadero Dios. La tentación sigue siendo la misma: mantener el ídolo que hemos pulido y alicatado desde la prehistoria. La consecuencia es clara: nunca encontraremos al Dios verdadero. Esta es la causa de que se alejen de las instituciones los que mejor dispuestos están. Los que no aceptan los falsos dioses que nos empeñamos en venderles. Se encuentran, en cambio,  muy a gusto con ese “dios” los que no quieren perder las seguridades que les dan los ídolos fabricados a nuestra medida.

El ser humano ha buscado siempre al Dios todopoderoso que hace y deshace a capricho, que empleará esa omnipotencia en favor mío si cumplo determinadas condiciones.

Si en la religión buscamos seguridades, estamos tergiversando la verdadera fe-confianza. Dios no puede darme ni prometerme nada que no sea Él mismo. Ni como Iglesia ni como individuos debemos poner nuestra meta en las seguridades externas. Las seguridades que con tanto ahínco busca nuestro yo, son el mayor peligro para llegar a Dios.

 

Meditación-contemplación

Mándame ir hacia ti… Ven.
El ansia de lo divino es una constante en el ser humano.
Es un anhelo positivo que está puesto ahí por Él.
La trampa es querer conseguirlo por un camino equivocado.
……………………

Lo divino forma parte de mí.
Es la parte sustancial y primigenia de mi ser.
Cuando descubro y vivo esa presencia,
despliego todas las posibilidades de ser que ya hay en mí.
…………………

El secreto está en la absoluta confianza en Él.
Si pretendo buscarle como un bien más de consumo,
solo me encontraré con seguridades ficticias.
Solo lanzándome sin “paracaídas” conseguiré aterrizar en Él
……………

 

Fray Marcos