José M. Castillo, teólogo
El obispo Munilla ha dicho que más de la mitad de los jóvenes españoles ni creen en Dios ni conocen a Jesucristo. Yo no sé qué fuente de información posee este obispo para hacer semejante afirmación. Y menos aún puedo saber lo que Munilla quiere decir cuando habla de la fe y de las creencias. Porque, a poco que se piense en este asunto, uno no tiene más remedio que concluir que una de las cosas más difíciles, que hay en esta vida, es hablar con precisión y exactitud sobre la fe en Dios y sobre el conocimiento de Jesús.
Basta leer los evangelios, con un poco de atención, para caer en la cuenta de la gran verdad que entraña lo que estoy diciendo. Por ejemplo, es notable que, mientras el evangelio de Juan afirma, casi desde el comienzo, que los discípulos de Jesús “creían” en él (Jn 2, 11), los evangelios sinópticos, cuando hablan de la fe en relación a los discípulos, es para recalcar (de forma sorprendente) que aquellos hombres no tenían fe (Mc 4, 40) o que “no eran creyentes” (Mt 17, 17). Porque tenían una fe tan escasa que no llegaba a ser ni como un grano de mostaza (Mt 17, 20), o sea prácticamente nada. Un juicio fuerte y duro, contra los apóstoles, que se repite de forma insistente en los evangelios (Mt 8, 26; 14, 31; 16, 8; Lc 12, 28; cf. 12, 22). Leer más
FE ADULTA
El Concilio Vaticano I concluyó con una impresionante tempestad. El Vaticano II ha tenido como prólogo un, al parecer, inacabable aguacero. Toda la tarde de ayer -después de unos deliciosos días otoñales- el cielo de Roma se vio oscurecido por una lluvia cerrada y espesa. Como si la Providencia tratase de encadenar este Concilio con el precedente.




