La Iglesia católica del siglo XX, que legitimó tantas dictaduras y Mantuvo en secreto la pederastia de algunos de sus miembros, ha sido implacable con aquellos teólogos de honestidad intachable que se atrevieron a disentir
Por JUAN JOSÉ TAMAYO
El País
Silencios ominosos y condenas inmisericordes. Esa ha sido la actitud del Vaticano y de buena parte de la jerarquía católica durante los últimos 70 años. Silencios ominosos ante masacres y crímenes contra la humanidad y sus responsables.
Condenas inmisericordes contra teólogos y teólogas, sacerdotes, obispos, filósofos, escritores —cristianos o no— por ejercer la libertad de expresión y atreverse a disentir; condenas todas ellas contra toda lógica jurídica, que establece que “el pensamiento no delinque”.
Silencios ominosos sobre personas sanguinarias, ideologías totalitarias y Dictaduras militares con las manos manchadas de sangre. Condenas inmisericordes a hombres y mujeres de manos limpias, de honestidad intachable, de ejemplaridad de vida.
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