¿Qué es la verdad?

Aquella mañana del viernes, a Pilatos le habían arrancado de la cama demasiado pronto. Aquellos judíos le importunaban de nuevo con sus picapleitos. Deseaba, ardientemente, que el divino Tiberio lo relevara de aquella prefectura que tan poco gratificante le era. Ese viernes le pedían que juzgara y condenara a morir un campesino galileo debido a disquisiciones de su absurda religión. Un hombre que no conocía de nada, del que nunca había oído el menor comentario.

Pero lo que parecía un juicio de trámite, tomaba unas dimensiones insospechadas. Al día siguiente era la Pascua y los judíos estaban más enardecidos que nunca. Se iban congregando en la explanada y exigían la crucifixión. Y, de hecho, aquel hombre le producía una extraña inquietud. El interrogatorio no era fácil. Aquel hombre, con un semblante sereno e imperturbable, admitía tener una dignidad real en un reino utópico; afirmaba que había nacido para dar testimonio de la verdad, y proclamaba que todos los que son de la verdad escuchan su voz. Y Pilatos, con unos conocimientos filosóficos más bien escasos, se levantó de un salto, dando la impresión que acababa la escasa paciencia que le quedaba, y gritando: "¿Y qué es la verdad?"

La pregunta quedó, flotando, sin respuesta en el silencio del pretorio.

 


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La pasión atea de Jesús

Juan Masiá Clavel, teólogo
Religión Digital 

Los mitrados del Sanedrín lo criticaron por ser poco devoto”
“Compartió la cena de gracias sin ponerse capelos cardenalicios ni sombreros pontificios”. Montado en un borriquillo y jaleado con hosannas infantiles, dio un latigazo sobre la mesa de los banqueros (en contubernio con los jerarcas del templo para costear jornadas mundiales lucrativas)… y los mitrados del Sanedrín le acusaron de ateo (Mc .11). No se quedó a una hora santa en el templo para salvar las apariencias.

“Echando en torno una mirada sobre todo”, entristecido por aquella religiosidad hipócrita, “ya atardecia cuando salió para Betania” (Mc 11,11), donde estaban aquellas amigas y amigos con calor humano y alegría sin doblez… y los mitrados del Sanedrín lo criticaron por ser poco devoto.

Estrujando en su manos las hojas de una higuera seca, habló el martes de reconciliación (Mc 11, 25-26)… y los mitrados del Sanedrín le echaron en cara ser pro-etarra.

 

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RESURRECCIÓN DE JESÚS (Parte 1)

Arregi             

Una presencia nueva, un comienzo nuevo:
             "Nosotros creíamos que él iba a ser el liberador de Israel, pero…" (Lc 24,21). Muchas bellas historias han terminado así.
            También aquellos discípulos (¿tal vez un discípulo y una discípula?) pensaban que los sueños que Jesús había despertado en ellos habían fracasado. Pero Jesús les salió de nuevo al encuentro, y de nuevo empezaron a soñar o, mejor, a esperar. Fue Pascua. La historia de aquel sueño que había empezado con Jesús, y que el viernes santo parecía haber desbaratado, revive en la pascua, cuando confiesan que Jesús el fracasado ha sido exaltado, que Jesús el crucificado vive. Cuando se les abren los ojos y ven la Pascua o el paso de Dios en Jesús, entonces es Pascua para ellos.
           La esperanza de la pascua no es una esperanza nueva, sino una esperanza tan vieja como la creación. Pero, a los ojos del cristiano, la Pascua de Jesús es la imagen y la fuente nueva de la esperanza vieja. En la Pascua de Jesús confesamos la derrota de todas las muertes y la victoria de una vida nueva para todas las criaturas. La desgracia no es el último destino. Dios está con todos los oprimidos, crucificados y sufrientes, al igual que estaba con Jesús. La justicia tiene razón, no el poder. La paz tiene razón, no el asesinato. La reconciliación tiene razón, no la opresión. La esperanza tiene razón, no la desesperanza. El corazón tiene razón.

 

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LA MUERTE DE JESÚS ( Parte 1)

Arregi

1. Mira a Jesús crucificado (a modo de introducción) 

            Fue crucificado. Aquí ya no hay duda. Aquí ya no decimos “tal vez” ni “seguramente”. Aquí decimos breve y rotundamente: a Jesús le crucificaron. Ése fue el final duro, cruel, del bondadoso y valiente profeta de Galilea.

            Sucedió en el año 30 d.C., en la mañana de un  viernes de primavera. Jesús tenía 34 ó 36 años. Las autoridades religiosas y políticas no toleraron mucho tiempo la buena noticia y las buenas acciones de Jesús.

            Fue crucificado. Estamos demasiado habituados a mencionar y a mirar la cruz de Jesús. No nos estremece. Hemos convertido la cruz en joya de oro o de plata o de piedras preciosas, en objeto decorativo de paredes y de muebles, en adorno colgado de cuellos y orejas, en pectoral y anillo sagrado de manos episcopales. No debiéramos olvidar que es uno de los más crueles instrumentos de tortura jamás inventados por el ser humano. Y nunca debiéramos olvidar que en él murió Jesús torturado, asfixiado, desangrado.
Fue crucificado. Y no sólo él. Otros dos crucificados lo acompañan, uno a la derecha y otro a la izquierda, e innumerables otros crucificados antes y después de él. Y el mismo Dios junto con todos ellos, antes que todos ellos. Confesamos a un Dios crucificado con Jesús.

 

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IGLESIA PLURAL, UNA IGLESIA

Gabriel Mª Otalora

FE ADULTA 

Me da la sensación de que ha perdido fuelle la labor en pos de la unidad de las iglesias cristianas. O al menos, me parece que el tema ha pasado a segundo plano por la actualidad de otros acuciantes problemas en la Iglesia católica.  

Es verdad que se siguen rezando los octavarios por la unión, y que las relaciones entre las diferentes confesiones cristianas no están enconadas como en otros tiempos, aunque no sé si vienen suficientemente acompañadas del esfuerzo humano necesario para lograr una sola iglesia de Cristo.  

Quizá este noble objetivo esté experimentando una mutación hacia la consecución de otro logro de calado no menor al anterior, al menos por una parte significativa de católicos: conseguir que el mayor número de sensibilidades eclesiales -no confundir con eclesiásticas- estén presentes en las principales decisiones de nuestra iglesia.

 

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La campaña de la cruz

Jose Arregi

ATRIO

            Pronto será la Pascua, justo cuando la primera luna de esta primavera luzca entera, redonda, y cuando, en medio de la noche, mirando al cielo, podamos presentir que, a pesar de todo, hay en el mundo belleza y consuelo. Entonces, de nuevo, los cristianos y todos los que quieran, más allá de toda frontera confesional, recordaremos a Jesús de Nazaret. Le cantaremos como aquellos niños con ramos en las manos a la puerta de Jerusalén, le honraremos como aquellas mujeres con ungüentos a la entrada de la tumba.

          No emprenderemos ninguna campaña, sino que haremos simplemente memoria conmovida de Jesús, y al hacer memoria confesaremos que está vivo, reviviremos su vida, le resucitaremos en la vida. No buscaremos argumentos y dogmas, sino señales de vida en toda su vida y también en su muerte. Al igual que las mujeres en la mañana de Pascua, descubriremos que Jesús “murió de vida”, como acaba de escribir una gran teóloga andaluza, Mercedes Navarro. Murió de vida: de bondad y de esperanza lúcida, de solidaridad alegre, de libertad arriesgada.

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Redes Cristianas contra la guerra de Libia

Redes Cristianas que agrupa a más de 40 organizaciones, movimientos y comunidades cristianas en España, quiere manifestar públicamente su repulsa y denuncia ante lo que está aconteciendo en lo que muchos no quieren llamar Guerra de Libia. No miramos para otro lado, estamos atentos a lo que pasa en el mundo y calificamos esta agresión militar de algunos estados occidentales, incluido el español, como una hipocresía que se ampara en la resolución 1973 de la ONU para apoderarse de las riquezas naturales de Libia, sobre todo gas y petróleo y además tener el control directo de los procesos políticos que se dan en el norte de África (Túnez, Egipto, Libia) y en las petromonarquías del Golfo Pérsico. La ONU, como organismo internacional para mantener la paz en el mundo, no puede moralmente “dar permiso para matar y destruir”, como están haciendo, amparándose en esa resolución.

El desarrollo de los ataques sobre Libia está poniendo de relieve, como tantas otras veces, que esta guerra no puede ser legal, pues aunque se conceda alguna legitimidad a la ONU, -manipulada por unos pocos países-, no se está respetando la resolución 1973, que sólo autoriza a intervenir “para proteger a las poblaciones civiles”. También ahora, con el mismo cinismo que en guerras anteriores, se recurre desde los grandes medios de comunicación, al discurso de los “Derechos Humanos”.

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Sacerdotes y laicos del ”Curso de Teologí­a” manifiestan:

Sacerdotes y laicos del “Curso de Teología “manifiestan su preocupación por el futuro de la fe en Navarra y por nuestra
situación como iglesia diocesana.

Somos un grupo de sacerdotes diocesanos, religiosos/as, y laicos, que trabajamos  pastoralmente en la diócesis de Pamplona. Desde el Concilio Vaticano II y durante más de cuarenta años nos hemos reunido una vez al mes, en el llamado “Curso de Teología”, para actualizar nuestra fe y revisar nuestra pastoral a la luz de las grandes líneas del Concilio. Ello nos ha ayudado en gran parte a poner ilusión y esfuerzo en la evangelización y renovación de nuestras parroquias, comunidades y grupos; y así seguimos.
Buscamos que se vaya construyendo el Reino de Dios en nuestra tierra, siguiendo a Jesús que nos atrae, nos entusiasma y nos impulsa a anunciar el Evangelio según aquellas directrices eclesiales.
El grupo que hace esta reflexión lo constituimos unas 70 personas, la mayoría sacerdotes diocesanos,  junto a  algunos religiosos, religiosas y laicos. En estos meses hemos querido tomar el pulso al sector de clero y de iglesia navarra con el que nos sentimos más cercanos para ver nuestra situación  y aportar algunos elementos a un plan pastoral de mínimos donde pudiéramos trabajar juntos.  

En las respuestas aportadas por escrito por miembros del grupo y algunos pocos cercanos que se adhirieron, se descubren dos fuentes de dificultades y sufrimientos para la evangelización y para la tarea pastoral: las provenientes de la sociedad actual y las provenientes de la situación  de la iglesia.

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Una iglesia para tiempos de desencanto

El Blog de Xavier Pikaza

Ayer presenté una reflexión bastante prolija sobre desencanto e iglesia neocons. Con razón me han dicho que era demasiada materia para un post. Por eso la re-sumo, para ofrecerla de un modo más conciso, por si alguien sigue interesado en el tema (como el barquero admirado de la imagen, ahora a solas ante la gran luna).

La era de los desencantos

1. Desencanto político: los cambios políticos de los últimos años, que tanto prometían, parecen habernos dejado casi donde estábamos; las utopías (neoliberales y marxistas) han perdido incidencia. Por eso nos cuesta creer en la política. Parece que la sociedad de estabiliza en una especie de dominio de los poderes fácticos (dinero, ansia de dominio, grupos partidistas) sin que haya un deseo eficaz de transformación social en profundidad, al servicio del hombre.

2. Desencanto religioso: las esperanzas de transformación religiosa y eclesial ligadas al Vaticano II parece que no se han cumplido. Mucha gente ha dejado y sigue dejando la religión, o por lo menos la iglesia organizada, por simple cansancio o desinterés. La religión aparece sin fuerza (no hay profetas verdaderos); en otros casos aparece ligada al sistema como institución que quiere defender sin más sus propios privilegios; en otros casos se la mira como un “jardín mágico” donde quedan pequeños restos de humanidad que ya ha sido superada por los cambios de los tiempos. Hay una “reserva religiosa” muerta y sin sentido en medio de un mundo sin religión.

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Y ahora… Costa de Marfil

Fundació S'Olivar

Rebelión

8/04/11


El conjunto de potencias occidentales a las que Julian Assange califica (tras haber leído decenas de miles de cables secretos) como El Imperio occidental cuyo centro de gravedad está en Estados Unidos, avanzan en su inexorable proyecto: el control de África y la explotación a un costo irrisorio de sus extraordinarias y abundantes materias primas antes de que China y otras potencias emergentes se adelanten. “Casualmente” el Congo, Libia y Costa de Marfil comparten una misma característica: sus recursos naturales son excepcionales.

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