Quizás ando despistado, quizás me estoy haciendo ya mayor, pero en estos días en los que miles de jóvenes se reúnen en Madrid, me asaltan ciertas reflexiones sobre el modelo de Iglesia que se está impulsando y aparece en los medios, y que contrasta notablemente con la Iglesia en la que fui educado y en la que creo firmemente.
Me llama la atención cómo la llegada del papa Benedicto se está convirtiendo en un fenómeno en el que se llega a idolatrar a una persona que, pese a liderar la jerarquía de la Iglesia, no debiera ser el centro de la fiesta. Reza el lema de la Jornada Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. Me cabe la duda de si no se está dejando de lado ese bello mensaje de San Pablo a los Corintios, y se olvida a veces a Jesús de Nazareth y su mensaje en aras de adorar a un icono llamado papa, como si se tratara de un cantante o deportista famoso más.