Eloy Roy
FE ADULTA
Hay gallineros que tienen travesaños a diferentes niveles para acomodar a las gallinas. En esos gallineros, las gallinas encaramadas en el palo de arriba se alivian sobre las gallinas de los palos inferiores, y las pobres gallinas del último palo abajo reciben las descargas de todas las de arriba.
Nadie puede negar que nuestro mundo sea un gigantesco gallinero de ese tipo. En las altas esferas de la organización internacional, unos cuantos humanos se ufanan como dioses, mientras, más abajo, más de mil millones de otros se arrastran como escarabajos en abismos de lodo. Entre los dos extremos se afana una masa que, por temor a rodar con los últimos, libra una agotadora lucha de cada instante para trepar siempre más hacia arriba.
A veces los de abajo se rebelan contra los de arriba, pero cuando logran que algunas gallinas caigan, otras las remplazan enseguida sólo para dejar más sólido el sistema del gallinero. Por cierto, a lo largo de la historia, no faltaron valientes que arremetieron directamente contra esa estructura, pero todos fueron aplastados por ella. Jesús fue uno de ellos.
Jesús es ese hombre que pasó a sus seguidores este aviso: “Fijáos cómo los gobernantes de las naciones actúan como dictadores y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. Entre vosotros no será así: el más grande se hará el servidor de todos… A nadie llamaréis “padre, maestro o doctor…” (Mt 20, 25-2; 23,1-12).