Quizás ando despistado, quizás me estoy haciendo ya mayor, pero en estos días en los que miles de jóvenes se reúnen en Madrid, me asaltan ciertas reflexiones sobre el modelo de Iglesia que se está impulsando y aparece en los medios, y que contrasta notablemente con la Iglesia en la que fui educado y en la que creo firmemente.
Me llama la atención cómo la llegada del papa Benedicto se está convirtiendo en un fenómeno en el que se llega a idolatrar a una persona que, pese a liderar la jerarquía de la Iglesia, no debiera ser el centro de la fiesta. Reza el lema de la Jornada Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. Me cabe la duda de si no se está dejando de lado ese bello mensaje de San Pablo a los Corintios, y se olvida a veces a Jesús de Nazareth y su mensaje en aras de adorar a un icono llamado papa, como si se tratara de un cantante o deportista famoso más.
¿Qué Iglesia?
Quizás ando despistado, quizás me estoy haciendo ya mayor, pero en estos días en los que miles de jóvenes se reúnen en Madrid, me asaltan ciertas reflexiones sobre el modelo de Iglesia que se está impulsando y aparece en los medios, y que contrasta notablemente con la Iglesia en la que fui educado y en la que creo firmemente.
Me llama la atención cómo la llegada del papa Benedicto se está convirtiendo en un fenómeno en el que se llega a idolatrar a una persona que, pese a liderar la jerarquía de la Iglesia, no debiera ser el centro de la fiesta. Reza el lema de la Jornada Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. Me cabe la duda de si no se está dejando de lado ese bello mensaje de San Pablo a los Corintios, y se olvida a veces a Jesús de Nazareth y su mensaje en aras de adorar a un icono llamado papa, como si se tratara de un cantante o deportista famoso más.
No creo en una Iglesia papa-céntrica, en la que el protagonista es el representante de Dios en el mundo, antes que el mismo Jesús de Nazareth.
No creo en una Iglesia basada en la jerarquía, que no tiene en cuenta ni cuida a sus hijos, cuando estos no responden a lo que se espera de ellos.
No creo en la Iglesia del boato, de la riqueza y la ostentación, preocupada ante todo por su imagen, cuyo objetivo es cada vez más el impacto mediático, los grandes espectáculos, y las relaciones con quienes ostentan el poder político o económico.
No creo en una Iglesia excluyente, en la que cada vez caben menos quienes disienten de las decisiones tomadas en sus cúpulas. Quienes son críticos con ciertas posiciones oficiales. Quienes se plantean vivir la fe desde la radicalidad sin seguir ciertos dictados arbitrarios de la jerarquía. En la que no tienen cabida en igualdad de condiciones las mujeres, que siguen siendo una categoría inferior.
No creo en la Iglesia de la doctrina, cuando esta es fruto de otros intereses que no son los del mensaje que Jesús nos dejó, cuando se alejan del Reino como objetivo y sentido, y responden a otros oscuros intereses.
No creo en la Iglesia del control, del inmovilismo, del enroque, del interés propio por encima del de los hijos de Dios.
Creo en la Iglesia de Jesús, cristo-céntrica, en la comunión de hermanos, en la comunidad de comunidades.
Creo en la Iglesia que se preocupa exclusivamente por el mensaje de Jesús, en la construcción del reino de Dios aquí, en la tierra.
Creo en la Iglesia que no sólo respeta las diferentes opiniones, sino que estimula a sus hijos para que crezcan y sean capaces de crear, aportar, criticar, participar.
Creo en la Iglesia que sabe cuál es su lugar. Que se extiende y se da a conocer, pero huye del lujo y la ostentación. Que sabe evangelizar respetando la diferencia y aceptando sus limitaciones.
Creo en la Iglesia que nunca olvida que debe estar allí donde esté la injusticia, donde vive el pobre, y que trabaja por las bienaventuranzas.
Esta es mi Iglesia, en la que creo, y por la que intento trabajar cada día. Aunque reconozco que cada vez me cuesta más sentirme Iglesia cuando veo y escucho en los medios de comunicación la imagen de la Iglesia oficial, con la que cada vez me siento menos identificado. Por ello creo que es el momento de reforzar experiencias de Iglesia que nos puedan a ayudar a vivir en esa Iglesia en la que creemos, la Iglesia de Jesús.
Alfonso Arteaga Olleta
Iruñea
2011ko Abuztuaren 19an, ostirala.