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Las señales de deterioro se acumulan en todos los frentes. Nunca desde el final de la Segunda Guerra Mundial habían coexistido tantos conflictos activos ni había sido tan evidente la crisis del sistema internacional. Entre guerras prolongadas, rivalidades geopolíticas y desafíos globales sin respuesta eficaz, el horizonte de la paz se oscurece peligrosamente.
Si solo nos atenemos a los datos, poca duda cabe de que el panorama internacional en términos de paz resulta inevitablemente oscuro.
Por una parte, nos encontramos con 59 conflictos activos en diferentes rincones del planeta, la cifra más alta desde el final de la II Guerra Mundial, siguiendo una tendencia que se aleja cada vez más de la que caracterizaba a la última década del pasado siglo.
Se creía entonces que el final de la Guerra Fría iba a venir acompañado de unos “dividendos de la paz” que permitirían no solo reducir el gasto militar, sino también incrementar los fondos dedicados a reducir las brechas de desigualdad y a potenciar los mecanismos de mediación y negociación para evitar que los conflictos desembocaran con demasiada frecuencia en estallidos generalizados de violencia. Tal cosa, por desgracia, no ha ocurrido… Leer más (Jesús A. Núñez Villaverde)