Optimismo y esperanza

Cristianisme i Justicia
Vivimos tiempos convulsos porque no somos capaces de pensar el presente ni de imaginar el futuro. Nos conformamos con realizar previsiones y proyecciones, de donde salen perspectivas diversas, a gusto del consumidor. Cuanto más pronósticos hacemos, más faltos estamos de visión. El debate sobre el futuro se ha reducido a un debate entre optimistas y pesimistas, cada uno de ellos armado con su batería de datos, que enarbolan como un aviso inexorable de lo que ocurrirá. Hemos vuelto a la vieja confrontación entre apocalípticos e integrados ante lo que sucede y lo que se anuncia, sea cual sea el tema: la inteligencia artificial, el cambio climático o el futuro de la democracia. Pero unos y otros tienen un rasgo en común: hablan como quien hace el pronóstico del tiempo, puesto que hoy los meteorólogos se han convertido en el patrón para hablar del futuro. Se trata, simplemente, de tener los mejores datos, los mejores procesadores, los mejores modelos, y pronosticar lo que acontecerá inexorablemente. Con un rasgo común: sea lo que sea, nosotros no podremos hacer nada; sólo adaptarnos, dado que es un fenómeno que escapa a nuestra intervención. Apocalípticos e integrados, optimistas y pesimistas son variantes de un único personaje: el meteorólogo del futuro… Leer más ( Josep M. Lozano)