noticias obreras
En el ensayo El fracaso de la república de Weimar, el periodista e historiador Volker Ullrich plantea una pregunta inquietante cuando se contempla desde hoy: ¿cómo pudo desmoronarse con tanta facilidad la democracia alemana en los años 30?
Su respuesta no apunta a un destino trágico, sino a una serie de decisiones evitables. “Nada estaba escrito”, insiste. Si algunos jueces y políticos –yo añadiría periodistas– hubieran actuado con mayor claridad, Adolf Hitler podría haber sido solo uno más entre muchos agitadores radicales que han existido.
Esa observación encierra una advertencia útil para nuestro época: la democracia puede fallar por exceso de confianza. Cuando confundimos solidez institucional con estabilidad automática, basta un soplo –una crisis, una renuncia colectiva a vigilar– para que el edificio se venga abajo como un castillo de naipes… Leer más (Miguel Ángel Sánchez de la Nieta Hernández)