¡AY NICARAGUA!

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¿Cuántos amigos y hermanos no hicieron petate y entregaron a aquella revolución incipiente los mejores años de su juventud? En los años ochenta pocos nombres tenían más sonoridad que Nicaragua, pocas canciones más cerca del alma que ésa de “Ay Nicaragua, Nicaraguita…” El trópico la ensalzaba, pero más aún la sed de cambio, la urgencia de un modelo nuevo, de una rebeldía no mancillada.
Era la revolución más esperada, virgen, joven, espontánea, creativa, cargada de futuro… Una transición española lenta, bien amarrada, sin sorpresas la enaltecía. Aquella revolución por fin sí iba a colmar los anhelos que las pretéritas no habían conseguido ni de lejos satisfacer… Leer más (Koldo Aldai)