EL SALTO
Miles de personas en el Estado español viven día a día apagones y falta de suministro en lugares como Cañada Real (Madrid), la Zona Norte de la ciudad de Granada o los asentamientos de jornaleras y jornaleros migrantes en Huelva y Almería
El pasado lunes al mediodía la vida en el Estado español se paralizó, por lo menos su transcurrir cotidiano. Un apagón eléctrico histórico nos daba una jornada llena de imágenes inusuales o recordadas de contextos distintos: semáforos apagados, viandantes enganchados a un transistor a pilas, colas kilométricas para comprar pan en los únicos establecimientos abiertos o para sacar dinero en los cajeros con generador propio. Un día que para todas las personas que habitan el estado pivota entre varias preocupaciones: llegar a casa sin medios de transporte, poder hablar con los seres queridos, la imposibilidad de trabajar (o las posibles consecuencias de no poder hacerlo) y no poder hacer cosas tan cotidianas como cocinar, ducharse con agua caliente o mantener los alimentos en buen estado.
Desde las seis de la mañana del martes, cuando la Red Eléctrica anunciaba que se había restablecido en un 99% el servicio en todo el país, ya todo se encamina a ser un hecho extraordinario que quedará en el consciente colectivo estatal como una anécdota. Sin embargo, dentro del Estado español hay miles de personas que se enfrentan diariamente a estas circunstancias en distintos puntos del territorio: expertas y expertos de los generadores eléctricos, de ducharse con agua fría y de vivir a la luz de las velas… Leer más (Aurora Báez Boza)