Y después de Munilla, ¿qué?: Decepción, tristeza, división y desolación

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El cardenal Rouco Varela le nombró en 2009 para regir la diócesis de San Sebastián, marcada por sus predecesores los obispos Setién y Uriarte. José Ignacio Munilla llegó con el encargo de meter en cintura a la diócesis vasca, demasiado progresista y nacionalista para el gusto de la cúpula jerarquica de entonces. Su nombramiento causó estupor e indignación. El 80% de sus curas firmó muchas cartas contra él. La gente le llamaba “el obispo malquerido”. Pero el prelado se aferró a la sede durante 12 años. ¿Consiguió aquello para lo que fue nombrado? ¿Qué queda de su legado?
Decepción, tristeza, división y desolación. Éstos son los duros términos con los que los fieles y los curas de San Sebastián definen la actual situación de la diócesis, tras el largo pontificado de monseñor Munilla. “Ha dejado muchas heridas, mucha sangre y decepción por el camino”, resume un sacerdote, que quiso mantenerse en medio de los dos sectores enfrentados de curas… Leer más (José Manuel Vidal)