Procesiones: capirotes para todos

ATRIO

En el marco social y religioso que se vive por nuestros pueblos y ciudades en los que las procesiones se hacen “el pan nuestro de cada día”, a la vez que de cada noche y de la “madrugá”, la reflexión sobre las mismas es de agradecer, desde cualquiera de las perspectivas que se elijan.
La definición de “procesión” nos es servida oficialmente como “sucesión de personas que caminan lentamente y de forma solemne y ordenada por un motivo religioso portando una imagen”. En el contexto popular, tan santo o más que el litúrgico, el término procesión se aplica también a “cualquier formación o hilera de personas quienes, unas tras otras, y con lentitud, se dirigen a un lugar determinado”.
Toda procesión presupone y exige la existencia, presencia y colaboración de un grupo de personas. Procesión y común-unión sugiere comulgar entre sí y conjuntamente, en dirección hacia la meta o destino que justifica su organización, preparativos para ello , así como la aportación y actualización de los medios para conseguirlo. Toda procesión es obra comunitaria, de todos y para todos.
Las de tipo religioso, más cercanas a esta reflexión, por reclamo, llamada o vocación de “Cofradías o Hermandes”, da por supuesta la inexistencia de la autoridad en su concepción del ”¡ordeno y mando¡”, suplida amplia y generosamente por la de la igualdad y la fraternidad. El capirote o cucurucho, de idéntica factura y color, borra y extingue cualquier vanidad o distinción vigente y operante en la vida cívica, social o profesional y más, en la religiosa… Leer más (Equipo Atrio)