Por una Iglesia rica en equidad

REFLEXIÓN y liberación

Soñamos en una Iglesia un poco más santa que pecadora. Nos anima la esperanza que nos insufla el Espíritu de Dios, presente en nuestras vidas. También los últimos acontecimientos.

Las mujeres, parte fundamental de la iglesia, soñamos con una Iglesia rica en equidad. Sí, digo equidad, y no igualdad. Equidad porque soñamos con una Iglesia que dé a cada uno lo que necesita, que atienda en las necesidades y celebre en comunidad de hermanos y hermanas. Queremos igualdad, sí, pero más aún equidad. Equidad significa valorar a cada uno en su singularidad, y ser justos en las oportunidades, las capacidades y el trato que reciben los distintos miembros de una comunidad. La equidad subraya el carácter justo y misericordioso del Evangelio e invita a la implicación personal.

Tomar de punto de partida esta experiencia religiosa participada de las mujeres nos hace retomar la propuesta del concilio Vaticano II y seguir reflexionado y actuando. Hay muchas cuestiones eclesiales y teológicas donde las reivindicaciones de equidad no han llegado. El concilio abrió una puerta que ya no se puede cerrar y que invita lento, pero seguro, a la revisión, gracias al cambio de papa. Se impone una transformación de la Iglesia católica para un mundo diferente. Desde la experiencia religiosa de las mujeres creyentes, que ven en otras mujeres y viven en su propia vida la desigualdad, la injusticia, la discriminación, se vislumbra con claridad una serie de retos que espolean a la Iglesia en su caminar histórico… Leer más (Silvia Martínez / Educadora y Teóloga)