Liturgia: sin espíritu comunitario no hay Eucaristía

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En vísperas del Concilio Vaticano II, el marco litúrgico requería una urgente reforma que venían solicitando varios episcopados para favorecer y suscitar una participación más activa de los fieles en las Eucaristías. De ahí el uso de las lenguas vernáculas y la adaptación de los ritos en las diversas culturas. En ese marco, se constató la necesidad de estudiar más profundamente el fundamento teológico de la liturgia, para no caer en el ritualismo o favorecer el protagonismo del celebrante. Juan XXIII, creó el Instituto litúrgico pontificio para acoger y responder a estas necesidades, algunas de las cuales calaron en el Concilio.
La Constitución Apostólica Sacrosanctum Concilium marca las normas fundamentales sobre la liturgia. En ella se afirma que “La Santa Madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa de las celebraciones litúrgicas. Al reformar y fomentar la Sagrada Liturgia se ha de tener muy en cuenta esta plena y activa participación de todo el pueblo”… Leer más (Gabriel Mª Otarola)