Cristianisme i Justícia
Soy uno de los que hoy —tras el fallecimiento de Francisco— se siente eclesialmente más huérfano que ayer. Se nos ha ido un Papa que, desde el minuto uno de su elección, dijo que los pobres iban a ser los preferidos en el tiempo que estuviera al frente de la Iglesia católica. Y que lo iban a ser en coherencia con el programa proclamado por Jesús de Nazaret en el monte de las Bienaventuranzas y en la parábola del juicio final: «Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis». Es lo que evidenció con una inusitada claridad en su primer viaje fuera del Vaticano, a la isla de Lampedusa, el 8 de julio de 2013. Allí se aproximó, acompañado por decenas de embarcaciones, muchas de ellas de pescadores, al monumento en memoria de los migrantes muertos en el mar. Y luego, tras arrojar una guirnalda de flores en recuerdo de quienes habían perdido la vida en las travesías en busca de un futuro mejor, se reunió con los inmigrantes presentes en la isla. Los saludó uno a uno e intercambió algunas palabras con algunos de ellos. Mucho me temo que los últimos del mundo han perdido hoy a uno de sus mejores valedores, quedando abierta —todavía más— la pista para la inhumana política de Trump y para quienes le hacen la ola… Leer más (Jesús Martínez Gordo)