ATRIO
Ha sido sonada –al menos, mediáticamente– la convocatoria en el Vaticano de todos los obispos españoles en activo. Y sonadas han sido, también, las expectativas que, activadas por tan inusitada convocatoria, han resultado fallidas. Y más, si se tiene en cuenta el precedente eclesial –tan insólito como contundente– habido durante el pontificado del Papa Francisco con todo el episcopado chileno el año 2018 y, cómo no, la singular situación política por la que atraviesa España.
Si, según tal precedente eclesial, el Papa Bergoglio acabó pidiendo a los obispos chilenos que presentaran su dimisión ante el ocultamiento del drama de la pederastia en sus respectivas diócesis, había quienes esperaban que –por lo menos– les diera a los obispos españoles un sonado tirón de orejas. Vendría a ser –se comentaba en tales medios de información– algo más que razonable, habida cuenta de la poca o nula voluntad evidenciada –al menos, hasta el presente– por parte de la gran mayoría de ellos para afrontar con un poco de coraje este escándalo. Pero, además, no faltaban quienes esperaban un encuentro en el que el Papa dijera alguna palabra sobre la crispación y el enfrentamiento político o, al menos, sobre la ley de amnistía… Leer más (Jesús Martínez Gordo)