Si la lectura del evangelio suscita preguntas en nosotros, buena señal. Si nos deja impasibles y nunca brota una pregunta, no es buen síntoma.
Es que el evangelio de este domingo propone una pregunta que a nosotros nos parece obvia y que respondemos con el catecismo, aunque el evangelio pide, quizá, otro tipo de respuesta. Se dice al final del relato que el ciego curado hizo aquella pregunta elemental: “¿QUIÉN ES, SEÑOR, PARA QUE CREA EN ÉL?”. Y se da una respuesta concreta: “El que habla contigo”, el humano que tienes delante, la humanidad que te habla en su historia.
Nosotros damos por respondida la pregunta por Jesús diciendo que es el hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, etc. Pero aquí se pregunta por otra cosa: ¿Cómo tener una experiencia de Jesús para poder hablar de él? ¿Cómo llegar a esa experiencia personal de Jesús? Imaginemos otro tipo de respuestas distintas de las del catecismo y que pudiéramos responder a la pregunta de quién es Jesús para mí diciendo:
- Alguien vivo con el que me he encontrado:no tanto una verdad, cuanto una persona, alguien que vive y late junto a mí. Alguien de quien, sin rubor, puedo estar enamorado.
- El mejor acompañante que he tenido:el que sostiene, consuela e ilumina. Alguien a quien siento cerca. Alguien con el que hablo como se habla con los amigos.
- Alguien que me anima en mi fragilidad:porque he experimentado que con él se renueva mi fuerza, que la fragilidad es menos cuesta arriba cuando descanso en él, que me anima a entender mi lado débil desde la paz.
Alguna vez lo hemos indicado: es muy necesario creer por otros, por la teología, por el catecismo, por la predicación. La fe de otros, cuando es sincera y profunda, nos ayuda mucho. Pero tiene que llegar un momento en la vida cristiana en que crea por mi propia experiencia, porque he llegado a certezas que son mías, porque tengo experiencia personal de lo que creo. Es la fe adulta a la que hay que aspirar.
A veces nos desalentamos por el declive de la fe cristiana en nuestra sociedad. Con una experiencia personal de Jesús viviríamos gozosos nuestra fe aun en medio de la dificultad. Encontraríamos caminos nuevos y nos aprestaríamos a seguirlos. Alumbraríamos un tiempo de fe distinto y actual si depender de los viejos planteamientos caducos. Son los beneficios de la experiencia de Jesús. ¿Por qué no desearlos vivamente?
Fidel Aizpurúa Donazar
