QUE LO LIBRE SI ES QUE LO AMA – Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

Los evangelios se comenzaron a escribir desde la dura experiencia de la pasión de Jesús. Por eso son un pozo sin fondo para beber la espiritualidad cristiana.

Tras escuchar el amplio relato de la pasión de san Mateo lo que procedería sería guardar silencio sin más. Pero, por si se quiere ahondar un poco con la meditación, subrayamos un solo aspecto: estando Jesús en cruz, sus enemigos se mofan de él. Y le hieren en la fibra más viva: Dios te ha abandonado, tu Padre no te mira. De ahí la burla hiriente: QUE LO LIBRE SI ES QUE LO AMA. No entendían que, precisamente porque lo amaba, le acompañaba en aquel camino de entrega que había elegido y cuyas consecuencias sufría. No sabemos cómo, pero Dios le sostenía en su enorme dolor porque nunca estuvo Dios tan cerca de Jesús como cuando estaba en el patíbulo, aunque él no lo sintiera. Si lo hubiera bajado de la cruz, si le hubiera llevado al sinsentido de su entrega, Dios se habría desdicho de sí mismo y la vida de Jesús habría sido una derrota. Por eso creemos que, en su enorme fracaso, la cruz es el triunfo del amor.

¿Cómo vivir la pasión de Jesús y nuestra propia pasión de humanos cuando el dolor nos cerca y creemos que no hay lugar sino para el sufrimiento? ¿Cómo entender que estando en la cruz, en las dificultades de la vida, Dios sigue más que nunca con nosotros?

Dios consuela cuando consolamos: cuando nos importa el sufrimiento de los demás y tratamos de que no ocupe todo el espacio en su vida, Dios consuela.

Dios acompaña cuando acompañamos: cuando creemos que dar tiempo para estar con el que lo pasa mal no es una pérdida, Dios acompaña.

Dios sostiene cuando sostenemos: cuando echamos una mano para sostener una situación de fragilidad, Dios sostiene.

Y tengamos en cuenta de que, aun en el caso de que no consolemos, ni acompañemos, ni sostengamos, Dios está con nosotros. Pero está en actitud de espera porque nosotros somos los brazos con los que Dios ama y actúa. La tarea de la vida cristiana es hacer visible con nuestro amor al Dios que nos ama.

Celebremos la Semana Santa con la mayor hondura que podamos. Está bien que acudamos a una representación de la Pasión, a una procesión o algún acto similar. Está bien que aprovechemos estos días para descansar. Pero, cuando volvamos a casa, cojamos el librito del evangelio de cada día y leamos un poco el relato de la Pasión de Jesús. Leamos con deseo. Eso puede ayudarnos a entender mejor al Jesús que se entrega y a dar sentido a mucho de nuestra vida.

Fidel Aizpurúa Donazar

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