NO VAYÁIS A TIERRA DE PAGANOS-Fidel Aizpurúa

Fidel Aizpurúa

Leer el evangelio reflexivamente conlleva el leerlo, así mismo, críticamente, de manera atenta. En los detalles se encierra, muchas veces, una luz.

En las recomendaciones que Jesús da a sus discípulos cuando van a la misión hay una que nos choca: NO VAYÁIS A TIERRA DE PAGANOS. Jesús mismo contravendrá esta orientación: él fue a tierra de paganos (a Fenicia, a la Decápolis). A la primera comunidad cristiana le costará entender algo muy sencillo: que la oferta del reino que hace Jesús es para todos, incluso para esos paganos que creíamos destinados al infierno. También ellos llevan el “soplo incorruptible” de Dios, su espíritu, como diría muchos años antes el libro de la Sabiduría (Sab 12,1).

¿Cómo ir nosotros a tierra de paganos? Muchos dirán que ya estamos en ella. Nos rodea la increencia, la práctica religiosa es baja, el cumplimiento de la moral religiosa mermado. ¿Cómo vivir la fe en un ambiente tal?

  • Con equilibrio: nuestra época no es ni mejor ni peor que otras. Hay cosas cuestionables y otras muy buenas. Hemos de amar el tiempo que nos ha tocado en suerte.
  • Con empatía: sin orgullo innecesario por ser cristianos y sin complejo de inferioridad. Podemos vivir la fe como ciudadanos normales que tienen unos valores que humanizan.
  • Con colaboración:haciendo ver que las situaciones sociales nos interesan y que estamos dispuestos a poner de nuestra parte lo que todo buen ciudadano debería poner.

Se dice que estamos asistiendo a u renacimiento religioso. Si fuere así, nosotros nos alegramos. Pero si no fuera así, los seguidores/as de Jesús sabemos que tenemos un lugar en la sociedad siempre que seamos buenos vecinos, cosa sencilla pero no fácil. Desde ahí podremos hacer la oferta del evangelio en modos asequibles y convincentes.

En una sociedad sumida en la incertidumbre, León XIV ha decidido rescatar la esperanza. Quizá por eso sus palabras encuentran eco mucho más allá de los creyentes. Porque allí donde otros ofrecen miedo, odio o resentimiento, él recuerda una verdad elemental: que ninguna época ni ninguna generación están condenadas para siempre si hay hombres y mujeres bondadosos. Y que el mal, por poderoso que parezca, nunca debe tener la última palabra.

Fidel Aizpurúa Donaza

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