María hace presente la Divinidad inmaculada. Es la verdadera Realidad que somos
Dios te ha dado a ti exactamente lo mismo que a Jesús y María, porque se da siempre infinitamente. Si lo experimentas, saltará por los aires el corsé que te impide crecer y ser tú. Verlo en ellos, es una maravilla, pero no es suficiente. Debes descubrirlo en ti.
Ni los evangelios ni los Padres de la Iglesia hablan para nada de María inmaculada. La razón es muy simple, no se había elaborado la idea que hoy tenemos de pecado original. Solo cuanto se empezó creer que todos los hombres nacían con una mancha o pecado (“mácula”, según S. Agustín) se empezó también a pensar en una María in-maculada.
En los evangelios no hay ni rastro de la María mitológica, fuera de los relatos de la infancia de Mateo y Lucas. la capacidad de símbolos ha hecho posible convertir a María en un personaje simbólico, utópico, mítico. Solo la intuición, la vivencia personal más profunda permitió con el tiempo esos descubrimientos abismales en la figura de María.
Pero el que descubre esas verdades no racionales, tiene que expresarlas en un lenguaje racional. Cuando un ser humano que no ha tenido esa experiencia recibe ese lenguaje, lo interpreta racionalmente lo distorsiona y lo convierte en un lenguaje irracional.
¿Hay algo más irracional que una madre de Dios o una concepción virginal o una inmaculada o una subida al cielo en cuerpo y alma, entendido todo ello en sentido literal? Ésta es la causa de la esquizofrenia ante un lenguaje que no comprendemos.
Aunque el pecado original es un dogma, los exegetas nos dan hoy una explicación del relato del Génesis que no es compatible con la idea de pecado original de S. Agustín. Hoy sabemos que no ha existido ningún Adán y aceptamos como normal el paso progresivo de los simios al “homo sapiens”, a través de una muy larga evolución.
El pecado, incluido el original, no es ningún virus que se pueda quitar o poner. El primer “fallo” (¿pecado?) en el hombre, es consecuencia de su capacidad de conocimiento. En cuanto tuvo capacidad de conocer y de elegir, falló. El fallo no se debe al conocimiento, sino a una manera limitada de conocer, que toma por bueno, lo que en sí es malo.
El concepto de pecado como ofensa a Dios, necesita una revisión urgente. Creer que los errores que comete el hombre pueden ofender a Dios y causar una reacción por su parte es ridiculizarlo. Dios es impasible, no puede cambiar nunca. Es amor-unidad y lo será siempre y para todos. Al fallar me hago daño a mí mismo y a las demás, nunca a Dios.
Sea yo lo que sea, la oferta de amor por parte de Dios será siempre irrevocable. Pero esa oferta no la puede hacer Dios desde fuera de mí. Para Él no hay afuera. Lo divino es el fundamento y la base de mi ser. Ahí puedo volver en todo momento para descubrirlo.
El dogma dice: “por un singular privilegio de Dios”. Para nosotros hoy esa frase es desproporcionada e inaceptable. En sentido estricto, Dios no puede tener privilegios con nadie. Dios no puede dar a un ser lo que niega a otro. El amor en Dios es su esencia. Dios no tiene nada que dar, o se da Él mismo o no da nada. Además, no tiene partes.
Hablar de la Inmaculada es tomar conciencia de que en un ser humano (María) descubrimos algo, en lo hondo de su ser, que fue siempre limpio, puro, sin mancha alguna, inmaculado. Lo verdaderamente importante es que, si ese núcleo inmaculado se da en un solo ser humano, podemos tener la garantía de que se da en todos.
En la fiesta de María Inmaculada descubrimos la cercanía de lo divino. Lo singular de María está en que hace presente a Dios como mujer. Podemos descubrir en ella lo femenino de Dios. No son los capisayos que le hemos puesto a través de los siglos, los que la hacen grande, sino haber desplegado su feminidad desde esa realidad divina.