DOMINGO 20 (A) – Fray Marcos

(Mt 15,21-28)

Un diálogo que enriquece a Jesús y a la mujer. Jesús aprende de una mujer pagana.

Hoy las tres lecturas y el salmo van en la misma dirección: La salvación para todos. La apertura a los gentiles fue complicada. Muchos seguidores de Jesús pretendían mantener la pertenencia al judaísmo como la marca y seña de la nueva comunicad, conservando la fidelidad a la Ley. El problema no se solucionó hasta pasado un siglo de la muerte de Jesús.

Seguramente la retirada a territorio pagano está motivada por la oposición de los dirigentes. Jesús viendo el cariz que toman los acontecimientos prefiere apartarse un tiempo de los lugares donde le vigilaban. El relato pretende romper con los esquemas estereotipados que algunos cristianos pretendían mantener: judío=creyente y extranjero=pagano o ateo.

Quiere dejar claro que, si una persona tiene fe en Jesús, no se puede impedir su pertenencia a la comunidad, aunque sea “pagana”. Es un relato magistral que plantea el problema desde las dos perspectivas. Insiste tanto en la actitud abierta de los cristianos como en la urgencia de que lo paganos vinieran con una disposición adecuada de sinceridad y humildad.

Los perros son considerados impuros en muchas culturas. La idea que nosotros tenemos de hiena, es lo que más se aproxima a la idea de perro. Pero hay gran diferencia entre los perros salvajes y los de compañía que son considerados como familia. A esta diferencia se aferra la mujer para salir airosa. Jesús no podía prescindir de los prejuicios que el pueblo judío arrastraba. Tenía motivos para no hacerle caso; pero vemos un Jesús dispuesto a aprender.

En el AT hay chispazos que nos indican ya la apertura total por parte de Dios a todo aquel que le busca con sinceridad. La primera lectura nos lo confirma: «A los extranje­ros que se han dado a Señor les traeré a mi monte santo». No cabe duda de que Jesús participa de la mentalidad del pueblo. En aquel tiempo, fue la única manera de garantizar su supervivencia.

Para Jesús la religión no era una programación por eso fue capaz de responder vivencialmente ante situacio­nes nuevas. Su experiencia de Dios y las circunstancias le hicieron ver que solo puede uno estar con Dios si está con el hombre. Pero para poder comunicar una experiencia, primero hay que vivirla. Jesús no tuvo más remedio que aprender de la experiencia cotidiana.

Jesús toma en serio a la mujer, no como los discípulos. El “apoluson” griego significa también despedir, rechazar. La respuesta: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”, no va dirigida a los apóstoles, sino a la Cananea. La dureza de la respuesta no desanima a la mujer, sino que le hace ver que el atenderla a ella no va en contra de la atención a los suyos.

Por ser auténtico y sincero por ambas partes, el diálogo es fructífero. Los dos aprenden y produce el milagro del cambio en ambos. A pesar de su actitud, Jesús cambia y descubre lo que en aquella mujer había de auténtica creyente. Jesús descubre que esa mujer, ajena al entorno de Jesús, tiene más confianza en él que los más íntimos que le siguen.

La Cananea demuestra una sensibilidad mayor de la que muestra Jesús. De ella aprendió Jesús que debía superar sus prejuicios. Aprendió que hay que proteger ante todo a los débiles; una idea femenino-maternal. Le sorprendió la confianza absoluta que en él tenía; otro valor femenino. Jesús hace suyos los valores femeninos que ve en mujer y acepta su «anima».

La mujer representa a todos los que sufren por el dolor de un ser querido. La profunda relación entre ambas, impide delimitar donde empieza el problema de su hija, porque la madre es también parte del problema; primero dice: ten piedad de mí y más tarde: socórreme. La enfermedad de la hija se debe a la actitud inadecuada de la madre.

El diálogo tuvo que ser más largo. En él la actitud de la madre ha cambiado y Jesús descubre que ese cambio tendrá repercusiones positivas en la enfermedad de la hija. Viendo la nueva actitud de la madre, Jesús puede decir sin miedo a equivocarse: tu hija está curada.

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