El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios se hace hombre para que el hombre se haga Dios.
COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO II DE NAVIDAD – (4.1.2026)
JN 1, 1-18
Las lecturas bíblicas de hoy hablan de la Encarnación (humanización) de Dios y la salvación de los seres humanos. Estos dos términos, como todo lo humano, han ido cambiando en su significado lo largo de la historia. Su evolución responde a la propia evolución biológica y cultural del ser humano. La imagen de la divinidad ha cambiado de ubicación. De un dios ancestral fuera y lejos. (transcendente, fuera del alcance del conocimiento humano) a un Dios cerca y dentro, humanizado, a nuestro alcance vivencial. En este cambio teológico y antropológico, para los cristianos, la vida y mensaje de Jesús de Nazaret es la clave de interpretación. El Dios de Jesús es un Dios encarnado, humanizado. En nosotros y con nosotros. Pero esta enseñanza de Jesús sigue siendo poco escuchada y menos aplicada. Nos resulta menos comprometida la imagen del dios del AT. Al estar lejos y fuera nos basta con adorarle, alabarle (ritos). El Dios de Jesús, en nosotros y entre nosotros, nos compromete. Nos mete en su “baile”, en su proyecto creacional continuo. Nos corresponsabiliza en su proyecto de humanización progresiva de todo ser humano, en su salvación. El concepto de salvación ha tenido una evolución paralela. La Encarnación (humanización) de Dios y la salvación (divinización) del hombre son dos caras de una sola moneda. La salvación humana es consecuencia y efecto de la humanización de Dios, de la encarnación de Dios en todo ser humano. Vivir, experimentar y manifestar esta encarnación divina en nosotros es el significado actual de la salvación.
La primera lectura habla de la Sabiduría: “El creador del universo me dio una orden: Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel …Y acaba: “arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad” El salmo nos manda repetir varias veces:” El Verbo se hace carne y habita entre nosotros”. La carta a los Efesios habla de la salvación en términos de bendición y unción en Jesucristo. Unción que nos hace hijos como Jesús. El prólogo o epílogo de Juan, con un lenguaje simbólico, esotérico y críptico (más gnóstico), identifica a Dios con la Palabra creadora, el Logos, el Verbo, la Vida, la Luz que ilumina. “En el principio ya existía la Palabra…y la Palabra era Dios. En la Palabra había Vida y la Vida era la luz de los hombres”. Prestemos atención, brevemente, a estos textos y saquemos alguna conclusión que nos ayude para la reflexión que vamos a hacer: La Vida hace comprensible la Palabra. Es decir: La vivencia es el camino para conocer la Palabra, no el discurso mental. La Palabra (la divinidad) se intuye, se experimenta, se vive. El ser humano, por ser finito, limitado y evolutivo, es incapaz de conocer racionalmente lo transcendente, lo divino. Sólo en la vivencia profunda pude encontrarlo.
Mi reflexión hoy tiene tres momentos: 1. Dios se humaniza. Se hace hombre. 2. Para divinizar a todo ser humano. 3. Conclusión consecuente: Encarnación de Dios y Salvación de todo lo creado. Plenitud humana: Don y tarea.
Dios se hace hombre. Se humaniza. Para este momento utilizo lo que aprendí leyendo la obra de José María Castillo La Humanización de Dios. Afirmar que Dios se encarnó, se hizo carne, quiere decir que se hizo uno con lo específicamente humano: la carnalidad, alteridad y libertad, que Dios se humanizó. Dios y el ser humano son inseparables desde el principio de la creación y para toda la eternidad, para siempre. En Dios no hay tiempo. Desde el misterio de la encarnación universal lo divino y lo humano se identifican. Todos los seres humanos son divinos, todos iguales e “hijos de Dios”
Dios se acerca, se aproxima para que le busquemos y le encontremos en nuestro interior y en el interior de los otros seres humanos y la creación entera para que la búsqueda se haga más fácil para que le busquemos en lo cotidiano, dentro y cerca. Con palabras de José Mª Castillo sostengo: “Al Dios de Jesús no se le encuentra en la transcendencia y en la divinidad, sino en la inmanencia y en la humanidad”. Esta es la revolución teológica de Jesús y que hoy sostiene el paradigma post-teísta y el Panenteísmo (Todo en Dios y Dios en todo. En él vivimos, nos movemos y existimos) frente al dios teísta fuera y lejos. Así Dios hace al ser humano partícipe de su naturaleza divina (S: León Magno. S. V) Nos hace hijos. Semejantes a él. Lo más propio del Dios de Jesús es su humanidad sin mezcla de inhumanidad. Dios es amor. Todo bien sin mal alguno. Y esa es la meta de nuestra evolución individual y de la especie humana.
Para que el hombre se haga Dios. El ser humano es una combinación de cuerpo, mente y espíritu. Es un ser complejo, limitado y en evolución. Nace incompleto, abierto al aprendizaje para hacer posible y necesaria la evolución. Su meta es su compleción o plenitud. Como ser limitado es capaz de hacer el bien y de hacer el mal. Ser humano e inhumano. Es libre y capaz de elegir entre hacer el bien o hacer el mal. Es capaz de la máxima heroicidad y maldad. Desde nuestra fe cristiana confesamos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Que estamos ungidos (capacitados) y bendecidos como hijos de Dios. Ser hijo significa que nos parecemos al padre, que hacemos las cosas del padre, que heredamos su tarea. Dios se humaniza para que el ser humano tome consciencia de su doble naturaleza: humana y divina. Jesús de Nazaret es nuestro modelo de ser humano, nuestro referente. Decía el catecismo que estudié en mi infancia” Jesús vino a darnos ejemplo de vida”. Jesús vivió por nosotros (fr. Marcos) y para nosotros. Jesús “pasó su vida haciendo el bien porque Dios estaba con él”. Imitar el estilo de vida de Jesús es la salvación o liberación de nuestra inhumanidad. Es lograr nuestra plenitud de humanización. Somos ungidos (capacitados) y bendecidos como Jesús. Estamos bendecidos para bendecir como él. Ser como Jesús es nuestro ideal de ser, ser lo que realmente somos, hijos de Dios. Habitados por su Espíritu que nos empuja a un desarrollo continuado de los talentos recibidos gratuitamente y a utilizarlo coherentemente para su fin: el bien de todos.
Conclusión. Humanización de Dios, humanidad de Jesús y salvación de la humanidad es el proyecto de Dios al crear el universo. Si Dios se ha humanizado para que el ser humano se divinice y se salve, nuestra pregunta y tarea es ¿cómo será esto? Tenemos el protocolo a seguir o el guion para ejecutar: En Jesús y su Evangelio tenemos el modelo a imitar.
Mª África de la Cruz
