Manifiesto VI Encuentro de Redes Cristianas: Acción liberadora hoy

¿Pero de qué tenemos que liberarnos los hombres y mujeres de esta segunda década del siglo XXI? ¿Qué o quiénes nos quitan o constriñen nuestra libertad?

La respuesta no es otra que un sistema que produce desigualdad, destrucción acelerada de nuestro hábitat y de nuestros valores, y violencia (contra las mujeres, los inmigrantes y los más pobres y vulnerables) y unos privilegiados que se aprovechan del mismo en su propio provecho y ayudan a afianzar y a perpetuar. 

Un sistema que está globalizando la economía y fabricando un pensamiento único que favorece a unos pocos privilegiados y que está derribando los valores y los derechos humanos. 

Un sistema que se sustenta en una tecnología que, sin duda, está cambiando el mundo en muchos aspectos para mejor; pero que, a la vez, permite unos niveles de control y de manipulación de las personas inéditos en la Historia. 

Es por todo ello por lo que necesitamos preguntarnos acerca de la necesidad de liberación de nuestra sociedad y de nuestra Iglesia. Una liberación que consideramos urgente, ya que los niveles de opresión y explotación más “líquidos”, más sutiles, cambian, mudan, pero persisten y se fortalecen.  Leer más

Domingo 3º de Adviento (C) – Fray Marcos

(Sof 3,14-18) Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo…

(Flp 4,4-7) Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.

(Lc 3,10-18) ¿Qué tenemos que hacer? Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

 

No tenemos que ‘hacer’ sino SER.

De nada te servirá la programación, siempre terminarás por manifestar con tus obras, lo que vives.

La primera palabra de la liturgia de este domingo, la antífona de entrada tomada de la segunda lectura, es una invitación a la alegría. Claro que esa alegría no se debe a que llega el turrón y los regalos, sino a que Dios es Emmanuel. Esa alegría, en el AT, está basada siempre en la salvación que va a llegar. Hoy estamos en condiciones de dar un paso más y descubrir que la salvación ha llegado ya porque Dios no tiene que venir de ninguna parte y con su presencia en a cada uno de nosotros, nos ha comunicado todo lo que Él mismo es. No tenemos que estar alegres “porque Dios está cerca”, sino porque Dios está ya en nosotros.

La alegría es como el agua de una fuente, la vemos solo cuando aparece en la superficie, pero antes, ha recorrido un largo camino que nadie puede conocer, a través de las entrañas de la tierra. La alegría no es un objetivo a conseguir directamente. Es más bien la consecuencia de un estado de ánimo que se alcanza después de un proceso. Ese proceso empieza por el conocimiento, es decir una toma de conciencia de mi verdadero ser. Si descubro que Dios forma parte de mi ser, encontraré la absoluta felicidad dentro de mí.        

¿Qué tenemos que hacer? Las respuestas a estas preguntas manifiesta muy bien la diferencia entre la predicación de Jesús y la de Juan. El Dios del AT era un Dios moral. Preocupado por el cumplimiento de su voluntad expresado en la Ley. El Bautista sigue en esa dirección, porque se creía que la salvación que esperaban de Dios iba a depender de su conducta. Esta era también la actitud de los fariseos, por eso su escrupulosidad a la hora de cumplir la Ley. Es curioso que los seguidores de Jesús, todos judíos, se encontraran más a gusto con la predicación de Juan que con la suya. Esto queda muy claro en los evangelios

Por esa misma razón los primeros cristianos, que seguían siendo judíos, cayeron en seguida en una visión del evangelio moralizante. Jesús no predicó ninguna norma moral. Es más, se atrevió a relativizar la Ley de una manera insólita. El hecho de que permanezcan en el evangelio frases como: “las prostitutas os llevan la delantera en el Reino” indica claramente que para Jesús había algo más importante que el cumplimiento escrupuloso de la Ley. S. Agustín en una de sus genialidades (esta vez para bien) lo expresó con rotundidad: “ama y haz lo que quieras”. No hay un resumen mejor del mensaje de Jesús.

Sin embargo, hay una sutil diferencia con la doctrina anterior. Todas las propuestas que hace Juan van encaminadas a mejorar las relaciones con los demás. Se percibe una mayor preocupación por hacer más humanas esas relaciones, superando todo egoísmo. Está claro que el objetivo no es escapar a la ira de Dios sino imitarle en la actitud de entrega a los demás. El evangelio nos dice una y otra vez, que la aceptación por parte de Dios es el punto de partida, no la meta. Seguir esperando la salvación de Dios, es la mejor prueba de que no la hemos descubierto dentro y seguimos anhelando que nos llegue de fuera. La pena es que seguimos esperando que venga a nosotros lo que ya tenemos en plenitud.    

El pueblo estaba en expectación. Una bonita manera de indicar la ansiedad de que alguien les saque de su situación angustiosa. Todos esperaban al ansiado Mesías y la pregunta que se hacen tiene pleno sentido. ¿No será Juan el Mesías? Muchos así lo creyeron, no solo cuando predicaba, sino también mucho después de su muerte. La necesidad que tiene de explicar que él no es el Mesías no es más que el reflejo de la preocupación de los evangelistas por poner al Bautista en su sitio; es decir, detrás de Jesús. Para ellos no hay discusión posible. Jesús es el Mesías. Juan es solo el precursor.

La seguridad de tener a Dios en mí, no depende de mis acciones u omisiones. Es anterior a mi propia existencia y ni siquiera depende de Él pues no puede no darse. No tener esto claro nos hunde en la angustia y terminamos creyendo que solo puede ser feliz el perfecto, porque solo él tiene asegurado el amor de Dios. Con esta actitud estamos haciendo un dios a nuestra imagen y semejanza; estamos proyectando sobre Dios nuestra manera de proceder y nos alejamos de las enseñanzas del evangelio que nos dice exactamente lo contrario. 

Pero ¡ojo! Dios no forma parte de mi ser para ponerse al servicio de mi contingencia, sino para arrastrar todo lo que soy, a la trascendencia. La vida espiritual no puede consistir en poner el poder de Dios a favor de nuestro falso ser, sino en dejarnos invadir por el ser de Dios y que él nos arrastre hacia lo absoluto. La dinámica de nuestra religiosidad actual es absurda. Estamos dispuestos a hacer todos los “sacrificios” y “renuncias” que un falso dios nos exige, con tal de que después cumpla él los deseos de nuestro falso yo.

La verdad es que no hemos aceptado la encarnación ni en Jesús ni en nosotros. No nos interesa para nada el “Emmanuel” (Dios-con-nosotros), sino que Jesús sea Dios y que él, con su poder, potencie nuestro ego. Lo que nos dice la encarnación es que no hay nada que cambiar, Dios está ya en mí y esa realidad es lo más grande que puedo esperar. Ésta tenía que ser la causa de nuestra alegría. Lo tengo ya todo. No tengo que alcanzar nada. No tengo que cambiar nada de mi verdadero ser. Tengo que descubrirlo y vivirlo. Mi falso ser se iría desvaneciendo y mi manera de actuar cambiaría. En Jesús lo hemos visto claro.       

La salvación no está en satisfacer los deseos de nuestro falso ser. Satisfacer las exigencias de los sentidos, los apetitos, las pasiones nos proporcionará placer, pero eso nada tiene que ver con la felicidad. En cuanto deje de dar al cuerpo lo que me pide, responderá con dolor y nos hundirá en la miseria. Removemos Roma con Santiago para que Dios no tenga más remedio que darnos la salvación que le pedimos. Incluso hemos puesto precio a esa salvación: si haces esto y dejas de hacer lo otro, tienes asegurada la salvación que deseas.   

El conocimiento de Dios, del que hablamos, no es racional ni discursivo, sino vivencial y de experiencia. Es la mayor dificultad que encontramos en nuestro camino hacia la plenitud. Nuestra estructura mental cartesiana, nos impide valorar otro modo de conocer. Estamos aprisionados en la racionalidad que se ha alzado con el santo y la limosna, y nos impide llegar al verdadero conocimiento de nosotros mismos. Permanecemos engañados creyendo que somos lo que no somos. Pidiendo a Dios, que potencie nuestro falso ser.   

La alegría de la que habla la liturgia de hoy, no tiene nada que ver con la ausencia de problemas o con el placer que me puede dar la satisfacción de los sentidos. La alegría no es lo contrario al dolor o de nuestras limitaciones que nos molestan. Las bienaventuranzas lo dejan muy claro. Si fundamento mi alegría en que todo me salga a pedir de boca, estoy entrando en un callejón sin salida. Mi parte caduca y contingente termina fallando siempre. Si me empeño en apoyarme en esa parte de mi ser, el fracaso está asegurado.    

La respuesta que debo dar a la pregunta: ¿qué debemos hacer?, es simple: Compartir. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Tengo que adivinarlo yo. Ni siquiera la respuesta de Juan nos puede tranquilizar, pues en la realización de una serie de obras puede entrar en juego la programación. No se trata de hacer o dejar de hacer sino de fortalecer una actitud que me lleve en cada momento a responder a la necesidad concreta del otro que me necesita. Se trata de que desde el centro de mi ser fluya humanidad en todas las direcciones.

 

                                                    Meditación

No preguntes a nadie lo que tienes que hacer.

Descubre tu verdadero ser y encontrarás sus exigencias.

Tu meta tiene que ser desplegar lo que ya eres.

Solo podrás desplegar tu verdadero ser

si tus relaciones con los demás son cada día más humanas.

Abendualdiko 3. igandea – C (Lukas 3,10-18) J.A. Pagola

ZER EGIN DEZAKEGU?

Jende askoren kontzientzia astindu zuen Joan Bataiatzailearen predikuak. Basamortuko profeta hura ozenki ari zitzaien esaten berek beren bihotzean sentitzen zutena: aldatu beharra zuten, Jainkoagana itzuli beharra, Mesiasi harrera egiteko prestatu beharra. Batzuek harengana jo zuten, galdezka: Zer egin dezakegu?

Ideiak oso garbi ditu Bataiatzaileak. Ez die proposatzen beren bizitzari jarduera erlijioso gehiago ezartzeko. Ez die eskatzen basamortuan gelditzeko ere, penitentzia eginez. Ez die hitz egiten beste agindu batzuez ere. Mesiasi harrera egin ahal izateko, premian direnei arretaz begiratu behar zaie.

Ez zaio mihia trabatu Bataiatzaileari, ez teoria handiosetan, ez motibazio sakonetan. Zuzenean, hizkera profetiko garbienean, formula aparta batean laburbildu die guztia: «Bi tunika dituenak bana ditzala ez duenarekin, eta janaririk duenak egin dezala gauza bera». Eta guk, zer egin dezakegu krisia bizi duen gizarte honetan, Kristori harrera egiteko?

Beste ezer baino lehen, zer gertatzen ari den ezagutzen saiatu: informaziorik eza da gu pasibo egotearen arrazoia. Bestetik, ez jasan gezurra esan diezaguten edo egia ezkuta diezaguten. Bere gordintasun osoan ezagutu behar dugu gure artean, modu zuzengabean, sortzen ari den sufrimendua.

Ez da aski aldizka eskuzabal agertzea. Egin dezakegu urratsik, bizitza modu neurritsuagoan bizitzeko. Pixkana geure burua «pobreago bihurtzearen» esperientzia egiten ausartzeko, gaur egungo geure ongizatearen maila murriztuz, esku artean ditugun eta bizitzeko premiazko ez ditugun hainbat eta hainbat gauza partekatuz.

Arreta berezia eskaintzen ahal diegu, gizarteak baztertzearen ondorioz, egoera larrian bizi direnei: etxe gabetzea, beharrezko osasun-arretarik eza, inolako gizarte-sarrerarik eta baliabiderik eza… bizi dutenei, alegia. Senak eraginda bezala jo beharko genuke geroari aurre egin ezinik eta motibazio-faltaz zuloan murgiltzen ari direnen defentsan.

Kristau-elkarteetatik askotariko ekimenak eragin eta garatu ditzakegu babes-gabezia sozial izugarrienean direnen alde: egoera zehazki ezagutu, jendea mobilizatu inor ere bakarrik ez uzteko, baliabide materialak bildu, posible den laguntza kudeatu…

Jende askorentzat aldi latzak dira. Datozen urteetan aukera izango dugu guztiok geure kontsumismo zoroa gizatar egiteko, biktimen sufrimenduaz sentiberago bihurtzeko, solidaritate praktikoan haziz joateko, krisiaren kudeaketan ageri den erruki-falta salatzeko… Hori izan dezakegu Kristori geure bizitzan harrera egiazkoagoa egiteko modua.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

Domingo 3 Adviento – C (Lucas 3,10-18)

¿QUÉ PODEMOS HACER?

La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados.

No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida que haga lo mismo». Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de «empobrecernos» poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno… Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

Para muchos son tiempos difíciles. A todos se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestación de la crisis… Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

José Antonio Pagola

Domingo 3º Adviento (C) 16 de diciembre – Koinonía

Sof 3,14-18a: El Señor se alegra con júbilo en ti
Interlec. Is 12: Griten jubilosos: “¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel!”
Fil 4,4-7: El Señor está cerca
Lc 3,10-18: ¿Qué hemos de hacer?

Lc 3,10-18

¿Qué hacemos nosotros?

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?»

Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»

Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido.»

Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?»

Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizara con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

COMENTARIO LITÚRGICO.      

El texto del profeta Sofonías nos habla de un tiempo poco antes del reinado de Josías. El país se hallaba sumido en la mayor miseria moral y hacía tiempo se dejaba sentir la amenaza de Asiria. Sofonías, testigo de los grandes pecados de Israel y del duro castigo con que Dios va a purificar a su pueblo, preanuncia la restauración y redención que Dios va a obrar. A los beneficiarios de ella los llama el “resto”. Con este “resto” creará Dios un pueblo nuevo.

Al final de su libro Sofonías vislumbra algunas luces de esperanza: el rey Josías se presenta como un gran reformador y Asiria parece aflojar por el momento su cerco. Es la ocasión para anunciar días mejores para Jerusalén e invitar a la alegría a través de una gran fiesta en la que todo serán danzas, alegría y regocijo.

Israel rebosa gozo porque el Señor ha cancelado todas sus deudas o el castigo de sus pecados (la cautividad). El Señor establece su trono en Sión. Con Rey tan poderoso y Padre tan misericordioso nada tiene que temer nunca más (v. 14-15). Ahora ya no es Israel el que se goza en el Señor; es el mismo Señor quien se goza con su nuevo pueblo. Es como el “esposo” que se goza en la “esposa”. Muchas veces en los profetas la “Alianza” es presentada como “Desposorio”: “Yahvé, tu Dios, está en medio de ti; exulta de gozo por ti y se complace en ti; te ama y se alegra con júbilo; hace fiesta por ti” (v. 16-17).

Los textos de la liturgia de hoy nos invitan a la alegría. Ese es el modo de esperar al Señor: la auténtica alegría del pueblo de Dios es Cristo, el Mesías largo tiempo esperado. A los filipenses Pablo les recomienda: “Alegraos siempre en el señor. Otra vez os digo, alegraos”.

El pasaje de Lucas nos habla del testimonio de Juan Bautista, el precursor. Su predicación impresiona al pueblo, la gente se acerca para preguntarle: “¿Qué debemos hacer?” (v. 10), es una prueba de que han comprendido el mensaje, perciben que el bautismo de Juan exige un comportamiento. La respuesta llega enseguida: compartan lo que tengan: vestido, comida, etc. (vv. 10-11).

No se pregunta lo que hay que pensar, ni siquiera lo que hay que creer. El Evangelio pretende que el oyente de la Palabra de Dios se convierta, es decir, que su conducta y su comportamiento estén de acuerdo con la justicia que exige el Reino. La buena noticia entraña una exigencia nítida: los que tienen bienes o poder deben compartirlos con los que no tienen nada o son más débiles. Gracias a esta conversión, los pobres y menesterosos son iguales a los otros. En realidad, los pobres no preguntan, sino que están en “expectación”. El “¿qué debemos hacer?” lo deberían preguntar quienes tienen el dinero, la cultura, el poder… porque la exigencia básica, según la Biblia, es compartir.

La conversión es un cambio de conducta más que un cambio de ideas; es la transformación de una situación vieja en una situación nueva. Convertirse es actuar de manera evangélica. El evangelio nos invita a una “conversión al futuro” que se despliega en el Reino. No es mirar y volverse atrás. El futuro (que es Dios y su reinado) es la meta de la llamada a la conversión.

La tentación para no convertirse es quedarse en una búsqueda permanente o contentarse con preguntar sin escuchar respuestas verdaderas. Según el Bautista, la conversión exige “aventar la parva” (saber seleccionar o elegir), “reunir el trigo” (ir a lo más importante y no quedarse en las ramas) y “quemar la paja” (echar por la borda lo inservible o lo que nos inmoviliza); acoger la Buena Nueva de la venida del Señor requiere esa conversión. Con nuestros gestos discernimos lo que nos acerca de aquello que nos aleja de la llegada del Señor. Este día Dios discernirá entre el trigo y la paja que haya en nuestra conducta.

Este domingo se denominó tradicionalmente domingo gaudete (en latín: alegraos), o de alegría. Por dos veces nos dice Pablo que estemos alegres, alegres por la venida del Señor, por la celebración próxima de la Navidad, por mantener la esperanza, por situarnos en proceso de conversión y por compartir con los hermanos la cena del Señor.

En la Biblia, la alegría acompaña todo cumplimiento de las promesas de Dios. Esta vez el gozo será particularmente profundo: “El Señor está cerca” (Flp 4,5). Toda petición a Dios debe estar apoyada en la acción de gracias (v. 6). La práctica de la justicia y la vivencia de la alegría nos llevarán a la paz auténtica, al Shalom (vida, integridad) de Dios.

¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que muchos nos podemos formular hoy. La respuesta de Juan Bautista no es teoría vacía. Es a través de gestos y acciones concretas de justicia, respeto, solidaridad, y coherencia cristiana, como demostramos nuestra voluntad de paz, vamos construyendo un tejido social más digno de hijos de Dios, vamos conquistando los cambios radicales y profundos que nuestra vida y nuestra sociedad necesitan. Pero para eso, es necesario purificar el corazón, dejarnos invadir por el Espíritu de Dios, liberarnos de las ataduras del egoísmo y el acomodamiento, no temer al cambio y disponernos con alegría, con esperanza y entusiasmo a contribuir en la construcción de un futuro no remoto más humano, que sea verdadera expresión del Reino de Dios que Jesús nos trae, y así poder exclamar con alegría: ¡venga a nosotros tu Reino, Señor!

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 4, «La Justicia de Dios», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario, pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/4-la-justicia-de-dios/

Para seguir la exégesis de los textos litúrgicos de la semana que entra, sugerimos el clásico libro MUÑOZ IGLESIAS, Salvador. Los evangelios de la Infancia. Madrid: BAC, 1986. También se puede ver una presentación sucinta en DANIÉLOU, Jean, Los evangelios de la infancia, Herder, Barcelona 1969.

Catolicismo no cristiano

La frase puede parecer dura, pero no es mía. Hacia 1933, Fernando de los Ríos (uno de los pioneros de la Institución libre de Enseñanza) escribió: “¡Pobre catolicismo español que no ha llegado nunca a ser cristiano!” Quítese la dosis de exageración que pueda tener. Pero hoy prefiero fijarme en la dosis de verdad que tiene. Y lo que ahora quisiera destacar es que hay algunas formas de catolicismo conservador donde Jesús está prácticamente ausente y parece sustituido por otros pseudocristos.   Leer más (González Faus)

Un paso atrás, un camino por delante. Homosexualidad y ministerios cristianos

Sigue ardiendo la polémica, encendida por unas declaraciones del nuevo secretario de la CEE sobre los «varones completos» (los únicos que pueden ser seminaristas y curas) y por un libro de entrevistas del Papa Francisco en el que, según la prensa, dice que “el ministerio o la vida consagrada no es el lugar (de los homosexuales)». En otras palabras, ni curas ni monjas pueden ser homosexuales. Ha sido sin duda un paso atrás, pero tiene que ser para pensarlo mejor y abrir un camino hacia adelante, según los signos de los tiempos (que son de igualdad en la diversidad), desde la raíz del evangelio, como seguiré indicando en trece proposiciones.  Leer más (Xabier Pikaza)

España, uno de los países más secularizados de Europa

En las últimas tres décadas, constata el estudio, España ha pasado de un confesionalismo prácticamente unánime (el 99% de los ciudadanos se declaraban católicos) a que uno de cada cuatro afirme, taxativamente, no creer en Dios o religión alguna. La asistencia a servicios religiosos (católicos o no) también ha caído, de un modo incluso más acusado que en otros países. Hacia 2011 sólo uno de cada seis españoles asistía a misa u otros servicios religiosos semanalmente. En conclusión, la España de la segunda década del siglo XXI está claramente más secularizada que la España de los años ochenta y noventa.   Leer más (Jesús Bastante)

España, una tras otra

Malgorzata Gersdorf, presidenta del Tribunal Supremo de Polonia, dijo ante los periodistas algo extraordinario, con un proceder nada común en estos tiempos: «no soy una revolucionaria, simplemente cumplo las normas y me he resistido de una manera pacífica y tranquila». Admirable respuesta en una mujer que vino a la política después de declarar «ya tenía suficiente dinero por mi trabajo privado y un puesto así es el máximo reconocimiento que se puede asumir». Solo por esta manera de pensar y atenerse a su cargo político, Presidenta del Tribunal Supremo de Polonia, esta mujer ya es admirable. Leer más (José Ignacio Calleja)

Jugar con el fuego de la extrema derecha

La extrema derecha siempre irrumpe así, con la frivolidad con la que se banaliza el mal; entre el oportunismo y el cortoplacismo de los partidos, entre la somnolencia de una gran parte de la sociedad.

Las elecciones andaluzas han sido las primeras del “a por ellos”, las primeras fuera de Catalunya tras el octubre catalán. Y ha sido en gran medida el nacionalismo español, engordado por el independentismo catalán, lo que explica las corrientes de fondo que han explotado hoy. Leer más (Ignacio Escolar)

La migración no impulsa a Vox, lo hace la falsa idea de desbordamiento lanzada por gobierno y medios

Vox ha conseguido sus mejores resultados en los municipios con mayor renta media y más habitantes con estudios superiores, pero también en localidades con más de un 20% de población extranjera. ONGs alertan de que el aumento de llegadas de migrantes a las costas andaluzas no aumenta la xenofobia, sino la reacción de los medios de comunicación y de las administraciones  Leer más (Gabriela Sánchez)

Víctimas denuncian desde Roma la «cultura del abuso» contra las mujeres en la Iglesia

 

Conferencia de ‘Voces de fe’: “Rompiendo el silencio. Las voces de las mujeres en la crisis de los abusos.”

El movimiento #MeToo ha llegado a la Iglesia para quedarse. Eso al menos es lo que desprende de una conferencia que tuvo lugar en Roma este martes que escuchó cómo el catolicismo tiene un problema no solo con los abusos contra niños, sino también con los perpetrados contra mujeres adultas. «La cultura del abuso contra las mujeres no se inventa, existen muchos testimonios al respecto», dijo en el encuentro Virginia Saldanha, secretaria del Foro de Mujeres Teólogas de la India. «Todos somos responsables ante Dios, no debemos tolerar que las estructuras de poder protejan a los perpetradores».

«No es un fracaso moral el abuso. Tenemos que romper el silencio, sólo en la verdad destruiremos la cadena de poder, por eso tenemos que ser mujeres de verdad», advirtió Rocío Figueroa Alvear. 

«Dios las quiere libres, que desarrollen sus talentos. Por eso hablen, denuncien, busquen con quien compartir sus historias. No les crean a aquellos que pretenden hacer pasar los abusos por el voto de obediencia o el seguimiento del Cristo crucificado», estableció Doris Wagner.   Leer más