Malgorzata Gersdorf, presidenta del Tribunal Supremo de Polonia, dijo ante los periodistas algo extraordinario, con un proceder nada común en estos tiempos: «no soy una revolucionaria, simplemente cumplo las normas y me he resistido de una manera pacífica y tranquila». Admirable respuesta en una mujer que vino a la política después de declarar «ya tenía suficiente dinero por mi trabajo privado y un puesto así es el máximo reconocimiento que se puede asumir». Solo por esta manera de pensar y atenerse a su cargo político, Presidenta del Tribunal Supremo de Polonia, esta mujer ya es admirable. Leer más (José Ignacio Calleja)