¿Pero de qué tenemos que liberarnos los hombres y mujeres de esta segunda década del siglo XXI? ¿Qué o quiénes nos quitan o constriñen nuestra libertad?
La respuesta no es otra que un sistema que produce desigualdad, destrucción acelerada de nuestro hábitat y de nuestros valores, y violencia (contra las mujeres, los inmigrantes y los más pobres y vulnerables) y unos privilegiados que se aprovechan del mismo en su propio provecho y ayudan a afianzar y a perpetuar.
Un sistema que está globalizando la economía y fabricando un pensamiento único que favorece a unos pocos privilegiados y que está derribando los valores y los derechos humanos.
Un sistema que se sustenta en una tecnología que, sin duda, está cambiando el mundo en muchos aspectos para mejor; pero que, a la vez, permite unos niveles de control y de manipulación de las personas inéditos en la Historia.
Es por todo ello por lo que necesitamos preguntarnos acerca de la necesidad de liberación de nuestra sociedad y de nuestra Iglesia. Una liberación que consideramos urgente, ya que los niveles de opresión y explotación más “líquidos”, más sutiles, cambian, mudan, pero persisten y se fortalecen. Leer más
