Hans Zollner: «Donde dicen «aquí no hay abusos», significa que allí no se habla. Hay en todas partes»

Según el organizador de la cumbre antipederastia, «el Papa quiere que los obispos hablen con víctimas en su país». Aunque Zollner no se refirió a ningún país en concreto, España destaca entre los europeos por la negativa de muchos obispos a reconocer los casos que existen en sus diócesis, y por no haber puesto en marcha estudios para conocer la dimensión del problema como han hecho voluntariamente las conferencias episcopales de Francia, Alemania, Holanda o Bélgica, o las autoridades del Reino Unido o Irlanda, por ejemplo.   Leer más (Juan Vicente Boo)

¿Y si el caso es de extrema necesidad?

José Ignacio Calleja

Nadie puede renunciar a la base ética del pensamiento práctico: el estado de necesidad de quien tengo delante. Llamamos derecho del país a lo nuestro, por no decir «no quiero preguntas que muestren mi desnudez moral.

El discurso más simple sobre la emigración está ganando la partida. No digo nada nuevo. Es lo que se lleva. Mucha gente dice estar segura de que millones de «españoles» piensan que «un país tiene derecho a discriminar quién cruza sus fronteras; el mismo derecho con que cada uno admite en su casa a quien quiere». Las simplificaciones en el argumento tienen la ventaja de no tener que probar nada. Se comienza diciendo que son millones los que piensan esto y se concluye que son todos. Ya está, para qué seguir pensando. 

Pero es verdad. Lo dicen muchos. Sí. Y ¿cuál es el razonamiento de fondo allá donde las personas nos enfrentamos con lo que sentimos ante un hecho masivo y que nos incomoda? 

 

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Apuntes subversivos para un tiempo difícil

Javier Echeverría Zabalza

Se palpa en el ambiente un pesimismo profundo en el sector social más consciente y transformador. Estamos padeciendo un progresivo recorte de derechos, a la vez que una desigualdad y precariedad cada vez mayor; percibimos graves amenazas económicas y sociales, así como un peligroso acercamiento a los límites del planeta y a su sostenibilidad. Constatamos que la movilización de la derecha social es alta, mientras que la izquierda política está dividida y la social, desmovilizada. Sentimos que estamos viviendo un momento crítico, si el análisis lo ponemos en perspectiva histórica. ¿Qué hacer? Sólo pretendo plantear unas pocas reflexiones con cierto ánimo provocador. 

1.- Los grandes poderes, a la ofensiva. Es muy claro que la hegemonía la tienen los grandes poderes económicos, políticos, mediáticos y culturales desde hace ya varias décadas. Han logrado que, en el fondo, la gran mayoría de la gente aceptemos el sistema capitalista como el único posible, porque sabemos que todas sus alternativas han fracasado.  Leer más

Domingo 17 de febrero 6º Ordinario (c) – Koinonía

Jeremías 17,5-8: Bendito el que confía en el Señor
Salmo 1: Dichoso el que ha puesto su confianza en el Señor
1 Corintios 15,12.16-20: Si Cristo ha resucitado, nuestra fe tiene sentido
Lc 6,17. 20-26: Las bienaventuranzas
Jeremías 17, 5-8

Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor

Así dice el Señor:

«Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor.

Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien;

habitará la aridez del desierto,

tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.

Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces;

cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde;

en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.»

Salmo responsorial: 1

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos;

sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.

1Corint16-20 ios 15, 12. 

Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido.

Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan?

Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados.

¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

EVANGELIO .- Lucas 6, 17. 20-26

Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

COMENTARIO LITÚRGICO 

El texto de Jeremías pertenece a un pequeño bloque compuesto por tres oráculos de estilo sapiencial (Jr 17,5-8; 17,9-10 y 17,11). Jr 17,5-8 parafrasea el Sal 1. Presenta el contraste entre el que confía y busca apoyo en «un hombre» o «en la carne», y el que confía o tiene su corazón en el Señor. Entonces, ¿la invitación es a no confiar en el otro? No. Aquí se entiende hombre como carne, que significa debilidad y caducidad humana manifestada en el egoísmo, la corrupción, etc. Por tanto, la invitación de Jeremías es a no confiar en las autoridades de su tiempo que se han hecho débiles, por no defender la Causa de Dios que son los débiles, sino la causa de los poderosos de su tiempo. En este sentido, el que confía en la carne será estéril, es decir, no produce, no aporta, no contribuye al crecimiento de nada. Por eso es maldito. En cambio, el que opta por Dios, será siempre una fuente de agua viva que permite crecer, multiplicar, compartir y, sobre todo, no dejar nunca de dar fruto.

Todo el capítulo de esta carta a los corintios se refiere a la resurrección de los muertos, por las dudas que se habían suscitado en la comunidad de Corinto sobre la resurrección misma de Cristo. Pablo, a través de los “absurdos” -estilo literario típico de los razonamientos rabínicos-, ahonda sobre el impacto trascendental que debe tener la resurrección de Cristo en la vida del creyente. Sólo la fe en Cristo resucitado fortalece nuestra esperanza de resurrección. A partir de una negación de la resurrección Pablo alista sus argumentos. Comienza con una pregunta que refleja su indignación: “Si proclamamos un Mesías resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos ahí que no hay resurrección de los muertos?” (v. 12).

El primer absurdo es negar nuestra resurrección porque niega la resurrección de Cristo (v. 16). El segundo absurdo, es que al negar la resurrección de Cristo echamos por la borda nuestra fe y el proceso de conversión y experiencia cristiana llevado hasta el momento. Estaríamos ante una fe virtual (v. 17). El tercer absurdo deja sin esperanza a los creyentes que han muerto en Cristo y a los que creen que no morirán para siempre (v. 18-19). El v. 20 cambia los absurdos por una certeza innegociable: Cristo sí resucitó, y además es primicia de los que ya murieron.

Las Bienaventuranzas con los pobres de protagonistas y las malaventuranzas (los ayes) con los ricos como destinatarios, continúan el plan programático de Jesús en el evangelio de Lucas.

Las Bienaventuranzas son una forma literaria conocida desde antiguo en Egipto, Mesopotamia, Grecia, etc. En Israel tenemos varios testimonios en la Biblia, especialmente en la literatura sapiencial y profética. En los salmos y en la literatura sapiencial en general, se considera bienaventurada a una persona que cumple fielmente la ley: “Bienaventurado el hombre que no va a reuniones de malvados ni sigue el camino de los pecadores… más le agrada la ley del Señor y medita su ley de día y de noche” (Sal 1,1); “Bienaventurados los que sin yerro andan el camino y caminan según la ley del Señor” (119,1).

Las malaventuranzas o los “ayes” son más comunes en los profetas, en momentos donde se quiere expresar dolor, desesperación luto o lamento por alguna situación que conduce a la muerte: “Ay de los que disimulan sus planes y creen que se esconden de Yahvé” (Is 29,15); “ay de estos hijos rebeldes, dice Yahvé, que traman unos proyectos que no son los míos…” (Is 30,1). También para llamar la atención de los que acaparan: “¡ay de los que juntáis casa con casa, y añadís campo a campo hasta que no queda sitio alguno, para habitar vosotros solos en medio de la tierra!” (Is 5,8); “¡Ay de los que decretan estatutos inicuos, y de los que constantemente escriben decisiones injustas!” (Is 10,1). Las Bienaventuranzas y maldiciones de Jesús con relación a las del AT tienen diferencias fundamentales. En la literatura sapiencial del AT se insiste en un comportamiento acorde con la ley para poder ser bienaventurado, en el evangelio en cambio, Jesús no exige ningún comportamiento ético determinado, como condición para ser declarado bienaventurado. Simplemente los pobres (anawin), los que lloran, los perseguidos… son bienaventurados.

Comparando las bienaventuranzas de Lucas con las de Mateo encontramos algunos datos interesantes. El lugar del discurso según Mateo es la montaña, con la intención de releer la figura de Jesús a la luz de la de Moisés en el Sinaí. Según Lucas es en un llano. Muchos incluso los diferencian llamándolos “sermón de la montaña” o “sermón del llano”. En las primeras bienaventuranza Mateo tiene una de más: “bienaventurados los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia” (Mt 5,5). En total, Lucas tiene cuatro que son equivalentes a las nueve de Mateo. En Mateo hay una inversión con relación a Lucas, pues aparecen los “hambrientos” detrás de los “afligidos”. En Mateo están redactadas en tercera persona mientras en Lucas todas están en segunda persona. Mateo subraya actitudes interiores con las cuales se debe acoger el Reino, por ejemplo, la misericordia, la justicia, la pureza de corazón, en cambio Lucas se preocupa por mostrar la situación real y concreta de pobreza, hambre, tristeza.

La bienaventuranza clave es la de los pobres, ya que las otras se entienden en relación a ésta. Son los pobres los que tienen hambre, los que lloran o son perseguidos. Lucas recuerda la promesa del AT de un Dios que venía a actuar a favor de los oprimidos (Is 49,9.13), los que tienen a Dios como único defensor (Is 58,6-7) que claman constantemente a Dios (Sal 72; 107,41; 113,7-8). Todas estas promesas van a ser cumplidas en Jesús, quien ha definido desde el principio su programa misionero en favor de los pobres y oprimidos (Lc 4,16-21. Cf. Is 61,1-3).

La última bienaventuranza (vv. 22-23) tiene como destinatarios a los cristianos que son perseguidos y excluidos a causa de su fe. Su felicidad no consiste en padecer sino en la conciencia de estar llamados a poseer una “recompensa grande en el cielo”. ¿Dios, entonces, nos quiere pobres?, y ¿qué tipo de pobres? Los pobres no son bienaventurados por ser pobres, sino porque asumiendo tal condición, por situación o solidaridad, buscan dejar de serlo.

La pobreza cristiana va ligada a la promesa del reino de Dios, es decir a tener a Dios como rey. Este reinado se convierte en la mayor riqueza, porque es tener a Dios de nuestro lado, es tener la certeza de que Dios está aquí, en esta tierra de injusticias y desigualdades, encarnado en el rostro de cada pobre, invitándonos a asumir su causa. La causa es también la causa del Reino. Y disfrutaremos el Reino cuando no haya empobrecidos carentes de sus necesidades básicas, sino «pobres en el Señor» que son todos los que mantienen la riqueza de un pueblo basada en el amor, la justicia, la fraternidad y la paz. En otras palabras, “Pobres no son los miserables sino los que libremente renuncian a considerar el dinero como valor supremo -un ídolo- y optan por construir una sociedad justa, eliminando la causa de la injusticia, la riqueza. Son los que se dan cuenta de que aquello que ellos consideraban un valor -éxito, dinero, eficacia, posición social, poder- De hecho, va contra el ser humano. El reino de Dios es la sociedad alternativa que Jesús se propone llevar a término. La proclama del reino no la efectúa desde la cima del monte, sino desde el «llano», en el mismo plano en que se halla la sociedad construida a partir de los falsos valores de la riqueza y el poder.

En Lucas las bienaventuranzas van seguidas de cuatro “ayes” o maldiciones contra los ricos. Las dos primeras van directamente contra los ricos y satisfechos por su indiferencia ante la situación de los pobres. Las dos últimas se dirigen a los que ríen y a los que tienen buena fama. La contraposición entre pobres y ricos está claramente planteada en el Magníficat: “A los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías” (Lc 1,53). Y en la parábola del pobre Lázaro (Lc 16,19-31). Es claro para Lucas que toda confianza puesta en la riqueza es engañosa (Lc 12,19).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 28, titulado «Dios está de nuestra parte», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/28-dios-esta-de-nuestra-parte/

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 25, que se titula «¿Pobres de espíritu?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en https://radialistas.net/25-pobres-de-espiritu/ Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan para otros debates catequéticos oportunos. 
 

Bienaventuranzas de la Conciliación Pastoral

Bienaventurados los ricos,
porque son pobres de espíritu.
Bienaventurados los pobres, 
porque son ricos en Gracia.
Bienaventurados los ricos y los pobres,
porque unos y otros son pobres y ricos. 
Bienaventurados todos los humanos,
porque allá en Adán, son todos hermanos.
Bienaventurados, en fin, 
los bienaventurados
que, pensando así,
viven tranquilos…,
porque de ellos es el reino del limbo.

Pedro Casaldáliga.

 

 

Urteko 6. igandea – C (Lukas 6,17.20-26)

ZORIONTASUNA

Gero eta sarriago irakurtzen eta entzuten ahal dituzu albiste baikorrak krisialdia gainditzeaz eta ekonomiaren berreskuratze hazkorraz.

Esaten digute, hazkunde ekonomikoa ari garela jada bizitzen, baina zeren hazkundea?, hazkundea norentzat? Apenas adierazten diguten egia osoa gertatzen ari denaz.

Abian den berreskuratze ekonomikoa, sendotuz doa eta, are gehiago, betikotuz «gizarte bikoitz» deitu ohi dena. Leize gero eta handiago bat ari da gauzatzen beren bizi-maila segurtasun handiagoaz hobetuko dutenen eta, eragiketa ekonomiko zabal honetan lanik gabe eta etorkizunik gabe, zintzilik geldituko direnen artean.

Izatez, haziz doaz, aldi berean, gero eta aberatsago direnen kontsumo arranditsu eta probokatzailea eta gero eta pobreago direnen miseria eta segurtasun-falta.

«Purpuraz eta lihoz jantzi ohi zen eta egunero otordu oparoak egiten zituen» gizon aberatsaren eta, ezin lortu bazuen ere, aberatsaren mahaitik lurrera botatzen zutenez bere urdaila nola beteko egon ohi zen Lazaro pobrearen parabola errealitate gordina da gizarte bikoitz honetan.

Gure artean hor dira Paulo II.a aita santuak salatu zituen «mekanismo ekonomiko, finantzazko eta sozialak; «horiek, gizon-emakumeen gogoak erabiliak izan arren, era kasik automatikoak funtzionatzen zuten, zurrunago bihurtuz batzuen aberastasun-egoerak eta besteen pobretasunarenak».

Beste behin, sendoagotzen ari gara gizarte sakonki desberdin bat eta zuzengabe bat. «Sollicitudo rei socialis» izeneko entziklika biziki argi eta ebanjeliko horretan, hain gutxi entzuna den horretan, etengabe goraipatzen dutenek berek ere, Joan Paulo II.ak, egoeraren sustraian, izen bakarra duen zerbait ikusi du: bekatua.

Ematen ahal ditugu mila motatako argibideak; baina hau da ageri den emaitza: jada aberats direnen aberastasun gero eta handiagoa eta pobreen hondamendia; horrenbestez, esana dago dena: solidaritate-falta eta zuzengabekeria indartzea da emaitza.

Bere zoriontasunetan, Jesusek ohartarazi digu ezen egun batean aberatsen eta pobreen egoera alderantzizkoa izango dela. Gerta daiteke, gaur ere zenbait jendek, Nietzscheri jarraituz, pentsatzea, Jesusen jarrera hau erresuminaren eta ezinaren fruitu dela, zuzentasun handiagorik ezin lorturik, Jainkoaren mendekura jotzen duen batena.

Alabaina, Jesusen mezua ez dator garaitua izan den eta erresuminez diharduen baten ezintasunetik, baizik eta Jainkoaren zuzentasunaz izan duen ikuskari bizi batetik, garbi ikusi baitu Jesusek Jainkoak ezin onartu duela azken hitza zuzengabekeriak izatea.

Joanak dira hogei mende, baina Jesusen hitzak erabakitzaile izaten jarraitzen du aberatsentzat eta pobreentzat. Salaketa-hitz batzuentzat eta promes-hitz besteentzat: bizirik jarraitzen du eta guztiok interpelatzen gaitu.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

6 Tiempo ordinario – C (Lc 6,17.20-26)

FELICIDAD

Uno puede leer y escuchar cada vez con más frecuencia noticias optimistas sobre la superación de la crisis y la recuperación progresiva de la economía.

Se nos dice que estamos asistiendo ya a un crecimiento económico, pero ¿crecimiento de qué? ¿crecimiento para quién? Apenas se nos informa de toda la verdad de lo que está sucediendo.

La recuperación económica que está en marcha va consolidando e, incluso, perpetuando la llamada «sociedad dual». Un abismo cada vez mayor se está abriendo entre los que van a poder mejorar su nivel de vida cada vez con más seguridad y los que van a quedar descolgados, sin trabajo ni futuro en esta vasta operación económica.

De hecho, está creciendo al mismo tiempo el consumo ostentoso y provocativo de los cada vez más ricos y la miseria e inseguridad de los cada vez más pobres.

La parábola del hombre rico «que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día» y del pobre Lázaro que buscaba, sin conseguirlo, saciar su estómago de lo que tiraban de la mesa del rico, es una cruda realidad en la sociedad dual.

Entre nosotros existen esos «mecanismos económicos, financieros y sociales» denunciados por Juan Pablo II, «los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionaban de modo casi automático, haciendo más rígidas las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros».

Una vez más estamos consolidando una sociedad profundamente desigual e injusta. En esa encíclica tan lúcida y evangélica que es la Sollicitudo rei socialis, tan poco escuchada, incluso por los que lo vitorean constantemente, Juan Pablo II descubre en la raíz de esta situación algo que solo tiene un nombre: pecado.

Podemos dar toda clase de explicaciones técnicas, pero cuando el resultado que se constata es el enriquecimiento siempre mayor de los ya ricos y el hundimiento de los más pobres, ahí se está consolidando la insolidaridad y la injusticia.

En sus bienaventuranzas, Jesús advierte que un día se invertirá la suerte de los ricos y de los pobres. Es fácil que también hoy sean bastantes los que, siguiendo a Nietzsche, piensen que esta actitud de Jesús es fruto del resentimiento y la impotencia de quien, no pudiendo lograr más justicia, pide la venganza de Dios.

Sin embargo, el mensaje de Jesús no nace de la impotencia de un hombre derrotado y resentido, sino de su visión intensa de la justicia de Dios que no puede permitir el triunfo final de la injusticia.

Han pasado veinte siglos, pero la palabra de Jesús sigue siendo decisiva para los ricos y para los pobres. Palabra de denuncia para unos y de promesa para otros, sigue viva y nos interpela a todos.

José Antonio Pagola

 

DOMINGO 6º (C)-(Bienaventuranzas) – Fray Marcos.

(Jr 17,5-8) “Maldito quien confía en el hombre. Bendito quien confía en el Señor”.

(I Cor 15,16-20) “Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe no tiene sentido”.

(Lc 6,17-26) “Dichosos los pobres. ¡Ay de vosotros los ricos!”

 

.-Dichoso el pobre, no por serlo sino por no causar pobreza.

.-Ser pobre no tiene por qué deshumanizarme. Causar pobreza me deshumaniza siempre.

 

Siempre que tengo que hablar de las bienaventuranzas me viene a la mente la frase de Jesús: “pase de mí este cáliz”. La experiencia que tengo es que ni me entienden los pobres ni me entienden los ricos. Lo grave es que esta actitud tiene la más férrea lógica, porque trato de explicarlas y las bienaventuranzas sobrepasan toda racionalidad. Cualquier intento de aclarar racionalmente su sentido está abocado al fracaso. Sin una experiencia profunda de lo humano las bienaventuranzas son un sarcasmo. Ni el sentido común ni el instinto pueden aceptarlas. Solo desde un profundo sentido espiritual puede tener comprensión y sentido.

Es el texto más comentado de todo el evangelio, pero es también el más difícil. Invierte radicalmente nuestra escala de valores. ¿Puede ser feliz el pobre, el que llora, el que pasa hambre, el oprimido? La misma formulación nos despista porque está hecha desde la perspectiva mítica. Solo desde la perspectiva de un Dios que actúa desde fuera se puede entender “Dichoso los que ahora pasáis hambre porque quedaréis saciado”. Si para mantener la esperanza tenemos que acudir a un más allá, podemos caer en la trampa de dar por buena la injusticia que está sucediendo hoy aquí, esperando  que un día  Dios cambien las tornas.

En los mismos evangelios encontramos ya reflejada la dificultad. Lc dice sencilla­mente: dichosos los pobres. Mt ve la necesidad de añadir una matización: dichosos los pobres de espíritu; dichosos los que tienen hambre y sed de justicia; dichosos lo limpios de corazón. Tanto una formula­ción como la otra se puede entender mal. Mal si damos por supuesto, que el pobre es dichoso por el hecho de serlo. Mal, si entendemos que al rico le basta con tener un espíritu de pobre, sin que eso le obligue a cambiar su actitud egoísta para con los demás.

Hablar de los pobres los que nadamos en la abundancia es ligereza. ¿Qué pasó cuando los realmente pobres empezaron a pensar en el evangelio? Surgió la teología de la liberación, que la institución se apresuró en calificar de nefasta. ¿Es que puede haber un tratado sobre Dios que no libere? Lo que debía preocuparnos es que sigamos haciendo una teología para tranquilizar a los satisfechos, que no libera ni a los opresores ni a los oprimidos. El fallo de esa teología estaba en que creía que liberar a los pobres de su pobreza material, era la solución definitiva. Hay que liberar al pobre de su pobreza y al rico de su riqueza.

La Iglesia no debe conformarse con una “opción preferencial por los pobres”. La Iglesia tiene que ser pobre si quiere ser fiel al evangelio. No podemos justificarnos diciendo que la i

Institución puede tener grandes posesiones, pero sus dirigentes pueden vivir en la pobreza. Esa dinámica sería posible, pero no es lo que vemos todos los días a nuestro alrededor.

Se proclama dichoso al pobre, no la pobreza. Dichoso, no por ser pobre, sino porque él no es causa de que otro sufra. Dichoso porque a pesar de todos, él puede desplegar su humanidad. Este es el profundo mensaje de las bienaventuranzas. El comunismo sigue creyendo que basta con nivelar materialmente las necesidades de todos los seres humanos, pero eso no es verdadera liberación. Es verdad que el origen del comunismo está en los Hechos de los Apóstoles, pero se hicieron eco solo de la letra olvidando el espíritu. Lo humano solo llegará cuando voluntariamente cada uno se solidarice con todos los demás sin apegarse a nada.

Hay otra consideración a tener en cuenta. Todos somos pobres en algún aspecto y todos somos ricos en otros. Por eso, yo haría una formulación distinta: Bienaventurado el pobre, si no permite que su “pobreza” le atenace. Bienaventurado el rico, si no se deja dominar por su “riqueza”. No sabría decir qué es más difícil. En ningún momento debemos olvidar los dos aspectos. Ser dichoso es ser libre de toda atadura que te impida desplegar tu humanidad.

El colmo del cinismo llegó cuando se intentó convencer al pobre de que aguantara estoicamente su pobreza incluso diera gracias a Dios por ella, porque se lo iba a pagar con creces en el más allá. Tampoco quiere decir el evangelio que tenemos que renunciar a la riqueza para asegurarnos un puesto en el cielo. Debemos renunciar a ser la causa del sufrimiento de los demás. Las bienaventuranzas no son un sí de Dios a la pobreza ni al sufrimiento, sino un rotundo no de Dios a las situaciones de injusticia. Siempre que actuamos desde el egoísmo hay injusticia. Siempre que impedimos que el otro crezca hay injusticia.

Al añadir Lucas: ¡Ay de vosotros los ricos!, deja claro que no habría pobres si no hubiera ricos. Si todos pudiéramos comer lo suficiente, nadie nos consideraría ricos. Si todos pasáramos la misma necesidad, nadie nos consideraría pobres. La parábola del rico Epulón lo deja claro. No se le acusa de ningún crimen; No se dice que haya conseguido las riquezas injustamen­te. El problema era no haberse enterado de que Lázaro estaba a la puerta. Sin Lázaro a la puerta, su riqueza no tendría nada de malo. El evangelio no da valorar la pobreza en sí, sino a no ser causa del sufrimiento de otro. La pobreza del evangelio hace siempre referencia al otro.    

Las bienaventuranzas quieren decir, que, aún en las peores circunstancias que podamos imaginar las posibilidades de ser, no nos las puede arrebatar nadie. Recordad lo que decíamos el domingo pasado: “Rema mar adentro”, busca en lo hondo de ti, lo que vale de veras. Si creemos que la felicidad nos llega del consumir, no hemos descubierto la alegría de ser. Nosotros, al poner la confianza en las seguridades externas, en el hedonismo a todos los niveles, estamos equivocándonos y en vez de bienaventuranza encontra­remos desdicha. Nunca se ha consumido más y sin embargo nunca ha habido tanta infelicidad.

Las bienaventuranzas son ‘la prueba de algodón’ del cristiano. Un cristianismo como capote externo que busca las seguridades espirituales, además de las materiales, no tiene nada que ver con Jesús. Llevamos dos mil años intentando armonizar cristianismo y riqueza; salvación y poder. Nadie se siente responsable de los muertos de hambre. Vivimos en el hedonismo más absoluto y no nos preocupa la suerte de los que no tienen un puñado de arroz para evitar la muerte. Jesús nos dice claramente que, si tal injusticia acarrea muerte, alguien tiene la culpa. Buscar por encima de todo mi seguridad y si me sobre dar a los demás, no funciona.

Decimos: Yo no puedo hacer nada por evitar el hambre. Tú lo puedes hacerlo todo, porque no se trata de eliminar la injusticia sino de que tú salgas de toda injusto. No se trata de hacerles un favor a ellos, aunque sea salvarles la vida, se trata de que tú salgas de cualquier inhumanidad. Nosotros, los “ricos” somos los que tenemos que cambiar buscando esa humanidad que nos falta. Tu salvación está en no ser causa de opresión para nadie sino en ayudar a los demás a salir de toda opresión. Si damos de comer al pobre le salvamos la vida biológica. Si salgo de mi egoísmo, salvo la vida al pobre y me libero de mi inhumanidad.

Las bienaventuranzas ni hacen referencia a un estado material ni preconizan una revancha futura de los oprimidos ni pueden usarse como tranquilizante, con la promesa de una vida mejor para el más allá. Las bienaven­turanzas presuponen una actitud vital escatológica, es decir, una experiencia del Reino de Dios, que es Dios mismo como fundamento de mi propio ser. El primer paso hacia esa actitud es el superar la idea de individualidad que nos lleva al egoísmo, dejar de creer que somos lo que no somos y vivir de ese engaño.

 

Meditación

Jesús te dice: ¡Eres inmensamente dichoso!

Pero no te has enterado todavía, porque vives en tu falso ser.

Sigues identificándote con tu cuerpo-mente.

Pero eres tu cuerpo, tu mente y Mucho más.

Tu verdadero ser es plenitud.

Nace ‘Betania’, la primera asociación para el acompañamiento de las víctimas de abusos en la Iglesia católica

Dará asesoramiento legal y canónico, y acompañamiento terapéutico y espiritual. «Somos parte del problema y tenemos que buscar las soluciones», recalca Cova Orejas. La asociación, formada por profesionales de distintos ámbitos -educadores, psicólogos, abogados, médicos, periodistas, canonistas, expertos en acompañamiento…- de distintas instituciones eclesiales, se inspira y reconoce en los principios de la doctrina de la Iglesia, pero se constituye como asociación independiente, sin sujeción a disciplina eclesiástica alguna.    Leer más (Jesús Bastante)

Jesús llevó a cabo una auténtica revolución con respecto a la mujer

La biblista Nuria Calduch publica ‘Mujeres de los evangelios’ (PPC). Para poner en valor ‘el genio femenino’. Él no desarrolló ninguna doctrina sobre las mujeres ni dictó reglas de comportamiento, pero su actitud fue tan nueva, tan inclusiva, tan rompedora, que provocó escándalo e incomprensión entre sus coetáneos, empezando por sus discípulos.  Jesús reaccionó contra las injusticias cuyas víctimas eran las mujeres, y sin ceder ante los prejuicios sexistas y ante las costumbres de la época se puso a su favor, invitando a concebir de forma completamente distinta el papel de las mujeres en la sociedad de su tiempo y también el modo de considerarlas.    Leer más (PPC)

Joan-Carles Mèlich: «Es muy peligrosa la gente que cree en un Dios absoluto»

Si hubiera algo absoluto, (yo no digo que no lo haya) digo que no lo podemos alcanzar. Y si lo percibiéramos como algo absoluto, nos encogería la existencia. Y, además, es peligroso lo absoluto. El que cree que ha alcanzado el absoluto, fácilmente se convierte en un problema. Se cree poseedor de la verdad y se convierte en un dictador Por tanto, «Contra los absolutos» sería contra aquellas filosofías o aquellas religiones que creen, no que exista el absoluto, sino que la persona que habla en nombre de lo absoluto está legitimada para imponer su verdad.   Leer más (Jesús Bastante)

La Iglesia en navarra inmatriculó más de 1.500 bienes hasta 1998, que se suman a los 1.087 inscritos en los 9 años siguientes

La Coordinadora estatal Recuperando que busca recuperar las inmatriculaciones de la Iglesia y que unifica la estrategia de cargos públicos y colectivos ciudadanos ha logrado documentar alrededor de 1.500 registros anteriores a la reforma impulsada por el Gobierno de José María Aznar de 1998. Una cifra que se suma a las 1.087 inmatriculaciones que se registran los nueve años siguientes al cambio normativo -que fue más favorable para los intereses de la Iglesia- hasta 2007, quedando todavía pendientes los datos de los siete últimos años (2008-2015).    Leer más (Ana Ibarra)