Doy por sentado que una mujer también puede ser ordenada. No entiendo las razones en contra

No podemos seguir como antes con respecto a la marginación de las mujeres en la Iglesia, advierte la priora de Tutzing, Alemania: Ahora es el momento de actuar. Tenemos que asegurarnos de que se tomen medidas reales hacia la igualdad y no solo medidas a medias, como el diaconado para las mujeres. No puedo entender por qué las mujeres y los hombres no pueden verse como iguales. No puedo entender por qué las mujeres y los hombres no pueden reconocerse mutuamente como iguales. Me parece muy preocupante el hecho de que en todo el mundo el poder está en manos de los hombres. ¿Por qué no hemos aprendido a gestionarlo mejor?  Leer más (Elisabeth Auvillain)

La eutanasia en favor de la vida

“La eutanasia es inmoral”, escribía hace unos días uno de los teólogos más reconocidos del estado español, distinguido en sus buenos tiempos por su gran apertura. ¿Es inmoral que alguien decida poner término a su vida biológica, de todos modos tan efímera, cuando para él ya no posee las condiciones de calidad que la hacen sacramento de la Vida que no nace ni puede morir? ¿Es inmoral que una mano amiga ayude delicadamente a dar ese paso a la Resurrección? ¿Es inmoral esa forma de pascua? “No –nos diría, supongo, el teólogo–, lo inmoral sería aprobar una ley que acabara siendo un coladero, que abriese la puerta a muertes no consentidas, que permitiera desembarazarse de una vida por oscuros intereses inhumanos”. De acuerdo, amigo, pero eso no sería eutanasia, sino cruel asesinato.     Leer más (Joxe Arregi)

Procesiones de Semana Santa: algo falta

Lo importante de verdad es enmarcar las procesiones en el contexto de la Semana Santa evangélica. Por una parte, nuestra sociedad sigue reproduciendo la misma trama que en tiempo de Jesús y que hoy le llevaría de nuevo a ser crucificado. La muerte violenta de Jesús, su crucifixión, es una consecuencia de su modo de vivir y quienes le asesinaron –nunca se utiliza esta palabra, ¿por qué?– lo hicieron calumniosamente bajo una capa hipócrita de piedad y respeto a la ley de Dios. Las procesiones no tocan para nada este tema y se quedan en el dolorismo de Jesús y de María.   Leer más (Gabriel Mª Otalora)

Ya estamos hartos de engaños religiosos

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación? Lo digo claro y sin rodeos: lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús.     Leer más (José Mª Castillo)

JUEVES SANTO (C) Fray Marcos.

 

(Ex 12,1-14) Os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua: el Paso del Señor.

(1 Cor 11,23-26) Cada vez que comáis y bebáis… proclamáis la muerte del Señor.

(Jn 13,1-15) Si yo el Señor os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros.

.- La entrega total es la meta para Jesús y para nosotros. En ese darse, consiste la plenitud de humanidad-divinidad.

Considero la liturgia del Jueves Santo la más significativa de todo el año. Para mí, es la que mejor expresa lo que fue Jesús y su mensaje. Mañana recordaremos la muerte de Jesús, pero hoy se plantea el significado de esa muerte, que es mucho más importante para nosotros que la misma muerte. Ese significado lo encontramos en el relato que los evangelios hacen de la última cena. La protesta de Pedro, en el relato de Jn, deja claro que, en aquel momento, no entendieron nada. No podemos reprochárselo, porque tampoco nosotros lo entendemos.        

No sabemos el sentido exacto que quiso dar Jesús a aquellos gestos y palabras. El mismo Jesús le dice a Pedro que no lo puede entender “por ahora”. Sabemos que no fue un rito de purificación (antes de comer estaba mandado lavarse las manos, no los pies). No responde a una necesidad urgente (Los discípulos podían seguir con los pies más o menos sucios). Tampoco podemos reducirlo a un acto de humildad. Fue, sin duda una acción profética. La Biblia está plagada de esta manera de trasmitir una verdad profunda. Esta es la razón por la que, el recuerdo de lo que Jesús hizo se convirtió muy pronto en el sacramento de nuestra fe. Y no sin razón, porque en esos gestos y palabras se encierra todo el mensaje Jesús.        

El relato de Jn muestra la importancia que para aquella comunidad tenía lo recordado. Lo pone de manifiesto, la grandiosa obertura con que arranca el texto: “Consciente de que había llegado su “hora”, él, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, les demostró su amor hasta el extremo”. Pero no es menos sorprendente el final del relato: “¿Entendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el “Maestro” y el “Señor”; y decís bien, porque lo soy. Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, sabed que también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”. Aquí está la clave de la celebración de hoy. No importa que sea original de Jesús, es el sentir de la comunidad de Juan y eso es lo importante.         

Nuestra reflexión va a comenzar por el lavatorio de los pies. No porque sea más importante que la eucaristía, sino porque espero que esta reflexión nos ayude a comprenderla mejor. En ese gesto, Cristo está tan presente como en la celebración de la eucaristía. Si entendemos esta equiparación, estaremos en condiciones de ahondar en el significado de los dos hechos. Lavar los pies era un servicio que normalmente solo hacían los esclavos. Jesús manifiesta que él está entre ellos como el que sirve. Es lo que había hecho Jesús durante su vida, pero ahora quiere hacer un signo que no deje lugar a la duda. Lo importante es lo que quiere significar.        

Jn, el más espiritual de los evangelistas, el que más profundizó en el mensaje de Jesús, ni siquiera menciona la institución de la eucaristía. Esto debía hacernos pensar en la importancia del signo de lavar los pies. Sospecho que Juan quiso recuperar para la última cena el carácter de recuerdo de Jesús como servicio. «Yo estoy entre vosotros como el que sirve.» Jesús no renuncia a ninguna grandeza humana, pero denuncia la falsedad de la grandeza que se apoya en el poder. La verdadera grandeza humana está en parecerse a Dios que se da sin reservas. Todo ser humano, también Jesús, es un proyecto que tiene que ser llevado a la realización completa. Esa plenitud a la que puede llegar, está marcada por su capacidad de darse.

Poco después del texto que hemos leído, dice Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”. Esta es la explicación que da Jesús a lo que acaba de hacer. Cuando seguimos insistiendo en los mandamientos de Moisés o los de la Iglesia, nos quedamos a años luz del mensaje de Jesús. Para el que quiere seguir a Jesús, todo queda reducido a esto: ¡Amaros! No dijo que debíamos amar a Dios, ni siquiera que debíamos amarle a él. Tenemos que amarnos, eso sí, como Jesús amó. Una eucaristía celebrada como devoción, que comienza y termina en el templo, no es la eucaristía que celebró Jesús. Celebrar la eucaristía es aceptar el compromiso de darse totalmente. La eucaristía no es más que el signo de la entrega. Si no se da esa entrega, lo que hacemos será un puro garabato.   

En el relato del lavatorio se dice lo mismo que en el partir el pan, pero evita el peligro de quedarnos en el aspecto formal y misterioso.

El signifi­cado de la eucaristía lo percibiremos a la luz del lavatorio de los pies. Jesús toma un pan y, mientras lo parte y lo reparte, les dice: esto soy yo. Yo estoy aquí para partirme y repartirme, para dejarme comer, para que me asimiléis, para desaparecer dándome. Yo soy sangre, (vida) que se derrama sobre todos, que da vida a todos, que saca de la muerte a todo el que se deja empapar por esa Vida. Las palabras finales son muy importantes. Jesús dice que repitamos el gesto no para “conmemorar” el hecho, sino para que tomemos conciencia de su significado y lo vivamos.

Lo que Jesús quiso decirnos en estos gestos es que él era un ser para los demás, que el objetivo de su existencia era darse; que había venido no para ser servido, sino para servir. Manifestando de esta manera que su meta, su fin, su plenitud humana solo la alcanzaría cuando se diera totalmente, cuando llegara al sacrificio total con la muerte asumida y aceptada. De ahí la profunda relación que tienen los acontecimientos del Jueves Santo con los del Viernes. Jesús des-trozado en la cruz, puede ser asimilado e integrado en nuestro propio ser. Solo cuando muramos a todos nuestros egos, llegaremos a la plenitud del amor.       

Aunque Jn no menciona la eucaristía en la última cena, no se ha desentendido de un sacramento que tuvo tanta importancia para la primera comunidad. En el c. 6 de su evangelio encontramos la verdadera explicación de lo que es la eucaristía. “Yo soy el pan de Vida”. Para explicar esto, dice a continuación: “Quien viene a mí, nunca pasará hambre; el que me presta su adhesión, nunca pasará sed”. Está muy claro que comer materialmente el pan y beber literalmente la sangre, no es más que un signo (sacramento) de la adhesión a Jesús, que es lo verdaderamente importante. Se trata de identificarse con su manera de ser hombre, resumida en el servicio a los demás hasta desvivirse por ellos.       

En el mismo c. 6, dice un poco más adelante: “El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me “come», «vivirá por mí”. Para mí, no hay en todo el NT una explicación más profunda de lo que significa este sacramento. Jesús tiene la misma Vida de Dios, y todo el que viva como él vivió, tendrá también la misma Vida, la definitiva, la trascendente, la que no se verá alterada por la muerte biológica. Para hacer nuestra esa Vida, tenemos que aceptar la “muerte”, no la física (aunque también), sino la muerte a todo lo que hay en nosotros de caduco, de individualismo, de egoísmo. Sin esa muerte, nunca podrá haber verdadera Vida. No se trata renunciar sino de elegir la posibilidad de plenitud humana.

Volviendo al lavatorio de los pies. Esta actitud de Jesús a los pies de sus discípulos, pulveriza la idea de Dios “Señor Soberano Todopoderoso” al que hay que servir. Jesús hace presente a un Dios que no actúa como Dueño sino como servidor del hombre. Dios está a favor de cada hombre no imponiendo su voluntad desde arriba sino trasformando al hombre desde abajo, desde lo hondo del ser humano y levantando al hombre a su mismo nivel. Todo poder, sobre todo el ejercido en nombre de Dios, es contrario al mensaje de Jesús. Ni siquiera el deseo de hacer bien al otro, puede justificar ponerse por encima de los demás para violentarles.

Meditación

Jesús, deshaciéndose, alcanza la plenitud.

Hoy lo descubrimos en el signo del lavatorio y la eucaristía.

Mañana, entregando su vida por amor.

Si soy capaz de morir a mi egoísmo,

alcanzaré la plenitud de Vida.

Si soy capaz de darme hasta la muerte,

permaneceré para siempre en la verdadera Vida.

Papa Francisco: no hay feminismo sin protesta

La entrevista que le hizo el periodista español Jordi Évole al Papa Francisco el pasado 31 de marzo ha dado mucho de qué hablar en “positivo”. Es muy positivo que el Papa reconozca que se equivocó y no dudo de la buena voluntad que tiene de dar a las mujeres más lugares en la iglesia. Pero, lamentablemente, aún el Papa no acierta o no sabe o no es su preocupación o con tantas cosas no acaba de ver la relevancia de la situación de las mujeres o, simplemente, esta cuestión es hoy un signo de los tiempos inaplazable y supone muchos cambios pero no se sabe cómo asumirlo y responder en serio a las transformaciones necesarias y, entonces, sigue siendo un tema en el que se “patina” y se dice lo que se puede.    Leer más (Consuelo Vélez)

Las personas que van por la vida empeñados en ‘curar’ a los homosexuales deberían pensar que, seguramente, quienes necesitan curarse son ellos

Lo indignante es que ahora haya en la Iglesia no pocos clérigos que se parten la cara por limpiar la sociedad de homosexuales, al tiempo que se callan ante los corruptos. Yo supongo que la firmeza, la insistencia y hasta la agresividad con que no pocos “hombres de Iglesia” se oponen y hasta se enfrentan a las personas homosexuales es una forma de pensar y de actuar que, quienes se comportan así, no han pensado suficientemente el daño que le hacen a muchos seres humanos y, con demasiada frecuencia, también a la Iglesia.      Leer más ( José Mª Castillo)

Hasta que la Iglesia nos separe: sólo dos de cada diez matrimonios en España se celebran por la Iglesia

Demoledor informe. En 1931, Manuel Azaña proclamaba que «España ha dejado de ser católica». Casi un siglo después, el augurio del presidente de la II República está cerca de convertirse en realidad. Al menos, si atendemos a los datos del último informe de la Fundación Ferrer i Guardia que, entre otros apuntes, destaca que el 27% de los ciudadanos se declara no creyente, agnóstico o ateo, que más de la mitad de los jóvenes ya no creen en Dios, o que sólo dos de cada diez matrimonios se celebran por la Iglesia. La organización reclama la abolición de los Acuerdos Iglesia-Estado y un Estado plenamente laico.    Leer más (Jesús Bastante)

La Iglesia de base, contra Reig Plá: «Su actitud es anticristiana y antievangélica»

¿Es la voz de los obispos la de la Iglesia en este y otros temas? Evaristo Villar (Redes Cristianas), Jesús López (Foro Curas Madrid y +), Emi Robles (Proconcil) y Raúl Peña (CRISMHOM), opinan sobre las ‘terapias restaurativas’ promovidas por el obispo de Alcalá y defendidas por la CEE. ¿Qué piensan los cristianos de las tesis de Reig Plá? Por fortuna, también en este tema la voz de los obispos y la de los seguidores de Jesús son diferentes, como sucede en el caso del aborto, la eutanasia o los criterios políticos a la hora de votar. ¿Qué sucede para que se den opiniones tan diversas dentro de la -supuestamente- misma Iglesia? Desde RD, hemos preguntado.     Leer más (Jesús Bastante)

Ante el debate sobre la eutanasia o el suicidio asistido en España

 

Juan Masiá en Religión Digital

No llamemos homicidio o suicidio a la aceptación digna del buen morir.
No debería llamarse suicidio asistido a la cooperación responsable a la aceptación justa de la muerte.
No debería llamarse peyorativamente “eutanasia”, sino “buen morir dignamente (eu- thanasia)”, al asumir responsablemente el final de esta vida y aceptar la muerte.

(Como tampoco llamaremos peyorativamente “aborto injusto” a los casos de interrupción responsablemente justificada del embarazo. Los debates recientes me incitan a volver sobre el tema repetido en este blog).

El buen morir respetando la dignidad de la persona puede llevar a una solicitud justa de eu-thanasia. Tal eu-thanasia justa (cumplidas las condiciones de respeto a la dignidad y libertad de la persona) no se puede equiparar con el homicidio, como tampoco puede ni debe llamarse, sin más, suicidio al asumir responsable y libremente la propia muerte.

La opción responsable por una eu-thanasia justa no significa optar por la muerte y contra la vida, sino elegir cómo vivir cuando se muere No se debe llamar a esa opción «muerte digna», sino respeto de la dignidad en el proceso de morir.

Convendría una legislación sobre buen morir, como título general, que incluya en determinados casos particulares las condiciones para que una solicitud de eu-thanasia justa y autónoma pueda llamarse «buen morir responsable de la persona digna hasta el final».     Leer más…