La Iglesia está hoy mal. Mal de verdad

Antonio Aradillas

Arrojemos lo más lejos posible la excusa falaz de que la culpa es de “las fuerzas del maligno”. Su verdadera refundación-reforma será incomparablemente más efectiva en manos del laicado. Leer más

La Iglesia no tiene solución, si no cambia el clero

Suprimir el clero, tal como ahora mismo está organizado y gestionado. Mientras ‘hacerse cura’ sea ‘hacer carrera’, la Iglesia seguirá estando rota.

El papa Francisco acaba de publicar una carta, dirigida al «pueblo de Dios», en la que denuncia los abusos sexuales que no pocos clérigos vienen cometiendo contra menores de edad desde hace ya bastantes años. «Un crimen que genera hondas heridas de dolor» sobre todo en las víctimas, dice el papa.

Este asunto es gravísimo, como bien sabemos. Grave para las víctimas. Grave para quienes lo cometen. Grave para la sociedad y para la Iglesia. Por eso se han escritos cientos de artículos y no pocos libros alertando del peligro que todo esto entraña. Y ofreciendo soluciones de todo tipo. No voy a ponerme ahora a discutir quién tiene razón – y quién no la tiene – en el análisis y solución de este enorme problema. ¿Quién soy yo para eso?

Sólo creo que puedo (y debo) decir algo que me parece fundamental. El papa Francisco no duda en decir que el «crimen», que son los mencionados abusos sexuales, han sido cometidos «por un notable número de clérigos y personas consagradas». Pero, cuando se refiere a las consecuencias, el mismo papa dice que «el clericalismo, sea favorecido por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial». Es decir, el clericalismo ha roto la Iglesia, la tiene destrozada. Y una Iglesia rota, termina rompiendo hasta las conciencias de los culpables y la vida de los más débiles.

No es lo mismo hablar de «clero» que de «clericalismo». El diccionario de la Rae dice que «clericalismo» es la «intervención excesiva del clero en la vida de la Iglesia, que impide el ejercicio de los derechos de los demás miembros del pueblo de Dios». El papa hace bien en responsabilizar, no tanto al «clero», sino más propiamente al «clericalismo». Y digo que el papa hace bien, al utilizar esta distinción lingüística, porque de sobra sabemos que, si hablamos del «clero», no se puede generalizar. Por todo el mundo, hay «hombres de Iglesia» (clérigos) que son sencillamente ejemplares y hasta heroicos.

Otra cosa es si hablamos de «clericalismo». Porque la teología y el derecho eclesiástico están pensados y gestionados de manera que «inevitablente» todo «hombre de Iglesia», que no sea un santo o un héroe, termina ejerciendo el más refinado y quizá brutal «clericalismo». Por la sencilla razón de que, si cumple con lo que le impone la «teología» y el «derecho» de la Iglesia, no tiene más remedio que «impedir el ejercicio de los derechos de los demás». Por ejemplo, tiene que impedir que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres. Y así, tantas y tantas otras cosas.

¿Tiene esto solución? Claro que la tiene.     Leer más…

José María Castillo en Religión Digital, 21 de agosto de 2018

 

¿También vosotros queréis marcharos? – Fray Marcos

(Jos 24,1-18) “Si no os parece bien servir al Señor, escoged a quien servir”

(Ef. 5,21-32) “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su pueblo”.

(Jn 6,61-71) “El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada”.

¡Triste desenlace! A la inmensa mayoría no le interesa el Espíritu y la Vida que Jesús ofrece. Busco yo también seguridades aquí y privilegios para el más allá.

 

Llegamos al final del capítulo 6 del evangelio de Jn. Llega la hora del desenlace. La disyuntiva es clara: o acceder a la verdadera Vida o permanecer enredados en la pura materialidad. Recordar lo que decíamos el primer día: no tomar ninguna decisión es mantener el camino fácil del hedonismo, en el que estamos. ¿Qué resultado tiene hoy la oferta de Jesús?

Este modo de hablar es inaceptable. ¿Quién puede hacerle caso? Son inaceptables estas propuestas, para ellos y para nosotros. Van en contra de toda lógica, pues contradicen nuestras apetencias más íntimas. Quieren llevarnos más allá de lo razonable. Todo aquel que se deje guiar por el sentido común, se “escandalizará”. Lo que nos pide Jesús es salir del egoísmo y entregarnos a los demás. ¡Qué disparate! Desde el punto de vista religioso, se trata de sustituir a Dios por el hombre. ¿Cómo podemos dejar de servir a Dios para dedicarnos a los demás?  ¿No es el primer deber de todo ser humano dar “gloria” a Dios?

La incapacidad de comprender es consecuencia de entender desde la carne. Y ojo, que no se trata de despreciar y machacar la carne. Entendido de esa manera maniquea, tampoco tiene ninguna salida el mensaje de Jesús. Se trata de descubrir que el verdadero sentido de la vida fisiológica y terrena para un ser humano, el verdadero sentido de la carne, está en la trascen­dencia; es decir, desplegar las posibilidades más sublimes que el ser humano tiene de crecer y ser más que simple biología. La vida terrena no puede ser meta para el hombre.

El espíritu es el que da Vida, la carne no sirve para nada. Este versículo es clave para entender todo el capítulo. Aquí carne y espíritu no se refieren a dos realidades concretas y opuestas, sino a dos maneras de afrontar la existencia humana. Solo una actitud espiritual puede dar pleno sentido a una vida humana. Vivir desde las exigencias de la carne sola cercena la meta del ser humano. En teoría no se entiende y en la práctica ¿quién de nosotros se cree, de verdad, que la carne no vale para nada? ¿Por qué luchamos? ¿Cuál es nuestra mayor preocupación? ¿Cuánto tiempo dedicamos al cuerpo y cuánto al Espíritu?

Después de remachar por activa y por pasiva que había que comer su carne, ahora nos dice que la carne no vale para nada; que lo único que vale es el espíritu. Estas palabras nos obligan a hacer un esfuerzo sobrehumano para poder comprender lo que nos quiere decir. No es ninguna contradicción. Se trata de descubrir que el valor de la “carne” le viene de estar informada por el espíritu. Con el espíritu, la carne lo es todo. Sin el espíritu, la carne no es nada. De nuevo queda claro el profundo sentido que da Jn al la encarnación.

Las propuestas que os he hecho son Espíritu y son Vida. Las palabras no tienen valor por sí mismas, debemos ir más allá de ellas y descubrir el Espíritu al que hacen referencia. Como en el discurso de Nicodemo y el de la Samaritana, la referencia al Espíritu es clave para entender a Jesús. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”. “Dios es espíritu, y hay que acercarse a Él en espíritu y en verdad”. Todo el capítulo viene diciendo que él es el pan… Ahora nos dice que son sus palabras las que dan la Vida. Para el hombre la única propuesta que le llevará a la plenitud es la que hace Jesús.

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. En este proceso de alejamiento entre Jesús y los que le siguen se da el último paso, el abandono. Fijaros bien que hasta ahora los que le criticaban y murmuraban eran «los judíos», ahora son «los discípulos» los que deciden abandonar a Jesús. Tal vez la mayoría de los oyentes ya le habían abandonado antes. Recordemos que todo el capítulo se ha planteado como un proceso de iniciación. Terminado el proceso, hay que tomar una decisión.

¿También vosotros queréis marcharos? Jesús no busca la aprobación general. Tanto los políticos como los medios lo condicionan todo a la audiencia. Lo importante es vender. Jesús acepta el reto que su doctrina provoca. Está dispuesto a quedarse completamente solo antes que ceder en la radicalidad de su mensaje. La pregunta manifiesta un deje de profunda amargura. Pero también deja muy clara la convicción que tiene en lo que está proponiendo.

¿Con quién nos vamos a ir? Tus exigencias comunican Vida definitiva. Pedro da la única respuesta adecuada: “Nosotros creemos”. La mayoría de los que escuchan a Jesús se sienten más seguros con el cumplimiento de la Ley. En la comida eran cinco mil. Quedan doce. Más tarde demostrarían que ellos tampoco lo entendieron. Para entenderlo tuvieron que pasar por la experiencia pascual. Juan deja claro que el fundamento de la Iglesia que se empieza a organiza, son los doce, y que Pedro es la cabeza que la dirige.

También en los sinópticos Jesús empieza siendo aclamado con entusiasmo por la multitud, pero termina siendo abandonado por todos. Si hoy nos declaramos cristianos dos mil millones de personas, se debe a que no se exige la radicalidad de su mensaje y estamos en el engaño de lo que nos puede dar, no en la conciencia de lo que nos exige. Si descubriéramos que la médula del mensaje de Jesús es que tenemos que dejarnos comer, ¿Cuántos quedarían? Eso es lo que nos pide Jesús. Antes que morder debo dejarme comer.

Jn intenta aclarar las condiciones de pertenencia a la comunidad de Jesús: La adhesión a Jesús y la asimilación de su propuesta de amor. Su ‘exigencia’ es una dedicación al bien del hombre a través de la entrega personal. El mesianismo triunfal queda definitivamente excluido. En contra de lo que se nos sigue diciendo, Jesús ni busca gloria humana o divina ni la promete a los que le sigan. Seguirlo significa renunciar a toda ambición personal.

Hoy seguimos ignorando la propuesta de Jesús. En nombre del evangelio seguimos ofreciendo unas seguridades derivadas del cumplimiento de unas normas. No se invita a los fieles a hacer una elección de la oferta de Jesús porque no se les presenta dicha oferta. Hemos manipulado el evangelio para salirnos con la nuestra. No nos interesa el mensaje de Jesús sino nuestros propios anhelos de salvación que no van más allá de la sola carne.

Es decepcionante que la celebración de la eucaristía no tenga ninguna repercusión en nuestra vida real. No es casualidad que en el evangelio se hable de Vida al tratar de expresar la realidad espiritual que descubrió Jesús más allá de la vida. El paralelismo nos puede llevar a comprender que no existe una VIDA separada de la materia; ni en el orden espiritual ni en el biológico la vida puede andar por ahí separada de la materia sensible. Dios es Vida, pero no está en algún lugar del universo y desde allí nos hace partícipes de ella.

En el orden biológico a la hora de definir la vida tenemos que recurrir a su manifestación. Nunca nos encontraremos con la vida sino con un ser vivo. En el orden espiritual sucede lo mismo. Nunca nos encontraremos con el Espíritu pero podemos encontrarnos con un ser atravesado por el Espíritu. ¿Cómo lo sabremos? Solo a través de sus relaciones con los demás seres. Si es capaz de descentrarse y descubrir en los demás seres aquello que le identifica con ellos, se trata de un ser que tiene Vida espiritual.

 

Meditación-contemplación

Jesús manifiesta en su vida esa Vida plena y definitiva.

La experiencia pascual llevó a los discípulos a hacer suya esa Vida.

No fue fácil superar el apego a las seguridades de su religión.

Nosotros, con una religión tan anclada en la Ley como la judía,

también tenemos que arriesgarnos

si no queremos caminar hacia la nada.

 

 

 

 

 

 

Urteko 21. igandea / Domingo 21 Tiempo ordinario – José A. Pagola

B (Joan 6,601-69)

Evangelio del 26/agosto/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

GALDERA ERABAKITZAILEA

Joanen ebanjelioak Jesusen jarraitzaileen arteko krisi handi baten oroitzapena gorde du. Ez dugu daturik, esateko. Soilik esan digu, ikasleei gogor gertatzen zitzaiela Jesusen hitz egiteko modua. Agian, gehiegizkoa iruditzen zaie eskatzen dien atxikimendua. Halako batean, «Jesusen ikasle askok atzera egin zuen eta orduz gero ez ziren ibiltzen harekin».

Lehenengo aldiz sentitu du Jesusek bere hitzek ez dutela nahi bezalako indarrik. Halere, ez du atzera egin, baizik eta are indartsuago baietsi ditu bere hitzak: «Esan dizkizuedan hitzak espiritu dira eta bizi. Halaz guztiz, zuetako batzuek ez dute sinetsi». Haren hitzek gogorrak direla ematen dute; alabaina, bizia dakarte, biziarazi egiten dute, Jainkoaren Espiritua baitute berekin.

Jesusek ez du bakea galdu. Ez da larritu porrota dela eta. Hamabiei hitz eginez, galdera erabakitzailea egin die: «Zuek ere alde egin behar al duzue?». Ez ditu behartu nahi berarekin gelditzera. Aske ikusi nahi ditu erabakitzeko. Ez du nahi bere ikasleak jopu izatea, baizik adiskide. Nahi badute, itzul daitezke nor bere etxera.

Beste behin, guztien izenean erantzun dio Pedrok. Eredugarria da erantzuna. Egiatia, apala, zentzuduna, Jesus aski ezagutzen duen batena, hura bertan behera ez uzteko. Pedroren jarrera lagungarri izan daiteke gaur egun ere, fedea koloka izanik fede oro utzi ala ez pentsatzen ari direnentzat.

«Jauna, norengana joko dugu?». Ez da zentzuzkoa Jesus bertan behera uztea edozein eratan, maisu hoberik eta konbentzigarriagorik aurkitu gabe. Jesusi jarraitu ezean, nori jarraitu ez dakitela geldituko dira. Ez da zertan jokatu zalapartaka. Ez da on bizitzan argirik eta gidaririk gabe gelditzea.

Errealista da Pedro. Gauza ona ote da Jesus bertan behera uztea, esperantza konbentzigarriagorik eta erakarleagorik aurkitu gabe? Aski ote da haren ordez bizieran beheiti egitea, kasik jomugarik eta horizonterik gabe? Hobe ote da galderarik gabe bizitzea, inolako planteamendurik eta bilatzerik gabe?

Bada Pedrok ahaztu ez duen beste zerbait: «Zuk, betiko bizirako hitzak dituzu». Sumatu du ezen Jesusen hitzak ez direla hitz hutsal eta engainagarri. Jesusen ondoan beste modu batean agertu zaie bizitza. Haren mezuak betiko bizira begira jarri ditu. Non aurki lezakete Berri hoberik Jainkoaz?

Pedro, azkenik, oinarrizko esperientziaz gogoratu da. Jesusekin bizitzean, hura Jainkoaren misteriotik datorrela aurkitu du. Urrunetik, urrutitik, axola-ezetik edo arduragabekeriatik ezin antzeman zaio Jesusek bere baitan duen misterioari. Hamabiek hurbileko tratua izan dute Jesusekin. Horregatik esan ahal dute: «Guk, sinesten dugu eta badakigu zu Jainkoaren Santua zarela». Jesusen inguruan jarraituko dute.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


B (Joan 6,601-69)

Evangelio del 26/agosto/2018

PREGUNTA DECISIVA

El evangelio de Juan ha conservado el recuerdo de una fuerte crisis entre los seguidores de Jesús. No tenemos apenas datos. Solo se nos dice que a los discípulos les resulta duro su modo de hablar. Probablemente les parece excesiva la adhesión que reclama de ellos. En un determinado momento, «muchos discípulos se retiraron y ya no iban con él».

Por primera vez experimenta Jesús que sus palabras no tienen la fuerza deseada. Sin embargo no las retira, sino que se reafirma más: «Las palabras que os he dicho son espíritu y vida, pero algunos de vosotros no creen». Sus palabras parecen duras, pero transmiten vida, hacen vivir, pues contienen Espíritu de Dios.

Jesús no pierde la paz. No le inquieta el fracaso. Dirigiéndose a los Doce les hace la pregunta decisiva:«¿También vosotros queréis marcharos?». No los quiere retener por la fuerza. Les deja la libertad de decidir. Sus discípulos no han de ser siervos, sino amigos. Si quieren, pueden volver a sus casas.

Una vez más, Pedro responde en nombre de todos. Su respuesta es ejemplar. Sincera, humilde, sensata, propia de un discípulo que conoce a Jesús lo suficiente como para no abandonarlo. Su actitud puede todavía hoy ayudar a quienes con fe vacilante se plantean prescindir de toda fe.

«Señor, ¿a quién iríamos?». No tiene sentido abandonar a Jesús de cualquier manera, sin haber encontrado un maestro mejor y más convincente. Si no siguen a Jesús, se quedarán sin saber a quién seguir. No han de precipitarse. No es bueno quedarse sin luz ni guía en la vida.

Pedro es realista. ¿Es bueno abandonar a Jesús sin haber encontrado una esperanza más convincente y atractiva? ¿Basta sustituirlo por un estilo de vida rebajada, sin apenas metas ni horizonte? ¿Es mejor vivir sin preguntas, planteamientos ni búsqueda de ninguna clase?

Hay algo que Pedro no olvida: «Tus palabras dan vida eterna». Siente que las palabras de Jesús no son palabras vacías ni engañosas. Junto a él han descubierto la vida de otra manera. Su mensaje les ha abierto a la vida eterna. ¿Dónde podrían encontrar una noticia mejor de Dios?

Pedro recuerda, por último, la experiencia fundamental. Al convivir con Jesús ha descubierto que viene del misterio de Dios. Desde lejos, a distancia, desde la indiferencia o el desinterés no se puede reconocer el misterio que se encierra en Jesús. Los Doce lo han tratado de cerca. Por eso pueden decir: «Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». Seguirán junto a Jesús.

José Antonio Pagola

 

Domingo 21º ordinario 26 de agosto – Koinonía

Jos 24,1-2a.15-17.18b: Serviremos al Señor, él es nuestro Dios
Salmo 33: Gusten y vean qué bueno es el Señor
Ef 5,21-32: Es éste un gran misterio
Jn 6,60-69: Tú tienes palabras de vida eterna

Juan 6, 60-69

¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. «Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

COMENTARIO LITÚRGICO

Josué organiza la gran asamblea de Siquem, como la reunión constitutiva del pueblo de las tribus. Es el punto de partida de un movimiento nuevo que arranca del Éxodo. El pueblo debe aceptar su nueva identidad teológica, social, cultural. Es fundamental identificar al Dios del Éxodo: el que ve la opresión del pueblo, el que oye el griterío de dolor y conoce sus sufrimientos, el que está decidido a bajar para librarlo del poder de los opresores (Ex 3,7-8). El Dios de sus Padres, el Dios de la Historia.

Las tribus proceden de diferentes orígenes culturales, religiosos, étnicos, pero ahora se aglutinan, gracias a la fe en este Dios del éxodo, en un solo pueblo: Israel. Es la teología, la fe en Yahvé y no la sangre quien los compacta para una alianza tribal.

El corazón de esta alianza tribal es la fe común en este Dios de los pobres. Pero supone también, identificar a los dioses «extraños» a los dioses cananeos y egipcios, imágenes corrompidas de Dios, que generan esclavitud y muerte: un sistema de impuestos, una vida de esclavos, una religión opresora. Cambiar esos dioses por el Dios del Éxodo, fundando una sociedad de leyes para la vida, de reparto de la tierra, de culto nuevo basado en la pascua es el tema central de esta gran asamblea de Josué en Siquem.

Las tribus de Israel hacen un pacto de amor con este Dios de los pobres. Unos desposorios, como nos insinúa la carta a los Efesios. «Una Iglesia dócil al Mesías» «para hacerla radiante, sin mancha, ni arruga, ni nada parecido».

Las palabras de Jesús chocan con la mentalidad vigente. Hace veinte siglos parecía inadmisible que una persona pudiera comunicar un mensaje tan exigente y tan liberador. Hoy, seguimos en el mismo plan: tratamos de endulzar las palabras de Jesús para que no hieran nuestros prejuicios. Con frecuencia queremos convertir la palabra de Jesús en el ejercicio de un conjunto de ritos. Pero, la palabra de Jesús nos desestabiliza, nos desquicia y nos lleva a cuestionar la vida diaria. A veces, incluso, decimos como los discípulos. «Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso? No obstante, si queremos seguir a Jesús, la única respuesta posible es un «sí» rotundo, un «amén» decidido y generoso. Queremos seguirlo y queremos ser como él. No deseamos contentarnos con los laureles que nos ofrece el mundo, sino que anhelamos caminar con el Nazareno la difícil y tortuosa vía del pueblo de Dios en la historia.

¡Qué útil sería examinar nuestras eucaristías…! ¿Generan un «movimiento de Jesús» en dirección hacia la Utopía solidaria de lo que Él llamaba Reino? ¿Van cambiando nuestro modo de pensar y actuar? ¿Nos hacen capaces de identificar las otras presencias del Dios entre los desheredados de la vida? El mismo Jesús, en cuya boca Juan puso estas palabras: «Yo soy el Pan de Vida», según Mateo también dijo: «tuve hambre y me diste de comer, cada vez que lo hicieron con mis hermanos más pequeños, era conmigo mismo con quien lo estaban haciendo» (Mt 25,35).

Completamos nuestra reflexión con palabras de José Antonio Pagola que continúan las que citábamos la semana pasada, sobre la forma actual de celebrar la Eucaristía: Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?

¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?

Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa, sino contribuir a la conversión a Jesucristo.

El evangelio de este domingo no está dramatizado en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil. Pero puede echarse mano de cualquiera de los que se refieren a la eucaristía, por ejemplo los referidos a la última cena (109, 110 y 111), que pueden ser tomados dehttp://radialistas.net/category/un-tal-jesus

 

Rosa Chávez invita a «llenar el mundo del nombre de Romero»

Los salvadoreños celebran 101 años del natalicio del pronto santo. Lanza la campaña «en mi casa una planta de Romero y el santo en mi corazón» en honor al mártir.

Feligreses católicos acudieron este miércoles a la Catedral Metropolitana de San Salvador para conmemorar los 101 años de natalicio del beato Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 y que será canonizado en el Vaticano en octubre próximo.

El cardenal salvadoreño, Gregorio Rosa Chávez, fue el encargado de presidir una misa de acción de gracias en la que participaron familiares de Romero, feligreses y alumnos del Complejo Educativo San Francisco.

Durante su homilía, Rosa Chávez invitó a todos los asistentes a «llenar el mundo del nombre de Romero», y a «orar para que la pronta canonización del beato traiga consigo bendiciones para este país, que tanto lo necesita».

«Feliz cumpleaños monseñor Romero (…) en este día tan especial tus hermanos, por lo que diste la vida, honramos tu memoria y te elevamos plegarias para que derrames bendiciones sobre este pueblo tan sufrido», expresó el religioso.

Rosa Chávez recordó la vida de monseñor Romero, nacido un 15 de agosto de 1917 en la oriental Ciudad Barrios, y leyó algunas de las homilías del beato en las que denunciaba las violaciones a los derechos humanos que sufría la población y las injusticias sociales a las que eran sometidos en El Salvador.

Tras el evento religioso, el cardenal Rosa Chávez y jerarcas de la Iglesia Católica lanzaron la campaña «En mi casa una planta de Romero y el santo en mi corazón», con la que buscan que todos los salvadoreño tengan en sus hogares una planta de romero en honor al beato.

Romero se caracterizó por constantemente denunciar en sus homilías los ataques de los cuerpos de seguridad contra la población civil y otras violaciones a los derechos humanos.

El beato será canonizado el 14 de octubre junto a Pablo VI durante el Sínodo de Obispos, la asamblea de prelados llegados de todo el mundo al Vaticano donde se abordarán temas relativos a la juventud, que se realizará desde el 3 hasta el 28 de octubre.

Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un escuadrón armado de la derecha mientras oficiaba misa en la capilla del hospital de cáncer Divina Providencia de San Salvador, en los días previos al estallido del conflicto armado salvadoreño (1980-1992).

Redacción de Religión Digital, 16 de agosto de 2018

 

Empieza el juicio por pederastia contra el cardenal Pell

El ‘número tres’ está acusado de haber agredido a menores hace varias décadas. Un informe reveló que la Iglesia Católica recibió quejas de 4.500 personas por supuestos abusos a menores cometidos por unos 1.880 de sus miembros, sobre todo sacerdotes, principalmente entre 1980 y 2015.

El cardenal australiano George Pell, el «número tres» del Vaticano, afronta en Australia a partir de este miércoles un juicio relacionado con delitos sexuales contra menores ocurridos en el pasado y del que se ha prohibido informar por orden judicial.

La información sobre el proceso no puede ser divulgada, ni siquiera parcialmente, en Australia, según una orden judicial emitida el pasado mes de junio para garantizar un juicio justo.

La restricción informativa permanecerá vigente hasta que se levante la orden o se emita un veredicto.

Pell, de 77 años, recibió del Papa Francisco en junio de 2017 un «periodo de excedencia» del cargo de prefecto de la Secretaría de Economía del Vaticano, que ocupó el 24 de febrero de 2014, para afrontar este proceso.

Una comisión oficial investigó entre 2013 y 2017 la respuesta de las instituciones australianas a los casos de abusos sexuales de menores y concluyó que hubo «decenas de miles» de víctimas.

«Decenas de miles de niños fueron abusados sexualmente en las instituciones australianas. Nunca sabremos la cifra, pero cualquiera que sea, supone una tragedia nacional perpetrada durante generaciones dentro de nuestras más respetadas instituciones», señaló en el documento presentado el pasado diciembre.

Este informe reveló que la Iglesia Católica recibió quejas de 4.500 personas por supuestos abusos a menores cometidos por unos 1.880 de sus miembros, sobre todo sacerdotes, principalmente entre 1980 y 2015.

Reporteros Sin Fronteras (RSF) criticó que la prensa tenga prohibido informar del juicio que afronta el cardenal Pell, y solicitó que las autoridades judiciales den marcha atrás a esa decisión.

Redacción de Religión Digital, 15 de agosto de 2018

 

Holocausto de abusos en la Iglesia de EEUU

Pensilvania acusa a 300 sacerdotes de las violaciones de al menos 1.000 niños. La Fiscalía denuncia «un encubrimiento sistemático por altos cargos de la Iglesia» en las diócesis y en Roma.

La Corte Suprema del estado de Pensilvania (EE.UU.) publicó este martes un informe de un gran jurado que documenta 300 supuestos casos de «sacerdotes depredadores» sexuales en seis diócesis, tras investigar denuncias de abusos de menores.

El jurado explicó en el documento, que consta de 1.356 páginas, que ha identificado a unos 1.000 menores que han sido víctimas, algunos de ellos varones, aunque también hay chicas, y entre los que hay adolescentes y muchos preadolescentes.

«Algunos fueron manipulados con alcohol o pornografía. A algunos les hicieron masturbar a sus agresores, o fueron manoseados por ellos. Algunos fueron violados oralmente, algunos vaginalmente, algunos analmente», denuncia el texto.

El jurado detalló que para elaborar este documento ha escuchado el testimonio de decenas de testigos y ha revisado medio millón de páginas de documentos internos de las diócesis.

En ese sentido, no descartó que el número real de víctimas ascienda a miles, ya que es posible que los registros de algunos menores se hayan perdido o que el afectado optara por mantener el silencio.

En el informe, el jurado criticó que todos los casos fueron dejados de lado por los líderes de la iglesia «que prefirieron proteger a los abusadores y a la institución, sobre todo».

Como consecuencia del encubrimiento, casi todos los casos son demasiado antiguos como para ser juzgados, ya que la mayoría son anteriores al año 2000, aunque el jurado subrayó que ha emitido acusaciones contra un sacerdote de la diócesis de Greensburg y otro de la de Erie, que presuntamente ha estado abusando de menores en la última década.

En una rueda de prensa, el fiscal general del estado, Josh Shapiro, destacó que el informe detalla «un encubrimiento sistemático por altos cargos de la Iglesia en Pensilvania y en el Vaticano».

Aparte de las diócesis de Greensburg y Erie, el resto de las afectadas son las de Scranton, Allentown, Harrisburg y Pittsburgh, todas ellas en Pensilvania.

El pasado 1 de agosto, la diócesis de Harrisburg, una de las implicadas, publicó una lista de 71 religiosos y seminaristas, algunos de ellos ya fallecidos, «acusados» de abusos sexuales a menores desde 1940.

Arrepentimiento, tristeza, vergüenza: las reacciones de la Iglesia

Remordimiento profundo, grande tristeza, el abuso es despreciable y no tiene lugar en la Iglesia, shock, vergüenza…    Leer más…

Redacción de Religión Digital, 15 de agosto de 2018


 

Castillo, sobre la «crisis» de refugiados: «El problema es que nos hemos deshumanizado»

Ahora mismo nos vemos metidos de lleno en un fundamentalismo que no sabemos definir. La humanización, a fondo y para todos, nos da miedo.

No es fácil analizar y explicar, al detalle y hasta el fondo, lo que nos está pasando, desde no hace mucho, en España, en Europa, por todo el mundo. No me refiero, ni sólo ni principalmente, a la crisis económica. Aunque, por supuesto, los problemas relacionados con la gestión de la economía tienen mucho que ver con lo que estamos viviendo. Pero el problema más preocupante, ahora mismo, está en otra cosa.

Me refiero a la experiencia de «crispación colectiva» que estamos viviendo. Ya he dicho que esto tiene mucho que ver con la economía. También con la política. Y mucho, tal como están las cosas en este momento. Por otra parte, el cambio de cultura y de costumbres, que estamos viviendo, es tan rápido y tan profundo, que no acertamos a entender lo que nos está ocurriendo. Todo esto, como es lógico, produce malestar, inseguridad, crispación…

Pero me da la impresión de que hay otros factores, en este momento, que son determinantes para ponernos más nerviosos o quizá más crispados. Ahora mismo tenemos el problema de los inmigrantes. Europa supo formular la declaración universal de los «Derechos Humanos». Y ahora mismo Europa, por mantener a toda costa su alto nivel de bienestar, no duda en quebrantar, en cosas muy fundamentales, esos «derechos», que ella misma declaró y difundió por todo el mundo.

El hecho es que las cosas han venido rodadas de manera, que, ahora mismo nos vemos metidos de lleno – quizá sin darnos cuenta – en un «fundamentalismo», que no sabemos definir, ni tenemos conciencia de lo que nos está pasando, ni por tanto acertamos a salir de este callejón sin salida.

Hablo de «fundamentalismo», que no es ni fanatismo, ni autoritarismo. El fundamentalismo es vuelta a las fuentes, a los orígenes, a lo más auténtico. Recuperar nuestra verdadera y única autenticidad. Por eso, cuando en este asunto tan básico, nos vemos amenazados, entonces es cuando se encienden todas las alarmas. Y el fundamentalismo se pone en marcha.

De ahí que, con toda la razón del mundo, el conocido sociólogo Anthony Giddens ha definido el «fundamentalismo» como «tradición acorralada». Lo estamos sintiendo en nuestras carnes.

Cuando cada día nos enteramos de que Asia y África se nos vienen encima – lanchas, pateras, barcos sobrecargados de cientos de personas…, como les pasa a los norteamericanos con las gentes de la América hispanoparlante – quisiéramos levantar murallas para protegernos de los invasores. Los que nos invaden porque vienen huyendo de las guerras que nosotros hacemos posibles con nuestro gran negocio de la venta de armamentos, la compra del coltán para que sigan funcionando nuestros móviles, el gas, el petróleo, la madera, los metales preciosos… ¿qué sé yo?

Así las cosas, ¡por lo que más quieran!, que no nos engañen los políticos, ni sus técnicos, ni sus medios de comunicación. El problema está en que nos hemos «deshumanizado». Y la «humanización», a fondo y para todos, nos da miedo. ¿No tendría que ser un «proyecto global», en este sentido, lo que más nos debería preocupar y lo primero que tendríamos que hacer?

¿Qué esto es una utopía? Ya lo sé. Pero también estoy seguro de que la más peligrosa y la más inútil de todas las utopías es la que consiste en un mundo sin utopía. Un mundo así, se convertiría inmediatamente en una momia.

A fin de cuentas, por lo que ha sido mi profesión y mi vida, según mis creencias religiosas, los cristianos decimos que Dios, para salvar al mundo, se humanizó. Pues eso digo yo. De la «tradición acorralada» no nos saca nada más que lo que nos sacó de las manadas de chimpancés: nuestra «condición humana». Esto es lo que más nos urge a todos: ser profundamente humanos.

José María Castillo en Religión Digital, 14 de agosto de 2018

 

Metz me enseñó que los cristianos esperan una revolución que incluya a las víctimas

Hay encuentros de los cuales una no se escapa sin ser afectada, dejan marcada por siempre tu existencia y determinan el rumbo de todo lo venidero de la vida. Que Johann Baptist Metz en 1994, después de su jubilación por la Universidad de Münster, aceptara la invitación como catedrático visitante a Viena, dio un vuelco radical a mi vida. En él encontré mi maestro más importante que me catapultó fuera de mi innocuidad piadosa y me lanzó hacia una apasionante aventura con un Dios que antes no conocía.

En aquel entonces estaba trabajando en mi tesis de habilitación sobre la teología de Erich Przywara. Estaba casi tirando la toalla cuando Baptist se ocupó de mí en diálogos crítico-mayéuticos. Me ayudó a encontrar el hilo conductor en la obra monolítica de Przywara: el tema de la no-identidad que dinamita cualquier intento de encajar la realidad en un sistema; el tema de la alteridad del otro que denuncia cualquier dominación, explotación o usurpación no sólo como escándalo, sino como negación de Dios; y en todo siempre el misterio de Dios que no destella primordialmente allá donde todo cuadra y se resuelve en harmonía, sino más bien se hace perceptible en el grito: en el grito desde el abismo, desde la catástrofe, desde las tinieblas que parecen la negación feroz de Dios.

Estos diálogos rescataron mi incorporación en el cuerpo docente de la Universidad de Viena y me abrieron un mundo intelectual que no conocía antes, o solamente conocía muy superficialmente: Benjamin, Adorno, Levinas, para mencionar lo más importante. Pero más que nada me regalaron un amigo que me ayudó a encontrar el hilo conductor, no solamente de un trabajo académico, sino de mi propia biografía.

En ese momento ya había gastado mis ilusiones juveniles como religiosa y estaba en peligro de escabullirme en modo frustrado y amargado.

Pero Baptist me sedujo a aventurarme una vez más con las grandes palabras que determinaron en su día mi «primer amor» y que en este momento quería descartar como palabrería piadosa, sin sentido y sabor: la palabra que habla de la radicalidad del seguimiento de Cristo y de los consejos evangélicos, de pobreza, castidad y obediencia. Más allá de la introversión piadosa y acomodada me ayudó a descubrir la mística de Jesús, su pasión por Dios, rebelde y resistente.

Que «Cristo debe ser siempre pensado de tal modo que nunca sea sólo pensado», que no tengo ninguna idea de Dios y de su Cristo, si antes no me pongo en marcha para seguir a ese camino cual él mismo es; y -puede sonar muy ingenuo- antes que no me arriesgo a hacer lo mismo que Jesús ha hecho. Todo eso me espantó y en el sentido literal me ha arrojado al otro lado del mundo. Aterricé en El Salvador, en la tierra de Oscar Romero, y en la universidad en que 1989 asesinaron seis jesuitas y dos mujeres que trabajaban con ellos.

Para mí «el pulgarcito de América» resultará Tierra Santa, en donde me topé en una manera inesperada y real con el drama de Jesús: hombres y mujeres, quienes cómo el hombre de Nazaret se pusieron en una manera incondicional al lado de los más vulnerables; quienes como él desenmascararon y desafiaron «los poderes de la muerte»; y por eso, por fin, sufrieron la misma suerte. Como Jesús fueron liquidados brutalmente. Me topé en una manera directa y concreta con las «historias peligrosas de seguimiento», con ese «conocimiento práctico» que según Metz es la verdadera fuente de cualquier teología seria.     Leer más…

Marta Zechmeister en Religión Digital, 5 de agosto de 2018