En la partida de Ana

Atrio

Esta mañana me ha producido un estremecimiento abrir Religión Digital y encontrarme con este escrito de Enrique Martínez Lozano. No sabía nada. Nos conocíamos de hace tiempo. Coincidíamos y divergíamos en nuestra búsqueda espiritual. Por Asun Poudereux conocí sus libros. Solo una vez nos encontramos. ATRIO publicó en 2013 un artículo suyo, con 39 comentarios de atrieros clásicos. Y últimamente nos dejó un comentario muy esclarecedor sobre sexualidad. Hoy me autorizado a publicar esto. Acompañémosle en este doloroso trance y acompañémonos mutuamente en el tramo de vida que aún nos toque vivir. AD.

Queridos amigos y amigas: Al enviar el boletín de esta semana, me  resultaba imposible hacerlo como si nada hubiera pasado. Permitidme, pues, por lo  compartido durante tantos años a través de estos envíos, un “desahogo” ante un hecho que me desgarra el corazón y pone mi vulnerabilidad en carne viva.

El día 15 de agosto, disfrutando de un paseo en bici, al atravesar por un paso adecuado con el semáforo en verde, Ana, mi esposa y cómplice compañera de vida, fue arrollada de manera violenta por un auto. Tras dieciséis horas de lucha por sobrevivir y de esfuerzos de los profesionales sanitarios por sacarla adelante, fallecía a las seis de la mañana del día 16. Tenía 57 años.

Os lo envío también, desde mi necesidad de responderos, a quienes me  habéis escrito algo. Con este compartir, quiero haceros llegar la gratitud más  profunda por vuestros correos y mensajes, hechos de cercanía y amor.  Perdonad que no pueda responderos personalmente, pero recibid desde aquí,  cada uno y cada una, mi abrazo más cordial y sostenido que nunca…Leer más… (Enrique Martínez Lozano)

¿Contribución propia de las mujeres a la Iglesia?

Atrio

¡Excelente artículo de Olga esta semana! Sugiero no saltarlo. Veréis cómo revienta los argumentos que presenta el flamante nuevo supremo Teólogo de Francisco.Sigue tirando balones fuera psrs justificar la marginación de la mujer con sofismas. Muchas abandonan la Iglesia. Estoy con Olga en que hay que seguir luchando con una esperanza realista que va más allá de Francisco y los suyos. AD.

La situación de la mujer en la Iglesia es un tema vigente porque no ha sido solucionado. Así lo constatamos en las preguntas que, una y otra vez le hacen al Papa, lo mismo que a otros miembros representativos de la jerarquía. En este caso queremos comentar la entrevista que la hicieron al nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández, el pasado 9 de julio.

La pregunta fue: ¿Cree que en el futuro será posible repensar el papel de la mujer en la Iglesia? El designado cardenal Fernández respondió: “ciertamente”. Pero añade: “no es necesario para eso forzar la discusión del acceso de las mujeres a los ministerios ordenados. Sería empobrecer la propuesta”. Estoy de acuerdo con que los ministerios ordenados no son el único tema a tratar cuando se habla de la situación en la mujer en la Iglesia. Es un tema, entre muchos otros. Centrarse en ello es limitar el campo más amplio de la realidad eclesial en la que la mujer no puede seguir siendo ciudadana de segunda categoría con limitaciones, prejuicios, restricciones y comprensiones erróneas. Pero lo que no logro comprender y que también, se repite demasiado, es que centrarse en ese tema, sea empobrecer la propuesta. Lo que no me parece adecuado es el término “empobrecer”. Si entiende que limita la comprensión más amplia de la realidad de la mujer en la Iglesia, tal vez podría plantearse. Pero en realidad, dudo que signifique eso. Por la reticencia a hablar del tema, o por el miedo a abordarlo o por el interés de evadirlo, me parece que este término no es apropiado…Leer más (Olga Consuelo Vélez)

Domingo 21. Ciclo A José Luis Sicre

PEDRO, ENTRE DIOS Y SATANÁS

El evangelio de este domingo y el del siguiente forman un díptico indisoluble. En el de hoy, Pedro recibe una revelación de Dios y una misión. En el siguiente, se convierte en portavoz de Satanás. De este modo, Mateo deja claro que lo importante es la misión recibida, no la santidad del receptor. El evangelio de este domingo se divide en tres partes: 1) lo que piensa la gente a propósito de Jesús; 2) lo que afirma Pedro; 3) las promesas de Jesús a Pedro.

  1. Lo que piensa la gente

Camino de Cesarea de Felipe, muy al norte de Israel, Jesús formula a sus discípulos una pregunta bastante ambigua: «¿Quién dice la gente que es el hijo del hombre?» La expresión aramea bar enosh podemos traducirla con minúscula o con mayúscula.

Con minúscula, «hijo del hombre», significa «este hombre», «yo», y es frecuente en boca de Jesús para referirse a sí mismo. Por ejemplo: «Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre [este hombre] no tiene dónde recostar la cabeza» (Mt 8,20); «El hijo del hombre [este hombre, yo] tiene autoridad en la tierra para perdonar los pecados» (Mt 9,6), etc.

Con mayúscula, «Hijo del Hombre», hace pensar en un salvador futuro, extraordinario. «Os aseguro que no habréis recorrido todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre» (Mt 10,23); «El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles para que recojan de su reino todos los escándalos y los malhechores» (Mt 13,41); «El Hijo del Hombre ha de venir con la gloria de su Padre y acompañado de sus ángeles» (Mt 16,27).

La gente que escuchaba a Jesús podía sentirse desconcertada. Cuando usaba la expresión «el hijo del hombre», ¿hablaba de sí mismo, de un salvador futuro o de un gran personaje religioso? Por eso no extrañan las respuestas que recogen los discípulos. Para unos, el Hijo del Hombre es Juan Bautista; para otros, de mayor formación teológica, Elías, porque está profetizado que volverá al final de los tiempos; para otros, no sabemos por qué motivo, Jeremías o alguno de los grandes profetas. Lo común a todas las respuestas es que ninguna identifica al Hijo del Hombre con Jesús, y todas lo identifican con un profeta, pero un profeta muerto, bien hace nueve siglos (Elías) o recientemente (Juan Bautista). Es obvio que Jesús no se explicaba en este caso con suficiente claridad o era intencionadamente ambiguo.

  1. Lo que afirma Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Estamos tan acostumbrados a escuchar la respuesta de Pedro que nos parece normal. Sin embargo, de normal no tiene nada. Los grupos que esperaban al Mesías lo concebían como un personaje extraordinario, que traería una situación maravillosa desde el punto de vista político (liberación de los romanos), económico (prosperidad), social (justicia) y religioso (plena entrega del pueblo a Dios). Jesús es un galileo mal vestido, sin residencia fija, que vive de limosna, acompañado de un grupo de pescadores, campesinos, un recaudador de impuestos y diversas mujeres. Para confesarlo como Mesías hace falta estar loco o tener una inspiración divina.

  1. Las promesas de Jesús a Pedro

Esta tercera parte, exclusiva de Mateo (falta en los evangelios de Marcos y Lucas) contiene unas palabras de Jesús a Pedro.

Comienzan con una bendición, que subraya la importancia del título de Mesías que Pedro acaba de conceder a Jesús. El discípulo no es un hereje ni un loco, sus palabras son fruto de una revelación del Padre. Nos vienen a la memoria lo dicho en 11,25-30: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y aquel a quien el Padre se lo quiere revelar».

Basándose en esta revelación, no en los méritos de Pedro, Jesús le comunica tres promesas: 1) sobre él, esta roca, edificará su Iglesia; 2) le dará las llaves del Reino de Dios; 3) como consecuencia de lo anterior, lo que él decida en la tierra será refrendado en el cielo.

Las afirmaciones más sorprendentes son la primera y la tercera. En el AT, la «roca» es Dios. En el NT, la imagen se aplica a Jesús. Que el mismo Jesús diga que la roca es Pedro supone algo inimaginable, que difícilmente podrían haber inventado los cristianos posteriores. (La escapatoria de quienes afirman que Jesús, al pronunciar las palabras «y sobre esta piedra edificaré mi iglesia» se refiere a él mismo, no a Pedro, es poco seria).

La segunda afirmación («te daré las llaves del Reino de Dios») se entiende recordando la promesa de Is 22,22 al mayordomo de palacio Eliaquín, tema de la primera lectura de hoy: «Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá». Se concede al personaje una autoridad absoluta en su campo de actividad. Curiosamente, el texto de Mateo cambia de imagen, y no habla luego de abrir y cerrar, sino de atar y desatar. Pero la idea de fondo es la misma.

El texto contiene otra afirmación importantísima: la intención de Jesús de formar una nueva comunidad, que se mantendrá eternamente. Todo lo que se dice a Pedro está en función de esta idea.

¿Por qué pone de relieve Mateo este papel de Pedro? ¿Desea indicar cómo concibe Jesús a su comunidad? ¿O pretende algo práctico? Ambas ideas no se excluyen, y la teología católica ha insistido básicamente en la primera: Jesús, consciente de que su comunidad necesita un responsable último, encomienda esta misión a Pedro y a sus sucesores.

Es posible que haya también de fondo una idea más práctica, relacionada con el papel de Pedro en la iglesia primitiva. Uno de los mayores conflictos que se plantearon desde el primer momento fue el de la aceptación o rechazo de los paganos en la comunidad, y las condiciones requeridas para ello. Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de estos problemas. En su solución desempeñó un papel capital Pedro, enfrentándose a la postura de otros grupos cristianos conservadores (Hechos 10-11; 15). En aquella época, en la que Pedro no era «el Papa», ni gozaba de la «infalibilidad pontificia», las palabras de Mateo suponen un espaldarazo a su postura en favor de los paganos. «Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Es Pedro el que ha recibido la máxima autoridad y el que tiene la decisión última.

Apéndice 1. El papel de Pedro en la iglesia primitiva

Un detalle común a las más diversas tradiciones del Nuevo Testamento es la importancia que se concede a Pedro. El dato más antiguo y valioso, desde el punto de vista histórico, lo ofrece Pablo en su carta a los Gálatas, donde escribe que tres años después de su conversión subió a Jerusalén «a conocer a Cefas [Pedro] y me quedé quince días con él» (Gálatas 1,18). Este simple detalle demuestra la importancia excepcional de Pedro. Y catorce años más tarde, cuando se plantea el problema de la predicación del evangelio a los paganos, escribe Pablo: «reconocieron que me habían confiado anunciar la buena noticia a los paganos, igual que Pedro a los judíos; pues el que asistía a Pedro en su apostolado con los judíos, me asistía a mí en el mío con los paganos» (Gálatas 2,7).

Esta primacía de Pedro queda reflejada en diversos episodios de los distintos evangelios. Basta recordar el triple encargo («apacienta mis corderos», «apacientas mis ovejas», «apacientas mis ovejas») en el evangelio de Juan (21,15-17), equivalente a lo que acabamos de leer en Mateo.

Lo mismo ocurre en los Hechos de los Apóstoles. Después de la ascensión, es Pedro quien toma la palabra y propone elegir un sustituto de Judas. El día de Pentecostés, es Pedro quien se dirige a todos los presentes. Su autoridad será decisiva para la aceptación de los paganos en la iglesia (Hechos 10-11). Este episodio capital es el mejor ejemplo práctico de la promesa: «lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo».

Apéndice 2. Mateo: ¿falsario o teólogo?

Lo anterior ayuda a responder una pregunta elemental desde el punto de vista histórico: si las promesas de Jesús a Pedro sólo se encuentran en el evangelio de Mateo, ¿no serán un invento del evangelista? Así piensan muchos autores.

Pero el término «invento» se presta a confusión, como si todo lo que se cuenta fuera mentira. Los escritores antiguos tenían un concepto de verdad histórica muy distinto del nuestro, como he intentado demostrar en mi libro Satán contra los evangelistas. Para nosotros, la verdad debe ir envuelta en la verdad. Todo, lo que se cuenta y la forma de contarlo, debe ser cierto (esto en teoría, porque infinitos libros de historia se presentan como verdaderos, aunque mienten en lo que cuentan y en la forma de contarlo). Para los antiguos, la verdad se podía envolver en un ropaje de ficción.

La verdad, testimoniada por autores tan distintos como Pablo, Juan, Lucas, Marcos, es que Pedro ocupaba un puesto de especial responsabilidad en la iglesia primitiva, y que ese encargo se lo había hecho el mismo Dios, como reconocen Pablo y Juan. Lo único que hace Mateo es envolver esa verdad en unas palabras distintas, quizá inventadas por él, para dejar claro que la primacía de Pedro no es cuestión de inteligencia, ni de osadía, se debe a una decisión de Jesús. Y para corroborar que no son los méritos de Pedro, añade el episodio que leeremos el próximo domingo.

José Luis Sicre

Urteko 21. igandea – A –José A. Pagola

(Mateo 16,13-20)

JESUSEZ DUGUN IRUDIA- NUESTRA IMAGEN DE JESÚS

Jesusen galderak: «Eta zuek, nor naizela diozue?», fededunei erantzun bat eskatzen jarraitzen du, gaur oraino. Ez dugu guztiok irudi bat bera Jesusez. Eta hau ez bakarrik beraren nortasunaren izaera agorrezina delako, baizik eta, batez ere, Jesusez nork bere irudia eginez joaten garelako geure interesak eta kezkak tartean direlarik, nor bere psikologia pertsonalak eta bizi den ingurumen sozialak baldintzatzen dutelarik, eta hartu dugun formazio erlijiosoak markatuak garelarik.

Eta, halere, bakoitzak izan dezakegun Kristoren irudiak garrantzi erabakitzailea du gure bizitzarako; izan ere, baldintzatu egiten du fedea ulertzeko eta bizitzeko era. Jesusen irudi pobretu, alde bakarreko, partzial eta faltsu batek fedearen bizipen pobretu, alde bakarreko, partzial edo faltsura gidatuko gaitu. Horra zergatik den garrantzizkoa Jesusez dugun geure ikuspegitik balizko desitxuratzeak saihestea eta berarekiko gure atxikipena garbiagotzea.

Bestalde, ilusio hutsa da pentsatzea Jesu Kristogan hazten ari zarela dogma bat «sinesten duzulako» edota prest zaudela sinesteko «Ama Eliza santuak sinesten duena». Zinez, fededun bakoitzak norberak sinesten duena sinesten du, hau da, Jesu Kristori egindako jarraipenean pertsonalki aurkituz doana, nahiz eta, jakina, kristau-elkartearen barnean egin.

Tamalez, aski dira kristauak beren erlijioa ulertzeko eta bizitzeko modua dela medio, Kristorekin pertsonalki topo egitea zer den, esperientzia pixka bat bizia izanik, sekula jakingo ez dutenak.

Beren bizitzako jada garai aski goiztiarrean, egina dute jadanik haur-ideia bat Jesusez; artean ez zituzten planteatuak, aski argiro, Kristok beraien arazoei eta galderei ematen ahal zizkien erantzunak.

Geroago, berriz, ez dira iritsi Jesu Kristori buruzko fedea birpentsatzera, dela beren bizitzarako zerbait arruntzat eta garrantzirik gabekotzat hartu dutelako, dela aski serios eta zorrotz aztertzen ausartzen ez direlako, dela konforme daudelako era axolagabean eta apatikoan hartzearekin, beraien izatean inolako oihartzunik ez duelarik.

Zoritxarrez ez dute susmatzen beraien bizitzan Jesus zer izan litekeen. Marcel Légaut-ek esaldi gogor baina agian aski egiazko hau idatzi zuen: «Kristau horiek ez dakite Jesus zein den. eta eginak daude, beraien erlijioa bera dela medio, inoiz ere ez aurkitzera».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

NUESTRA IMAGEN DE JESÚS

La pregunta de Jesús: «¿Quién decís que soy yo?», sigue pidiendo todavía una respuesta a los creyentes de nuestro tiempo. No todos tenemos la misma imagen de Jesús. Y esto no solo por el carácter inagotable de su personalidad, sino, sobre todo, porque cada uno vamos elaborando nuestra imagen de Jesús a partir de nuestros intereses y preocupaciones, condicionados por nuestra psicología personal y el medio social al que pertenecemos, y marcados por la formación religiosa que hemos recibido.

Y, sin embargo, la imagen de Cristo que podamos tener cada uno tiene importancia decisiva para nuestra vida, pues condiciona nuestra manera de entender y vivir la fe. Una imagen empobrecida, unilateral, parcial o falsa de Jesús nos conducirá a una vivencia empobrecida, unilateral, parcial o falsa de la fe. De ahí la importancia de evitar posibles deformaciones de nuestra visión de Jesús y de purificar nuestra adhesión a él.

Por otra parte, es pura ilusión pensar que uno cree en Jesucristo porque «cree» en un dogma o porque está dispuesto a creer «en lo que la santa Madre Iglesia cree». En realidad, cada creyente cree en lo que cree él, es decir, en lo que personalmente va descubriendo en su seguimiento a Jesucristo, aunque, naturalmente, lo haga dentro de la comunidad cristiana.

Por desgracia, son bastantes los cristianos que entienden y viven su religión de tal manera que, probablemente, nunca podrán tener una experiencia un poco viva de lo que es encontrarse personalmente con Cristo.

Ya en una época muy temprana de su vida se han hecho una idea infantil de Jesús, cuando quizá no se habían planteado todavía con suficiente lucidez las cuestiones y preguntas a las que Cristo puede responder.

Más tarde ya no han vuelto a repensar su fe en Jesucristo, bien porque la consideran algo trivial y sin importancia alguna para sus vidas, bien porque no se atreven a examinarla con seriedad y rigor, bien porque se contentan con conservarla de manera indiferente y apática, sin eco alguno en su ser.

Desgraciadamente no sospechan lo que Jesús podría ser para ellos. Marcel Légaut escribía esta frase dura, pero quizá muy real: «Esos cristianos ignoran quién es Jesús y están condenados por su misma religión a no descubrirlo jamás».

José Antonio Pagola

DOMINGO  21   (A) Fray Marcos

(Is 22,19-23) Lo que él abra nadie lo cerrará, lo que el cierre nadie lo abrirá.

(Rom 11,33-36) Qué abismo de generosidad, sabiduría, conocimiento el de Dios

(Mt 16,13-20) Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Descubrirás quién es Jesús solo si vives lo que hay de divino en ti. El conocimiento a través de los sentidos y la razón se quedarán en las apariencias.

Dos temas nos proponen hoy las lecturas: Quién es Jesús y el poder de las llaves.  Lo primero que hay que tener en cuenta es que los evangelios están escritos mucho después de la muerte de Jesús, y por lo tanto reflejan, no lo que entendieron mientras vivieron con él sino lo que las primeras comunidades pensaban de él. También es lógico que se preocuparan por la estructura de la nueva comunidad: El texto expresa vivencias pascuales de la primera comunidad. Esto no le quita importancia, sino que se la da.

Se quiere diferenciar la opinión de la gente de la de los discípulos para poder manifestar una fórmula de la fe primitiva. Mejor sería decir que la diferencia estaría entre lo que la gente y los discípulos pensaron de Jesús mientras vivía y lo que pensaron de él después de la experiencia pascual. Mientras vivieron con él le mostraron una gran admiración y estima, pero no se dieron cuenta de toda la novedad que aportaba. A los discípulos les costó Dios y ayuda dar el paso de una interpretación nacionalista del Mesías, al mesianismo de Jesús. Solo después de la experiencia pascual consiguieron dar ese paso.

De Jesús, como ser humano concreto, sí podemos hablar adecuadamente, porque cae dentro de las posibilidades de nuestros conceptos. De lo divino que hay en Jesús, nada podemos decir con propiedad, porque escapa a nuestra capacidad intelectual. Pero lo divino se manifestó en su humanidad y aunque no podemos definirlo, podemos intuirlo. Si nos empeñamos en pensar lo divino y lo humano como diferentes, imposibilitamos una respuesta coherente. Si Jesús fue Dios es porque es hombre, y si es hombre cabal es porque es divino. No hay incompatibilidad entre ambas realidades. Todo lo contrario, Dios está en lo humano y el hombre solo puede llegar a su plenitud en lo divino, que ya es.

La respuesta que pone Mt en boca de Pedro parece certera, aunque no supone ninguna novedad, porque todos lo evangelistas lo dan por supuesto desde las primeras líneas de los evangelios. Está claro que el objetivo del relato es afianzar una profesión de fe pascual. Si Pedro hubiera pronunciado esa frase antes de la experiencia pascual, lo hubiera hecho pensando en un “hijo de Dios” en el sentido en que lo entendían los judíos; como persona muy cercana a Dios o que tiene un encargo especial de Él.

No podemos definir con dogmas a Jesús, pero tampoco podemos dejar de hacernos la pregunta. Lo que es Jesús, nunca lo descubriremos del todo. ¿Quién es este hombre? Todo intento de responder con fórmulas racionales no solucionará el problema. La respuesta tiene que ser práctica, no teórica. Mi vida es la que tiene que decir quién es Jesús para mí. Del esfuerzo de los primeros siglos por comprender a Jesús, debemos hacer nuestras, no las respuestas que dieron sino las preguntas que se hicieron.

Dar por completas y definitivas las respuestas de los primeros concilios nos ha llevado a la ruina. Lo que nos debe importar es descubrir la calidad humana de Jesús en la que queda reflejada su divinidad. Nuestra tarea será descubrir la manera de llegar nosotros a esa misma plenitud. Se trata de responder con la propia vida a la pregunta ¿quién es Jesús? Y tú, ¿quién dices que soy yo? Si creemos que lo importante es la respuesta teórica raciona, como ya está dada, todos quedaremos en paz. Eso es lo que nos tiene bloqueados e impide que de verdad resolvamos el problema de lo que Jesús es.

Desde el punto de vista doctrinal la historia se encarga de demostrarnos que nunca nos aclararemos del todo. O exageramos su divinidad convirtiéndole en un extraterrestre o limitamos su humanidad y entonces se nos hace muy difícil aceptar que sea plenamente hombre y a la vez divino. Una vez más tenemos que decir que la solución nunca la encontraremos a nivel teórico. Solo desde la vivencia interior podremos descubrir lo que significa Jesús como manifestación de Dios. Solo si nos identificamos con Jesús, haciendo nuestra su vivencia de Dios comprenderemos lo que fue Jesús.

El conocimiento racional de Jesús no me va a servir para conocer lo que de verdad importa. Lo que es Jesús no se puede apreciar por los sentidos ni será consecuencia de ningún razonamiento discursivo. Lo que es Jesús ni se puede pensar ni se puede expresar con palabras porque es lo que hay de Dios en él y a Dios no se le puede pensar ni decir. Todo lo que podemos decir de lo trascendente será siempre símbolo y metáfora. Al conocimiento Jesús solo se puede llegar descubriendo lo que hay de Dios en mí. Aquí está el motivo por el que fracasamos a la hora de hablar de Jesús.

Respecto a la segunda cuestión, tenemos que aclarar algunos puntos. En primer lugar, los textos paralelos de Mc y de Lc no dicen nada de la promesa de Jesús a Pedro. Es éste un dato muy interesante, que tiene que hacernos pensar. Marcos es anterior a Mateo. Lucas es posterior. Tanto la confesión de Hijo de Dios como la promesa de Jesús a Pedro, es un texto exclusivo de Mt. Si tenemos en cuenta que Mt y Lc copian de Mc, descubriremos el verdadero alcance del relato de Mt. Lo añadido está colocado ahí con una intención: Revestir a Pedro de una autoridad especial frente a los demás apóstoles.

Es la primera vez que encontramos el término “Iglesia” para determinar la nueva comunidad cristiana. Utiliza la palabra que en la traducción de los setenta se emplea para designar la asamblea (ekklesian). El texto intenta afianzar a Pedro en la presidencia de esa organización, pero es exagerado deducir de él lo que después significó el papado. Hay que tener en cuenta que existe otro texto paralelo, también de Mt, que leeremos dentro de dos domingos, que va dirigido a la comunidad: “Porque lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo; y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Es curioso que en dos lugares tan próximos del mismo evangelio dé el poder de atar y desatar a Pedro y a la comunidad. Los textos no se contradicen, se complementan. La última palabra la tiene siempre la comunidad, pero esta tiene que tener un portavoz. Pedro o su sucesor, cuando hablan expresando el común sentir de la comunidad, tienen la garantía de acertar en los asuntos importantes para la comunidad. No es la comunidad la que tiene que doblegarse ante lo que diga una persona, sino que es el representante de la comunidad el que tiene que saber expresar el común sentir de ésta.

A Jesús nunca le pudo pasar por la cabeza el fundar una Iglesia. Él era judío por los cuatro costados y no podía pensar en una religión distinta. Lo que quiso hacer con su mensaje, fue purificar la religión judía de todas las adheren­cias que la hacían incompatible con el verdadero Dios. Tampoco los primeros seguidores de Jesús pensaron en apartarse del judaísmo. Fue el rechazo frontal de las autoridades judías, sobre todo de los fariseos después de la destrucción del templo, lo que les obligó a emprender su propio camino. Entonces se consideraron el verdadero Israel y rechazaron la religión tradicional.

Domingo 20. Ciclo A. José Luis Sicre

LA MUJER QUE CALLÓ A JESÚS

A Jesús nadie era capaz de callarlo. Ni los sabihondos escribas, ni los piadosos fariseos, por no hablar de sacerdotes y políticos. La única persona que lo calló fue una mujer. Y encima, pagana.

Dos reacciones muy distintas ante un texto escandaloso

El evangelio de Marcos cuenta el encuentro de una mujer pagana con Jesús, en el que este responde a su petición de forma fría, casi insultante. Lucas, tan interesado por los paganos, omitió este pasaje en su evangelio. Mateo, igualmente defensor de los paganos, adoptó una postura muy distinta: en vez de omitir el episodio, lo amplió, haciéndolo mucho más dramático.

El Mesías antipático y la pagana insistente

Para entender la versión que ofrece Mateo de este episodio hay que conocer la de Marcos, que le sirve como punto de partida. Marcos cuenta una escena más sencilla. Jesús llega al territorio de Tiro, entra en una casa y se queda en ella. Una mujer que tiene a su hija enferma acude a Jesús, se postra ante él y le pide que la cure. Jesús le responde que no está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos. Ella le dice que tiene razón, pero que también los perritos comen de las migajas de los niños. Y Jesús: «Por eso que has dicho, ve, que el demonio ha salido de tu hija».

Mateo describe una escena más dramática cambiando el escenario y añadiendo detalles nuevos, todos los que aparece en cursiva y negrita en el texto siguiente.

«En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

? Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

? Atiéndela, que viene detrás gritando.

Él les contestó:

? Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:

? Señor, socórreme.

Él le contestó:

? No está bien echar a los perros el pan de los hijos.

Pero ella repuso:

? Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

Jesús le respondió:

? Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

En aquel momento quedó curada su hija.

Los cambios que introduce Mateo

  • El encuentro no tiene lugar dentro de la casa, sino en el camino. Esto le permite presentar a Jesús y a los discípulos andando, y la cananea detrás de ellos.
  • La cananea no comienza postrándose ante Jesús, lo sigue gritándole: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Pero Jesús, que siempre muestra tanta compasión con los enfermos y los que sufren, no le dirige ni una palabra.
  • La mujer insiste tanto que los discípulos, muertos de vergüenza, le piden a Jesús que la atienda. Y él responde secamente: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
  • La cananea no se da por vencida. Se adelanta, se postra ante Jesús, obligándole a detenerse, y le pide: «Señor, socórreme». Vienen a la mente las palabras de Mt 6,7: «Cuando recéis, no seáis palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso». Esta pagana no es palabrera; pide como una cristiana. Imposible mayor sobriedad.
  • Sigue el mismo diálogo que en Marcos sobre el pan de los hijos y las migajas que comen los perritos.
  • Pero el final es muy distinto. Jesús, en vez de decirle que su hija está curada, le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»

Estos cambios se resumen en la forma de presentar a Jesús y a la cananea.

1) A Jesús lo presenta de forma antipática: no responde una palabra a pesar de que la mujer va gritando detrás de él; parece un nacionalista furibundo al que le traen sin cuidado los paganos; es capaz de avergonzar a sus mismos discípulos.

2) En la mujer, acentúa su angustia y su constancia. Ella no se limita a exponer su caso (como en Marcos), sino que intenta conmover a Jesús con su sufrimiento: «Ten compasión de mí, Señor», «Señor, socórreme». Y lo hace de manera insistente, obstinada, llegando a cerrarle el paso a Jesús, forzándolo a detenerse y a escucharla.

Ni obstinación ni sabiduría, fe

Jesús podría haberle dicho: «¡Qué pesada eres! Vete ya, y que se cure tu hija». O también: «¡Qué lista eres!» Pero lo que alaba en la mujer no es su obstinación, ni su inteligencia, sino su fe. «¡Qué grande es tu fe!». Poco antes, a Pedro, cuando comienza a hundirse en el lago, le ha dicho que tiene poca fe. Más adelante dirá lo mismo al resto de los discípulos. En cambio, la pagana tiene gran fe. Y esto trae a la memoria otro pagano del que ha hablado antes Mateo: el centurión de Cafarnaúm, con una fe tan grande que también admira a Jesús.

Con algunas mujeres no puede ni Dios

El episodio de la cananea recuerda otro aparentemente muy distinto: las bodas de Caná. También allí encontramos a un Jesús antipático, que responde a su madre de mala manera cuando le pide un milagro (las palabras que le dirige siempre se usan en la Biblia en contexto de reproche), y que busca argumentos teológicos para no hacer nada: «Todavía no ha llegado mi hora». Sólo le interesa respetar el plan de Dios, no hacer nada antes de que él se lo ordene o lo permita.

En el caso de la cananea, Jesús también se refugia en la voluntad y el plan de Dios: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Yo no puedo hacer algo distinto de lo que me han mandado.

Sin embargo, ni a María ni a la cananea le convence este recurso al plan de Dios. En ambos casos, el plan de Dios se contrapone a algo beneficioso para el hombre, bien sea algo importante, como la salud de la hija, o aparentemente secundario, como la falta de vino. Ellas están convencidas de que el verdadero plan de Dios es el bien del ser humano, y las dos, cada una a su manera, consiguen de Jesús lo que pretenden.

Gracias a este conocimiento del plan de Dios a nivel profundo, no superficial, Isabel alaba a María «porque creíste» y Jesús a la cananea «por tu gran fe».

En realidad, el título de este apartado se presta a error. Sería más correcto: «Dios, a través de algunas mujeres, deja clara cuál es su voluntad». Pero resulta menos llamativo.

«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

Con estas palabras pretende justificar Jesús su actitud con la cananea. Si los discípulos hubieran sido tan listos como la mujer, podrían haber puesto a Jesús en un apuro. Bastaba hacerle dos preguntas:

1) «Si sólo te han enviado a las ovejas descarriadas de Israel, ¿por qué nos has traído hasta Tiro y Sidón, que llevamos ya un montón de días hartos de subir y bajar cuestas?»

2) «Si sólo te han enviado a las ovejas descarriadas de Israel, ¿por qué curaste al hijo del centurión de Cafarnaúm, y encima lo pusiste como modelo diciendo que no habías encontrado en ningún israelita tanta fe?»

Como los discípulos no preguntaron, no sabemos lo que habría respondido Jesús. Pero en el evangelio de Mateo queda claro desde el comienzo que Jesús ha sido enviado a todos, judíos y paganos. Por eso, los primeros que van a adorarlo de niño son los magos de Oriente, que anticipan al centurión de Cafarnaúm, a la cananea, y a todos nosotros.

Primera lectura y evangelio

La primera lectura ofrece un punto de contacto con el evangelio (por su aceptación de los paganos), pero también una notable diferencia. En ella se habla de los paganos que se entregan al Señor para servirlo, observando el sábado y la alianza. Como premio, podrán ofrecer en el templo sus holocaustos y sacrificios y serán acogidos en esa casa de oración. La cananea no observa el sábado ni la alianza, no piensa ofrecer un novillo ni un cordero en acción de gracias. Experimenta la fe en Jesús de forma misteriosa, pero con una intensidad mayor que la que pueden expresar todas las acciones cultuales.

José Luis Sicre

La crisis del Opus Dei: tres reacciones

Religión Digital

«¿Como un reajuste menor,  tal y como han sostenido algunos de sus miembros más significativos, al menos en un primer momento? ¿Como un cambio revolucionario que, apelando a una vuelta al carisma originario, busca desmontar el poderoso -y no siempre claro- entramado institucional y relacional en el que se ha movido el Opus Dei, tanto en el seno de la Iglesia como en la sociedad? ¿Como una inapelable desautorización y, por ello, como una  degradación?¿Como el inicio del fin?»

«Con este “Motu proprio” el Papa determina y aclara que las prelaturas personales quedan inscritas en el derecho eclesiástico de asociación, siendo, por tanto, opcionales y no constitutivas en la arquitectura jerárquica de la Iglesia»

«Es innegable que estamos asistiendo a una de  las decisiones más valientes -por su radicalidad evangélica- de Francisco. Además, procediendo como lo está haciendo, sabemos que quiere dar pasos firmes y seguros, contando para ello, con el asesoramiento y ayuda de gente que, especializada en Derecho Canónico, sabe lo que se hace»

«El tiempo, como casi siempre, lo dirá. Queda, por ello, esperar. Pero no está de más recordar que conviene hacerlo con los ojos bien abiertos»

¿Cómo interpretar la Constitución “Ad charisma tuendum” y la posterior Carta apostólica del 8 de agosto de 2023? ¿Como una reforma que, exigida por el paso de la historia, necesita el Opus Dei para -limpiando el polvo acumulado en el camino- ponerse al día y volver a beber en el carisma de sus primeros años? ¿Como un reajuste menor,  tal y como han sostenido algunos de sus miembros más significativos, al menos en un primer momento? ¿Como un cambio revolucionario que, apelando a una vuelta al carisma originario, busca desmontar el poderoso -y no siempre claro- entramado institucional y relacional en el que se ha movido el Opus Dei, tanto en el seno de la Iglesia como en la sociedad? ¿Como una inapelable desautorización y, por ello, como una  degradación?¿Como el inicio del fin?…Leer más…(Jesús Martínez Gordo)

Y después de Lisboa, ¿qué?

Atrio

Pasando página de las secuelas que ha dejado la JMJ reciente, Leandro Sequeiros, en nombre de ASINJA, Asociación Interdisciplinar José de Acosta, que él preside, nos envía un estudio sobre lo que representan ya estas Jornadas en la historia reciente y que (con este papa, con otro o sin papa) volverán a congregarse en SEUL 2027. No olvidemos que el Oriente asiático está convirtiéndose en gran referente cultural para las nuevas generaciones del mundo. Para ellas este artículo nos presenta a Atrio 4 importantes objetivos educativos, sobre los que podríamos pensar. AD.

Jóvenes católicos del mundo

Durante estos primeros días de agosto de 2023, casi dos millones de jóvenes de todo el mundo han participado en la JMJ, la Jornada Mundial de la Juventud. Según Wikipedia, La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un acontecimiento eclesiástico promovido por la Iglesia católica que congrega a jóvenes de diversas partes del mundo en compañía del Papa.

La JMJ se realizaba anualmente en cada diócesis del mundo durante la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo (hasta 2020 tenían lugar cada Domingo de Ramos), ? con una ceremonia principal en la Ciudad del Vaticano. Sin embargo, cada dos o tres años, se realiza un gran encuentro internacional realizado en una ciudad sede. Esta ceremonia es presidida por el Papa. Este último encuentro, de varios días de duración (generalmente una semana), es el que se asocia habitualmente con el nombre de Jornada Mundial de la Juventud…Leer más…(Leandro Sequeiros)

DOMINGO  20 T.O.  (A)-Fray Marcos

(Is 56,1-7) A todos los que se han dado al Señor los traeré al Monte Santo.

(Rom  11,13-15.29-32) Los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

(Mt 15,21-28) Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.

 Un auténtico diálogo que enriquece a Jesús y a la mujer. No es fácil acdeptar que Jesús pudiera aprender de los demás y menos de una pagana.

Hoy las tres lecturas y hasta el salmo van en la misma dirección: La salvación universal de Dios. El tema de la apertura a los gentiles fue de suma importancia para la primera comunidad. Muchos cristianos judíos pretendían mantener la pertenencia al judaísmo como la marca y seña de la nueva comunicad, conservando la fidelidad a la Ley. Esta postura originó no pocas discusiones entre los discípulos y no se solucionó hasta pasado casi un siglo de la muerte de Jesús. Por eso es tan importante este relato.

Mateo relata este episodio inmediatamente después de una violenta discusión de Jesús con los fariseos y letrados, acerca de los alimentos puros e impuros. Seguramente la retirada a territorio pagano está motivada por esa oposición. Jesús viendo el cariz que toman los acontecimientos prefiere apartarse un tiempo de los lugares donde le estaban vigilando. El relato pretende romper con los esquemas estereotipados que algunos cristianos pretendían mantener: judío=creyente y extranjero=pagano o ateo.

 El evangelista no pretende satisfacer nuestra curiosidad sobre un acontecimiento más bien anodino. Quiere dejar claro que si una persona tiene fe en Jesús, no se puede impedir su pertenencia a la comunidad aunque sea “pagana”. Es un relato magistral que plantea el problema desde las dos perspectivas posibles. En él se quiere insistir tanto en la actitud abierta de los cristianos como en la necesidad de que lo paganos vinieran unas disposiciones adecuadas de reconocimiento y humildad.

Los perros son considerados impuros en muchas culturas. La idea que nosotros tenemos de hiena, es lo que más se aproxima a la idea de perro inmundo. Pero hay gran diferencia entre los perros salvajes y los de compañía que son considerados como familia. A esta diferencia se aferra la mujer para salir airosa. Jesús no podía prescindir de los prejuicios que el pueblo judío arrastraba. Jesús tenía motivos para no hacer caso a la Cananea; pero vemos un Jesús dispuesto a aprender, incluso de una mujer pagana.

En el AT hay chispazos que nos indican ya la apertura total por parte de Dios a todo aquel que le busca con sinceridad. La primera lectura nos lo confirma: «A los extranje­ros que se han dado a Señor les traeré a mi monte santo». No cabe duda de que Jesús participa de la mentalidad general de su pueblo, que hoy podíamos calificar de racista, pero que, en tiempo de Moisés, fue la única manera de garantizar su supervivencia.

Gracias a que para Jesús la religión no era una programación fue capaz de responder vivencialmente ante situacio­nes nuevas. Su experiencia de Dios y las circunstancias le hicieron ver que solo puede uno estar con Dios si está con el hombre. Las enseñanzas de Jesús no son más que el intento de comunicarnos su experiencia personal de Dios. Pero para poder comunicar una experiencia, primero hay que vivirla. Jesús, como todo ser humano, no tuvo más remedio que aprender de la experiencia cotidiana.

Jesús toma en serio a la mujer, no como los discípulos. El texto oficial quiere suavizar la expresión de los discípulos y dice ‘atiéndela’. Pero el “apoluson” griego significa también despedir, rechazar; exactamente lo contrario. La respuesta de Jesús: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”, no va dirigida a los apóstoles, sino a la Cananea. La dureza de la respuesta no desanima a la mujer, sino todo lo contrario. Le hace ver que el atenderla a ella no va en contra de la atención que merecen los suyos.

Por ser auténtico y sincero por ambas partes, el diálogo es fructífero. Jesús aprende y la cananea también aprende. Se produce el milagro del cambio en ambos. Lo que en este relato resalta de Jesús, es su capacidad de reacción. A pesar de su actitud inicial, sabe cambiar en un instante y descubrir lo que en aquella mujer había de auténtica creyente. Jesús descubre que esa mujer, aparentemente ajena al entorno de Jesús, tiene más confianza en él que los más íntimos que le siguen desde hace tiempo.

Jesús es capaz de cambiar su actitud porque la Cananea demuestra una sensibilidad mayor de la que muestra Jesús. De ella aprendió Jesús que debía superar sus prejuicios. Aprendió que hay que proteger ante todo a los débiles; una idea femenino-maternal. Le sorprendió la confianza absoluta que en él tenía la mujer; otro valor femenino. Lo que más maravilla en el relato es la capacidad de Jesús de aceptar, es decir, hacer suyos los valores femeninos que descubre en la mujer. Jesús descubre su «anima» y la integra.

La mujer representa a todos los que sufren por el dolor de un ser querido. La profunda relación entre ambas, impide delimitar donde empieza el problema de su hija. La madre es también parte del problema; de hecho, le dice socórreme. La enfermedad de la hija no es ajena a la actitud de la madre. Curar a la madre supone curar a la hija. La enfermedad de la hija nos hace pensar en problemas de relación materno-filial. Cuando la madre se encuentra a sí misma con la ayuda de Jesús, se soluciona el problema.

Hoy sabemos que la salud sicológica depende da unas relaciones adecuadas con los demás y con nosotros mismos. Debemos aceptar, como la Cananea, que muchas de las carencias de los demás, se deben a nuestra falta de compromiso con ellos. Sobre todo, en el ambiente familiar, una relación inadecuada entre padres e hijos es la causa de las tensiones y rechazo del otro. Muchas veces, la culpa de lo que son los hijos la tienen los padres por no ponerse en su lugar e intentar comprender sus puntos de vista. El acoger al otro con cariño y comprensión podía evitar muchísimas enfermizas.

El texto nos enseña que ser cristiano es acercarse al otro, superando cualquier diferencia de edad, de sexo, cultura o religión. El prójimo es siempre el que me necesita. Nosotros no hemos tenido, ni tenemos esto nada claro. Por creernos superiores a los demás, nos sigue costando demasiado aceptar a “otro” como es y dejarle seguir siendo diferente; sobre todo al que es “otro” por su religión. Tenemos que aprender del relato, que el que me necesita es el débil, el que no tiene derechos, el que se ve excluido, independientemente de su estado. También en este punto está la lección sin aprender.

Juzgar y condenar en nombre de Dios a todo el que no pensaba o actuaba como nosotros, ha sido una práctica constante en nuestra religión a través de sus dos mil años de existencia. Va siendo hora de que admitamos los tremendos errores cometidos por pensar y actuar de esa manera. Debemos reconocer, que Dios nos ama a todos, no por lo que somos, sino por lo que Él es. Esta verdad bastaría para desmantelar todas nuestras pretensiones de superioridad y como consecuencia, todo atisbo de intolerancia y rechazo al que no piensa o actúa como nosotros. Debemos tratar a todos como Dios nos trata.

Urteko 20. igandea -A– José A. Pagola

(Mateo 15,21-28)

FEDEZ, KONFIANTZAZ ESKATU – PEDIR CON FE

Eskari-otoitza kritika gogorren jo puntu bihurtu da urte hauetan. Aro modernoko gizaki ilustratuak ez du asmatzen Jainkoaren aurrean erregu-jarreran jartzen; izan ere, badaki Jainkoak ez duela aldatuko gertaeren berezko joan-etorria gure gurari edo nahiari kasu egiteko.

Natura «makina bat» da, berezko lege batzuen harira dabil; gizakia, berriz, da izaki bakarra bere eskuaz munduaren eta historiaren gain jardun dezakeena eta beraiek eralda ditzakeena, hein batean bakarrik.

Hartara, eskari-otoitza bazterturik gelditzen da, beste otoitz-mota batzuei –laudoriozko, esker onezko edo adoraziozko-, pentsamendu modernoarekin hobeto harmonizatzen direnei, leku emateko.

Beste batzuetan, sorkariak Kreatzaileari egindako erreguaren ordez meditazioa jartzen da, edota arima Jainkoagan, existentziaren azken misterio eta bizi ororen sorburu den horrengan, murgiltzea jartzen da.

Alabaina, erregu-otoitza, ezartzen ahal zaizkion oker ulertuengatik hain eztabaidatua bada ere, erabakitzailea da Jainkoaren aurrean geure sorkari-menpetasuna fedez adierazi eta bizitzeko.

Ez da harritzekoa Jesusek berak emakume xume baten fede handia laudatu izana, laguntza era errepikakorrean eskatzen baitaki. Jainkoari edozein egoeratatik dei egin dakioke. Zoriontasunetik eta ezbeharretik, ongizatetik eta sufrimendutik.

Bere eskaria Jainkoari egiten dion gizonezkoa edo emakumea ez zaio mintzo bere sorkarien sufrimendua era apatiko edo axolagabean ikusten duen izaki bati, baizik eta bere gordelekutik irten eta erregutzen diotenei bere hurbiltasuna agertzen ahal dien Jainko bati.

Hori baita kontua. Eta ez Jainkoaz baliatzea geure asmoak lortzeko, baizik eta egoera hartan Jainkoaren hurbiltasuna bilatu eta berari eskatzea. Eta Jainkoaren hurbiltasunaren esperientzia ez datza lehenik eta behin gure gogoa betetzean.

Fededunak era askotan senti lezake Jainkoaren hurbiltasuna, gure problema nola askatu edo konpondu aparte utzirik. Har dezagun gogoan San Agustinen oharpen jakintsua: «Jainkoak entzuten du zure deia beraren bila bazabiltza. Ez dizu entzungo, bera tarteko dela, beste zerbaiten bila bazabiltza».

Ez da oraingo hau behin betiko betetzearen aldia. Gaitza ez dago garaitua erabat eta guztiz. Otoitz-egileak kontraesana esperimentatzen du jasaten ari den zoritxarraren eta Jainkoak hitzemandako behin betiko salbazioaren artean. Horregatik, Jainkoari egindako erregu eta eskari zehatz oro bildurik gelditzen da Jesusek berak irakatsi zigun erregu handi honetan: «Etor bedi zure erreinua», behin betiko salbazioaren eta behin betiko biziaren erreinua.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 PEDIR CON FE

La oración de petición ha sido objeto de una fuerte crítica a lo largo de estos años. El hombre ilustrado de la época moderna no acierta a ponerse en actitud de súplica ante Dios, pues sabe que Dios no va a alterar el curso natural de los acontecimientos para atender sus deseos.

La naturaleza es «una máquina» que funciona según unas leyes naturales, y el hombre es el único ser que puede actuar y transformar, solo en parte, el mundo y la historia con su intervención.

Entonces la oración de petición queda arrinconada para cultivar otras formas de oración como la alabanza, la acción de gracias o la adoración, que se pueden armonizar mejor con el pensamiento moderno.

Otras veces la súplica de la criatura a su Creador queda sustituida por la meditación o la inmersión del alma en Dios, misterio último de la existencia y fuente de toda vida.

Sin embargo, la oración de súplica, tan controvertida por sus posibles malentendidos, es decisiva para expresar y vivir desde la fe nuestra dependencia creatural ante Dios.

No es extraño que el mismo Jesús alabe la fe grande de una mujer sencilla que sabe suplicar de manera insistente su ayuda. A Dios se le puede invocar desde cualquier situación. Desde la felicidad y desde la adversidad; desde el bienestar y desde el sufrimiento.

El hombre o la mujer que eleva a Dios su petición no se dirige a un Ser apático o indiferente al sufrimiento de sus criaturas, sino a un Dios que puede salir de su ocultamiento y manifestar su cercanía a los que le suplican.

Pues de eso se trata. No de utilizar a Dios para conseguir nuestros objetivos, sino de buscar y pedir la cercanía de Dios en aquella situación. Y la experiencia de la cercanía de Dios no depende primariamente de que se cumplan nuestros deseos.

El creyente puede experimentar de muchas maneras la cercanía de Dios, independientemente de cómo se resuelva nuestro problema. Recordemos la sabia advertencia de san Agustín: «Dios escucha tu llamada si le buscas a él. No te escucha si, a través de él, buscas otra cosa».

No es este el tiempo del cumplimiento definitivo. El mal no está vencido de manera total. El orante experimenta la contradicción entre la desgracia que padece y la salvación definitiva prometida por Dios. Por eso toda súplica y petición concreta a Dios queda siempre envuelta en esa gran súplica que nos enseñó el mismo Jesús: «Venga a nosotros tu reino», el reino de la salvación y de la vida definitiva.

José Antonio Pagola