LA  ASUNCIÓN-15 agosto 2023-Fray Marcos

Ap 11,19; 12,1-10) Mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con 12 es

(1Cor 15,20-26) Cristo tiene que reinar.  “Dios ha sometido todo bajo sus pies”

(Lc 1,39-56) Dichosa tú que has creído, porque lo que te han dicho, se cumplirá

María nos ayuda a descubrir lo femenino de Dios. Un Dios visto solo como padre distorsiona nuestra comprensión, identificándolo con el poder.

No debemos caer en el error de considerar a María como una entidad paralela a Dios, sino como un escalón que nos facilita el acceso a Él. El cacao mental que tenemos sobre María, se debe a que no hemos sido capaces de distinguir en ella dos aspectos: uno la figura histórica, la mujer que vivió en un lugar y tiempo determinado y que fue la madre de Jesús; otro la figura simbólica, mitológica que hemos ido creando a través de los siglos, siguiendo los mitos ancestrales de la Diosa Madre y la Madre Virgen. Las dos figuras han sido y siguen siendo muy importantes para nosotros, pero no debemos mezclarlas.

De María real, con garantías de historici­dad no podemos decir casi nada. Los mismos evangelios son extremadamente parcos en hablar de ella. Una vez más debemos recordar que para aquella sociedad la mujer no contaba. Podemos estar completamente seguros de que Jesús tuvo una madre y, además, de ella dependió totalmente su educación durante los once o doce primeros años de su vida. El padre en la sociedad judía del aquel tiempo, se desentendía totalmente de los niños. Solo a los 12 o 13 años, los tomaban por su cuenta para enseñarles a ser hombres, hasta entonces se consideraban un estorbo.

De lo que el subconsciente colectivo ha proyectado sobre María, podíamos estar hablando semanas. Solemos caer en la trampa de equiparar mito con mentira. Los mitos son maneras de expresar verdades a las que no podemos llegar por vía racional. Suelen ser intuiciones que están más allá de la lógica, que son percibidas desde lo hondo del ser. Los mitos han sido utilizados en todos los tiempos, y son formas muy valiosas de aproximarse a las realidades más misteriosas y profundas que afectan a los seres humanos.

En una sociedad machista, en la que Dios es signo de poder y autoridad, el subconsciente ha encontrado la manera de hablar de lo femenino de Dios a través de una figura humana, María. No se puede prescindir de la imagen de lo femenino si queremos llegar a los entresijos de la divini­dad. Hay aspectos de Dios, que solo a través de las categorías femeninas podemos expresar. Claro que llamar a Dios Padre o Madre, son solo metáforas para poder expresarnos. Usando solo una de las dos, la idea de Dios queda falsificada.

Durante milenios, se ha utilizado la idea de Dios Padre, de una manera machista para identificar al varón con Dios y de ese modo creerse el detentador del poder con relación a la mujer. Esto sigue pasando hoy día a todos los niveles, y no tenemos más remedio que denunciarlo como una tergiversación de la idea de Dios y una devaluación de todo lo femenino, incluido la parte de feminidad que existe en cada ser humano masculino.

La idea de la Madre Virgen es un mito ancestral que no tiene en absoluto connotaciones sexuales. Se trata de la Madre primordial que no necesita concurrencia de nadie para producir la vida. Seguramente la “Madre” origen de todo lo que existe, fue la primera idea de divinidad que surgió entre los humanos. Un Dios Padre hace la creación. Un Dios Madre da a luz, procrea. La diferencia entre estos conceptos es enorme. El Padre puede desentenderse de lo creado. La Madre seguirá siempre pendiente de lo que ha parido.

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión no garantiza que se haya entendido correctamente. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta hacerla incapaz de ser expresión de lo divino. La imagen mitología de María será positiva, mientras no distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierte en inservible para acercarnos a Dios.

La Asunción de María fue durante muchos años una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado, se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia, con el ánimo de apuntalar los privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.

Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir y otra muy distinta la formulación en que se mete esa verdad. Ni Jesús ni María ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubiera entendido nada de esa definición. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar. Para ellos el ser humano no es un compuesto de cuerpo y alma, sino una única realidad que se puede percibir bajo diversos aspectos, pero sin perder nunca su unidad.

No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho tal cosa.

Cuando el dogma habla de “en cuerpo y alma”, no debemos entenderlo como lo material o biológico, por una parte y lo espiritual por otra. El hilemorfismo, mal entendido nos ha jugado una mala pasada. Los conceptos griegos de materia y forma, son ambos conceptos metafísicos. El dogma no afirma que el cuerpo biológico de María está en alguna parte, sino que todo el ser de María ha llegado a identificarse con Dios.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás serán llevados de la misma manera al cielo, pero después del juicio final, ¿De qué están hablando? Para los que han terminado el curso de esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante. Concebir el más allá, como si fuera continuación del más acá, nos ha metido en un callejón sin salida y parece que muchos se encuentran a gusto en él. Del más allá no sabemos ni podemos saber nada.

El dogma quiere decir que la salvación de María fue absoluta y total. Esa plenitud solo puede consistir en una identificación con Dios. Sería un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su vida terrena y ha llegado a su plenitud, no a base de añadidos externos sino por un proceso interno de identificación. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Esa meta es la que nos espera. En lenguaje bíblico “cielos” significa el ámbito de lo divino. María está ya en “el cielo”.

Los relatos de la infancia son míticos. No tiene sentido entenderlos literalmente. Tratan de decirnos lo que descubrieron en Jesús los primeros cristianos. Lo que afirma de Jesús, es lo que pensaban de él cuando ya había desarrollado su actividad. María, una vez concebido Jesús va a ayudar a su prima que la necesitaba. Lo que sucede entre Jesús y Juan en el vientre de sus madres, pretende aclarar que Jesús es más que Juan.

Domingo 19. Ciclo A. José Luis Sicre

FE ADULTA

JESÚS REZA, LOS DISCÍPULOS REMAN, PEDRO SE HUNDE

¿Tienes la impresión de que la Iglesia, tu parroquia, tu comunidad religiosa, se va a pique? ¿Te apetece acercarte a Jesús, pero temes perder pie a mitad de camino? Estas experiencias las tuvieron los primeros cristianos. Mateo les dio respuesta en lo que hoy nos cuenta.

La tempestad calmada y el viento en contra

Hay dos episodios en los evangelios bastante parecidos, aunque muy diferentes. Se parecen en el escenario (una barca en medio del lago de Galilea en circunstancias adversas) y en los protagonistas (Jesús y los discípulos). Se diferencian en que, en el primer caso, la barca está a punto de zozobrar y los discípulos corren peligro de muerte; en el segundo, sólo se enfrentan a un fuerte viento en contra que hace inútiles todos sus esfuerzos.

Traducido a la experiencia de nuestros días, la tempestad calmada recuerda a numerosas comunidades cristianas, sobre todo de África y Oriente Medio, que se ven amenazadas de muerte y gritan a Jesús: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» El viento en contra hace pensar en tantas otras comunidades, especialmente de occidente, que luchan contra viento y marea, cada vez con menos fuerzas, y sin ver resultados tangibles.

El primer episodio, la tempestad calmada, tiene un claro paralelo en el Salmo 107 (106), 23-32, donde los navegantes gritan a Dios en el peligro y él los salva; en el evangelio, los discípulos gritan a Jesús y es este quien los salva.

El segundo episodio, el de la barca con viento en contra y Jesús caminando sobre el agua, no me recuerda ningún episodio del Antiguo Testamento. Sin embargo, está tan anclado en la primitiva tradición cristiana que no sólo lo cuentan Marcos y Mateo, sino incluso Juan, que generalmente va por sus caminos. Es muy curioso que Lucas omita esta escena: probablemente pensó que presentar a Jesús caminando sobre el agua y confundido con un fantasma iba a plantear a sus cristianos más problemas que beneficios.

El relato de Mateo 14,22-33

Se inspira en el de Marcos, pero introduciendo cambios muy significativos. Podemos dividirlo en cuatro escenas.

Primera escena: Jesús se separa de los discípulos

Hablando en términos cinematográficos, es un montaje en paralelo. Inmediatamente después de la comida, Jesús obliga a sus discípulos a embarcarse, mientras él despide a la gente. Pero, cuando la despide, no va en busca de sus discípulos, sube «solo» a rezar. Mateo acentúa que Jesús desea verse libre de todos para ponerse en contacto con el Padre. Esa oración será muy larga, desde el anochecer hasta la cuarta vigilia (entre las 3 y las 6 de la noche). Sin embargo, no sabemos qué dice, cómo reza. Lo importante para Mateo no es conocer el misterio sino proponernos un ejemplo que imitar. Mientras, los discípulos navegan con grandes dificultades durante todas esas horas hasta quedar «a muchos estadios de tierra» (Juan dice que a unos 25-30 estadios, 5-6 km, lo que supone en mitad del lago). A nivel simbólico, se contraponen dos mundos: el de la intimidad con Dios (Jesús orando) y el de la dura realidad (los discípulos remando). Ha sido Jesús el que los ha abandonado a su destino.

Segunda escena: Jesús se acerca a los discípulos

Mateo cuenta con asombrosa naturalidad y sencillez algo inaudito: el hecho de que Jesús se acerque caminando sobre el lago. En la cultura del Antiguo Oriente, donde el mar simboliza las fuerzas del caos (como el tsunami), caminar sobre el agua demuestra su poder sorprendente. Pero los discípulos no reaccionan con la misma naturalidad: se asustan, porque piensan que es un fantasma, tienen miedo, gritan. Es la única vez que se usa en el Nuevo Testamento el término “fantasma”, que en griego clásico se aplica a los espíritus que se aparecen, o a «las visiones fantasmagóricas de mis ensueños» (Esquilo, Los siete contra Tebas, 710). Es la única vez que Jesús provoca en sus discípulos un pánico que los hace gritar de miedo. Es la única vez que les dice «¡animaos!». Una escena peculiar sobre la que volveremos más adelante.

Tercera escena: Jesús y Pedro

Quien conoce los relatos de Marcos y Juan advierte aquí una gran diferencia. En esos dos evangelios, Jesús sube a la barca y el viento se calma. Mateo introduce una escena exclusivamente suya, que subraya la relación especial entre Jesús y Pedro. Igual que en otros pasajes de su evangelio, Mateo aporta rasgos de la personalidad de Pedro que justifican su importancia posterior dentro del grupo de los Doce. Pero no ofrece una imagen idealizada, sino real, con virtudes y defectos. Su decisión de ir hacia Jesús caminando sobre el agua lo pone por encima de los demás, igual que ocurrirá más adelante en Cesarea de Filipo. Pero Pedro muestra también su falta de fe y su temor. Incluso entonces, es salvado por la intervención de Jesús. Dentro de la sobriedad de Mateo, esta escena llama la atención por la abundancia de detalles expresivos, que adquieren su punto culminante en la imagen de Jesús alargando la mano y agarrando a Pedro.

Cuarta escena: confesión de los discípulos (32-33)

Marcos termina su relato diciendo que los discípulos «no cabían en sí de estupor, pues no habían entendido lo de los panes, ya que tenían la mente obcecada» (Mc 6,51-52). Mateo cambia el texto por completo: los discípulos no se asombran, sino que se postran ante Jesús y confiesan: «realmente eres hijo de Dios». Esta actitud y estas palabras significan un gran avance. Anteriormente, en el relato de la tempestad calmada (Mt 8,23-27), los discípulos terminan preguntándose: «¿Quién será éste que hasta el viento y el agua le obedecen?» Desde entonces, el conocimiento más profundo de Jesús ha provocado un cambio en ellos. Ya no se preguntan quién es; confiesan abiertamente que es «hijo de Dios», y lo adoran. Este título se lo han aplicado ya el Padre durante el bautismo, el diablo en las tentaciones, y los endemoniados gadarenos (8,29). No podemos interpretarlo con toda la carga teológica que le dio más tarde el Concilio de Calcedonia (año 451). También el centurión que está junto a Jesús en la cruz reconoce que «este hombre era hijo de Dios». Lo que quiere expresar este título es la estrecha vinculación de Jesús con Dios, que lo sitúa a un nivel muy superior al de cualquier otro hombre. De aquí a confesar la filiación divina de Jesús sólo queda un paso.

Anticipando la gloria de Jesús resucitado.

Este relato, tal como lo cuenta Mateo, ofrece tres datos curiosos: 1) el cuerpo de Jesús desafía las leyes físicas; 2) los discípulos no reconocen a Jesús, lo confunden con un fantasma; 3) Jesús, a pesar del poder que manifiesta, trata a los apóstoles con toda naturalidad.

Estos tres detalles son típicos de los relatos de apariciones de Jesús resucitado: 1) su cuerpo aparece y desaparece, atraviesa muros, etc.; 2) ni la Magdalena, ni los dos de Emaús, ni los siete a los que se aparece en el lago, reconocen a Jesús; 3) Jesús resucitado nunca hace manifestaciones extraordinarias de poder, habla y actúa con toda naturalidad.

Por consiguiente, lo que tenemos en Mateo (no en Marcos) es algo muy parecido a un relato de aparición de Jesús resucitado. ¿Qué sentido tiene en este momento del evangelio? Anticipar su gloria. Igual que el relato de la muerte de Juan Bautista, contado poco antes, anticipa su pasión, su maravilloso caminar sobre el agua anticipa su resurrección.

Sentido eclesial y personal

Desde antiguo, se ha visto en la barca una imagen de la Iglesia, metida por Jesús en una difícil aventura y, aparentemente, abandonada por él en medio de la tormenta. Este sentido, que estaba ya en Marcos, lo completa Mateo con un aspecto más personal, al añadir la escena de Pedro: el discípulo que, confiando en Jesús, se lanza a una aventura humanamente imposible y siente que fracasa, pero es rescatado por el Señor. En la imagen de Pedro podían reconocerse muchos apóstoles y misioneros de la Iglesia primitiva, y podemos vernos también a nosotros mismos en algunos instantes de nuestra vida: cuando parece que todos nuestros esfuerzos son inútiles, cuando nos sentimos empujados y abandonados por Dios, cuando nosotros mismos, con algo de buena voluntad y un mucho de presunción, queremos caminar sobre el agua, emprender tareas que nos superan. Ellos vivenciaron que Jesús los agarraba de la mano y los salvaba. La misma confianza debemos tener nosotros.

La primera lectura

Ha sido elegida porque en ella Dios se revela en la brisa suave, después del viento huracanado, el fuego y el terremoto. En el evangelio, después de la tormenta, cuando Jesús sube a la barca, el viento amaina. Este paralelismo no impide que la lectura parezca algo traída por los pelos; es preferible no detenerse en ella.

José Luis Sicre

DOMINGO  19  (A) T.O. – Fray Marcos

(Re 19,9-13) «En el viento huracanado no estaba el Señor.

(Rom 9,1-5) Por el bien de mis hermanos, los de mi raza, quisiera ser proscrito.

(Mt 14, 22-33) Soy yo, no tengáis miedo. ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

 Buscar seguridades externas es arruinar la fe-confianza. Dios no tiene futuro ni pasado, nunca me podrá dar lo que ya me está dando en este instante.

Este relato se parece más a los relatos de apariciones pascuales. Algunos exegetas sugieren que puede tratarse de un relato de Jesús resucitado, que han colocado más tarde en el contexto de la vida real. La primera lectura nos empuja a una interpretación espiritual. Tanto Elías como Pedro reciben una lección. Los dos habían hecho un Dios a su imagen y semejanza. La experiencia les dice que Dios no se puede meter en conceptos y que es siempre más de lo que creemos. Nunca se identifica con lo que pensamos de Él.

Además de Mt, lo narra Mc y Jn. Los tres lo sitúan después de la multiplicación de los panes. En Mc y Mt, Jesús manda a los discípulos embarcar y marchar a la otra orilla; pero el verbo griego, deja entrever cierta imposición. En Jn, la iniciativa es de los discípulos. Los tres presentan a Jesús subiendo a la montaña para orar. En los tres relatos, Jesús camina sobre el agua. También coinciden en señalar el miedo de los discípulos; Mt y Mc dicen que gritaron. La respuesta de Jesús es la misma: Soy yo, no tengáis miedo.

El monte es el lugar de la divinidad. Como Moisés la segunda vez que sube al Sinaí, va solo. Nadie le sigue a la esfera de lo divino. La multitud solo piensa en comer. Los apóstoles piensan en medrar. Para superar esa tentación, Jesús se pone a orar. Orar es darse cuenta de lo que hay de Dios en él para poder vivirlo. Es muy interesante descubrir que Jesús necesita de la oración, desbaratando así, la idea simplista que tenemos, de que él era Dios sin más. Jesús tiene necesidad de momentos de auténtica contemplación.

Jesús sube a lo más alto. Los discípulos bajan hasta el nivel más bajo. Esperan encontrar allí las seguridades que Jesús les niega al no aceptar ser rey. En realidad, encuentran la oscuridad, la zozobra, el miedo. Las aguas turbulentas representan las fuerzas del mal. Son el signo del caos, de la destrucción, de la muerte. Jesús camina sobre todo esto. En el AT se dice que solo Dios puede caminar sobre el dorso del océano. Al caminar Jesús sobre las aguas, manifiesta que domina sobre las fuerzas del mal.

En el relato se aprecia la visión que de Jesús tenía aquella primera comunidad. Era verdadero hombre y como tal, tenía necesidad de la oración para descubrir lo que era y superar la tentación de quedarse en lo material. Al caminar sobre el mar, está demostrando que era también verdadero Dios. La confesión final es la confirmación de esta experiencia. Esta confesión apunta también a un relato pascual, porque solo después de la experiencia de resurrección, confesaron los apóstoles la divinidad de Jesús.

La barca es símbolo de la nueva comunidad. Las dificultades que atraviesan los apóstoles, son consecuencia del alejamiento de Jesús. Esto se aprecia mejor en el evangelio de Jn, que deja muy claro que fueron ellos los que decidieron marcharse sin esperar a Jesús. Se alejan malhumorados porque Jesús no aceptó las aclamaciones de la gente. Pero Jesús no les abandona y va en su busca. Para ellos Jesús es un “fantasma”; está en las nubes y no pisa tierra. No responde a sus intereses y es incompatible con sus pretensiones. Su cercanía y muestra de cariño les hace descubrir el verdadero Jesús.

El miedo es el primer efecto de toda teofanía. El ser humano no se encuentra a gusto en presencia de lo divino. Hay algo en esa presencia de Dios que le inquieta. La presencia del Dios auténtico no da seguridades, sino zozobra; seguramente porque el verdadero Dios no se deja manipular, es incontrolable y nos desborda. La respuesta de Jesús a los gritos es una clara alusión al episodio de Moisés ante la zarza. El “ego eimi” (yo soy) en boca de Jesús es una clara alusión a su divinidad. Juan lo utiliza con mucha frecuencia.

El episodio de Pedro, merece una mención especial ya que tiene mucha miga. Pedro siente una curiosidad inmensa al descubrir que su amigo Jesús se presenta con poderes divinos, y quiere participar de ese mismo privilegio. “Mándame ir hacia ti, andando sobre el agua”; que es lo mismo que decir: haz que yo partícipe del poder divino como tú. Pero Pedro quiere lograrlo por arte de magia, no por una transformación personal. Jesús le invita a entrar en la esfera de lo divino y participar de ese verdadero ser: ¡ven!

En todas las épocas ha habido hombres que han descubierto esa presencia de Dios. Pedro representa aquí, a cada uno de los discípulos que no han comprendido las claves del seguimiento. Jesús no revindica para sí esa presencia divina, sino que da a entender que todos estamos invitados a esa participación. Pedro camina sobre el agua mientras está mirando a Jesús; se empieza a hundir cuando mira a las olas. No está preparado para acceder a la esfera de lo divino porque no es capaz de prescindir de las seguridades.

El verdadero Dios no puede llegar a nosotros desde fuera ni a través de los sentidos. No podemos verlo ni oírlo ni tocarlo, ni olerlo ni gustarle. Tampoco llegará a través de la especulación y los razonamientos. Dios no tiene más que un camino para llegar a nosotros: nuestro propio ser. Su acción no se puede “sentir”. Esa presencia de Dios, solo puede ser vivida. El budismo tiene una frase, a primera vista tremenda: “si te encuentras con el Buda, mátalo”. Podíamos decir si te encuentras con dios, mátalo. Ese dios es falso, es una creación tuya. Si lo buscas fuera de ti, estas persiguiendo un fantasma.

También hoy, el viento es contrario, las olas son inmensas, las cosas no salen bien y encima, es de noche y Jesús nos está presente. Todo apunta a la desesperanza. Pero resulta que Dios está donde menos lo esperamos: en medio de las dificultades, en medio del caos y de las olas, aunque nos cueste tanto reconocerlo. La gran tentación ha sido siempre que se manifestará de forma precisa. Seguimos esperando de Dios el milagro. Dios no está en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego. Es apenas un susurro.

Hoy tenemos que afrontar la misma disyuntiva. O mantener a toda costa nuestro ídolo, o atrevernos a busca del verdadero Dios. La tentación sigue siendo la misma, mantener el ídolo que hemos pulido y alicatado desde la prehistoria. La consecuencia es clara: nunca encontraremos al Dios verdadero. Esta es la causa de que se alejen de las instituciones los que mejor dispuestos están. Los que no aceptan los falsos dioses que nos empeñamos en venderles. Se encuentran muy a gusto con ese “dios” los que no quieren perder las falsas seguridades que les dan los ídolos fabricados a nuestra medida.

El ser humano ha buscado siempre el Dios todopoderoso que hace y deshace a capricho, que empleará esa omnipotencia en favor suyo, si cumplo determinadas condiciones. Si en la religión buscamos seguridades, estamos tergiversando la verdadera fe-confianza. Dios no puede darme ni prometerme nada que no sea Él mismo. Ni como Iglesia ni como individuos debemos poner nuestra meta en las seguridades externas. Las seguridades que con tanto ahínco busca nuestro yo, son el mayor peligro para llegar a Dios.

Los efectos del Papa en Lisboa: Un éxito sin precedentes, porque ganan todos con la JMJ

Religión Digital

«Gana la Iglesia universal tan necesitada de una inyección de autoestima y de un subidón de adrenalina y de orgullo creyente, y el propio Papa, que regresa a Roma “rejuvenecido” y con las pilas cargadas para abordar, con entereza y decisión, el tramo final de su pontificado, en alas del proceso sinodal y de una Iglesia que ansía la primavera»

«La fe en forma de espectáculo masivo, pero, al fin y al cabo, demostración de religiosidad. Y, aunque la fe sea un sentimiento personal, se vive en pueblo. Y aquí hubo una multitud bíblica de millón y medio»

«El Papa anciano que ha rejuvenecido. El abuelo-joven, el viejo sabio que cautivó a todos. Con su eterna sonrisa y un aguante excepcional para sus 86 años»

«La nueva evangelización, en la época mediática y global, exige actos masivos de este tipo: De autoestima interna y orgullo externo»

Un viaje redondo, un éxito sin paliativos el del Papa Francisco en Lisboa, donde se convierte en el profeta del mundo herido, en el sabio, anciano en silla de ruedas, que les señala el futuro a las jóvenes generaciones católicas del mundo en una Iglesia madre, donde caben “todos, todos, todos”.

Un éxito sin precedentes, porque ganan todos con la JMJ: Portugal y su presidente, Marcelo Rebelo de Sousa; la Iglesia portuguesa, que, con humildad y reparación, intenta levantar cabeza tras la plaga de los abusos del clero; la Iglesia universal tan necesitada de una inyección de autoestima y de un subidón de adrenalina y de orgullo creyente, y el propio Papa, que regresa a Roma “rejuvenecido” y con las pilas cargadas para abordar, con entereza y decisión, el tramo final de su pontificado, en alas del proceso sinodal y de una Iglesia que ansía la primavera…Leer más…(José Manuel Vidal)

Francisco: «El Mediterráneo es un cementerio, pero no es el cementerio más grande. El mayor cementerio es el norte de África»

Francisco, durante la entrevista en el vuelo papal Vatican Media

«Los jóvenes son una sorpresa. Los jóvenes son jóvenes, meten la pata, la vida es así. Pero intentan seguir adelante»

«¿Quién de nosotros no ha cometido errores morales en su vida? Todos. Cada uno de nosotros tiene sus propias caídas en nuestra historia. La vida es así. Pero el Señor siempre nos espera porque es misericordioso y padre y la misericordia va más allá de todo»

Sobre los abusos, el Papa pidió «madurar el escándalo de Boston (del que se acaban de cumplir 20 años). La Iglesia no puede seguir caminos aleatorios»

«La explotación de los inmigrantes es criminal»

«Hay una mirada que no entiende esta inserción de la Iglesia como madre y la piensa como una especie de empresa en la que para entrar hay que hacer esto, hacerlo de esta manera y no de otra»

«El Mediterráneo es un cementerio, pero no es el cementerio más grande. El mayor cementerio es el norte de África». Rotundo, el Papa Francisco ha vuelto a insistir en una de las ideas que marcaron el comienzo de su pontificado, a la hora de hablar del descarte y de la necesidad de afrontar los derechos de todos. Y lo hizo durante la entrevista en el vuelo que le trajo de vuelta a Roma procedente de Lisboa y en el que la crisis de los abusos, la Iglesia y los homoseuxales, los jóvenes y la moral o el auge de los suicidios juveniles formaron parte de la charla, de una media hora de duración…Leer más…(Jesús Bastante)

El papa Francisco a Vida Nueva: “Soy una víctima del Espíritu Santo…”

Vida Nueva

“Esto empezó con una idea loca y acá estamos”. Así arranca la bienvenida de Francisco. Con la naturalidad con la que ha impregnado cada rincón de un pontificado que ya ha rebasado una década y no huele ni a desgastado ni a liquidación por cierre. Al menos, eso se percibe. No solo de primeras, sino cuando la conversación se adentra en cualquier tema.

Más allá de las limitaciones físicas por su maltrecha rodilla, no le fallan las fuerzas. Ni mucho menos el entusiasmo. Por eso, ni siquiera sobrevuela en el coloquio con él la necesidad de preguntarle por la renuncia. Ni se la ve ni se la espera. Sobre todo, por la lucidez y agilidad para soportar un tercer grado, durante varias horas, saltando de un tema a otro. Se las sabe todas, como un cura villero acostumbrado a tratar lo mismo con una mujer que se desvive de sol a sol para sacar adelante a su familia que con un traficante de ‘paco’ que intenta enganchar a los chavales de la barriada.

Francisco responde. Reflexiona. Pregunta. Propone. Bromea. Y se ríe. Mucho. No relativiza, pero sí da la importancia justa a los problemas que se le plantean. Contundente con todo lo que acumula carcoma. ‘Misericordiando’ cuando alguien abre su corazón fuera del interrogatorio periodístico. Acaricia heridas. Consuela. Le va conjugar verbos de acción. Pero también de contemplación. Escucha. Acoge. Sobre todo, acoge. Desde el minuto cero. Para hacer ver al otro que no se siente extraño ni alejado ni juzgado. Es la percepción del equipo de ‘Vida Nueva’ nada más romper la barrera que resulta inevitable levantar cuando uno se sabe recibido por el sucesor de Pedro. Él se encarga de difuminar lo que suena a distancia para transformarlo en puente…Leer más…(El Papa a Vida Nueva)

Urteko 19. Igandea – Domingo 19 T.O. José A. Pagola

A (Mateo 14,22-33)

HONDORATU BAINO LEHEN – ANTES DE HUNDIRNOS.

Harritzekoa da zein gaurko bihurtu den krisialdi erlijioso hauetan Galileako aintzirako ekaitzaren kontakizuna. Ezaugarri trebez deskribatu du Mateok egoera: Jesusen ikasleak bakarrik daude, «lur lehorretik» urrun, itsasoko ziurgabetasunean; ontzia «olatuen astindua» jasaten ari da, kontrako indarrek gainezka eginik; «kontrakoa dute haizea», dena bihurtu zaie kontra; «gau ilun-iluna» da, ilunak ez du uzten zeruertza ikusten.

Horrela bizi da kristau ez gutxi gaur egun. Ez dago, ez segurtasunik, ez ziurtasun erlijiosorik; den-dena bilakatu da ilun eta dudagarri. Erlijioa mota guztietako salaketa eta errezelo ari da jasaten. Kristautasunaz iraganekoa izango litzatekeen eta azkenak ematen ariko litzatekeen erlijio batez bezala hitz egiten da; «aro postkristauan» sartzen ari garela esaten da (E. Poulat). Zenbait jenderengan galdera jaio da: erlijioa ez ote da amets irreal bat, mito xalo bat, galtzera joateko deitua? Hori da ikasleen oihua Jesus ekaitzean barruntatu dutenean: «Mamu bat da».

Berehala etorri da Jesusen erreakzioa: «Aupa, neu naiz, ez beldur izan». Hitz hauek animaturik, eskari ezentzuna egin dio Pedrok Jesusi: «Jauna, zu bazara, agindu iezadazu zugana joateko ur gainean oinez». Ez daki Jesus mamu bat den ala norbait erreal, baina berarengana oinez joan ote daitekeen egiaztatu nahi du, ez lur lehorrean, baizik ur gainean, ez argudio segurutan sostengatuz, baizik fedearen ahuldadean.

Horrela bizi du fededunak Kristorekiko atxikipena krisialdietan eta ilunaldietan. Ez dakigu Kristo mamu bat den ala norbait biziduna eta erreala, Aitak berpiztua gure salbaziorako. Ez dugu argudio zientifikorik egiaztatzeko, baina badakigu esperientziaz bizitzan barna bide egin daitekeela Kristorekiko fedea eta beraren hitza sostengu harturik.

Ez da gauza erraza fede biluz honetan bizitzea. Ebanjelioko kontakizunak diosku Pedrok «haizearen indarra sentitu zuela», «beldurra sartu zitzaiola», eta «hondoratzen hasi zela». Oso ezaguna da prozesua: gaitzaren indarrari bakarrik erreparatzea, beldurrak zurrundu gaitzan uztea eta etsipenean hondoratzea.

Pedrok erreakzionatu du eta, guztiz hondoratu aurretik, hots egin du: «Jauna, salba nazazu». Ez nola, ez zergatik jakin gabe, posible da orduan Kristo sumatzea, eskua luzaturik, geure fedearen sostengu bihurturik, eta salbatzen gaituela, aldi batean esaten digularik: «Fede gutxiko hori, zergatik duda-muda hori?».

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ANTES DE HUNDIRNOS

Es sorprendente la actualidad que cobra en estos tiempos de crisis religiosa el relato de la tempestad en el lago de Galilea. Mateo describe con rasgos certeros la situación: los discípulos de Jesús se encuentran solos, «lejos de tierra firme», en medio de la inseguridad del mar; la barca está «sacudida por las olas», desbordada por fuerzas adversas; «el viento es contrario», todo se vuelve en contra; es «noche cerrada», las tinieblas impiden ver el horizonte.

Así viven no pocos creyentes el momento actual. No hay seguridad ni certezas religiosas; todo se ha vuelto oscuro y dudoso. La religión está sometida a toda clase de acusaciones y sospechas. Se habla del cristianismo como una «religión terminal» que pertenece al pasado; se dice que estamos entrando en una «era poscristiana» (E. Poulat). En algunos nace el interrogante: ¿no será la religión un sueño irreal, un mito ingenuo llamado a desaparecer? Este es el grito de los discípulos al atisbar a Jesús en medio de la tempestad: «Es un fantasma».

La reacción de Jesús es inmediata: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Animado por estas palabras, Pedro hace a Jesús una petición inaudita: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua». No sabe si Jesús es un fantasma o alguien real, pero quiere comprobar que se puede caminar hacia él andando, no sobre tierra firme, sino sobre el agua, no apoyándose en argumentos seguros, sino en la debilidad de la fe.

Así vive el creyente su adhesión a Cristo en momentos de crisis y oscuridad. No sabemos si Cristo es un fantasma o alguien vivo y real, resucitado por el Padre para nuestra salvación. No tenemos argumentos científicos para comprobarlo, pero sabemos por experiencia que se puede caminar por la vida sostenidos por la fe en él y en su palabra.

No es fácil vivir de esta fe desnuda. El relato evangélico nos dice que Pedro «sintió la fuerza del viento», «le entró miedo» y «empezó a hundirse». Es un proceso muy conocido: fijarnos solo en la fuerza del mal, dejarnos paralizar por el miedo y hundirnos en la desesperanza.

Pedro reacciona y, antes de hundirse del todo, grita: «Señor, sálvame». La fe es muchas veces un grito, una invocación, una llamada a Dios: «Señor, sálvame». Sin saber ni cómo ni por qué, es posible entonces percibir a Cristo como una mano tendida que sostiene nuestra fe y nos salva, al tiempo que nos dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudas?».

José Antonio Pagola

19º domingo de T.O.  Koinonía

1Reyes 19,9a.11-13a

Ponte de pie en el monte ante el Señor

En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!» Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

Salmo responsorial: 84

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor: / «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» / La salvación está ya cerca de sus fieles, / y la gloria habitará en nuestra tierra. R.

La misericordia y la fidelidad se encuentran, / la justicia y la paz se besan; / la fidelidad brota de la tierra, / y la justicia mira desde el cielo. R.

El Señor nos dará la lluvia, / y nuestra tierra dará su fruto. / La justicia marchará ante él, / la salvación seguirá sus pasos. R.

Romanos 9,1-5

Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos

Hermanos: Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

Mateo 14,22-33

Mándame ir hacia ti andando sobre el agua

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» Él le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.» En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»

COMENTARIOS A LOS TEXTOS:

Orientamos la homilía de hoy dentro del lenguaje tradicional («dentro de la caja bíblica»); para planteamientos más abiertos puede tomarse algún enfoque de los presentados en la sección «para la reunión de grupo».

Entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les concedió un lugar destacado no sólo por el momento crítico en el que les tocó actuar, sino, sobre todo, por la radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé. La teofanía del monte Horeb constituye el centro de lo que se ha llamado el “ciclo de Elías”, es decir, la colección de relatos que tienen como protagonista a este profeta (1R 17,1 – 2R 2,1-12).

En esa época había gran confusión y la fidelidad a Yavé y a sus leyes estaba en entredicho porque el rey había introducido cultos a dioses extranjeros (1R 16,31-32). Los nuevos dioses legitimaban la violencia, la intolerancia y la expropiación como medios para garantizar el poder. Elías levanta su voz en contra de estos atropellos y ve en la sequía que azota al país las consecuencias del castigo divino. Elías, entonces, en medio de persecuciones y amenazas comienza una campaña de purificación de la religión israelita. Sin embargo, sus iniciativas producen el efecto contrario y se agudiza la opresión, la violencia y la persecución.

Cansado y desanimado, Elías se dirige al Horeb donde descubre que Dios no se manifiesta en los elementos amenazantes –en la tormenta imponente o en el fuego abrazador–, sino en la brisa fresca y suave que le acaricia el rostro y lo invita a tomar otro camino para hacer realidad la voluntad del Señor.

Después de la «masacre» del monte Carmelo por parte de Elías (1R 18,20-40), sin abandonar la denuncia de las injusticias (1R 21,1-29) y aberraciones (2R 1,1-18), opta por animar a un grupo de discípulos para que continúen su misión (2R 2,1-12). Elías descubrió (¿?) así que por la vía de la violencia no se consigue nada, ni siquiera, aunque sea a favor de causas justas. La fuerza de la espada puede imponer una ideología, pero no puede garantizar la paz, el respeto y la justicia.

El evangelio nos muestra otra tentación en la que pueden caer los seguidores de Jesús cuando no están seguros de los fundamentos de su propia fe. La escena de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana, representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes se abandonan a los sentimientos de pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el desconcierto que no atinan a reconocer en él al maestro que los ha orientado en el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro, llevado por la temeridad, se lanza a experimentar el milagro. Pedro duda y se hunde, porque no cree que Jesús se pueda imponer a los «vientos contrarios», a las fuerzas adversas que se oponen a la misión de la comunidad.

Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.

Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 59 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El fantasma del lago». El audio, su guión, y un comentario bíblico-teológico, pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/59-el-fantasma-del-lago/.

La serie «Otro Dios es posible» tiene un capítulo, la entrevista nº 20, titulada «¿Caminó sobre las aguas?», [https://radialistas.net/20-camino-sobre-las-aguas/] que puede dar pie a un debate muy interesante sobre el texto del evangelio de hoy.

Francisco saca los colores a Europa desde Lisboa: «¿Hacia dónde navegas, si no ofreces caminos creativos para poner fin a la guerra en Ucrania?»

Religión Digital

«Parece que las injusticias planetarias, las guerras, las crisis climáticas y migratorias corren más rápido que la capacidad, y a menudo la voluntad, de afrontar juntos estos retos»

«Estamos navegando en circunstancias críticas y tempestuosas, y percibimos la falta de rumbos valientes hacia la paz»

«Mirando con cariño sincero a Europa, en el espíritu de diálogo que la caracteriza, nos saldría espontáneo preguntarle: ¿hacia dónde navegas, si no ofreces procesos de paz, caminos creativos para poner fin a la guerra en Ucrania y a tantos conflictos que ensangrientan el mundo?»

«¿Hacia dónde navegan, Europa y Occidente, con el descarte de los ancianos, los muros de alambre espigado, las tragedias en el mar y las cunas vacías? ¿Hacia dónde van si, ante el dolor de vivir, ofrecen remedios superficiales y equivocados, como el fácil acceso a la muerte»

«Jóvenes de todo el mundo, que cultivan deseos de unidad, de paz y de fraternidad, nos desafían a hacer realidad sus sueños de bien. No están en las calles para gritar de rabia, sino para compartir la esperanza del Evangelio»

Lleno de lirismo, entonando la melodiosa voz de sus poetas y narradores, el discurso del papa Francisco ante las autoridades de Portugal, en el Centro Cultural de Belém, el primero que pronunció este mediodía tras su llegada para su estancia de cinco días en el país atlántico para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa, contenía, sin embargo, una carga de profundidad para el conjunto de la Unión Europa desde donde terminan sus fronteras y comienza las del ancho mar más allá del finisterrae…Leer más…(José Lorenzo)

Jóvenes ultracatólicos, en auge en Cataluña

Atrio

Mañana empiezan en Lisboa la Jornada Mundial de la Juventud. Tenía pensado dedicarle especial atención a ATRIO esta semana, ya que en Agosto stamos más libres  y podemos dejar otros temas en espera . Ofreceremos la directa asistencia mediática a actos e intervenciones y acogeremos testimonios de asistentes presenciales o mediáticos. ¡Ojalá tengamos testimonios de jóvenes asistentes! Haced de mediadores para ofrecerlos aquí. La finalidad es que, con espíritu de escucha respetuosa, pero con discernimiento crítico, veamos qué tipo de problemática juvenil y cristiana domina allí en testimonios y en discursos papales. Porque esta JMJ está siendo especialmente discutida antes de celebrarse por estar cerca de una sesión trascendental del Sínodo 2021-24, considerado por muchos culmen del pontificado de Francisco y por la sorprendente nombramiento de cardenal al discutido obispo auxiliar que preside la organización de la Jornada. Pero, como aperitivo para ver lo diferente que pueden ser los jóvenes católicos, invito a leer esta impresionante crónica desde Barcelona. AD.

Un grupo de jóvenes fundado por un sacerdote del Opus de Madrid triunfa en Cataluña, donde organiza los lunes “horas santas” para hacer “adoraciones ante el Santísimo”

Por   MIREIA ROURERA,   elpuntavui.cat y traducción en Foro de curas de Bizkaia, 31/07/223

Cada lunes a las nueve de la noche, en la parroquia Virgen de los Dolores de la calle Begur de Barcelona un grupo de universitarios ultracatólicos miembros del grupo Hakuna celebra la hora santa…Leer más…