DOMINGO  4º  DE CUARESMA  (B) – Fray Marcos

(2 Cr 36,14-23)»Quien pertenezca a su pueblo sea su Dios con él y suba.»

(Ef 2,4-10) «Por pura gracia estáis salvados»

(Jn 3,14-21) No mandó al hijo para condenar al mundo sino para salvarlo 

No esperes que alguien venga a salvare. Eres ya plenitud, solo debes descubrirla dentro de ti, vivirla y manifestarla.

Estamos en el c. III. Este evangelio es un esquema teológico. Cada capítulo tiene identidad por sí mismo, aunque éste es el que menos unidad interna muestra. El punto de partida es el diálogo con Nicodemo: “te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo: eso es imposible. Jesús insiste: “El que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”. ¿Cómo puede ser eso?

El domingo pasado, Jesús criticó el culto idolátrico del templo. Hoy arremete contra la manera de interpretar la Ley que tienen los fariseos. En ambos casos se trata de instituciones antiguas vacías de contenido que hay que sustituir. No se trata de una nueva interpretación, (es lo que busca Nicodemo) sino de algo completamente distinto: hay que nacer de nuevo. No debemos pensar en discursos pronunciados por Jesús. Juan pone en boca de Jesús una cristología muy avanzada de finales del s. I.

 Lo mismo que Moisés levantó la serpiente. Lo que hizo Moisés es recordar al dios egipcio Ranenutet (representado por la serpiente). Dios le manda construir la imagen de otro dios. Es necesario saber que el dios egipcio era a la vez veneno y antídoto; muerte y vida; opresión y salvación. Jesús crucificado representa a la vez, muerte y vida, humillación y exaltación. Al decir “levantado”, va más allá de una alusión a la serpiente. La cruz es manifestación de la lealtad de Dios. Es la exaltación de Jesús.

Para que todo el que lo haga objeto de su adhesión (crea) tenga Vida definitiva. «Vida definitiva» Denota la calidad de vida propia del estadio definitivo. Traducir por «eterna», empobrece el significado, por insistir solo en la duración y no en la calidad. La resultado de ser levantado en alto, es plenitud de Vida. El Espíritu que nos comunicará, será la fuente de verdadera Vida para todos los que le acepten.

Demostró Dios su amor al mundo. El amor se hizo visible en un acto. No se dirige solo a los cristianos, sino al mundo. Jesús es el don de Dios a la humanidad. «Dar a su Hijo» no se refiere sólo a la encarnación, sino a la crucifixión. Para Juan, Jesús es enviado al mundo, Para los sinópticos, a Israel. La salvación destinada a todos. No solo al pueblo elegido, sino a todas las naciones. Se acabaron los privilegios. La Vida del Espíritu es para todos. A finales del s. I. el cristianismo era ya religión universal

El que le presta adhesión no tendrá sentencia; el que se la niega, ya tiene la sentencia. No hay lugar para la indiferen­cia. La sentencia negativa o positiva, no es consecuencia de un acto de Dios. Es el resultado de una actitud por parte del hombre. Si comprendiéramos bien este versículo, cambiaría todo el modo de entender la moral. Desde la visión farisaica, Dios juzgaba a los hombres después de ver sus acciones. Si eran conforme a la Ley, los salvaba, si eran contrarias a la Ley, los condenaba. Para Dios todo está en equilibrio. Cada acto coloca al hombre en su sitio.

Los hombres han preferido las tinieblas a la luz. «Su modo de obrar» Denota el proceder habitual, no un acto puntual. En el prólogo había dicho: «y la Vida era la luz de los hombres». No es la luz la que da Vida (como maestro), sino al revés, es la Vida la que te iluminará. Sin Vida no se puede aceptar la luz. La falta de Vida lleva consigo el rechazo de la luz. Mantener una relación con Dios desde la Ley, desde lo externo, sin Vida, es mantener la relación de injusticia. El que oprime al hombre no puede aceptar la luz. La adhesión a Jesús, exige salir de la situación de opresión.

El que obra con bajeza…  El que practica la lealtad. «Obra con bajeza se opone a “practicar la lealtad”. «Hacer la verdad» es un semitismo y lo opuesto es «hacer la falsedad». El que es cómplice de la muerte, no puede aguantar la Vida. La considera como una agresión. No se eligen las tinieblas por el valor que puedan tener en sí, sino por odio a la luz. No son las doctrinas (luz) las que separan de Dios, sino la conduc­ta (Vida). Quién con su modo de obrar daña al hombre, se opone al amor-vida. Rechazando la luz, cree poder continuar haciendo el mal sin ser descubierto.

Practicar la lealtad es lo contrario de obrar con bajeza. Equivale a hacer lo que es bueno para el hombre. Al decir lealtad, muestra que el amor es algo práctico. La Vida es anterior a la luz. El acercamiento a la luz, se hace por amor, no para que se vean las obras. «Realizadas en unión con Dios». No obras hechas según Dios, sino algo más. Obras en las que, con la actividad del hombre, se ve la de Dios revelando su gloria-amor. Creer unido a las obras buenas. La incredulidad acompaña a las malas.

En el trozo del discurso que acabamos de analizar nos encontramos con los aspectos más originales de la salvación ofrecida por Jesús: 1) La salvación es Vida. 2) Viene de Dios que es VIDA. 3) Es don gratuito e incondicional. 4) Es absoluto, no una alternativa a la condenación. 5) Exige la adhesión a Jesús. 6) Se manifiestas en las obras. Cada puntos nos tendría que advertir de los errores en que caemos a la hora de hablar de esa salvación. Esperar de Dios una salvación raquítica.

Hablar de salvación, es plantearse el sentido último de la vida. Sería desplegar las más elevadas posibilidades humanas. El término “salvación” tiene connotación negativa y eso es muy peligroso a la hora de entender el evangelio. El pensar en la salvación en términos negativos ha paralizado nuestra vida espiritual. He creído que, si elimino el pecado, estoy salvado. Salvarse no es evitar la condenación, sino llevarnos a plenitud de ser, al límite las posibilidades de nuestro verdadero ser.

La verdadera salvación no puede venirme de fuera, tiene que surgir de lo más hondo de mí ser. Desde ahí, Dios hace posible mi plenitud. Hay que tener claro, que me salva totalmente Dios y me salvo totalmente yo. La acción de Dios y la del hombre, ni se suman ni se restan ni se interfieren, porque son de naturaleza distinta. «Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti» (S. Agustín. Todo lo que depende de Dios ya está hecho. Para que se complete mi salvación solo falta lo que depende de mí.

La conciencia que tenemos de que Dios puede no salvarme, es prueba de que esperamos una salvación equivocada. Queremos que Dios nos libere del sufrimiento, la enfermedad, la muerte. Todo eso forma parte de nuestra condición de criaturas y es inherente a nuestro ser. Ni Dios puede hacer que sigamos siendo criaturas sin limitacio­nes. Buscar la salvación por ahí, es un error garrafal. La salvación no es cambiar lo que soy ni añadir nada a lo que ya soy. Es una toma de conciencia de lo que en realidad soy, vivir a tope esa toma de conciencia y manifestarla en el amor.

Falsa y verdadera salvación

Salvación consecuencia de una idea falsa de Dios:

Dios ofendido que necesita defender su honor

Salvación como rescate, gracias a la muerte de Cristo

Salvación como la superación de un desastre. El pecado del hombre

Salvaciones consecuencia de una idea falsa del hombre:

El hombre empecatado sin posibilidad de salir del fango

Sálvese quien pueda. El hombre individual sin conexión social con los demás.

Tengo un alma que salvar y es cosa exclusivamente mía.

Se salva el alma, no los cuerpos

Salvación consecuencia de una idea falsa del mundo:

El mundo como algo perverso que había que reprobar

Recompensa para el más allá por haber despreciado el más acá

Desconexión de la naturaleza como ámbito en el que nos desarrollamos

La salvación de Jesús como algo ajena a nuestras luchas

La salvación es plenitud de humanidad

Salvarse es desplegar lo que nos hace plenamente humanos

A medida que nos hacemos más humanos, crece nuestra plenitud

La salvación nunca podrá estar completada

Ninguna clase de paraíso puede satisfacer la necesidad de salvación

El ser humano es un proyecto que nunca podrá ser alcanzado del todo

La salvación nunca será un seguro a todo riesgo

La salvación nunca nos curará de nuestra finitud

No puede haber diferencia entre una salvación divina y una humana

DOMINGO 4º DE CUARESMA- J. A. Pagola

GURUTZILTZATUARI BEGIRA JARRI – MIRAR AL CRUCIFICADO

Joan ebanjelaria Jesusek Nikodemo izeneko fariseu ospetsu batekin bizi izandako topo egite arraro batez mintzo zaigu. Kontakizunaren arabera, Nikodemo izan da iniziatiba hartu eta Jesusengana «gauez» joan dena. Sumatu du Nikodemok «Jainkoagandik etorritako gizona» dela Jesus; halere, ilunpean bizi da bera. Argira gidatuko du Jesusek.

Jesusekin zinez nola topo egingo dabilen oro ordezkatzen du Nikodemok kontakizunean. Horregatik, halako batean, Nikodemo kontakizunean eszenatik ezkutatu egin da, eta Jesusek bere hitzaldia jarraitu du, gonbit orokor bat eginez, ilunpean bizi ez gaitezen, baizik eta argi bila ibili.

Jesusen arabera, den-dena argitzen ahal duen argia Gurutziltzatuagan dago. Ausarta da baieztapena: «Hainbeste maite zuen Jainkoak mundua bere Seme bakarra eman baitzuen beronengan sinesten dutenetako inor gal ez dadin, baizik eta denek betiko bizia izan dezaten». Ikusi ahal genezake Jainkoaren maitasuna eta sentitu gizon horrengan, gurutzean josia den horrengan?

Txikitatik gurutzea alde guztietan ikustera ohiturik, ez dugu ikasi Gurutziltzatuari aurpegira begira fedez eta maitasunez egoten. Gure begiak, zabarturik, ez dira gai aurpegi horretan argia ikusteko, gure bizitza une latz eta zailean argitzen ahal lukeena. Halaz guztiz, Jesus gurutzetik bizi- eta maitasun-seinaleak bidaltzen ari zaigu.

Zabalik dituen beso horietan, jadanik ezin besarkatu dituzte haurrak, eta esku iltzatu horietan, jadanik ezin ferekatu dituzte lepradunak ezta bedeinkatu ere gaixoak, Jainkoa dago, besoak zabal-zabal, gure bizitza pobrea, hainbeste sufrimenduk hautsia, onartu, besarkatu eta sostengatzeko.

Heriotzak itzalitako aurpegi horretatik, bekatariei eta prostituituei samurkiro begira jadanik ezin jarri diren begi horietatik, hainbat eta hainbat abusu eta zuzengabekeriaren biktimengatik jadanik sumindura-oihurik ezin egin duen aho horretatik, Jainkoa gizadiaz duen bere «maitasun zoroa» agertzen ari zaigu.

«Jainkoak bere Semea bidali zigun mundura, ez mundua juzkatzeko, baizik eta beraren bidez mundua salba dadin». Harrera ona egiten ahal diogu Jainko horri eta uko ere egiten ahal diogu. Inork ez gaitu behartzen. Gu geu gara erabaki behar dugunak. Baina «argia etorri da jadanik mundura». Zergatik egiten diogu uko hainbat aldiz, Gurutziltzatuagandik datorkigun argiari?

Berak jar lezake argia bizitzarik zoritxarrekoenean eta porrot handiena egina duenagan; baina «gaizki diharduena… ez da argira hurbiltzen, bere egintzek berek salatzen dutela ikusi nahi ezta». Era ez oso egoera duinean bizi ohi garenean, iskin egiten diogu argiari, Jainkoaren aurrean gaizki sentitzen garelako. Ez dugu jarri nahi izaten Gurutziltzatuari begira. Aitzitik, «egia egiten duena hurbiltzen da argira». Ez du ilunera ihes egiten. Ez du zer ezkutaturik izaten. Bere begiez Gurutziltzatuaren bila ibili ohi da. Honek biziarazten du nornahi bere argian.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

MIRAR AL CRUCIFICADO

El evangelista Juan nos habla de un extraño encuentro de Jesús con un importante fariseo, llamado Nicodemo. Según el relato, es Nicodemo quien toma la iniciativa y va a donde Jesús «de noche». Intuye que Jesús es «un hombre venido de Dios», pero se mueve entre tinieblas. Jesús lo irá conduciendo hacia la luz.

Nicodemo representa en el relato a todo aquel que busca sinceramente encontrarse con Jesús. Por eso, en cierto momento, Nicodemo desaparece de escena y Jesús prosigue su discurso para terminar con una invitación general a no vivir en tinieblas, sino a buscar la luz.

Según Jesús, la luz que lo puede iluminar todo está en el Crucificado. La afirmación es atrevida: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna». ¿Podemos ver y sentir el amor de Dios en ese hombre torturado en la cruz?

Acostumbrados desde niños a ver la cruz por todas partes, no hemos aprendido a mirar el rostro del Crucificado con fe y con amor. Nuestra mirada distraída no es capaz de descubrir en ese rostro la luz que podría iluminar nuestra vida en los momentos más duros y difíciles. Sin embargo, Jesús nos está mandando desde la cruz señales de vida y de amor.

En esos brazos extendidos, que no pueden ya abrazar a los niños, y en esas manos clavadas, que no pueden acariciar a los leprosos ni bendecir a los enfermos, está Dios con sus brazos abiertos para acoger, abrazar y sostener nuestras pobres vidas, rotas por tantos sufrimientos.

Desde ese rostro apagado por la muerte, desde esos ojos que ya no pueden mirar con ternura a pecadores y prostitutas, desde esa boca que no puede gritar su indignación por las víctimas de tantos abusos e injusticias, Dios nos está revelando su «amor loco» por la humanidad.

«Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Podemos acoger a ese Dios y lo podemos rechazar. Nadie nos fuerza. Somos nosotros los que hemos de decidir. Pero «la Luz ya ha venido al mundo». ¿Por qué tantas veces rechazamos la luz que nos viene del Crucificado?

Él podría poner luz en la vida más desgraciada y fracasada, pero «el que obra mal… no se acerca a la luz para no verse acusado por sus obras». Cuando vivimos de manera poco digna, evitamos la luz, porque nos sentimos mal ante Dios. No queremos mirar al Crucificado. Por el contrario, «el que realiza la verdad se acerca a la luz». No huye a la oscuridad. No tiene nada que ocultar. Busca con su mirada al Crucificado. Él lo hace vivir en la luz.

José Antonio Pagola

Domingo 4º de Cuaresma – Koinonía

2Crónicas 36,14-16.19-23

La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio. Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: «El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!»»

Salmo responsorial: 136

Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Junto a los canales de Babilonia / nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; / en los sauces de sus orillas / colgábamos nuestras cítaras. R.

Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; / nuestros opresores, a divertirlos: / «Cantadnos un cantar de Sión.» R.

¡Cómo cantar un cántico del Señor / en tierra extranjera! / Si me olvido de ti, Jerusalén, / que se me paralice la mano derecha. R.

Que se me pegue la lengua al paladar / si no me acuerdo de ti, / si no pongo a Jerusalén / en la cumbre de mis alegrías. R.

Efesios 2,4-10

Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo

Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

Juan 3,14-21

Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

Jn 3,14-21 corresponde a la respuesta que Jesús da a Nicodemo cuando pregunta «¿cómo puede ser eso?», refiriéndose al nuevo nacimiento en el Espíritu. Es también la segunda y última parte del diálogo de Jesús con este “jefe” de los fariseos de Jerusalén.

Nicodemo, cuyo nombre significa “el que vence al pueblo”, aparece varias veces en el evangelio de Juan (3,1-21; 7,50-52; 19,39). No es un cualquiera. Por su filiación religiosa es un fariseo, es decir, un rígido observante de la Ley, considerada como la expresión suprema e indiscutible de la voluntad de Dios para el ser humano. Es el primer rasgo que señala Juan antes del nombre mismo. Nicodemo se define como hombre de la Ley antes que por su misma persona. Juan añade otra precisión sobre el personaje: en la sociedad judía es un “jefe” título que se le aplica particularmente a los miembros del Gran Consejo o Sanedrín, órgano de gobierno de la nación (11,47). En éste, el grupo de los letrados fariseos era el más influyente y dominaba por el miedo a los demás miembros del Consejo (12,42).

Nicodemo habla en plural (3,2: sabemos). Es, pues, una figura representativa. La escena va a describir un diálogo de Jesús con representantes del poder y de la Ley. Nicodemo llama a Jesús “Rabbí” (3,2), término usado comúnmente para los letrados o doctores de la Ley que mostraban al pueblo el camino de Dios. Así es como este fariseo adicto ferviente de la Ley, ve a Jesús. Es extraño, porque hasta el momento, Jesús no ha dado pie para semejante interpretación de su persona. En realidad, Nicodemo está proyectando sobre Jesús la idea farisea de Mesías-maestro, avalado por Dios para interpretar la Ley e instaurar el reinado de Dios enseñando al pueblo la perfecta observancia de la Ley de Moisés. Está lejos de comprender el cambio radical que propone Jesús. Para los fariseos, en la Ley está el porvenir de Israel; para Jesús, el nacimiento en el Espíritu abre el reino de Dios al porvenir humano. El ser humano no puede obtener plenitud y vida por la observancia de una Ley, sino por la capacidad de amar que completa su ser. Sólo con personas dispuestas a entregarse hasta el fin puede construirse la sociedad verdaderamente justa, humana y humanizadora. La Ley no elimina las raíces de la injusticia. Por eso, una sociedad basada sobre la Ley, no sobre el amor, nunca deja de ser opresora, codiciosa, injusta.

La segunda parte del diálogo de Jesús con Nicodemo se centra en el que “bajó del cielo”, sin dejar de ser “del cielo”, “para que todo el que crea tenga vida eterna”. La reflexión de Jesús resalta la relación que hay entre creer y vivir en las obras de la vida eterna, es decir, en el Reino de Dios. “Bajar del cielo” y ser “levantado” es un asunto de amor de Dios. Veamos los énfasis teológicos propuestos por el discurso:

Frente a la centralidad farisaica de la Ley, el evangelio de Juan propone la dinámica liberadora de la fe en Jesús “levantado” (levantado en la cruz, crucificado), como la serpiente que Moisés levantó en el desierto. Creer es la respuesta al inmenso amor de Dios. Es la reciprocidad del amor. Creer no es un concepto, o una doctrina; es un acto de amor, por el que adviene el Reino de Dios. El juicio sobre la humanidad tiene como criterio la fe, como acto de amor recíproco. Nuevamente llegamos a la insistencia de Juan: una humanidad justa y feliz sólo es posible sobre el amor, no sobre la Ley. Ésa es la fe que proclama Juan.

Pablo, después de agradecer el don de la fe (Ef 1,3-14), contrasta y contrapone dos tiempos: el de la muerte y el de la resurrección. El tiempo de la muerte (Ef 2,1-3) corresponde a “delitos y pecados” según el “proceder de este mundo” bajo la dominación de Satanás. Es tiempo de esclavitud e infrahumanidad. De ese tiempo Dios rescata tanto a judíos como a gentiles, por ser “rico en misericordia”, vivificándolos “juntamente con Cristo”, por su resurrección. Sólo la gracia mediante el don de la fe puede “explicar” tal sobreabundancia de amor divino. El tiempo de la resurrección es tiempo de “nueva creación” en Cristo Jesús, lo que se expresa en las “buenas obras” practicadas por quienes han sido vivificadas y vivificados. No es de extrañar que la “medida” de las buenas obras sea como la medida de Dios: el amor. El tiempo de la resurrección es el tiempo de afirmación de la vida en el amor. Para la fe cristiana, la muerte (la esclavitud) no tiene la última palabra. Vivir a plenitud como nuevas criaturas el tiempo de la resurrección es el llamado que Pablo hace a lo largo de esta carta a la Iglesia nacida entre la gentilidad.

VIII Encuentro de Redes Cristianas Las desigualdades: desafíos y propuestas

Redes Cristianas-Editorial

Durante los días 17, 18 y 19 del próximo mes de mayo Redes Cristianas va a celebrar su VIII Encuentro estatal. Y para esta ocasión ha elegido siguiente lema: “Las desigualdades: desafíos y propuestas”.

Presentada en público en Madrid en 2006, Redes Cristianas está presente en todas las autonomías de Estado, con un número aproximado de unos 200 colectivos y comunidades.

Redes Cristianas se caracteriza por mantener una postura crítica ante el inmovilismo de las sociedades y de las instituciones tanto civiles como religiosas.

Durante casi 20 años de existencia, su voz se ha dejado oír tanto por escrito como en calles y plazas, al lado de movimientos sociales y ciudadanos, reivindicando siempre igualdad y justicia. Reivindicación también hecha dentro de la Iglesia católica, de la que es mayoritariamente parte, apoyando, y yendo más lejos que el tímido impulso renovador que está reallizando el papa Francisco.

Centrada durante estas jornadas del VIII Encuentro en el análisis y posibles salidas de las grandes desigualdades que nos afectan, Redes Cristianas no pretende quedarse en su sola constatación y denuncia. A pesar de la coyuntura desfavorable y del aire involutivo del momento actual, Redes quiere apostar decididamente por salidas con futuro.

Es notorio que, en el debate abierto en la primera etapa del Sínodo de la sinodalidad, Redes Cristianas elaboró un amplio y muy documentado informe sobre la urgencia de abordar en estos momentos los graves problemas que históricamente nos acompañan…Leer más (Evaristo Villar)

José Ignacio Calleja: «¿Los actuales presbíteros y obispos somos el primer impedimento insalvable de la pastoral vocacional en la Iglesia?»

Religión Digital

Las iglesias de Europa vuelven una y otra vez a la cuestión de la pastoral vocacional que pudiera regenerar nuestros mermados presbiterios. Más de una vez nos convocan a pensar y expresarnos sobre ella

A no ser que el miedo esté hablando por nosotros, los presbíteros “de toda la vida”, para no ver amenazada nuestra posición, urge indagar y entrar por el camino de los ministerios laicales y ministerios ordenados urge indagar y entrar por el camino de los ministerios laicales y ministerios ordenados que sirvan a las necesidades de las comunidades, y esto es lo que puede hacer un Sínodo, mucho más que cada diócesis por su cuenta

Las iglesias de Europa vuelven una y otra vez a la cuestión de la pastoral vocacional que pudiera regenerar nuestros mermados presbiterios. Más de una vez nos convocan a pensar y expresarnos sobre ella. Es evidente que el lector sabe que la pastoral vocacional es mucho más amplia que ese concepto restringido que apunta la entrada de estas líneas. Tan amplia como la vocación del ser humano en la forma precisa de hacerlo como cristiano. Pero, de hecho, el planteamiento apenas despega de la vocación de los presbíteros y religiosos/as que como ordenados suma en nuestro imaginario a los consagrados/as, y que juntos componemos lo que hasta hace poco, y todavía hoy, llamamos “las vocaciones” y la pastoral vocacional.

Tampoco voy a explayarme en una teología integral de las vocaciones en la comunidad eclesial; ni es el tema del que hablaba ni soy especialista…Leer más (José Ignacio Calleja. Profesor de Moral Social Cristiana Vitoria-Gasteiz)

Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo B – José Luis Sicre

El evangelio de la expulsión de los mercaderes del templo la cuentan los cuatro evangelios. Pero, como ocurre a menudo, hay algunas diferencias entre ellos.

Preguntas para un concurso

  1. ¿Cuándo tuvo lugar dicha escena? ¿Al comienzo de la vida de Jesús o al final?
  2. Esta escena ha sido pintada por numerosos artistas, entre ellos el Greco. En todas las representaciones aparece Jesús empuñando un azote de cordeles. Pero, de los cuatro evangelios, sólo uno menciona dicho azote; en los otros tres Jesús no recurre a ese tipo de violencia. ¿De qué evangelio se trata?
  3. Sólo un evangelio dice que Jesús prohibió transportar objetos por la explanada del templo. ¿Cuál?
  4. ¿Qué evangelista cuenta la escena de la forma más breve?
  5. ¿Quién la cuenta con más detalle, incluyendo una discusión con las autoridades judías?

Respuestas

  1. Juan la sitúa al comienzo de la vida de Jesús. Mateo, Marcos y Lucas al final, pocos días antes de morir.
  2. El único que menciona el azote es Juan. Y ninguno dice que Jesús echase a la gente a latigazos.
  3. Esa prohibición sólo se encuentra en Marcos.
  4. El más breve es Lucas.
  5. Juan.

El relato de Juan (Jn 2,13-25)

El concurso anterior no se debe a un capricho. Pretende recordar que los evangelistas no cuentan el hecho histórico tal como ocurrió, sino transmitir un mensaje. Por eso alguno insiste en un detalle, mientras otros lo omiten por no considerarlo adecuado para su auditorio. Lucas, por ejemplo, reduce al mínimo la actitud violenta de Jesús, mientras que Juan la subraya al máximo. El relato de Juan se divide en dos partes: la expulsión de los mercaderes y la breve discusión con los judíos.

Un gesto revolucionario

A nuestra mentalidad moderna le resulta difícil valorar la acción de Jesús, no capta sus repercusiones. Nos ponemos de su parte, sin más, y consideramos unos viles traficantes a los mercaderes del templo, acusándolos de comerciar con lo más sagrado. Pero, desde el punto de vista de un judío piadoso, el problema es más grave. Si no hay vacas ni ovejas, tórtolas ni palomas, ¿qué sacrificios puede ofrecer al Señor? ¿Si no hay cambistas de moneda, cómo pagarán los judíos procedentes del extranjero su tributo al templo? Nuestra respuesta es muy fácil: que no ofrezcan nada, que no paguen tributo, que se limiten a rezar. Esa es la postura de Jesús. A primera vista, coincide con la de algunos de los antiguos profetas y salmistas. Pero Jesús va mucho más lejos, porque usa una violencia inusitada en él. Debemos contemplarlo trenzando el azote, golpeando a vacas y ovejas, volcando las mesas de los cambistas.

Imaginemos la escena en nuestros días. Jesús entra en una catedral o una iglesia. Se fija en todo lo que no tiene nada que ver con una oración puramente espiritual, lo amontona y lo va tirando a la calle: cálices, copones, candelabros, imágenes de santos, confesionarios, bancos…  ¿Cuál sería nuestra reacción? Acusaríamos a Jesús de impedirnos decir misa, poder comulgar, confesarnos, incluso rezar.

Juan intuye la gravedad del problema y añade unas palabras que no aparecen en los otros evangelios: «Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo de tu casa me devora.» El celo por la causa de Dios había impulsado a Fineés a asesinar a un judío y a una moabita; a Matatías, padre de los Macabeos, lo impulsó a asesinar a un funcionario del rey de Siria. El celo no lleva a Jesús a asesinar a nadie, pero sí se manifiesta de forma potente. Algo difícil de comprender en una época como la nuestra, en la que todo está democráticamente permitido. El comentario de Juan no resuelve el problema del judío piadoso, que podría responder: «A mí también me devora el celo de la casa de Dios, pero lo entiendo de forma distinta, ofreciendo en ella sacrificios». Quienes no tendrían respuesta válida serían los comerciantes, a los que no mueve el celo de la casa de Dios sino el afán de ganar dinero.

La reacción de las autoridades

En contra de lo que cabría esperar, las autoridades no envían la policía a detener a Jesús. Se limitan a pedir un signo, un portento, que justifique su conducta. Porque en ciertos ambientes judíos se esperaba del Mesías que, cuando llegase, llevaría a cabo una purificación del templo. Si Jesús es el Mesías, que lo demuestre primero y luego actúe como tal.

La respuesta de Jesús es aparentemente la de un loco: “Destruid este templo y en tres días lo reconstruiré”. El templo de Jerusalén no era como nuestras enormes catedrales, porque no estaba pensado para acoger a los fieles, que se mantenían en la explanada exterior. De todas formas, era un edificio impresionante. Según el tratado Middot medía 50 ms de largo, por 35 de ancho y 50 de alto; para construirlo, ya que era un edificio sagrado, hubo que instruir como albañiles a mil sacerdotes. Comenzado por Herodes el Grande el año 19 a.C., fue consagrado el 10 a.C., pero las obras de embellecimiento no terminaron hasta el 63 d.C. En el año 27 d.C., que es cuando Juan parece datar la escena, se comprende que los judíos digan que ha tardado 46 años en construirse. En tres días es imposible destruirlo y, mucho menos, reconstruirlo.

Curiosamente, Juan no cuenta cómo reaccionaron las autoridades a esta respuesta de Jesús. Pero sí nos dice cómo debemos interpretar esas extrañas palabras. Jesús no se refiere al templo físico, se refiere a su cuerpo. Los judíos pueden destruirlo, pero él lo reedificará.

Cuaresma y resurrección

Esto último explica por qué se ha elegido este evangelio para el tercer domingo. En el segundo, la Transfiguración anticipaba la gloria de Jesús. Hoy, Jesús repite su certeza de resucitar de la muerte. Con ello, la liturgia orienta el sentido de la Cuaresma y de nuestra vida: no termina en el Viernes Santo sino en el Domingo de Resurrección.

Jesús, nuevo templo de Dios

Hay otro detalle importante en el relato de Juan: el templo de Dios es Jesús. Es en él donde Dios habita, no en un edificio de piedra. Situémonos a finales del siglo I. En el año 70 los romanos han destruido el templo de Jerusalén. Se ha repetido la trágica experiencia de seis siglos antes, cuando los destructores del templo fueron los babilonios (año 586 a.C.). Los judíos han aprendido a vivir su fe sin tener un templo, pero lo echan de menos. Ya no tienen un lugar donde ofrecer sus sacrificios, donde subir tres veces al año en peregrinación. Para los judíos que se han hecho cristianos, la situación es distinta. No deben añorar el templo. Jesús es el nuevo templo de Dios, y su muerte el único sacrificio, que él mismo ofreció.

Portentos y sabiduría (1 Corintios 1,22-25)

En la segunda lectura aparece también el tema de los prodigios. Pablo, judío de pura cepa, pero que predicó especialmente en regiones de gran influjo griego, debió enfrentarse a dos problemas muy distintos. A la hora de creer en Cristo, los judíos pedían portentos, milagros (como se ha contado en el evangelio), mientras los griegos querían un mensaje repleto de sabiduría humana. Poder o sabiduría, según qué ambiente. Pero lo que predica Pablo es todo lo contrario: Cristo crucificado. El colmo de la debilidad, el colmo de la estupidez. Ninguna universidad ha dado un doctorado “honoris causa” a Jesús crucificado; lo normal es que retiren el crucifijo. Pero ese Cristo crucificado es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Quien sienta la tentación de considerar el mensaje cristiano una doctrina muy sabia humanamente, digna de ser aceptada y admirada por todos, debe recordar la experiencia tan distinta de Pablo.

El Decálogo: tercer momento de la Historia de la salvación (1ª lectura)

Pensando especialmente en los catecúmenos la primera lectura recuerda el Decálogo. A pesar de su enorme interés, es difícil tratar las tres lecturas en la homilía. Por su estrecha relación con la Cuaresma convendría limitarse a la segunda y al evangelio.

José Luis Sicre

Garizumako 3. igandea – 3º  domingo de Cuaresma-B-José A. Pagola

(Joan 2,13-25)

ZER ERLIJIO DA GURE HAU? – ¿QUÉ RELIGIÓN ES LA NUESTRA?

Ebanjelio guztiek dakarte Jesusen keinu ausart eta probokatzaile baten berri: Jerusalemgo Tenpluan gauzatua. Segur aski ez zen izan oso handiosa. Uso-saltzaile batzuen taldea kolpatu zuen, trukatzaile batzuen mahaiak irauli eta une batzuetan jarduera eteten saiatu zen. Ezin egin izan zuen beste ezer asko gehiago.

Halere, indar profetikoz kutsatutako keinu hura izan zen Jesus atxilotzea eta presaka eraitea eragin zituena. Tenpluari eraso egitea judu-herriaren bihotzari eraso egitea zen: judu-herriaren bizitza erlijioso, sozial eta politikoaren erdiguneari. Ukiezina zen Tenplua. Han bizi zen Israel herriaren Jainkoa. Zer izango zen herriaz beren artean Tenplua ukan gabe?, nolatan biziraun zezaketen Tenplurik gabe?

Jesusentzat, ordea, oztopo eta traba handia zen hura, Jainkoaren erreinua onartu ahal izateko, berak hartzen eta hots egiten zuen bezala. Keinu hark koloka ipini zuen «leku santu» hartatik sustatzen zuten sistema ekonomiko, politiko eta erlijiosoa. Zer zen Tenplu hura?, Jainkoaren erreinuaren eta beronen zuzentasunaren zeinu ala Erromarekin lankide izatearen sinbolo?, otoitz-etxe ala nekazarien hamarrenen eta hasikinen mandio?, Jainkoaren barkazioaren santutegi ala era guztietako zuzengabekerien zuzenespen?

«Merkatu» bat zen hura. «Jainkoaren etxearen» inguruan aberastasuna metatzen zen bitartean, herrixketan bertako seme-alaben miseria haziz zihoan. Ez. Jainkoak ez zuen sekula zuzentzat emango hura bezalako erlijio bat. Behartsuen Jainkoa ezin izan zen errege Tenplu hartatik. Jainkoaren erreinua iristearekin galdua zuen Tenplu hark izateko arrazoi guztia.

Jesusen jarduerak bere jarraitzaile guztiak ipini gaitu erne eta geure buruari galde egitera behartu gaitu: zer erlijio ari gara lantzen eta eragiten geure tenpluetan. Jesusengan arnastua ez bada, bihur daiteke era «santu» bat geure burua Jainkoaren egitasmoari ixteko, Jesusek munduan sustatu nahi zuenari. Lehenengo gauza ez da erlijioa, baizik eta Jainkoaren erreinua.

Zer erlijio da gure hau?, sufritzen ari direnentzat errukia hazaraztekoa ala gure ongizatean lasai bizitzen uzten diguna?, geure probetxu propioa elikatzen duena ala mundu gizatiarrago bat egiteko lan eginarazten diguna? Juduen Tenpluaren antza baldin badu, Jesusek ez du bedeinkatuko.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

¿QUÉ RELIGIÓN ES LA NUESTRA?

Todos los evangelios se hacen eco de un gesto audaz y provocativo de Jesús dentro del recinto del Templo de Jerusalén. Probablemente no fue muy espectacular. Atropelló a un grupo de vendedores de palomas, volcó las mesas de algunos cambistas y trató de interrumpir la actividad durante algunos momentos. No pudo hacer mucho más.

Sin embargo, aquel gesto cargado de fuerza profética fue lo que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el Templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y política. El Templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. ¿Qué sería del pueblo sin su presencia entre ellos?, ¿cómo podrían sobrevivir sin el Templo?

Para Jesús, sin embargo, era el gran obstáculo para acoger el reino de Dios tal como él lo entendía y proclamaba. Su gesto ponía en cuestión el sistema económico, político y religioso sustentado desde aquel «lugar santo». ¿Qué era aquel Templo?, ¿signo del reino de Dios y su justicia o símbolo de colaboración con Roma?, ¿casa de oración o almacén de los diezmos y primicias de los campesinos?, ¿santuario del perdón de Dios o justificación de toda clase de injusticias?

Aquello era un «mercado». Mientras en el entorno de la «casa de Dios» se acumulaba la riqueza, en las aldeas crecía la miseria de sus hijos. No. Dios no legitimaría jamás una religión como aquella. El Dios de los pobres no podía reinar desde aquel Templo. Con la llegada de su reinado perdía su razón de ser.

La actuación de Jesús nos pone en guardia a todos sus seguidores y nos obliga a preguntarnos qué religión estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera «santa» de cerrarnos al proyecto de Dios que Jesús quería impulsar en el mundo. Lo primero no es la religión, sino el reino de Dios.

¿Qué religión es la nuestra?, ¿hace crecer nuestra compasión por los que sufren o nos permite vivir tranquilos en nuestro bienestar?, ¿alimenta nuestros propios intereses o nos pone a trabajar por un mundo más humano? Si se parece a la del Templo judío, Jesús no la bendeciría.

José Antonio Pagola

Domingo 3º de Cuaresma – B – Koinonía

Éxodo 20,1-17

La Ley se dio por medio de Moisés

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí.

[No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.]

No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso. Fíjate en el sábado para santificarlo.

[Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.]

Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso contra tu prójimo. No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»

Salmo responsorial: 18

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta / y es descanso del alma; / el precepto del Señor es fiel / e instruye al ignorante. R.

Los mandatos del Señor son rectos / y alegran el corazón; / la norma del Señor es límpida / y da luz a los ojos. R.

La voluntad del Señor es pura / y eternamente estable; / los mandamientos del Señor son verdaderos / y enteramente justos. R.

Más preciosos que el oro, / más que el oro fino; / más dulces que la miel / de un panal que destila. R.

1Corintios 1,22-25

Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero, para los llamados, sabiduría de Dios

Hermanos: Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados -judíos o griegos-, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Juan 2,13-25

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Comentario a los textos:

El evangelio de Juan coloca esta manifestación mesiánica de Jesús al comienzo de su

actividad pública y en el contexto de una fiesta de Pascua en Jerusalén. Para Juan es

muy importante poner a Jesús y a su comunidad en ese marco de la sucesión de las

fiestas judías. Eso lo vemos a lo largo de todo el evangelio, pues no hay ningún

acontecimiento fuera de ese marco. Juan optó por encuadrar toda la actividad pública de

Jesús en el tiempo religioso de los que su propio Evangelio define como “los judíos” (!). Al

organizar la narración en función de una serie de fiestas judías, deja entrever una

construcción ideológica y cultural rica, articulada e intencionada (hoy sabemos que las

cosas no se sucedieron así, sino que se trata de una organización literaria de la narración,

con una intención significativa).

La pascua judía es confrontada por Jesús y su comunidad discipular tres veces en el

evangelio de Juan. Es evidente el simbolismo: con Jesús irrumpe una nueva Alianza (tres

siempre simboliza el nacimiento de algo nuevo). El tiempo del Reino construye una nueva

festividad. El tiempo de las fiestas judías es contrapuesto con un tiempo inusual y

alternativo. El relato centra su interés en la dialéctica entre la estructura simbólica y

temporal del judaísmo, y una estructura nueva alternativa que se quiere afirmar e

institucionalizar.

El simbolismo de la revelación mesiánica de Jesús es sumamente resaltado en la

confrontación con el templo. El relato necesita hacerlo; al fin y al cabo, se está

construyendo y afirmando una nueva identidad. El templo de Jerusalén es el centro de las

instituciones y símbolo de la gloria y el poder de la nación judía (tanto la residente en

Palestina como la que se encuentra en la Diáspora). El evangelio emplea un símbolo

conocido para indicar la presentación mesiánica de Jesús: el “látigo con cuerdas”. Era

proverbial la frase “el látigo del Mesías” para significar la violencia que implica la irrupción

de la era mesiánica. El uso que Jesús hace del “látigo” no deja la menor duda acerca de

su identidad y del proyecto que encarna: con él arroja fuera del templo el ganado que se

vendía para los sacrificios, las ovejas y los bueyes. Sacrificios, como ovejas y bueyes, así

como sus potenciales compradores (sólo los ricos podían ofrecer este tipo de ganado en

el sacrificio) son puestos fuera del horizonte del nuevo proyecto mesiánico-profético.

Al echar todos afuera del templo con sus ovejas y sus bueyes, Jesús declara la

invalidez del culto de los potentados, del que los sacrificios constituían el momento

cumbre. Jesús no denuncia solamente, como habían hecho los profetas, «el culto que

encubre la injusticia», sino que declara infame «el culto que es en sí mismo una

injusticia», por ser medio de explotación, pero sobre todo «por ser legitimación religiosa de

la injusticia y del crimen». No propone una reforma del culto, sino su abolición.

La expulsión de los bueyes tiene que ver con la misma constitución de la sociedad

tributaria-monárquica. El primer rey de Israel se constituyó a partir del “grupo de

campesinos propietarios de bueyes”. No es de extrañar que a partir de entonces,

latifundistas, bueyes y sacrificios en el templo estén articulados en un solo proyecto, y que

se correspondan ideológica y religiosamente. Además, el dios Baal de los agricultores

cananeos se representaba con un buey. La agricultura y la ganadería necesitan su propio

dios y su propio culto. Los latifundistas fueron aliados importantes de Herodes para la

consolidación de su poder, y él, como retribución, mantuvo en forma opulenta al templo.

Así podemos entender por qué el templo estaba lleno de bueyes, si la ideología religiosa

dominante cuyo centro simbólico estaba allí era la justificación principal del sistema social

estratificado y concentrador en Palestina desde la Reforma de Josías.

La expulsión de las ovejas del templo tiene también un rico sentido simbólico. Las

ovejas son figura del pueblo, encerrado en el recinto donde está condenado al sacrificio.

Los dirigentes explotan y asesinan al pueblo –verdadera víctima del culto–, sacrifican y

destruyen al rebaño, a cuya costa viven. Jesús no se propone reformar aquella institución

religiosa propósito por cierto inútil, sino rescatar al pueblo de ella.

Todos los grupos judíos esperaban la utopía del Reino, de forma que la agitación del

primer siglo hizo a muchos pensar que la hora estaba próxima. Para los zelotas era la

hora de tomar las armas contra la ocupación romana para instaurar el reino de Dios en el

cual el templo y su personal ya no estuvieran sujetos a ningún imperio. Los saduceos no

esperaban activamente el Reino y se contentaban con mantener como mejor podían el

culto del templo con la ayuda de las autoridades romanas. Los esenios, como los zelotas,

estaban listos para tomar las armas por el Reino, pero se habían retirado al desierto en

espera del momento oportuno (kairós), considerando que el templo estaba en manos

ilegítimas. Los fariseos también consideraban que para que llegara el Reino había que

acabar con el dominio extranjero y restaurar la autonomía del templo. Sin embargo, no

entraron a ninguna guerrilla y se dedicaron a la más rigurosa observancia de la ley.

A diferencia de los grupos anteriores, la actitud de Jesús y de su comunidad

discipular es de tajante oposición al templo, lo que aparece de una manera mucho más

radicalmente –no sólo como rechazo de un culto de los poderosos– en las acciones contra

los cambistas, a quienes les desparrama las monedas, y contra los vendedores de

palomas, a quienes les ordena quitar de en medio su mercancía.

Los cambistas representaban “el sistema financiero” de la época. Todos los varones

judíos mayores de 21 años estaban obligados a pagar un tributo anual al templo, e

infinidad de donativos en dinero iban a parar al tesoro del templo. Además, en la

antigüedad, los templos, por la inmunidad que les confería su carácter sagrado, eran el

lugar elegido por los pudientes para depositar sus tesoros. El templo de Jerusalén llegó a

ser uno de los mayores bancos de la antigüedad. Pero pagar el tributo y los donativos no

se podía hacer en monedas que llevasen la efigie imperial, considerada idolátrica por los

judíos: el templo acuñaba su propia moneda y los que iban a pagar tenían que cambiar

sus monedas por las del templo. Los cambistas cobraban, naturalmente, su comisión. Al

volcar sus mesas y desparramar sus monedas, Jesús estaba atacando directamente el

tributo al templo y, con él, al sistema económico religioso dominante. El templo es para

Jesús una empresa que explota económicamente al pueblo. De hecho, el culto

proporcionaba enormes riquezas a la ciudad y a los comerciantes, sostenía a la nobleza

sacerdotal, al clero y a los empleados. La acción de Jesús toca, por tanto, un punto

neurálgico: el sistema económico e ideológico que representaba el templo en Israel.

La acción contra los vendedores de palomas es igualmente de enorme impacto

ideológico. Las palomas eran animales sacrificiales de menor importancia, pues con ellas

los pobres ofrecían sus cultos a Dios; sin embargo el hecho de que sus vendedores hayan

sido los únicos a quienes Jesús se dirige y a los que hace responsables de la corrupción

del templo, quiere hacer ver la enorme preocupación de Dios por la suerte de los pobres y

su enojo por quienes hacen negocio con su pobreza. En contraste con las dos acciones

anteriores, Jesús no ejecuta acción alguna, sino que se dirige a los vendedores mismos

acusándolos de explotar a los pobres por medio del culto, del impuesto, y del fraude de lo

sagrado.

El templo es “casa del mercado”, y allí el dios es el dinero. Al llamar a Dios mi Padre,

Jesús no lo identifica con el sistema religioso del templo. La relación con Dios no es

religiosa sino familiar, está en el ámbito de la casa familiar. La relación se desacraliza y se

familiariza. En la casa del Padre ya no puede haber comercio ni explotación, siendo casa-

familia acoge a quien necesite amor, intimidad, confianza, afecto.

Aún, Jesús da un paso más en su confrontación radical con el templo al proponerse

él mismo como santuario de Dios. Frente al poder de Herodes (cuarenta y seis años de

construcción del templo) emerge el poder del resucitado (tres días). En el Reino de Dios

no se requiere templos sino cuerpos vivos. Éstos son los santuarios de Dios, donde brilla

su presencia y su amor, si viven dignamente. Jesús no viene a continuar la línea religiosa

tradicional. Vino a proponer una humanidad restaurada a partir del principio de la ultimidad

de la vida en cuerpos que viven con dignidad. Sobre esta base es posible soñar y

construir otra manera de vivir y otra manera de creer.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 107 de la serie «Un tal Jesús», de

los hnos. López Vigil. El guión, y su comentario bíblico-teológico, pueden ser tomados de

aquí: https://radialistas.net/107-con-el-latigo-en-la-mano/

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 68,

titulado «¿Lugares sagrados», una entrevista a Jesús vuelto a la Tierra acerca de su

visión sobre el Templo. El audio, el guión y unos materiales complementarios pueden

recogerse aquí: https://radialistas.net/68-lugares-sagrados/

También se puede encontrar datos muy interesantes e ilustrativos sobre el Templo de

Jerusalén en el «clásico» libro de Joaquín Jeremías, «Jerusalén en tiempos de Jesús»,

editorial Cristiandad, Madrid 1977 (accesible en internet).

La Iglesia se aferra a las aulas ante la pérdida de fieles y reclama más dinero público para la concertada

La Conferencia Episcopal ultima la preparación de un congreso para reivindicar y “renovar” el papel de la Iglesia en la educación, su bastión de influencia ante el avance de la secularización

El 94,7% de los centros religiosos católicos son concertados, cuya financiación ha marcado un nuevo récord anual superando los 7.400 millones, un 28,5% más que hace una década

La educación es un ámbito “nuclear” para la Iglesia. Y un pilar “histórico”. Y principalmente, señala también la Conferencia Episcopal Española, “por responsabilidad eclesial”: “Porque es una misión del propio Evangelio”. Por eso la institución quiere ahora fortalecer su papel en este terreno, en el que además la mayor parte de su presencia está sostenida por fondos públicos. Del total de centros católicos que hay actualmente en España, el 94,7% son concertados, según sus propios datos. En paralelo, las personas que acuden regularmente a misa han descendido, en tan sólo un año, un 2,5%. El número de sacerdotes, un 2,8%. Y el de seminaristas, un 5,2%. Es decir, la espiritualidad pierde terreno, pero la Iglesia lo compensa ganando parte de él en la educación.

Por eso la Iglesia pretende ahora volcar ahí sus fuerzas. Y no es una idea abstracta. Este sábado se plasmará en un gran congreso en Madrid que, bajo el título La Iglesia en la Educación: presencia y compromiso, reunirá a alrededor de 1.200 personas, según ha explicado este martes la Conferencia Episcopal. “Será un punto de llegada, pero también un punto de partida“, explicó durante la presentación del evento Raquel Pérez Sanjuán, directora de la Comisión para la Educación y Cultura de la Conferencia…Leer más (Lara Carrasco-infolibre)

Grupo de curas en opción por los pobres: «Es tiempo de conversión y cambiar el rumbo, Javier»

Religión Digital

«Parece que no hay plata en Argentina para lo que debería haber, mientras que se gasta en lo que beneficia a los amigos. Parece, ¡y no nos sorprende!»

«Somos testigos de que los pobres han aumentado notable y escandalosamente desde que él es presidente … Pobres a los que se les niegan alimentos para los comedores, pobres a los que se reprime cuando protestan»

«En el contexto de la canonización de Mama Antula, usted se encontró con Francisco, a quien no se cansó de insultar, y puesto que estamos comenzando el tiempo de Cuaresma, es razonable que lo invitemos a convertirse. A usted y a los suyos»

(Ef 2:14-15) “Porque él es nuestra paz: de lo que estaba dividido hizo unidad, derribando en su carne el muro divisorio, la enemistad, anulando la Ley con sus mandamientos y sus decretos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz”

De un gobierno se espera que gobierne: de un poder ejecutivo, se espera que ejecute todo aquello que sea beneficioso para el pueblo, a la vez que del poder judicial se espera que castigue aquello que lo perjudica, y del poder legislativo que instaure leyes de vida, prosperidad y paz. Y todos, cada uno con su especificidad, en favor del pueblo. Sólo así habrá “democracia”…Leer más (Grupo de curas)