CORPUS II  (B) – Fray Marcos

(Ex 24,3-8) Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros

(Heb 9,11-15) Por eso él es el mediador de una alianza nueva.

(Mc 14,12-26) Tomó un pan, lo partió y se lo dio diciendo: comed, esto soy yo.

 Solo hacernos pan nos llevará a la plenitud. Descubrir lo que fue Jesús no es suficiente. El objetivo de la eucaristía es ser nosotros lo que él fue.

La eucaristía es el sacramento de nuestra fe. Por muy claras que tenga las ideas y por muy razonada que sea la explicación, siempre termina pesando más la postura tradicional. Pero resulta que la tradición que prevalece no es la original, sino la que se fue elaborando a través de los siglos, al tiempo que se perdía el sentido original del sacramento. ¿Alguien puede imaginarse a Pedro poniéndose de rodillas ante el trozo de pan que le ofrecía Jesús o recogiendo las migas que habían caído?

Este sacramento encierra numerosos aspectos, todos interesantes. Hoy me voy a ceñir a lo que es como sacramento. Todos los sacramentos son signos. Si no tenemos claro lo que es un signo, mal podremos entender lo que es un sacramento. En la primera mitad del siglo pasado Cassirer inventó y desarrolló una nueva definición del ser humano. Ya no se trata de ‘animal racional’ sino de ‘animal simbólico’. Este nuevo concepto no lleva a una comprensión del ser humano mucho más amplia y profunda. La racionalidad no queda abolida, pero se interpreta como insuficiente para explicara lo que es el hombre.

Esta idea puede ser muy útil para adentrarnos en una nueva manera de entender los sacramentos como signos. Signo es cualquier sonido, gesto o realidad que, a través de nuestros sentidos, provoca en nuestra mente una imagen concreta que está más allá de lo que vemos u oímos. Los signos son la única manera que tenemos los humanos de trasmitir lo que tenemos en nuestro cerebro que no coincide nunca con lo que entra por nuestros sentidos. Las realidades trascendentes no caen bajo el objeto de nuestros sentidos, por lo cual, si queremos hacerlas presentes tenemos que utilizar signos.

En la eucaristía, el signo no es el pan sino el pan partido, repartido, preparado para ser comido y el vino derramado, bebido como sangre, vida que se pone al servicio de los demás. En ambos casos, la realidad significada es el AMOR, que es Dios. Esta realidad, por ser trascendente, divina, está siempre ahí porque no está sometida al tiempo y al espacio. Ni se trae ni lleva, ni se poner ni quita. DIOS-AGAPE está invadiéndolo todo e identificándolo con Él en todo instante, pero nosotros podemos no ser conscientes de ello, por eso necesitamos los signos para tomar conciencia de esa realidad.

Dios no puede estar en uno más que en otros. Está siempre en todos de la misma manera. Somos nosotros los que podemos pasar toda la vida sin enterarnos o podemos tomar conciencia de esta realidad y vivirla. El signo lo necesitamos nosotros porque las cosas llegan a nuestro cerebro a través de los sentidos. Dios ni necesita los signos ni está condicionado por ellos. Dios no está más presente en nosotros después de comulgar que antes. Comulgamos para tomar conciencia de lo que nos desborda.

Creo que estamos en condiciones de comprender que los sacramentos ni son magia ni son milagros. La experiencia me dice lo difícil que va a ser superar la comprensión de la eucaristía como magia. Cuando celebramos una eucaristía, ni el sacerdote ni Dios hacen ningún milagro. Lo que hacemos es algo mucho más profundo, pero lo tenemos que hacer nosotros mismos. Tomar conciencia de lo que fue Jesús durante su vida mortal y comprometernos a ser nosotros lo mismo. Lo que pasa fuera de mí, lo que puedo ver u oír es solo un medio para descubrir dentro de mí, una realidad que me transciende.

Lo repito: el signo no es el pan, sino el pan partido, preparado para ser comido. Partir el pan forma parte de la esencia del signo. Jesús se hace presente en ese gesto, no en la materia del pan. Si comprendiéramos bien esto, se evitarían todos los malentendidos sobre la presencia de Jesús en la eucaristía. El pan consagrado hace siempre referencia a una ‘fracción del pan’, (celebración eucarística). Lo mismo en la copa. El signo no es la copa sino el cáliz bebido, es decir, compartido. Para los judíos la sangre era la vida. La copa derramada es la vida de Jesús (no la muerte) puesta al servicio de todos.

Debemos superar el “ex opere operato”. Ninguna celebración puede tener valor automático. Cuando me llamaron al orden, me dijeron: “Tú tienes que ser como el farmacéutico, que despacha las pastillas a los clientes sin explicarles lo que han hecho en el laboratorio”. Mi desacuerdo es absoluto. La aspirina produce su efecto en el paciente automáticamente, aunque no tenga ni idea de su composición. Pero los sacramentos son la unión de un signo con una realidad significada que no se puede dar sin una mente despierta. Sin esa conexión, el rito se queda en puro garabato.

La realidad significada es Jesús como don; es Dios-Ágape, manifestado en Jesús. La palabra hebrea que traducen al griego por soma, no significa cuerpo. En la antropología judía, el ser humano era un todo único, pero distinguían distintos aspectos: hombre carne, hombre cuerpo, hombre alma, hombre espíritu. Hombre cuerpo no hace referencia a la carne, sino a la persona sujeto de relaciones. El soma griego todavía conserva ese significado al traducirlo por “corpus”, se impuso el significado físico, distorsionando el mensaje original. Jesús no dijo: Esto en mi cuerpo sino esto soy yo.

La eucaristía resume la actitud vital de Jesús, que consistió en manifestar, amando, lo que es Dios. Como buen hijo hace siempre presente al padre. La realidad significada, por ser espiritual, no está sometida el tiempo ni al espacio. Hacemos el signo no para crearla sino para descubrirla y poder vivirla. No podemos celebrar la eucaristía sin los demás. Solo en nuestras relaciones con los demás podemos hacer presente el amor. Con demasiada frecuencia hemos convertido la eucaristía en una devoción particular en la que los otros incluso nos molestan como me han comentado alguna vez.

Jesús nunca hizo hincapié en que amaba mucho a su Abba; sino en su unidad con Él. Esa misma es la experiencia de todos los místicos. S. Juan de la Cruz: “¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste amado con amada, amada en el amado transformada!” Dios no puede hacerse presente en un lugar acotado, sencillamente porque no puede dejar de estar en todo lugar. Tampoco puede estar más presente aquí que allí. Nosotros, como seres humanos, no tememos más remedio que percibirlo en un lugar para poder tomar conciencia de su realidad.

Cuando Jesús propone el mandamiento nuevo, está hablando de las consecuencias que debía tener en nuestra vida, el amor (ágape) del Padre. El fin último de la celebración de una eucaristía, es hacer presente con los signos, este ágape que nos fundiría con Dios y nos abriría a los demás, hasta sentirlos fundidos en Dios. El hombre puede tomar conciencia de este hecho y vivirlo. El que lo descubre y lo vive descubre su verdadero ser y disfruta siéndolo. Nunca se nos ocurra pensar que dándonos a los demás, les estamos haciendo un favor. Con esa actitud de entrega, estás alcanzando tú la plenitud.

Sor Isabel se enroca: Sin mediadores y sin puentes en Belorado

Religión Digital

«Un camino que puede dejarla a ella y a sus hermanas de comunidad sin casa-convento y sin el carisma franciscano (votos incluidos) al que ella y sus hermanas han entregado su vida entera»

«¿Cómo es posible – se preguntan los que la conocen- que Sor Isabel plantease el cisma de salida, casi como primera medida de choque, y no al final de una negociación?»

«Según fuentes cercanas, Mario Iceta está dispuesto a sentarse con ellas, para hablar de tú a tú, sin condiciones previas, sin broncas ni reproches, buscando, como suele decirse en términos un tanto píos, ‘el mayor bien de las almas'»

«En Burgos esperan que todas reconsideren la decisión y se avengan, ante el arzobispo, a permanecer en el redil eclesial»

Seguramente tiene sus razones, pero como las ha explicado tan mal, nadie se las cree. Sor Isabel de la Trinidad parece que no quiere pasar a la historia de la vida contemplativa en particular y de la Iglesia en general como la ‘mala de la película’. Ni como la abadesa que, sin convocar un capítulo de su comunidad, se lanzó a la piscina sin agua del cisma y de la ruptura de la comunión eclesial. Un camino que puede dejarla a ella y a sus hermanas de comunidad sin casa-convento y sin el carisma franciscano (votos incluidos) al que ella y sus hermanas han entregado su vida entera.

Para acabar con ese personaje mediático, Sor Isabel sabe que tiene que cambiar de estrategia comunicativa. Dejar entrar en clausura a las cámaras de Ana Rosa (algunos dicen que previo paso por taquilla) sirvió a las monjas de Belorado para colocar su caso entre los hits mundiales de la comunicación, pero también las expuso, rompió las reglas de la clausura y dejó al descubierto sus débiles entretelas teológicas, susurradas por el obispo excomulgado, Pablo Rojas…Leer más (José Manuel Vidal)

Kristoren Gorputza eta Odola – B- José A. Pagola

(Marcos 14,12-16.22-26)

ESPERIENTZIA ERABAKITZAILEA- EXPERIENCIA DECISIVA

Normala denez, mezaren ospakizuna aldatuz joan da mendeetan barna. Aldien arabera, kristauek alde batzuk nabarmendu eta beste batzuk alde batera utziz jokatu izan dute. Meza esparru berezi izan da erregeen eta aita santuen koroatzeak ospatzeko, omenaldiak egiteko edota gerla-garaipenen oroitzapena ospatzeko. Musikariek kontzertu bihurtu dute. Herriek beren debozio eta ohitura erlijiosoen arteko ospakizun bihurtu dute.

Hogei menderen ondoren, premiazkoa gerta daiteke Jaunaren azken afariaren ezaugarri batzuk gogoratzea, lehen kristau-belaunaldiek gogoratzen eta bizi zutenaren arabera harturik.

Afari horren muinean bada konbentzimendu irmo bat: beraren jarraitzaileak ez dira umezurtz geldituko. Jesusen heriotzak ez du etengo berarekin inork ere duen elkartasuna. Inork ez du uste izan behar bera absente dagoenik. Beraren ikasleak ez dira bakarrik gelditu, historiako gorabeheren menpe. Eukaristia ospatzen duen kristau-elkarte ororen erdian, han dago Kristo, bizirik eta eragile. Hor dago beraren indarraren sekretua.

Eukaristia honetaz beraz elikatzen da Jesusen jarraitzaileen fedea. Ez da aski afari honetara joate hutsa. Ikasleak «jatera» gonbidatu ditu Jesusek. Jesu Kristorekin dugun geure atxikimendua elikatzeko, beharrezkoa dugu taldeka elkartzea, beraren hitzak entzun eta nork bere bihotzean txertatzeko; beharrezkoa dugu berarekin bat edo komunio egitera hurbiltzea, beraren biziera geure eginez. Beste inolako esperientziak eskaintzen ahal digu elikadura sendoagorik.

Ez genuke ahaztu behar ezen Jesusekin bat edo komunio egitea, gainerakoei erabat «emanik» bizi izan den eta hil den batekin bat edo komunio egitea dela. Horixe azpimarratu du Jesusek berak. Beraren gorputza «emana den gorputza» da eta beraren odola «odol isuria» da guztien salbaziorako. Kontraesana izango litzateke Jesusekin bat edo komunio egitera hurbildu eta, ondoren, geure probetsua ez den beste zernahiz arduratzeari uko egitea.

Ezer ez nagusiagorik eta erabakitzaileagorik, Jesusen jarraitzaileentzat, Jaunaren afari hau ospatzea baino. Horregatik artatu beharko genuke horrenbeste. Ondo ospaturik, moldeatu egiten gaitu eukaristiak, gero eta gehiago batzen gaitu Jesusekin, beronen bizitzaz elikatzen gaitu, familiartekoago bihurtzen digu ebanjelioa, anai-arreben zerbitzu-jarrera bizitzera gonbidatzen gaitu eta azkenean Jesusekin topo egingo dugun esperantzan eusten digu.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Cuerpo y Sangre de Cristo – B

(Marcos 14,12-16.22-26)

EXPERIENCIA DECISIVA

Como es natural, la celebración de la misa ha ido cambiando a lo largo de los siglos. Según la época, los cristianos han ido destacando algunos aspectos y descuidando otros. La misa ha servido de marco para celebrar coronaciones de reyes y papas, rendir homenajes o conmemorar victorias de guerra. Los músicos la han convertido en concierto. Los pueblos la han integrado en sus devociones y costumbres religiosas…

Después de veinte siglos puede ser necesario recordar alguno de los rasgos esenciales de la última cena del Señor, tal como era recordada y vivida por las primeras generaciones cristianas.

En el trasfondo de esa cena hay una convicción firme: sus seguidores no quedarán huérfanos. La muerte de Jesús no podrá romper su comunión con él. Nadie ha de sentir el vacío de su ausencia. Sus discípulos no se quedan solos, a merced de los avatares de la historia. En el centro de toda comunidad cristiana que celebra la eucaristía está Cristo vivo y operante. Aquí está el secreto de su fuerza.

De él se alimenta la fe de sus seguidores. No basta asistir a esa cena. Los discípulos son invitados a «comer». Para alimentar nuestra adhesión a Jesucristo necesitamos reunirnos a escuchar sus palabras e introducirlas en nuestro corazón; necesitamos acercarnos a comulgar con él identificándonos con su estilo de vivir. Ninguna otra experiencia nos puede ofrecer alimento más sólido.

No hemos de olvidar que «comulgar» con Jesús es comulgar con alguien que ha vivido y ha muerto «entregado» totalmente a los demás. Así insiste Jesús. Su cuerpo es un «cuerpo entregado» y su sangre es una «sangre derramada» por la salvación de todos. Es una contradicción acercarnos a «comulgar» con Jesús resistiéndonos a preocuparnos de algo que no sea nuestro propio interés.

Nada hay más central y decisivo para los seguidores de Jesús que la celebración de esta cena del Señor. Por eso hemos de cuidarla tanto. Bien celebrada, la eucaristía nos moldea, nos va uniendo a Jesús, nos alimenta con su vida, nos familiariza con el evangelio, nos invita a vivir en actitud de servicio fraterno y nos sostiene en la esperanza del reencuentro final con él.

José Antonio Pagola

Festividad del Cuerpo de Cristo-Koinonía

Éxodo 24,3-8

Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: «Haremos todo lo que dice el Señor.» Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.» Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»

Salmo responsorial: 115

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

¿Cómo pagaré al Señor / todo el bien que me ha hecho? / Alzaré la copa de la salvación, / invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor / la muerte de sus fieles. / Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; / rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, / invocando tu nombre, Señor. / Cumpliré al Señor mis votos / en presencia de todo el pueblo. R.

Hebreos 9,11-15

La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia

Hermanos: Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

Marcos 14,12-16.22-26

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

Situada entre dos mares, con sus dos puertos, la ciudad de Corinto era el centro más importante del archipiélago griego, encrucijada de culturas y razas, a mitad de camino entre Oriente y Occidente. (No deje de verla, a vista de satélite y a vista de pie de calle, desde su ordenador/computador, o desde su móvil, a través de Google Maps o Google Earth. Vea también el actual Canal de Corinto que une esos dos mares… Vea el centro de la ciudad por la que Pablo y la comunidad de Corinto caminaron en su tiempo; aquí: https://tinyurl.com/yxk3gmbs )

Su población estaba compuesta por doscientos mil hombres libres y cuatrocientos mil esclavos. Dicen que Corinto tenía ocho kms. de recinto amurallado, veintitrés templos, cinco supermercados, una plaza central y dos teatros, uno de ellos capaz para veintidós mil espectadores. En Corinto se daban cita los vicios típicos de los grandes puertos. La ociosidad de los marineros y la afluencia de turistas, llegados de todas partes, la habían convertido en una especie de capital de «Las Vegas» del Mundo Mediterráneo. «Vivir como un corintio» era sinónimo de depravación; «corintia» era el término universalmente empleado para designar a las prostitutas, y ya puede uno imaginarse lo que significaba «corintizar», o «corintear»…

En Corinto, cuya población era muy heterogénea (griegos, romanos, judíos y orientales) se veneraba a todos los dioses del “Pan-teón” griego. Sobre todos ellos, a Afrodita, cuyo templo estaba asistido por mil prostitutas.

Hacia el año 50 de nuestra era llegó a esta ciudad Pablo de Tarso. Tras predicar el Evangelio fundó una comunidad cristiana. Durante dieciocho meses permaneció como animador de la misma. Sus feligreses pertenecían a las clases populares (pobres y esclavos), pero también los había de entre la gente notable, por su cultura y por su dinero. Nació así una de las comunidades cristianas primitivas más conflictivas.

Cuando Pablo, por impulso de su vocación misionero, se marchó de Corinto, se declaró en su seno una verdadera lucha de clases que se manifestaba vergonzosamente en la celebración de la Eucaristía. Aquellos nuevos cristianos, ricos y pobres, libres y esclavos, convivían, pero no compartían; eran insolidarios. A la hora de celebrar la Eucaristía (por aquel entonces se trataba simplemente de la “fracción del pan?, comer juntos recordando a Jesús) se reunían todos, pero cada uno formaba un grupo con los de su clase social, de modo que «mientras unos pasaban hambre, los otros se emborrachaban» (1Cor 11,17ss).

Desde Éfeso, Pablo les dirigió una dura carta, para recordarles qué era aquello de la Eucaristía, lo que Jesús hizo la noche antes de ser entregado a la muerte, cuando, «mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo…».

Sería malentender a Jesús que lo que estaba haciendo era mandar ir a misa y comulgar, un rito que en nada complica la vida. Rito que no sirve para nada si, antes de misa, no se toma el pan -símbolo de nuestra persona, nuestros bienes, nuestra vida entera- y se parte, como Jesús, para repartirlo y compartirlo con los que son nuestros prójimos cotidianos.

Habrá que recuperar el significado profundo del rito que Jesús realiza. «La sangre que se derrama por ustedes» significa la muerte violenta que Jesús habría de padecer como expresión de su amor al ser humano; «beber de la copa» lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él a dar la vida, si fuese necesario, por los otros. Y esto es lo que se expresa en la eucaristía; ésta es una “nueva alianza?, un compromiso de amor a los demás hasta la muerte. Quien no entiende así la eucaristía, se ha quedado en un puro rito que no sirve.

Una mala interpretación de las palabras de Jesús ha identificado el pan con su cuerpo y el vino con su sangre, llegándose a hablar del milagro de la «transustanciación o conversión del pan en el cuerpo y del vino en la sangre de Cristo». Los teólogos, por lo demás, se las ven y se las desean para explicar este misterio. Como si esto fuera lo importante de aquel rito inicial. El significado de aquellas palabras es bien diferente: «En la cena, Jesús ofrece el pan («tomad) y explica que es su cuerpo. En la cultura judía «cuerpo» (en griego soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida; él mismo da la fuerza para ello, al hacer pan/alimento. El efecto que produce el pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos. El evangelista no indica que los discípulos coman el pan, pues todavía no se han asimilado a Jesús, no han digerido su forma de ser y de vivir, haciéndola vida de sus vidas. Al contrario que el pan, Jesús da la copa sin decir nada y, en cambio, se afirma explícitamente que «todos bebieron de ella». Después de darla a beber, Jesús dice que «ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos». La sangre que se derrama significa la muerte violenta o, mejor, la persona en cuanto sufre tal género de muerte. «Beber de la copa» significa, por tanto, aceptar la muerte de Jesús y comprometerse, como él, a no desistir de la actividad salvadora (representada por el pan) por temor ni siquiera a la muerte. «Comer el pan» y «beber la copa» son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado de la eucaristía. Tal vez nosotros la hayamos reducido al misterio –por lo demás bastante difícil de entender y explicar– de la conversión del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.

«Mi Cuerpo es Comida»

Mis manos, esas manos y Tus manos

hacemos este Gesto, compartida

la mesa y el destino, como hermanos.

Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,

iremos aprendiendo a ser la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.

El pan que ellos no tienen nos convoca

a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,

marchamos hacia el Reino haciendo Historia,

fraterna y subversiva Eucaristía.

                                         (Pedro Casaldáliga)

 

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. CICLO B-José Luis Sicre

Esta fiesta surge bastante tarde, en 1334, y fue el Papa Juan XII quien la instituyó. Quizá pretendía (como ocurrió con la del Corpus) contrarrestar a grupos heréticos que negaban la divinidad de Jesús o la del Espíritu Santo. Cambiando el orden de las lecturas subrayo la relación especial de cada una de ellas con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Dios Padre (Deuteronomio 4, 32-34. 39-40)

Como es lógico, un texto del Deuteronomio, escrito varios siglos antes de Jesús, no puede hablar de la Trinidad, se limita a hablar de Dios. Su autor pretende inculcar en los israelitas tres actitudes:

1) Admiración ante lo que el Señor ha hecho por ellos, revelándose en el Sinaí y liberándolos previamente de la esclavitud egipcia.

2) Reconocimiento de que Yahvé es el único Dios, no hay otro; cosa que parece normal en un mundo como el nuestro, con tres grandes religiones monoteístas, pero que suponía una gran novedad en aquel tiempo. Este mensaje sigue siendo de enorme actualidad, ya que todos corremos el peligro de crearnos falsos dioses (poder, dinero, etc.).

3) Fidelidad a sus preceptos, que no son una carga insoportable, sino el único modo de conseguir la felicidad.

Dios Hijo (Mateo 28, 16-20)

El texto del evangelio, el más claro de todo el Nuevo Testamento en la formulación de la Trinidad, pero al mismo tiempo pone de especial relieve la importancia de Jesús.

A lo largo de su evangelio, Mateo ha presentado a Jesús como el nuevo Moisés, muy superior a él. El contraste más fuerte se advierte comparando el final de Moisés y el de Jesús. Moisés muere solo, en lo alto del monte, y el autor del Deuteronomio entona su elogio fúnebre: no ha habido otro profeta como Moisés, «con quien el Señor trataba cara a cara, ni semejante a él en los signos y prodigios…». Pero ha muerto, y lo único que pueden hacer los israelitas es llorarlo durante treinta días.

Jesús, en cambio, precisamente después de su muerte es cuando adquiere pleno poder en cielo y tierra, y puede garantizar a los discípulos que estará con ellos hasta el fin del mundo. A diferencia de los israelitas, los discípulos no tienen que llorar a Jesús sino lanzarse a la misión para hacer nuevos discípulos de todo el mundo. ¿Cómo se lleva a cabo esta tarea? Bautizando y enseñando. Bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo equivale a consagrar a esa persona a la Trinidad. Igual que al poner nuestro nombre en un libro indicamos que es nuestro, al bautizar en el nombre de la Trinidad indicamos que esa persona le pertenece por completo.

En la primera lectura, Dios exigía a los israelitas: «guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo»; en el evangelio, Jesús subraya la importancia de «guardar todo lo que os he mandado».

Dios Espíritu Santo (Romanos 8, 14-17)

La formulación no es tan clara como en el evangelio, pero Pablo menciona expresamente al Espíritu de Dios, al Padre, y a Cristo. No lo hace de forma abstracta, como la teología posterior, sino poniendo de relieve la relación de cada una de las tres personas con nosotros.

Lo que se subraya del Padre no es que sea Padre de Jesús, sino Padre de cada uno de nosotros, porque nos adopta como hijos.

Lo que se dice del Espíritu Santo no es que «procede del Padre y del Hijo por generación intelectual», sino que nos libra del miedo a Dios, de sentirnos ante él como esclavos, y nos hace gritarle con entusiasmo: «Abba» (papá).

Y del Hijo no se exalta su relación con el Padre y el Espíritu, sino su relación con nosotros: «coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados».

Reflexión final

La fiesta de la Trinidad provoca en muchos cristianos la sensación de enfrentarse a un misterio insoluble, no es la que más atrae del calendario litúrgico. Sin embargo, cuando se escuchan estas tres lecturas la perspectiva cambia.

El Deuteronomio nos invita a recordar los beneficios de Dios, empezando por el más grande de todos: su revelación como único Dios. (Esto no debemos interpretarlo como una condena o infravaloración de otras religiones).

El evangelio nos recuerda el bautismo, por el que pasamos a pertenecer a Dios.

La carta a los Romanos nos ofrece una visión mucho más personal y humana de la Trinidad.

Finalmente, las tres lecturas insisten en el compromiso personal con estas verdades. La Trinidad no es solo un misterio que se estudia en el catecismo o la Facultad de Teología. Implica observar lo que Jesús nos ha enseñado, y unirnos a él en el sufrimiento y la gloria.

José Luis Sicre

Elecciones europeas: manual de instrucciones

Atrio

Entre el 6 y el 9 de junio, se celebran unas elecciones europeas que se anuncian como cruciales. Según el Eurobarómetro, un 70% de los ciudadanos de la Unión Europea (UE) está interesado en los comicios. En 2019 eran un 10% menos. Finalmente, la participación real fue del 51%, pero todo apunta a que esta vez la abstención será la más baja de la historia. Aquí acaban las buenas noticias.

      No quiero parecer demasiado pesimista, pero la situación es la que es. La media de todos los sondeos existentes hasta la fecha que ofrece Politico no deja demasiado margen a la esperanza. En resumidas cuentas, no solo no hay cambios positivos a la vista, sino que incluso está en entredicho el mantenimiento del statu quo.

      Los pronósticos apuntan a que todos los partidos progresistas perderán escaños: el Partido Socialista Europeo (PSE), casi una decena; el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea (GUE/NGL), 5; los Verdes, la friolera de 27. Los liberales de Renew Europe (RE) bajarían también (-14 diputados), mientras la derecha tendría el viento en popa. El Partido Popular Europeo (PPE) repetiría los resultados de hace un lustro; Identidad y Democracia (ID, el grupo de Marine Le Pen, Matteo Salvini, Geert Wilders y Alternativa para Alemania) podría ganar una veintena de escaños, y los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR, la formación de Giorgia Meloni, Santiago Abascal y los polacos de Ley y Justicia), más de una decena…Leer más…

    

Monseñor Iceta, obligado a dialogar con las clarisas de Belorado y convencerlas de quedarse en la Iglesia

Religión Digital

«Sor Isabel no quería ni podía resignarse a perder el mando de una abadía que había ayudado a refundar hace unos 15 años, tras salir del convento de Lerma, que acababa de elegir abadesa a Sor Verónica Berzosa, su rival»

«Sólo le quedaba, para triunfar como Verónica, ampliar el ‘negociado’ y refundar un nuevo convento. Y se fijó en el de las clarisas de Orduña, que estaba en las últimas»

«Pablo de Rojas le ofreció los argumentos teológicos que le permitían salvar la cara a nivel doctrinal y la convenció para que abandonase la Iglesia católica conciliar (como él llama a la Iglesia católica romana) y se pasase a su Pía Unión, sin renunciar a su fe»

«Si son excomulgadas, tienen que dejar el convento, buscar acomodo en algún lugar que pueda proporcionarle su nuevo ‘jefe’ y renegar de los votos solemnes, a los que juraron ser fieles de por vida. Desahuciadas, sin casa y sin votos»

Ni un inmueble (por muy caro que sea) ni una profunda crisis de fe, que parece enterrar 40 años de vida espiritual contemplativa, ni las malas relaciones con el arzobispo de Burgos. La causa profunda y fundamental del cisma de Belorado parece estar en el ego desmedido de su abadesa, Sor Isabel de la Trinidad, y en su influencia autoritaria sobre la mayoría de sus ‘hermanas’ de comunidad…Leer más (José Manuel Vidal)…

TRINIDAD   (B) – Fray Marcos

(Dt 4,32-40) El Señor es el único Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra.

(Rom 8,14-17) Habéis recibido un Espíritu de hijos que hace gritar Abba.

(Mt 28,16-20) Bautizarlos en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

DIOS está más allá de ser 1 y de ser 3. No es nada de lo que es. Es fuente de todo lo que es. Lo que decimos de Él es absurdo, incluido lo que acabo de decir.

Es verdad que la Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero, en realidad, es el hombre el que está fabricando a cada instante un Dios a su medida. Es verdad que nunca podremos llegar a un concepto adecuado de lo que es Dios, pero no es menos cierto que muchas ideas de Dios pueden y deben ser superadas. Si ha cambiado nuestro conocimiento del mundo y del hombre, será lógico que cambie nuestra idea de Dios, dejando paso a un Dios-Espíritu, cada vez menos cosificado.

Decir que la Trinidad es un dogma o un misterio, no hace más comprensible la formulación trinitaria. La verdad es que hoy no nos dice casi nada, y menos aún las explicaciones que se han dado a través de los siglos. Todas las teologías surgieron de una elaboración racional que siempre se hace desde una filosofía, determinada por un tiempo y una cultura. También la primitiva teología cristiana se desarrolló en el marco de una cultura y una filosofía, la griega, que ninguno de nosotros entiende hoy.

Cada día se nos hace más difícil la comprensión del misterio, entre otras cosas porque no sabemos qué querían decir los que elaboraron el dogma. Aplicar hoy a las tres personas de la Trinidad la clásica definición de Boecio “individua sustantia, racionalis naturae”, es ridículo. No podemos aplicar a Dios la individualidad y la racionalidad propia del hombre. Dios no es un individuo, ni una sustancia ni naturaleza racional.

La dificultad para hablar de Dios como tres personas, la encontra­mos en el mismo concepto de persona, que ha experimentado sucesivos cambios de sentido a través de la historia. Desde el «prosopon» griego, que era la máscara que se ponían en el teatro para que “resonara” la voz; pasando a significar el personaje que se representaba; al final terminó significando el individuo físico. El sentido moderno de persona, es el de yo individual, conciencia subjetiva, el núcleo íntimo del ser humano.

En la raíz del significado está la limitación. Existe la persona porque existe la diferencia y la separación. Esto es imposible aplicárselo a Dios. En los últimos años se está hablando del ámbito transpersonal. Creo que va a ser uno de los temas más apasionantes de los próximos decenios. Si el hombre está anhelando lo transpersonal, es ridículo seguir encasillando a Dios en un concepto personal, que supone la límites.

Siempre que nos atrevemos a decir “Dios es…,” estamos expresando una idea, es decir, un ídolo. Ídolo no es solamente una escultura de dios. También es un ídolo cualquier concepto que le aplicamos. El ateo sincero está más cerca del verdadero Dios que los teólogos que creen haberlo atrapado en conceptos. Dios no es nada que podemos nombrar. El “soy el que soy” del AT, tiene más miga de lo que parece. Dios es solo verbo, pero un verbo que no se conjuga, porque no tiene tiempos ni modos.

Dios no se identifica con la creación, pero tampoco es nada separado de ella. De la misma manera que no podemos imaginar la Vida como algo separado del ser que está vivo, no podemos imaginar lo divino separado de todo ser creado que, por el mero hecho de existir, está traspasado de Dios. Tampoco podemos decir que está donde actúa, porque no puede actuar de manera causal a semejanza de las criaturas. La acción de Dios no podemos percibirla por los sentidos ni ser objeto de ciencia.

El Dios de Jesús no es el Dios de los buenos, de los piadosos, de los religiosos ni de los sabios, es también el Dios de los excluidos y marginados, de los enfermos y tarados; incluso de los irreligiosos inmorales y ateos. El evangelio no puede ser más claro: “las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios”. El Dios de Jesús no nos interesa porque no aporta nada a los “buenos” que ya lo tienen todo. En cambio, llena de esperanza a los “malos” que se sienten perdidos. «No tienen necesidad de médico los sanos si no los enfermos».

 Para nosotros, es sobre todo la experiencia que Jesús tuvo de su Abba, lo que nos debe orientar en nuestra búsqueda. Jesús no se propuso inventar una nueva religión ni un nuevo Dios. Lo que intentó fue purificar la idea de Dios que tenía el pueblo judío en su época. Ese esfuerzo le costó la vida. Jesús en todo momento quiere dejar claro que su Dios es el mismo del AT. Eso sí, tan purificado y limpio de adherencias idolátricas, que da la impresión de ser una realidad completamente distinta.

La forma en que Jesús habla de Dios como amor, se inspira directamente en su experiencia personal. Naturalmen­te esa vivencia no hubiera sido posible sin hacer suyo el bagaje religioso heredado de la tradición bíblica. En ella se encuentran ya claros chispazos de lo que iba ser la revelación de Jesús. La experiencia básica de Jesús fue la presencia de Dios en su propio ser. Descubrió que Dios lo era todo para él y decidió corresponder siendo él mismo todo para los demás. Al llamar a Dios «Abba» abre un horizonte completamente nuevo en las relaciones con el absoluto.

La base de toda experiencia religiosa reside en la condición de criaturas. El hombre se descubre sustentado por la permanente acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo, demuestra que no se da a sí mismo la existencia, por lo tanto, es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible la existencia. El reconoci­miento de nuestra limitación, es el camino para llegar a la experiencia de Dios. Él es el único y sólido fundamento sin el cual, nada existe. Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrarlo. Descubrir a Dios como fundamento, es fuente de una insospechada humanidad.

Esta idea de Dios supone un salto sobre la idea del AT. Allí Dios era el Todopoderoso que hace un pacto al modo humano, y observa desde su atalaya a los hombres para ver si cumplen o no su “Alianza”, y reacciona en consecuencia. Si la cumplen, los ama y los premia, si no la cumplen, los reprueba y castiga. En Jesús Dios actúa de modo muy diferente. Él es don absoluto e incondicional. Él es agape y se da totalmente. Es el hombre el que tiene que reaccionar al descubrir lo que Dios es para él. La fidelidad de Dios es lo primero y el verdadero fundamento de una actitud humana.

Dios no puede ser un «tú» en el mismo sentido que lo es otro ser humano. Dios sería más bien la realidad que posibilita el encuentro con un tú; es decir, sería como ese tú ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano con el otro. Pero a Dios nunca se le puede experimentar directa­mente como tal tú, sin el rodeo del encuentro con un tú humano. No se trata pues, de evitar a toda costa el vocabulario teísta sino exponer con suficiente claridad el carácter analógico de todo lenguaje sobre Dios.

Manifiesto del VIII Encuentro de Redes Cristianas: «Las desigualdades: desafíos y propuestas»

Nosotras y nosotros participantes en el VIII ENCUENTRO DE REDES
CRISTIANAS que coordina a más de 100 grupos y asociaciones, sobre
“DESIGUALDADES: DESAFÍOS Y PROPUESTAS” nos hemos reunido en Madrid los
días 17, 18 y 19 de mayo para analizar y discernir sobre las diferentes
manifestaciones de desigualdad que sufren nuestra sociedad y nuestra iglesia e
impiden la construcción comunitaria.

Desigualdades socio-económicas: En 2023 el 1% de la población española acumulaba el 23% de la riqueza nacional- La causa principal de las diferencias económicas en España se encuentra en condiciones laborales, por las todavía elevadas tasas de paro y precariedad. La salida de la última crisis ha consolidado
el triunfo práctico del capitalismo neoliberal. La exclusión social y la desigualdad, características estructurales en el capitalismo, están siendo naturalizadas ante la opinión pública.

Las provocadas por las crecientes migraciones: los trabajadores migrantes sufren una desigualdad más sangrante. Se conculcan sus derechos humanos y laborales y se criminaliza a las personas y organizaciones que les brindan asistencia. El Pacto Europeo sobre Migración y Asilo supone la manifestación más clara de la deriva anti derechos de la U.E. Los procedimientos de la Ley de
Extranjería, particularmente los CIEs,se convierten en instrumentos de sufrimiento inútil. Nuestra sociedad ha normalizado que no todas las vidas humanas valen lo mismo…Leer más

Hirutasun Santu Santua-Santísima Trinidad–B – José A. Pagola

(Mateo 28,16-20)

KREDOKO FUNTSEZKOENA – LO ESENCIAL DEL CREDO

Mendetan barna, kristau-teologoek ikerketa sakonak landu dituzte Hirutasun santu-santuaz. Halere, gure egun hauetan aski kristau bizi da ulertzen ez duena zer duten ikusterik bere bizitzan irakaspen miresgarri horiek.

Ematen duenez, gaur egun Jainkoaz hitz egitean, hitz apal eta xumez hitz egin diezaguten beharra dugu: gure bihotz pobrea, nahasia eta etsia ukituko duten eta gure fede zalantzatia sendotuko duten hitzez hitz egin diezaguten beharra. Agian, gure Kredoko funtsezkoena berreskuratu beharra dugu, Kredo hori bera alaitasun berri batez bizi ahal izateko.

«Sinesten dut Jainko Aita, zeruaren eta lurraren kreatzailea». Ez gaude bakarrik geure problemen eta gatazken artean. Ez gara bizi ahazturik. Jainkoa geure «Aita» kutuna dugu. Horrela deitu ohi zion Jesusek eta horrela deitzen diogu geuk ere. Bera da gure bizitzaren jatorria eta helmuga. Guztiok maitasun hutsez kreatu gaitu, eta Aitaren bihotzez dagoke guztion esperoan mundu honetako erromesaldia bukatzean.

Jainko Aitaren izena jende askok du ahazten eta ukatzen gaur egun. Belaunaldi berriak beragandik urruntzen ari dira, eta fededunok ez dugu asmatzen geure fedea jende horri nola kutsatu; halere, Jainkoak guztioi begira jarraitzen du, maitasunez. Duda-mudaz beterik bizi bagara ere, ez genuke galdu behar Jainko honekiko, Kreatzaile eta Aita dugun honekiko, fedea, konfiantza; izan ere, orduan galdua genuke geure azken esperantza.

«Sinesten dut Jesu Kristo, Aitaren Seme bakarra, gure Jauna». Jainkoak munduari egin dion erregalu handia da. Honek adierazi digu nolakoa den Aita. Guretzat, Jesus ez da izango inoiz ere gizon bat gehiago. Berari begiratuz Aita ikusten dugu: beraren keinuetan Aitaren txera eta ulermena atzematen ditugu. Jesusengan senti dezakegu Jainkoa gizatar, hurbil eta adiskide dugula.

Jesus honek, Jainkoaren Seme kutun honek, gizon-emakume guztientzat bizitza haurridetsuagoa eta zoriontsuagoa eraikitzera eragin eta animatu gaitu. Horretarako bidea seinalatu digu, gainera: «Izan zaitezte errukitsu, zuen Aita errukitsu den bezala». Jesusez ahazten bagara, zeinek beteko du haren hutsunea?, zeinek erakutsi ahalko dizkigu haren argia eta esperantza?

«Sinesten dut Espiritu Santua, Jauna eta bizi-emailea». Jainkoaren misterio hau ez da urruneko zerbait edo norbait. Presente dago gutako bakoitzaren hondo-hondoan. Atzeman dezakegu, gure bizitza arnasten duen Espiritu delako, sufritzen ari direnengana gidatzen gaituen Maitasun delako. Espiritu hau da geure barnean dugun gauzarik hoberena.

Grazia handia da bizitzan bide egitea, Aitaren eta Semearen eta Espiritu Santuaren izenean bataiatu gisa. Ez genuke ahaztu behar.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Santísima Trinidad – B (Mateo 28,16-20)

LO ESENCIAL DEL CREDO

A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han elaborado profundos estudios sobre la Trinidad. Sin embargo, bastantes cristianos de nuestros días no logran captar qué tienen que ver con su vida esas admirables doctrinas.

Al parecer, hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras humildes y sencillas, que toquen nuestro pobre corazón, confuso y desalentado, y reconforten nuestra fe vacilante. Necesitamos, tal vez, recuperar lo esencial de nuestro Credo para aprender a vivirlo con alegría nueva.

«Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra». No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados. Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos solo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo.

Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Las nuevas generaciones se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en este Dios, Creador y Padre, pues habríamos perdido nuestra última esperanza.

«Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor». Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo.

Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?

«Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros.

Es una gracia grande caminar por la vida bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. No lo hemos de olvidar.

José Antonio Pagola