5º DOMINGO T.O.,10-02-2013, Lc 5, 1-11

Escrito por José Enrique Galarreta

Lc 5, 1-11

Seguimos haciendo una lectura del evangelio de Lucas, aunque saltando algunos pasajes. El domingo pasado veíamos a Jesús al principio de su predicación, en Nazaret. Lucas lo lleva después a Cafarnaúm donde empieza su predicación y sus curaciones. Su fama se extiende, de manera que todo el mundo acude a escucharle.

El tema de fondo es la vocación de los primeros discípulos, dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santiago y Juan. La vocación de los discípulos se refiere en los cuatro evangelios: Juan 1:35-51, Mateo 1:16-22, Marcos 1:16-20.

• Mateo y Marcos dan una versión semejante: Jesús pasa por la orilla del mar y llama, sin más, a las dos parejas de hermanos. Ellos dejan las redes y le siguen.
• Lucas lo presenta más dramático, como consecuencia del asombro por la pesca milagrosa.
• Juan no hace referencia alguna ni al mar ni a la pesca: habla solamente de llamamientos personales, directos; el orden del llamamiento es distinto, y el número de los llamados es mayor.

Esto nos indica por una parte la diversidad de fuentes utilizadas por los evangelistas, aparentemente tres. Por otra parte, el escaso interés de los evangelistas por el género estrictamente histórico. Importa, mucho más que los sucesos exactos, el significado de esos sucesos. Incluso lo que sucedió puede ser modificado si esto es conveniente para dejar más claro el significado, el mensaje. En este evangelio, por ejemplo, la abundancia de la pesca es sobre todo simbólica, y se repite en varios pasajes: indica la abundancia del Reino, contrapuesta a la pobreza de la vida sin Dios.

Lucas nos muestra el reclutamiento de los primeros discípulos en el contexto de la admiración del pecador ante el poder de Dios. Es por tanto una línea paralela a la de la vocación de Isaías. Atraídos por la santidad de Dios, a pesar del pecado, enviados por Dios. Pero esta vez no se trata de clamar anunciando los castigos futuros. Esa imagen de Dios intolerante con el pecado es ampliamente superada por Jesús. Se trata de «pescar», es decir, salvar de las aguas del pecado. No son elegidos sólo para profetas sino para salvadores, libertadores como Jesús, que es Dios-con-nosotros-Salvador.

Es claro que los tres textos por tanto dan tres «versiones» diferentes del mismo tema, la vocación del apóstol, insistiendo en los mismos aspectos: la desproporción de la misión con la pequeñez del elegido; la posibilidad de realizarlo por la fuerza de Dios.

Es claro también que los elegidos no lo son por sus méritos. Ni siquiera por sus aptitudes, por sus cualidades. Es un tema habitual en toda la Escritura. Moisés es elegido a pesar de que no sabe hablar correctamente. David es elegido siendo el pequeño, el menos importante de sus hermanos… y muchos otros casos más. El ejemplo mayor sin embargo es el mismo pueblo de Israel, el más insignificante de los pueblos, y, además, pueblo rebelde ante Dios. Todo esto se interpreta siempre así: para que veáis que no son vuestras fuerzas sino el poder de Dios que está con vosotros.

Esto podría interpretarse en el Antiguo testamento como un alarde de Yahvé. Las victorias sobre los enemigos son victorias de Dios; Israel es sólo un instrumento, patéticamente desproporcionado. Esta es sin duda una lectura adecuada del famoso Paso del Mar, en el Libro del Éxodo.

Pero esta línea es aún imperfecta y sólo llega a su madurez en el Nuevo testamento. Los discípulos no son elegidos para hacer proezas militares luchando contra otros hombres u otros pueblos. Su único enemigo es el pecado y lo es porque es el enemigo del ser humano: esa es la única batalla de Dios. Los pecadores no son enemigos, sino enfermos, víctimas del pecado.

La imagen de «pescar» tiene mucho más significado que el que nosotros percibimos desde nuestra cultura. El mar es para nosotros un elemento de la naturaleza, más bien bello aunque inmenso. Para Israel el mar y todas las aguas caudalosas siempre son imagen del caos, de la oposición a Dios, del pecado. Poner las aguas en su sitio es lo primero que hace Dios al crear, inmediatamente después de hacer la luz. Noé el justo es salvado por Dios de las aguas del diluvio, provocadas por el pecado. Moisés y el Pueblo son salvados de las aguas, del Nilo y del Mar. La última oposición a la entrada en La Tierra es el difícil (¿?) paso del Jordán, milagrosamente resuelto por el poder de Dios.

Aunque en el contexto del desierto el agua es la vida, esto se reduce a los pozos y a los manantiales. Las grandes masas de agua son el caos, el poder de lo incontrolable, el pecado del que triunfa sólo el poder de Dios.

Dios se presenta como «El que salva del Caos», en el Génesis de modo muy genérico; en el Éxodo como salvador político del pueblo y más tarde, por medio de La Ley, en la Teofanía del Sinaí. El pecado es el Caos: la palabra de Dios, los Diez Preceptos, vienen a poner orden en ese caos. Es una simbología paralela a la de la luz. El pecado es caos y oscuridad: Dios trae el orden y la luz.

En esta misma línea, cuando los evangelistas presentan a Jesús caminando sobre las aguas, calmando la tempestad, salvando a Pedro de las aguas, provocando pescas milagrosas, enlazan con toda la línea del Antiguo Testamento que acabamos de exponer y nos muestran, de manera gráfica, con imágenes más que con palabras, que ahí está el Espíritu del Señor, el mismo que puso orden en el caos primigenio, el mismo que salvó a Noé y a Moisés y al Pueblo.

Por tanto, y una vez más, lo que Jesús está anunciando es cómo es Dios; y el Dios de Jesús es otra cosa completamente distinta de lo que se había entendido. No es Dios el que castiga y condena; es el pecado el que nos castiga y nos condena. Dios no amenaza; es el pecado el que amenaza. Dios salva, Dios es el Creador, el que hace existir y vivir; el pecado es el que hace morir.

La dramática imagen de la condenación es una constatación existencial del ser humano: el ser humano puede echarse a perder, destruirse. Es el precio de la libertad. Pero Dios no es el árbitro indiferente, el notario final que certifica que se ha destruido, ni mucho menos el que condena. Dios es el que ayuda a que no pase nada de eso, el que engendra y trabaja por sacar adelante a su hijo. Ése es el Dios de Jesús.

Finalmente, existe entre muchos cristianos la idea de que los llamados al apostolado son «los apóstoles», los sacerdotes, los religiosos… Es un grave error. Todos los que siguen a Jesús son llamados por Dios para que sean creadores de humanidad como él. Esta no es una vocación especial de algunos, sino la vocación básica de todo cristiano: encendidos en la luz de Jesús para que en el mundo brille la luz de Jesús.

Esto es una invitación a ver nuestra vida cristiana de una manera «cotidiana», no «extraordinaria». No se trata de hacer cosas diferentes para ser «apóstol», ni de dedicar horas extras al apostolado, ni de pertenecer a asociaciones, meterse en actividades… que puede ser muy bueno e incluso necesario, pero sólo además. Además de la vida cotidiana, que es nuestro servicio, nuestro trabajo querido por Dios, lo que tiene valor profético. La misión de todos los cristianos es hacer visible el reino, vivir como hijos de Dios: así se anuncia la Buena Noticia.

Hay en la iglesia vocaciones de consagración exclusiva. Como los profetas, o los Apóstoles. Los sacerdotes, los religiosos… que tienen un carisma propio, una función específica en la Iglesia. Sirven para la Iglesia, para alimentar a la Iglesia, al Pueblo de Dios. Pero no son ellos «los» apóstoles, «los» profetas. La vocación de anunciar el Evangelio es de la Iglesia entera.

Lo que anuncia el Evangelio es la vida cotidiana de los cristianos. Así hemos de entender la oración, los sacramentos, la Eucaristía… como medios que nos ayudan a vivir para que nuestra vida sea apostólica, profética. Ser padre, madre, esposo, esposa, médico, albañil, maestro, estudiante…. ese es nuestro trabajo querido por Dios, y eso es nuestro apostolado. Para que lo sea, necesitamos de la Palabra de Dios, de la Oración, de la Eucaristía…. Pero estarán vacías si no sirven para que la vida cotidiana anuncie el Reino.

Aquí podemos hacer una seria consideración sobre el sentido de ser cristiano, tan común. «Ser cristiano es conocer la ley de Dios y obedecerla, y poder recibir el perdón cuando se falla, y así poder salvarse». ¡Qué empequeñecimiento del mensaje! Ser cristiano es comprometerse con Dios en la Creación y en la Salvación del ser humano.

Y otra reflexión sobre la frase tan usada: «Sacerdos, alter Christus», el sacerdote, otro Cristo. Debería decir: «El cristiano, otro Cristo». Anunciar el Reino, ser Palabra de Dios en el mundo no es trabajo de los sacerdotes, sino de los cristianos.

José Enrique Galarreta

DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS

MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com

ECLESALIA, 24/01/13.- Cuando parecía que los ánimos se habían serenado tras el revuelo que causó la aprobación del matrimonio homosexual por el Tribunal Constitucional, las incendiarias declaraciones de un obispo vuelven a abrir dolorosas heridas. Me preocupa el sempiterno debate sobre género, sexualidad, matrimonio y familia. Me preocupa y me duele por la dureza de las opiniones vertidas. Porque hay reacciones que – independientemente de qué las origina – traslucen una infinita falta de caridad y un rechazo hacia otras maneras de ser y sentir, fruto de una realidad plural y diversa. Este dolor se acentúa cuando la postura se justifica en nombre de un Dios cuyo atributo es el Amor, y su mandamiento principal el de “amar al prójimo como a uno mismo”. Leer más

Manos Unidas presenta su Campaña contra el Hambre

Soledad Suárez: «La drástica disminución de la Ayuda Oficial al Desarrollo que, en nuestro caso, supera el 20 por ciento es, sinceramente, vergonzosa, señores políticos». La presidenta de Manos Unidas, Soledad Suárez, lanzó este mediodía una dura andanada contra los recortes.

Juan G. Bedoya: “Zapatero hizo más concesiones a la Iglesia que el propio Franco”

J. F. Lamata

Religión Digital

Juan G. Bedoya es el responsable de información religiosa del diario El País. Político, intelectual, literato, periodista, Bedoya nos cuenta su visión acerca de la Iglesia española y vaticana, al tiempo que desmonta algunos mitos sobre clericales y anticlericales. “Zapatero hizo más concesiones a la Iglesia que el propio Franco”, asegura.

Usted ahora es uno de los referentes del periodismo religioso, por su trabajo actual en El País

En un momento determinado en El País la función del a información religiosa queda vacía. Yo vengo de coordinar las noches. Y me lo encargan a mí, que me sorprendió muchísimo que me encargaran religión. Leer más

5. IGANDEA URTEAN ZEHAR, EBANJELIOEN INDARRA-LA FUERZA DEL EVANGELIO

EBANJELIOAREN INDARRA

(C) Lukas 5, 1-11
2013ko otsailaren 10a

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lukas ebanjelariak Galileako aintziran gertatu den arrantzu harrigarri eta ustekabekoaren pasadizoa idatzi du, Elizari arnasa emateko, konturatu baita bere mezua aditzera emateko egin dituen ahalegin guztiek huts egin dutela. Oso argi dago esan diguna: ebanjelioaren indarrean eta erakargarritasunean ipini behar dugu geure esperantza.

Ezohiko eszena batez hasi du kontakizuna. Jesus zutik dago aintziraren ertzean, eta «jendea haren inguruan pilatzen ari da Jainkoaren Hitza entzuteko». Ez doa jendea ikusminez. Ez da hurbildu gauza miresgarriak ikusteko. Soilik, Jainkoaren Hitza entzun nahi du Jesusen ahotik.

Ez da larunbata. Jendea ez da bildu Kafarnaumeko hurbileko sinagogan, urtean barna herriari irakurri ohi zaizkion irakurgaiak entzuteko. Ez da igo Jerusalemera Tenpluko apaizei entzuteko. Jendea hartaraino erakartzen duena Jesus Profetaren Ebanjelioa da, Nazareteko herritarrek ukatua.

Ezohikoa da arrantzuaren eszena ere. Gauez, arrantzurako garairik egokienean, Pedrok eta lagunek, beren kontura lan egin dutenean, ez dute lortu inolako emaitzarik. Aldiz, egunez, haien lana norabidetzen duen Jesusen Hitzari kasu eginez sareak bota dituztenean, arrantzu ugaria lortu dute, uste zutenaren kontra.

Kristautasunak gure artean bizi duen krisialdia gero eta argiagoa bihurtzen duten datuen hondo-hondoan, bada ukaezineko gertaera bat: Eliza modu ezin gerarazian ari da galtzen duela urte batzuk zuen erakarmen- eta sinesgarritasun-ahala.

Kristauok esperimentatzen ari gara ezen gero eta txikiagoa dela belaunaldi berriei geure fedea eskualdatzeko geure ahalmena. Ez da falta izan ahaleginik eta ekimenik. Baina kontua ez datza, itxuraz, estrategia berriak asmatzean, ezta nagusiki ere.

Iritsia da unea gogoratzeko ezen Jesusen Ebanjelioak baduela guk geuk ez dugun erakartzeko indar bat. Horrenbestez, hau da galderarik funtsezkoena: erakarmena eta sinesgarritasuna galtzen ari den Elizatik «gauzak egiten» jarraitu behar al dugu ala geure indar guztia Ebanjelioa berreskuratzen ipini behar dugu, gaur egungo gizon-emakumeengan fedea sortzeko indarra hark bakarrik duela pentsatuz?

Ez ote dugu Ebanjelioa lehen mailan jarri behar? Gauzarik inportanteenak une kritiko hauetan ez dira mendeen joan-etorrian landu diren doktrinak, baizik Jesus bera eta haren bizitza. Garrantzizkoena ez da jendea gure gauzetan parte hartzera etortzea, baizik Jesusekin harremanetan jartzea. Kristau fedea esnatu, jendeak Jesusen sua aurkituko duenean bakarrik esnatuko da.

5 Tiempo ordinario (C) Lucas 5, 1-11

LA FUERZA DEL EVANGELIO

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 06/02/13.- El episodio de una pesca sorprendente e inesperada en el lago de Galilea ha sido redactado por el evangelista Lucas para infundir aliento a la Iglesia cuando experimenta que todos sus esfuerzos por comunicar su mensaje fracasan. Lo que se nos dice es muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio.

El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y «la gente se va agolpando a su alrededor para oír la Palabra de Dios». No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios.

No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.

También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la Palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.

En el trasfondo de los datos que hacen cada vez más patente la crisis del cristianismo entre nosotros, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de modo imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años.

Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias.

Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros. Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos «haciendo cosas» desde un Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy?

¿No hemos de poner el Evangelio en el primer plano de todo?. Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar en contacto con él. La fe cristiana solo se despierta cuando las personas descubren el fuego de Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Recuperar la dignidad

Quién nos protegerá de tanta indecencia. Quién nos rescatará de esta ciénaga apestosa de corrutos y corruptores. Quién destruirá las cloacas que discurren bajo la aparente normalidad democrática, política e institucional. Quién nos salvará de tanta iniquidad, quién. Solo nosotros podremos salvarnos a nosotros mismos. Nosotros, los ciudadanos de bien somos mayoría y podemos desenmascararlos, arrancarlos del mundo de privilegios que han creado a su medida. No será fácil expulsar a estos nuevos fariseos del templo, pero estoy seguro de que toda la rabia e indignación acumulada de cuantos nos sentimos afrentados y escarnecidos, logrará hacer frente a tanta rapiña, desgobierno e impunidad.

Un centenar de religiosos colombianos fueron asesinados desde 1984

La Iglesia pide confiar en el proceso de paz con las FARC.Un total de 83 sacerdotes, cinco religiosas, tres religiosos, tres seminaristas, un arzobispo y un obispo han sido asesinados en Colombia desde 1984, el último de ellos el pasado sábado, informó hoy el presidente de la Conferencia Episcopal de este país, monseñor Rubén Salazar.

«No hay justicia sin igualdad», campaña de Manos Unidas

(Manos Unidas).-La Campaña de este año, centrada en la promoción de la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer, se celebra con el lema: «No hay justicia sin igualdad«. La causa de la justicia nos apremia. Sólo el reconocimiento de la igual dignidad del hombre y la mujer nos permitirá construir un mundo más justo y el pleno desarrollo de todos.

La derecha política y la religión.

Teología sin censura
José M. Castillo, teólogo

REDES CRISTIANAS

Los sucesivos escándalos relacionados con la economía, que desde hace unos años se vienen atribuyendo a la derecha política española como presunta responsable de tales escándalos, plantean a muchos ciudadanos una pregunta inevitable y desagradable.
Si tradicionalmente la gente de derechas ha sido la gente más religiosa, ¿cómo se explica que personas vinculadas a las creencias católicas más tradicionales, sean precisamente la gente que más está dando que hablar en asuntos de extrema gravedad, asuntos relacionados con la moral, la ejemplaridad de vida, la responsabilidad en la gestión de cargos públicos, la toma de decisiones que están causando enormes sufrimientos a los más pobres y desamparados, etc, etc? Leer más

Ana María Schlüter: «Hay muchas equivalencias entre la mística cristiana y el zen»

Ana María Schlüter es una maestra zen que vive en Guadalajara. Desde el Instituto Superior de Pastoral de la Fundación Pablo VI, donde ha participado en la XXIV Semana de Teología Pastoral, nos habla de la «ceguera maligna» que padecemos en Occidente, «que nos hace pensar que sólo es verdad lo que se entiende con la cabeza, como se dice en la universidad».

«El Vaticano II anima a que promulguemos los bienes espirituales de otras religiones». La maestra zen participó en la Semana de Teología Patoral del ISP.