15-M: una victoria espiritual

Andamos de segundo aniversario del 15-M y no sabemos muy bien qué balance hacer. Una síntesis aceptable de lo conseguido sería decir que el balance material es escuálido pero el balance espiritual es notable. El 15-M no ha conseguido cosas concretas y palpables pero sí ha logrado que se hable con intensidad de cosas de las que apenas se había hablado hasta entonces. El principal triunfo del 15-M es que a estas alturas nadie puede honestamente dejar de admitir que sus promotores tenían razón. No en todo, pero sí en casi todo. No en todas sus respuestas, pero sí en todas sus preguntas. No en su medicina, pero sí en su diagnóstico.

El 15-M regresa a la Puerta del Sol dos años después

El movimiento celebra su segundo aniversario. Una democracia participativa y menos recortes son las principales reivindicaciones. Miles de personas secundan el llamamiento en España. En Madrid tres grandes marchas han partido de Atocha, Colón y el Templo de Debod para confluir en Sol.

 

Carta al Papa Francisco del Foro “Curas de Madrid”

FORO “CURAS DE MADRID”
forodecuras@gmail.com

Estimado Papa Francisco:

Somos un grupo de algo más de un centenar de sacerdotes, conocidos desde el 2007 como “Foro Curas de Madrid”, que venimos animando, desde hace bastante tiempo,  la fe y el seguimiento de Jesús en comunidades cristianas, parroquias de barrio,  movimientos populares y  sociales e instituciones  académicas. Nuestra voz va cobrando cada día mayor relevancia pública a través de gestos y documentos que, inspirados en el Evangelio, intentan reflejar periódicamente nuestra toma de postura ante el difícil proceso social y eclesial que estamos atravesando. Leer más

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR, 12-05-2013, Lucas 24, 46-53

AL TERMINAR SU VIDA HUMANA, JESÚS LLEGÓ A LA META, DIOS

Escrito por  Fray Marcos

Lc 24, 46-53

Hoy debemos tener muy presente la oración de Pablo: «Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de revelación para conocerlo; ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cual es la esperanza a la que os llama…» (Ef 1,17-23)

No pide inteligencia, sino espíritu de revelación. No pide una visión sensorial penetrante, sino que ilumine los «ojos» del corazón. El verdadero conocimiento no viene de fuera, sino de la experiencia interior. Ni teología, ni normas morales, ni ritos sirven de nada si no nos llevan a la experiencia interior y no van acompañados de una vida entregada a los demás.

Hemos llegado al final del tiempo pascual. La ascensión es una fiesta de transición que intenta recopilar todo lo que hemos celebrado desde el Viernes Santo. La mejor prueba de esto es que Lucas, que es el único que relata la ascensión, nos da dos versiones: una al final del evangelio y otra al comienzo del los Hechos. Para comprender el lenguaje que la liturgia utiliza para referirse a esta celebración, es necesario tener en cuanta la manera mítica de entender el mundo en aquella épocas y posteriores, muy distinta de la nuestra.

Desde una visión mítica, el mundo estaba dividido en tres estadios: el superior (arriba) estaba habitado por la divinidad. El del medio (el nuestro) era la realidad terrena en la que todos vivimos. El tercero (abismo) era el lugar del maligno y sus secuaces. Desde este esquema, la encarnación era concebida como una bajada del Verbo, desde la altura donde habita la divinidad a la tierra. Su misión era la salvación de todos. Por eso, después de su muerte tuvo que bajar a los infiernos (inferos) para que la salvación fuera total. Una vez que Jesús cumplió su misión salvadora, lo lógico era que volviera a su lugar de origen.

No tiene sentido seguir hablando de bajada y subida. Cambiar la mente de las personas es muy difícil. Pero si no lo intentamos, estaremos transmitiendo conceptos que la gente de hoy no puede comprender.

Una cosa fue la predicación de Jesús terreno y otra muy distinta la tarea que tiene que acometer la comunidad, después de atravesar la experiencia pascual. El telón de fondo es el mismo, el Reino de Dios, vivido y predicado, pero a los primeros cristianos les llevó tiempo. En el caso de Jesús y en el de los apóstoles, el verdadero motor es el Espíritu. Con esa misma «fuerza de lo alto», nosotros tenemos que continuar la obra de Jesús.

Resurrección, ascensión, sentarse a la derecha de Dios, envío del Espíritu son todas realidades pascuales. En todas ellas queremos expresar la misma verdad: el final de «este Hombre» Jesús, no fue la muerte sino la Vida. El misterio pascual es tan rico que no podemos abarcarlo con una sala imagen, por eso tenemos que desdoblarlo para ir analizándolo por partes y poder digerirlo. Con todo lo que venimos diciendo durante el tiempo pascual, debe estar ya muy claro que después de la muerte no pasó nada en Jesús.

Una vez muerto pasa a otro plano donde no existe tiempo ni espacio. Sin tiempo y sin espacio no puede haber sucesos. Todo «sucedió» como un chispazo que dura toda la eternidad. El don total de sí mismo es la identificación total con Dios y por tanto su total y definitiva gloria. No va más. En los discípulos sí sucedió algo. La experiencia de resurrección sí fue constatable. Sin esa experiencia que no sucedió en un momento determinado, sino que fue un proceso que duró mucho tiempo, no hubiera sido posible la religión cristiana.

Una cosa es la verdad que se quiere trasmitir y otra los conceptos y fórmulas con los que intentamos llevar a los demás nuestra verdad. No estamos celebrando un hecho que sucedió hace 2000 años. Celebramos un acontecimiento teológico que se está dando en este momento. Los tres días para la resurrección, los cuarenta días para la ascensión, los cincuenta días para la venida del Espíritu, no son tiempos cronológicos sino teológicos. Lucas, en su evangelio, pone todas las apariciones y la ascensión en el mismo día. En cambio, en los Hechos habla de cuarenta días de permanencia de Jesús con sus discípulos. Quiere decir que para él no tenía ninguna importancia el tiempo cronológico.

Ni Mateo, ni Marcos, ni Juan, ni Pablo hablan de la ascensión como fenómeno físico. Solo Lucas al final de su evangelio y al comienzo de los «Hechos», narra la ascensión como un fenómeno constatable por los sentidos.

Si, como parece probable, los dos relatos constituyeron al principio un solo libro, tendríamos que se duplicó el relato para dejar uno como final y otro como comienzo de sus dos obras. Para él, el evangelio es el relato de todo lo que hizo y enseñó Jesús; los Hechos es el relato de todo lo que hicieron los apóstoles.

Esa constatación de la acción de Dios, primero en Jesús y luego en los cristianos, es una de las claves de todo el misterio pascual y en concreto es la clave para entender la fiesta que estamos celebrando.

El cielo en todo el AT, no significa un lugar físico, sino una manera de designar la divinidad sin nombrarla. Así, unos evangelistas hablan del «Reino de los cielos» y otros del «Reino de Dios». Solo con esto, tendríamos una pista para no caer en la tentación de entenderlo materialmente. Es lamentable que se siga hablando a la gente de un lugar donde se encuentra la corte celestial. Podemos seguir diciendo «Padre nuestro que estás en los cielos». Podemos seguir diciendo que se sentó a la derecha del Padre. Pero entenderlo literalmente nos mete por un callejón sin salida.

Más pistas: Hasta el s. V no se celebró ninguna fiesta de la Ascensión. Se consideraba que la resurrección llevaba consigo la glorificación. Ya hemos dicho que en los primeros indicios escritos que han llegado hasta nosotros de la cristología pascual, está expresada como «exaltación y glorificación». Antes de hablar de resurrección se habló de glorificación. Esto podía explicar la manera de hablar de ella en Lucas. Lo importante de todo el mensaje pascual es que el mismo Jesús que vivió con los discípulos, es el que llegó a lo más alto. Llegó a la meta. Alcanzó su plenitud que consiste en identificarse totalmente con Dios.

La Ascensión no es más que un aspecto del misterio pascual. Se trata de descubrir que la posesión de la Vida por parte de Jesús es total. Participa de la misma Vida de Dios y por lo tanto, está en lo más alto del «cielo». Las palabras son apuntes para que nosotros podamos entendernos. Hoy tenemos otro ejemplo de cómo, intentando explicar una realidad espiritual, la complicamos más. Resucitar no es volver a la vida biológica sino volver al Padre. «Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre».

Nuestra meta, como la de Jesús, es ascender hasta lo más alto, el Padre. Pero teniendo en cuenta que nuestro punto de partida es también, como en el caso de Jesús, el mismo Dios. No se trata de movimiento alguno, sino de toma de conciencia. Esa ascensión no puedo hacerla a costa de los demás, sino sirviendo a todos. Pasando por encima de los demás, no asciendo sino que desciendo. Como Jesús, la única manera de alcanzar la meta es descendiendo hasta lo más hondo. El que más bajó, es el que más alto ha subido.

El entender la subida como física es una trampa muy atrayente. Los dirigentes judíos prefirieron un Jesús muerto. Nosotros preferimos un Jesús en el cielo. En ambos casos sería una estratagema para quitarlo de en medio. Descubrirlo dentro de mí y en los demás, como nos decía el domingo pasado, sería demasiado exigente. Mucho más cómodo es seguir mirando al cielo… y no sentirnos implicados en lo que está pasando a nuestro alrededor.

En el corto relato que hemos leído hoy, se encuentran todos los elementos que hemos venido manejando en el tiempo pascual:

• la identificación de Jesús;
• la alusión a la Escritura;
• la necesidad de Espíritu;
• la obligación de ser testigos;
• la conexión de la vivencia con la misión de extender el Reino.

Se contrapone la Escritura que funcionó hasta aquel momento y el Espíritu que funcionará en adelante. Recordemos que al inicio de su vida pública, Jesús fue ungido por el Espíritu Santo para llevar a cabo su obra. Los discípulos también tienen que ser revestidos de la fuerza de lo alto para llevar a cabo la suya.

Meditación-contemplación

«Os revestirán de la fuerza de lo alto».

Este es el cambio que percibieron los apóstoles en la experiencia pascual.

Una nueva energía vital que les inunda y les transforma.

Es el «nacer de nuevo» que Jesús había propuesto a Nicodemo.

………………..

Esa energía tiene que iluminar todo mi ser.

Como una lámpara se transforma en luz cuando la atraviesa la corriente,

así mi ser se iluminará cuando conecte con lo divino.

Esa iluminación es el objetivo último de todo ser humano.

…………………

No se trata de un mayor «conocimiento» intelectual.

No es la mente la que debe iluminarse, sino el «corazón».

Aquí está la verdadera batalla,

sobre todo, para nosotros los occidentales cartesianos.

……………….

Prefacio:

Porque en esta fiesta de la ascensión

celebramos la ausencia definitiva de Jesús,

y la conciencia de que sigue con nosotros.

Su plenitud en Dios

no le impide seguir con nosotros

dándonos su fuerza por medio de su Espíritu.

Por eso….

Fray Marcos

 

LOS RELATOS DE LA ASCENSIÓN Y SU INTERPRETACIÓN

FE ADULTA
Convendría consultar previamente los comentarios sobre la Ascensión incluidos con las LECTURAS: (Al final texto de hoy)

Nuestra mentalidad tiende inmediatamente a preguntarse ¿qué sucedió? Queremos ante todo saber dónde tuvo lugar este suceso, cuándo sucedió, y qué sucedió exactamente. Y esto es una mala postura previa para la lectura de cualquier texto. La pregunta correcta es «¿qué nos quiere decir el autor?» con este relato. Mirándolo desde este punto de vista, los textos son fuertemente coincidentes, mientras que desde nuestra curiosidad por el mero suceso parecen fuertemente divergentes. Leer más

JAUNAREN IGOKUNDEA-LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR, 2013ko maiatzaren 12a

JESUSEN BEDEINKAZIOA
Lk. 24, 46-53

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Azken tartetxoa bizi du Jesusek bereekin. Laster utziko ditu, Aitaren misterioan behin betiko sartzeko. Ordudanik ezin izango da haien bidelagun munduko bideetan, Galilean izan den bezala. Inork ez du ordeztuko Jesusen presentzia.

Pentsamendu bakarra du Jesusek: irits dadila herri guztietara Jainkoaren barkazioaren eta errukiaren mezua; entzun dezatela guztiek konbertsiorako haren deia; ez dadila bizi inor esperantzarik gabe. Guztiek jakin behar dute Jainkoak mugarik gabe ulertzen eta maite dituela bere seme-alabak. Nork hots egin dezake, ordea, Berri On hau?

Lukasek dakarrenez, Jesusek ez du buruan ez gotzainik, ez apaizik. Ezta doktorerik edo teologorik ere. Lurrean «lekukoak» utzi nahi ditu. Hau dute lehen egitekoa: «zuek zarete gauza hauen lekuko». Jesusen lekuko horiek izango dira Jainko on baten esperientzia aditzera emango dutenak, Jesusen biziera kutsatuko dutenak, gizatasun handiagoko mundu baten alde lan eginez.

Alabaina ondotxo ezagutzen ditu Jesusek bere ikasleak. Ahulak dira eta koldarrak. Non aurkituko dute ausardia lekukoko izateko?; hain juxtu, Inperioaren ordezkariak eta Tenpluko buruzagiek gurutzean josi duten baten lekuko izateko? Jesusek berak lasaitu ditu: «Aitak hitzeman duena bidaliko dizuet nik». Ez dute izango «goitiko indarraren» faltarik. Jainkoaren Espiritua izango dute babesle.

Jesusen gogoa grafikoki adierazteko, era harrigarrian deskribatu du Lukasek Jesusek mundu hau uzteko modua: hain zuzen, Aitagana jiratu da Jesus eskuak goratuz eta ikasleak bedeinkatuz. Bere azken keinua du. Jainkoaren ezin atzemaneko misterioan murgildu da Jesus eta haren bedeinkazioa jaitsi da mundura.

Kristauok ahaztu egin dugu Jesusen bedeinkazioaren eroale garela. Geure lehen egitekoa Jainkoaren Onberatasunaren lekuko izatea da. Esperantzari bizirik eustea. Etsi egin dugu gaitzaren aurrean. «Infernu madarikatua» dela ematen duen mundu hau, ordea, ez dago galdurik. Samurkiro eta errukibera begiratzen dio Jainkoak.

Posible da gaur egun ere ongiaren bila ibiltzea, on egitea, ongia hedatzea.Posible da gizatasun handiagoko mundu baten alde lan egitea, biziera jatorrago baten bila ibiltzea. Izan gintezke solidarioago eta geurekoikeria txikiagoko jende. Baita soilago ere eta diruaren esklabo txikiago. Ekonomi krisialdiak berak eragiten ahal digu hain ustela ez den gizarte bat bilatzera.

Jesusen Elizan ahaztu egin dugu lehenengo gauza «onberatasunaren pastoraltza» eragitea dela. Bere bizitza onberatasun-keinuak eta –hitzak ereinez igaro zuen Jesus horren lekuko eta profeta behar dugu izan. Jesusek berak horrela iratzarri zuen Galileako jendeagan Jainko Salbatzaile batekiko esperantza. Bedeinkazioa da Jesus; jendeari ezagutzera eman beharra dugu.

Ascensión del Señor (C) Lucas 24, 46-53

LA BENDICIÓN DE JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 08/05/13.- Son los últimos momentos de Jesús con los suyos. Enseguida los dejará para entrar definitivamente en el misterio del Padre. Ya no los podrá acompañar por los caminos del mundo como lo ha hecho en Galilea. Su presencia no podrá ser sustituida por nadie.

Jesús solo piensa en que llegue a todos los pueblos el anuncio del perdón y la misericordia de Dios. Que todos escuchen su llamada a la conversión. Nadie ha de sentirse perdido. Nadie ha de vivir sin esperanza. Todos han de saber que Dios comprende y ama a sus hijos e hijas sin fin. ¿Quién podrá anunciar esta Buena Noticia?

Según el relato de Lucas, Jesús no piensa en sacerdotes ni obispos. Tampoco en doctores o teólogos. Quiere dejar en la tierra “testigos”. Esto es lo primero: “vosotros sois testigos de estas cosas”. Serán los testigos de Jesús los que comunicarán su experiencia de un Dios bueno y contagiarán su estilo de vida trabajando por un mundo más humano.

Pero Jesús conoce bien a sus discípulos. Son débiles y cobardes. ¿Dónde encontrarán la audacia para ser testigos de alguien que ha sido crucificado por el representante del Imperio y los dirigentes del Templo? Jesús los tranquiliza: “Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido”. No les va a faltar la “fuerza de lo alto”. El Espíritu de Dios los defenderá.

Para expresar gráficamente el deseo de Jesús, el evangelista Lucas describe su partida de este mundo de manera sorprendente: Jesús vuelve al Padre levantando sus manos y bendiciendo a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús entra en el misterio insondable de Dios y sobre el mundo desciende su bendición.

A los cristianos se nos ha olvidado que somos portadores de la bendición de Jesús. Nuestra primera tarea es ser testigos de la Bondad de Dios. Mantener viva la esperanza. No rendirnos ante el mal. Este mundo que parece un “infierno maldito” no está perdido. Dios lo mira con ternura y compasión.

También hoy es posible buscar el bien, hacer el bien, difundir el bien. Es posible trabajar por un mundo más humano y un estilo de vida más sano. Podemos ser más solidarios y menos egoístas. Más austeros y menos esclavos del dinero. La misma crisis económica nos puede empujar a buscar una sociedad menos corrupta.

En la Iglesia de Jesús hemos olvidado que lo primero es promover una “pastoral de la bondad”. Nos hemos de sentir testigos y profetas de ese Jesús que pasó su vida sembrando gestos y palabras de bondad. Así despertó en las gentes de Galilea la esperanza en un Dios Salvador. Jesús es una bendición y la gente lo tiene que conocer. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Francisco ante el Desafío del Pluralismo

Jorge Costadoat, SJ
Profesor de teología PUC y Centro Manuel Larraín

Reflexión y Liberación
(Religión Digital)

No sabemos aún qué sentido tendrá la reforma de la Curia Romana. Está claro que esta es la tarea que los cardenales han dado al Papa Francisco. Pues hay dos maneras de entender los cambios que se deben hacer: se reformará la Curia para que mejore el cumplimiento de su misión o se cambiará su misión, para lo cual se requerirá una Curia muy distinta. En este caso y en aquel, la relación que quiera establecer el nuevo Papa entre la fe y la cultura será decisiva. Leer más

La insensibilidad moral de la Iglesia católica

Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Público

No existe plena conciencia en España del enorme conservadurismo de las máximas autoridades eclesiásticas de la Iglesia Católica en nuestro país, resultado de su histórica alianza con las fuerzas ultraconservadoras que han dominado al Estado español en los últimos setenta y cinco años. Y quisiera aclarar que cuando hablo de la  jerarquía española, incluyo también a  la catalana y a la vasca que, aún siendo más sensibles hacia el carácter plurinacional del Estado español, continúan siendo insensibles hacia el bienestar social de las clases populares, limitando su acción a la labor asistencial de carácter caritativo, la cual, sin desmerecer su valor para sectores muy vulnerables de la población, no afecta al bienestar general de la mayoría de la población, seriamente afectada por las políticas públicas de austeridad del gasto público del Estado español (tanto el central como las CCAA). Leer más

Faus: «Yo, pecador, me confieso»

(J. Ignacio González Faus, en «Herejías del catolicismo actual» -Trotta-).- Es hora de terminar. Este libro no ha pretendido ser una acusación sino una confesión. Pero sí puedo decir que este libro tiene bastante de autobiográfico. Es, en cierto modo, una historia de mi fe: de las deformaciones que he ido descubriendo a lo largo de los días en mi carne creyente y que he intentado corregir. Por mi profesión, he tenido la inmensa suerte de mantener un contacto constante y continuado con la tradición cristiana y sus fuentes, y creo que ello me permitió recobrar el auténtico sentido de muchas verdades de mi fe. Así ha resultado casi una especie de «pequeño catecismo» un libro sobre la identidad del Dios revelado en Jesucristo, sobre la identidad del seguimiento de Jesús y sobre la identidad a la que está llamada la Iglesia. Una reflexión sobre la identidad cristiana más que una lista de denuncias.