24 de NOVIEMBRE de 2013, JESUS PUNTO DE ENCUENTRO, Fray Marcos

JESÚS, PUNTO DE ENCUENTRO

Escrito por  José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Lc 23, 35-43

La acción se sitúa en el calvario. Jesús está en la cruz, y Lucas subraya el aspecto más hiriente de su muerte: a los ojos de todos, esta es la demostración de que «no era este», es un impostor.

Si él hubiera sido el Mesías de Dios, Dios hubiera estado con él. Esto se pone en boca de las autoridades del pueblo, de los soldados romanos, y de uno de los ladrones crucificados con él.

En contraposición, el otro ladrón cree en Jesús y recibe la promesa de la entrada inminente en el reino. Hay en el relato una clara oposición entre la palabra «rey» que figura en el letrero de la cruz como causa de la condena, y la palabra «reino», en donde es aceptado el malhechor. Jesús no es Rey en el primer sentido, pero sí en el segundo.

Es una presentación importante, que no falta en ninguno de los evangelios.

Todo este poderoso conjunto de ideas, expresiones simbólicas, citas bíblicas, nos conduce a una fundamental: Jesús como centro total de nuestro encuentro con Dios.

Podríamos derivar a consideraciones cósmicas, que son muy arriesgadas porque dependen mucho del desarrollo intelectual que nosotros hacemos de La Palabra, e introducen por tanto mucho de nuestra mentalidad y de nuestras filosofías. Nos importa más centrarnos en dos puntos: el mensaje de fondo para nosotros y el valor de las imágenes.

El mensaje de fondo

El centro del mensaje es sin duda nuestra fe en Jesús como visibilidad de Dios, Piedra Angular, Primogénito, lugar privilegiado de Encuentro con Dios, Principio y Fin de nuestra fe. Y éste es el motivo de que se coloque esta fiesta como corona final del año litúrgico.

En realidad, esta fiesta está artificialmente colocada aquí, porque la proclamación de nuestra fe en Jesús se hace en Pascua. La fiesta de Cristo Rey es una reduplicación de la resurrección y la Ascensión, y contiene sus mismos elementos. Pero nos viene bien recapacitar, al final del año litúrgico en esto: para nosotros, toda nuestra fe se resume en Jesús.

Podemos sentirnos más atraídos por una «Cristología ascendente» como la de los Hechos, y tantas frases de Pablo, como la que leemos hoy («en él quiso Dios que residiera toda la plenitud»), como «el hombre lleno del Espíritu», en el que vemos, sentimos, palpamos, la plenitud de la presencia de Dios.

Podemos sentirnos más atraídos por una «Cristología descendente», como la de Juan («La Palabra hecha carne que acampó entre nosotros») o la de varios textos de la misma lectura de hoy.

Podemos interpretar todo esto desde muchas filosofías, («naturalezas, personas, hipóstasis….») con muchas imágenes, («Primogénito, Verbo, Alfa-Omega, Luz de Luz….») y siempre estaremos haciendo lo mismo: intentar comprender, intentar expresar, intentar simbolizar nuestra fe en Jesús.

Esta fe consiste en que para nosotros Jesús es Presencia de Dios Salvador, lo definitivo. La fe cristiana consiste en encontrarse con Jesús; y, al encontrarse con Jesús, encontrarse con Dios.

No es que nosotros inventamos a Dios, no es que nuestra razón lo descubre, es que lo buscamos porque nuestra naturaleza lo necesita, y nos encontramos con que Él sale a nuestro encuentro. Ese lugar de encuentro es Jesús y por eso, para nosotros, Jesús es todo, principio y fin. Encuentro definitivo.

Por Él nos liberamos del miedo a la muerte, del miedo al castigo, del sin-sentido de la vida, del miedo a Dios, de los ídolos de dioses, de la esclavitud de los preceptos.

Todas las cosas son imágenes de Dios.

El ser humano es una excepcional imagen de Dios. Jesús es la imagen visible de Dios invisible. Todo lo que necesitamos saber de Dios lo vemos en Jesús.

Toda criatura es hija de Dios. Los seres humanos somos hijos de Dios. Jesús es «El Hijo», el hijo por excelencia en quien se reconoce de modo deslumbrante a su Padre, el que muestra con total claridad que Dios es ante todo el Padre.

Él es el Primero, el primero en saber vivir, el primero en saber morir, el primero en dejarnos ver La Vida después de la muerte. En su triunfo triunfamos todos. Al verle resucitado vemos el anuncio de nuestra resurrección, al verle ascendido a la diestra de Dios nos vemos reyes en el reino de Dios.

Todo esto lo expresamos en imágenes. Ninguna imagen debe confundirse con su contenido. Jesús no es luz ni agua, es carne y huesos. Jesús no es pastor, fue carpintero. Y desde luego Jesús no es rey.

Llamar a Jesús «rey» puede no parecernos hoy demasiado acertado, porque para nosotros «rey» tiene una connotación casi exclusivamente política, y es eso precisamente lo que Jesús no es, lo que expresamente rechazó.

Para Israel «Rey» era mucho más que jefe político: era la presencia de Dios pastor, conductor de Israel. Y para nosotros, la realeza no es cosa de reyes de la tierra.

En realidad, Jesús usó la «expresión «reino» en forma paradójica: el reino de Jesús es el reino al revés, el anti-reino, y Jesús es el mesías al revés, al revés de lo que todos entendían, el anti-mesías.

Nos acercaríamos más al sentido de la palabra «rey» si la situamos en terrenos del amor. Entre enamorados «eres mi rey» significa que lo eres todo para mí. Cuando decimos que el niño es el rey de la casa queremos decir que toda la casa gira en torno a él, porque le queremos más que a nada. Por ahí vamos mejor.

En este sentido, debemos usar la primera lectura como contraposición de la tercera.

La primera muestra las esperanzas, falsas, de Israel: el Mesías como nuevo David, de Israel y para el triunfo de Israel.

La tercera muestra a ese Rey crucificado para siempre. El letrero de la cruz tiene razón: el Rey de los Judíos ha muerto, para siempre. El reino no es como los reinos de este mundo, sino precisamente al revés.

CREDO PARA ORAR

Rezamos este credo/oración, porque refleja bien en qué creemos y en qué no creemos…

Yo creo en un niño pobre

que nació de noche en una cuadra,

arropado sólo por el amor de sus padres

y la bondad de la gente más sencilla.

Yo creo en un hombre sin importancia

austero, fiel, compasivo y valiente,

que hablaba con Dios como con su madre,

que hablaba de Dios como de su madre,

contando, llanamente, cuentos sencillos,

y por eso molestó a tanta gente

que al final lo mataron,

lo mataron los poderosos, los santos, los sagrados.

Yo creo que está vivo, más que nadie,

y que en él, más que en nadie,

podemos conocer a Dios

y sabemos vivir mejor.

Y doy gracias al Padre

porque Él nos regaló este Niño

que nos ha cambiado la vida,

y nos ha dado sentido y esperanza.

Yo creo en ese niño pobre,

y me gustaría parecerme a él.

José Enrique Galarreta

 

2013ko azaroak 24, «KRISTO GURE ERREGE-FIESTA DE CRISTO REY», José A. Pagola

OROIT ZAITEZ NITAZ-ACUERDATE DE MÍ

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA.- Lukasen kontakizunaren arabera, inguruan dituenen iseka eta mespretxu artean bizi izan du Jesusek bere hilzoria. Ematen du, inork ez duela ulertu haren bizitza. Ematen du, inork ez duela atzeman, ez haren buru-eskaintza sufritzen ari direnen alde, ez haren barkazioa errudunen alde. Inork ez du ikusi haren aurpegian Jainkoaren begiratu errukitsua. Ematen du, inork ez duela sumatu haren heriotzan inolako misteriorik.

Agintari erlijiosoek iseka egin diote mespretxuzko keinuez: besteak salbatuko dituela uste izan du; salba dezala orain bere burua. Jainkoaren Mesias bada, haren «Hautatua» bada, etorriko zaio Jainko hura defenditzera.

Soldaduek ere bat egin dute isekan. Haiek ez dute sinesten Jainkoaren inolako Bidalitan. Burla dagite Pilatok gurutzean ezarri duen idazkunaz: «Hau da juduen erregea». Zorakeria da botererik gabe norbaitek errege izan nahi izatea. Ager dezala bere indarra bere burua salbatuz.

Jesus isilik dago, ez da jaitsi gurutzetik. Zer egingo genuke guk baldin eta Jainkoaren Bidaliak bere salbazioaren bila joko balu, bere gurutzeari ihes eginez, historian gurutzean josiak diren guztiekin elkartzen duen gurutzeari ihes eginez? Nolatan sinets genezake geure zorian betiko bakarrik utziko gintuzkeen Jainko batengan?

Bat-batean, hainbeste iseka eta mespretxu artean, dei harrigarri hau: «Jesus, oroit zaitez nitaz zeure erreinura iristean». Ez da, ez Jesusen ikasle bat, ez haren jarraitzaile bat ere. Jesusen ondoan josiak diren bi gaizkileetako bat da. Gurutzean josia izan denarekiko fede miresgarritzat proposatu digu hori Lukasek.

Gizon honek, zigorpean hiltzeko zorian, badaki pertsona errugabea dela Jesus, ez duela guztiei on egitea besterik egin. Jesusen bizitzan berak ulertu ezin duen misterio bat sumatu du, baina konbentziturik dago heriotzak ez duela hondatuko Jesus. Erregu bat atera zaio bihotzetik. Soilik, ez dezala ahaztu eskatu dio Jesusi: zerbait egin dezake beraren alde.

Berehala erantzun dio Jesusek: «Gaur nirekin izango zara paradisuan». Orain, biak bat dira larrialdian eta ezinean, baina apartatu ezineko laguntzat hartu du Jesusek. Gurutzean hilko dira, baina biak batean sartuko dira Jainkoaren misterioan.

Gure egun hauetako gizarte fedegabean, ez dira gutxi nahasturik bizi direnak. Ez dakite sinesten duten ala ez. Ia jakin gabe, bihotzean daramate fede arin eta hauskor bat. Batzuetan, zergatik eta nola jakin gabe, bizitzaren zamak jota, beren erara dei egiten diote Jesusi. «Jesus, oroit zaitez nitaz», eta Jesusek entzuten die: «Nirekin izango zara betiko». Bere bideak ditu Jainkoak pertsona bakoitzarekin topo egiteko, eta ez dira izaten beti teologoek adierazitakoak. Bihotz bat izatea da funtsezko gauza, norberaren kontzientziari entzuten dion bihotz bat.

 

Fiesta de Cristo Rey (C) Lucas 23, 35-43

ACUÉRDATE DE MÍ
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 20/11/13.- Según el relato de Lucas, Jesús ha agonizado en medio de las burlas y desprecios de quienes lo rodean. Nadie parece haber entendido su vida. Nadie parece haber captado su entrega a los que sufren ni su perdón a los culpables. Nadie ha visto en su rostro la mirada compasiva de Dios. Nadie parece ahora intuir en aquella muerte misterio alguno.

Las autoridades religiosas se burlan de él con gestos despectivos: ha pretendido salvar a otros; que se salve ahora a sí mismo. Si es el Mesías de Dios, el “Elegido” por él, ya vendrá Dios en su defensa.

También los soldados se suman a las burlas. Ellos no creen en ningún Enviado de Dios. Se ríen del letrero que Pilatos ha mandado colocar en la cruz: “Este es el rey de los judíos”. Es absurdo que alguien pueda reinar sin poder. Que demuestre su fuerza salvándose a sí mismo.

Jesús permanece callado, pero no desciende de la cruz. ¿Qué haríamos nosotros si el Enviado de Dios buscara su propia salvación escapando de esa cruz que lo une para siempre a todos los crucificados de la historia? ¿Cómo podríamos creer en un Dios que nos abandonara para siempre a nuestra suerte?

De pronto, en medio de tantas burlas y desprecios, una sorprendente invocación: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. No es un discípulo ni un seguidor de Jesús. Es un de los dos delincuentes crucificados junto a él. Lucas lo propone como un ejemplo admirable de fe en el Crucificado.

Este hombre, a punto de morir ajusticiado, sabe que Jesús es un hombre inocente, que no ha hecho más que bien a todos. Intuye en su vida un misterio que a él se le escapa, pero está convencido de que Jesús no va a ser derrotado por la muerte. De su corazón nace una súplica. Solo pide a Jesús que no lo olvide: algo podrá hacer por él.

Jesús le responde de inmediato: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Ahora están los dos unidos en la angustia y la impotencia, pero Jesús lo acoge como compañero inseparable. Morirán crucificados, pero entrarán juntos en el misterio de Dios.

En medio de la sociedad descreída de nuestros días, no pocos viven desconcertados. No saben si creen o no creen. Casi sin saberlo, llevan en su corazón una fe pequeña y frágil. A veces, sin saber por qué ni cómo, agobiados por el peso de la vida, invocan a Jesús a su manera. “Jesús, acuérdate de mí” y Jesús los escucha: “Tú estarás siempre conmigo”. Dios tiene sus caminos para encontrarse con cada persona y no siempre pasan por donde le indican los teólogos. Lo decisivo es tener un corazón que escucha la propia conciencia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

ALGO SE MUEVE EN LA IGLESIA

EDITORIAL REDES CRISTIANAS
La encuesta sobre la familia

 

Que un lugar siempre tan inmóvil y hermético como el Vaticano, sobre todo en las últimas décadas, se esté convirtiendo en estos días en foco de atención mundial por las buenas noticias que genera, es para celebrarlo. También, para tomar nota porque revela que algo se está moviendo en la Iglesia. Leer más

Francisco: ocho meses, ocho decisiones, ocho frases: Del «Hagan lío» a la «Curia Vaticano-céntrica»

Religión Digital

Francisco transformó aquellas promesas en decisiones sobre la Iglesia, la familia, el papel de la mujer, el Vaticano, que quedaron plasmadas en frases e imágenes.

Desde el momento en que se anunció que se llamaría Francisco, el 13 de marzo pasado, pudo atisbarse cuál sería su impronta. «Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres«, dijo Jorge Bergoglio días después, en italiano, sentado frente a un micrófono frente a una multitud expectante durante la audiencia a la prensa internacional que siguió al cónclave que lo proclamó papa. Leer más

Enseñanza pública y religión: dos pasos atrás

José Arregi

La nueva Ley de Educación (LOMCE) altera algo la presencia de la religión confesional en la enseñanza pública. Y es para mal. Vulnera más todavía las exigencias de  una “sana laicidad”. Se imponía un paso adelante y se dan dos pasos atrás. Leer más

José Fernando Almazán: «La democracia actual ni atiende ni va a atender las necesidades de los últimos»

José Fernando Almazán es el presidente de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), el movimiento especializado de Acción Católica cuyo objetivo es hacer presente a la Iglesia en el mundo obrero, y al mundo obrero en la Iglesia. Un movimiento democrático y asambleario que acaba de celebrar elecciones, y cuyo fundador se encuentra en proceso de beatificación. «Si nos convenciéramos de que esto es inadmisible, sería más fácil cambiar las estructuras».

Los buenos y los malos Católicos

Marco A. Velásquez Uribe

Reflexión y Liberación
REDES CRISTIANAS

Quienes han madurado sus convicciones cristianas, a costa de perseverancia y radicalidad evangélica, muchas veces a costa de marginación y desconfianza…(Marco Antonio Velásquez).
Si bien la expresión no se escucha, en la práctica se siente y, muchas veces, con fuerza. Tácitamente existe una suerte de definición estricta respecto de lo que se entiende por un buen y un mal católico, por un buen y un mal hijo de la Iglesia.

¿Qué hay detrás de estos estereotipos tan arraigados en la vida eclesial? Leer más

Mis respuestas al cuestionario del Papa

Jesús Bastante Liébana, Periodista. Seguidor de Jesús

El Barón rampante
REDES CRISTIANAS

Las cosas se están moviendo, y mucho. La reforma que Francisco pretende para la Iglesia no es mera retórica, ni se queda en gestos, ni siquiera es producto de su ejemplo personal o su audacia. Bergoglio está apostando por una Iglesia inclusiva, en primera persona del plural, en el que el “Nosotros” sea algo más que una palabra vacía de contenido. Y ha llegado el momento de que “Nosotros”, los que formamos parte de la Iglesia, hagamos algo. Leer más

33º DOMINGO T.O., «LO QUE SOMOS PARA DIOS ES LO QUE SEREMOS», Fray Marcos

LO QUE SOMOS PARA DIOS ES LO QUE SEREMOS

Escrito por Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 20, 27-38

Estamos ya en Jerusalén. Ya ha narrado la entrada solemne y la purificación del Templo. Sigue la polémica con los dirigentes. Los saduceos, que tenían su bastión en torno al templo, entran en escena.

Era más un partido político que religioso. Estaba formado por la aristocracia laica y sacerdotal. Preferían estar a bien con Roma y no poner en peligro sus intereses. Solo admitían el Pentateuco como libro sagrado. Tampoco admitían las tradiciones como norma de conducta. No creían en la resurrección.

Jesús no responde a la pregunta absurda que le hacen. Responde a lo que debían haber preguntado.

El evangelio de hoy responde a una visión mítica del hombre y del mundo. Lo que encerraba una verdad desde esa visión mítica, se convierte en absurdo cuando lo queremos entender racionalmente desde nuestro paradigma. Hablar del más allá es imposible.

Es como pedirle a un ordenador que nos de el resultado de una operación sin suministrarle los datos. Ni siquiera podemos imaginarlo. Puedo imaginar lo que es una montaña de oro aunque no exista en la realidad, pero tengo que haber percibido por los sentidos lo que es el oro y lo que es una montaña. No tenemos ningún dato que nos permita imaginar el más allá, porque todo lo que llega a nuestra mente ha entrado por los sentidos que no pueden funcionar fuera del tiempo y del espacio.

Las imaginaciones para el más allá carecen de sentido. Lo único racional es aceptar que no sabemos absolutamente nada.

El instinto más visceral de cualquier ser vivo, es la permanencia en el ser; de ahí que la muerte se considere como el mal supremo. Para el ser humano con su capacidad de razonar, ningún programa de salvación será convincente si no supera la condición mortal. Si el hombre considera la permanencia en el ser como un valor absoluto, también considerará como absoluta su perdida. Todos los intentos que ha hecho el hombre para encontrar una salida, surgen de este enfoque desesperado.

Por no aceptar nuestra contingencia, todos queremos ser eternos. Esa contingencia no es un fallo, sino mi propia naturale¬za; por lo tanto no es nada que tengamos que lamentar ni de lo que Dios tenga que librarnos, ni ahora ni después. Mis posibilidades de ser las puedo desplegar a pesar de esa limitación.

No creo que sea coherente el postular para el más allá un cielo maravilloso mientras seguimos haciendo de la tierra un infierno.

Nuestro ser, que creemos individual y autosuficiente, hace siempre referencia a otro que me fundamenta, y a los demás que me permiten realizarme. La razón de mi ser no está en mí sino en Otro. Yo no soy la causa de mí mismo. No tiene sentido que considere mi propia existencia como el valor supremo. Si mi existir se debe al Otro, Él será el valor supremo también para mi ser individual y aparentemente autónomo.

El pueblo de Israel empezó a reflexionar sobre el más allá unos 200 años antes de Cristo. El concepto de resurrección no se acuñó hasta después de las luchas macabeas. Los libros de los Macabeos, se escribieron hacia el año 100 a C. El libro de Daniel, se escribió hacia el año 164 a C. Anteriormente solo se pensó en la asunción al «cielo» de determinadas personas que volverían a la tierra para llevar a cabo una tarea de salvación; no se trataba de resurrección escatológica sino de una situación de espera en la reserva para volver.

Para los semitas, el ser humano era un todo, no un compuesto de partes. Se podían distinguir en él, distintos aspectos:

Hombre-carne – Hombre-cuerpo – Hombre-alma – Hombre-espíritu.

Los semitas, al no conocer un alma sin cuerpo, no podía imaginar un ser humano si no existía un cuerpo. Ni siquiera tienen una palabra para esa realidad desencarnada. Tampoco tienen un término para expresar el cuerpo sin alma.

Por otro lado, los filósofos griegos consideraron al hombre como compuesto de cuerpo y alma. Afirmaban la inmortalidad del alma, pero no concedían ningún valor al cuerpo; al contrario lo consideraban como una cárcel. La muerte era una liberación, una ascensión. La imagen de Sócrates bebiendo la cicuta con total tranquilidad y paz, nos muestra claramente esta actitud básica del filósofo griego.

La doctrina cristiana sobre el más allá, nace de la fusión de dos concepciones irreconciliables, la judía y la griega. Lo que hemos predicado los cristianos hubiera sido incomprensible para Jesús. La palabra que traducimos por alma en los evangelios, quiere decir simplemente «vida».

El NT proclama la resurrección de los muertos. Aunque nosotros hoy pensamos más en la supervivencia del alma, no es esa la idea que nos quiere trasmitir la Biblia. Nos hemos apartado totalmente del pensamiento de la Biblia y ha prevalecido la idea griega, aunque tampoco la hemos conservado con exactitud, porque para los filósofos griegos no se necesitaba ninguna intervención de Dios para que el alma siguiera viviendo, y la resurrección del cuerpo no suponía para los griegos ninguna ventaja sino un flaco favor.

La base de toda reflexión sobre al más allá, está en la resurrección de Cristo. La experiencia que de ella tuvieron los discípulos es que en Jesús, Dios realizó plenamente la salvación de un ser humano. Jesús sigue vivo con una Vida que ya tenía cuando estaba con ellos, pero que no descubrieron hasta que murió. En él, la última palabra no la tuvo la muerte (pérdida de la vida física), sino la Vida (permanencia en Dios para siempre). Esta es la principal aportación del texto de hoy: «serán como Ángeles, serán hijos de Dios».

¿Cómo permanecerá esa Vida que ya poseo aquí y ahora? Ni lo sé ni puedo saberlo. No debemos rompernos la cabeza pensando como va a ser ese más allá. Lo que de veras me debe importar es el más acá.

Descubrir que Dios me salva aquí y ahora. Vivenciar que hoy es ya la eternidad para mí. Que la Vida definitiva la poseo ya en plenitud ahora mismo.

En la experiencia pascual, los discípulos descubrieron que Jesús estaba vivo. No se trataba de la vida biológica sino la Vida divina que ya tenía antes de morir, a la que no puede afectar la muerte biológica.

Los cristianos hemos sido tan retorcidos, que hemos tergiversado hasta el núcleo central del mensaje de Jesús. Él puso la plenitud del ser humano en el amor, en la entrega total, sin límites a los demás. Nosotros hemos hecho de esa misma entrega una programación. Soy capaz de darme, con tal que me garanticen que esa entrega terminará por redundar en beneficio de mi ego.

Lo que Jesús predicó fue que la plenitud humana está precisamente en la entrega total. Mi objetivo cristiano debe ser deshacerme, no garantizar mi permanencia en el ser. Justo lo contrario de lo que pretendemos.

¿Te preocupa lo que será de ti después de la muerte? ¿Te ha preocupado alguna vez lo que eras antes de nacer? Tú relación con el antes y con el después tiene que responder al mismo criterio. No vale decir que antes de nacer no eras nada, porque entonces hay que concluir que después de morir no serás nada.

La eternidad no es una suma de tiempo sino un instante que abarca todo el tiempo posible. Para Dios eres exactamente igual en este instante que millones de años antes de nacer o millones de años después de morir.

«…porque para Él, todos están vivos». ¿No podría ser esa la verdadera plenitud humana? ¿No podríamos encontrar ahí el auténtico futuro del ser humano? ¿Por qué tenemos que empeñarnos en que nos garanticen una permanencia en el ser individual para toda la eternidad? ¿No sería muchísimo más sublime permanecer vivos solo para Él?

¿No podría ser, que el consumirnos en favor de los demás, fuese la auténtica consumación del ser humano? Eso es lo que celebramos en cada eucaristía.

Meditación-contemplación

Para Dios todo está siempre en un eterno presente.

Esa existencia eterna en Dios, se manifiesta en el tiempo,

y da origen a todas las criaturas que forman el universo.

Como ser humano puedo vivir mi relación con el Absoluto.

……………..

La experiencia de lo Absoluto, es mi verdadera Vida.

No confundir con mi vida biológica que solo es un accidente.

Cuando tomo lo accidental por substancial,

estoy equivocándome de cabo a rabo.

……………

Si descubro el engaño, procuraré vivir a tope,

es decir, al límite de mis posibilidades más humanas.

Mi presente se funde con mi pasado y mi futuro.

Desde mi contingencia, puedo experimentar un ahora eterno.

…………….

Fray Marcos

33. IGANDEA URTEAN ZEHAR, KRISIALDIAK-TIEMPOS DE CRISIS, José A. Pagola

KRISIALDIAK

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 13/11/13 Ebanjelioetan badira izaera apokaliptikoa duten testu batzuk; halakoetan ez da izaten gauza erraza jakitea zein den Jesusen beraren mezua eta zein lehen kristau-elkarteen kezkak eragindakoa; hain zuzen ere, egoera tragikoetan nahastuak diren eta, ordu berean, aldien azkena pertsekuzioen artean larri bizi dutenen kezkak eragindakoa.

Lukasen kontakizunaren arabera, aldi zailek ez dute izan behar ez lantu-aldi eta ez adorea galtzeko une. Ez dute izan behar etsipenerako eta ihes egiteko aldi ere. Besterik da Jesusen ikusmoldea. Hain juxtu, krisialdietan «testigantza egiteko aukera izango duzue». Halakoetan izango dugu abagunerik hobena testigantza egiteko, Jesusekiko eta haren egitasmoarekiko geure atxikimenduaz.

Bost urte daramatzagu jada krisia jende askori gogor ematen ari zaiola. Aldi honetan gertatuak, krisi hori eragiten ari den gizarte-kaltea eta sufrimendua errealismoz ezagutzeko bidea demaigu. Ez ote da iritsi ordua, nola ari garen erreakzionatzen galdera egiteko?

Agian, hondo-hondoko geure jarrera berrikustea da lehenengo gauza. Erantzukizunezko jarrera hartu ote dugu, geure baitan oinarrizko solidaritate-zentzu bat esnatuz ala geure patxada koloka jar lezakeen orori bizkarra emanez bizi gara? Zer egiten dugu geure kristau-talde eta –elkarteetatik? Jarduera eskuzabaleko ildo bat markatu al dugu ala geure fedea gertatzen ari denetik urruti ari gara bizitzen?

Krisialdi hau haustura sozial zuzengabea ari da urratzen bi talde hauen artean: etorkizunari begira beldurrik gabe bizi gaitezkeenon eta gizartetik zokoraturik eta inolako aterabiderik gabe gelditzen ari direnen artean. Ez al dugu sentitzen geure bizitzan «murrizte» batzuk ezarri beharra, ondoko urteetan era soilago eta solidarioagoan bizi ahal izateko?

Pixkana, hurbilagotik ari gara ezagutzen babesik gabe eta baliabiderik gabe gelditzen direnak (inolako sarrerarik gabeko familiak, luzaroko lanik gabeak, gaixo diren etorkinak…). Kezkatzen al gara begiak irekitzeaz, ikusteko, ea konprometitzen ahal garen zenbait jenderen egoera arintzen? Plantea al genezake ekimenen bat geure kristau-elkartean?

Ez dezagun ahaztu, krisialdiak ez duela sortzen pobretze materiala bakarrik. Gainera, segurtasunik eza, beldurra, ezintasuna eta porrotaren esperientzia eragiten du. Egitasmoak hautsi, familiak hondoratu, esperantza galdu. Ez ote dugu berreskuratu behar familiartekoen laguntzaren garrantzia, auzokoen arteko sostengua, kristau-elkartetik harrera eta laguntza eskaintzea…? Ezer gutxi izan daiteke jatorrago une hauetan batak bestea zaintzen ikastea baino.

33 Tiempo ordinario (C) Lucas 21, 5-19

TIEMPOS DE CRISIS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 13/11/13.- En los evangelios se recogen algunos textos de carácter apocalíptico en los que no es fácil diferenciar el mensaje que puede ser atribuido a Jesús y las preocupaciones de las primeras comunidades cristianas, envueltas en situaciones trágicas mientras esperan con angustia y en medio de persecuciones el final de los tiempos.

Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento. No es tampoco la hora de la resignación o la huida. La idea de Jesús es otra. Precisamente en tiempos de crisis “tendréis ocasión de dar testimonio”. Es entonces cuando se nos ofrece la mejor ocasión de dar testimonio de nuestra adhesión a Jesús y a su proyecto.

Llevamos ya cinco años sufriendo una crisis que está golpeando duramente a muchos. Lo sucedido en este tiempo nos permite conocer ya con realismo el daño social y el sufrimiento que está generando. ¿No ha llegado el momento de plantearnos cómo estamos reaccionando?

Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad? ¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?

La crisis está abriendo una fractura social injusta entre quienes podemos vivir sin miedo al futuro y aquellos que están quedando excluidos de la sociedad y privados de una salida digna. ¿No sentimos la llamada a introducir algunos “recortes” en nuestra vida para poder vivir los próximos años de manera más sobria y solidaria?

Poco a poco, vamos conociendo más de cerca a quienes se van quedando más indefensos y sin recursos (familias sin ingreso alguno, parados de larga duración, inmigrantes enfermos…) ¿Nos preocupamos de abrir los ojos para ver si podemos comprometernos en aliviar la situación de algunos? ¿Podemos pensar en alguna iniciativa realista desde las comunidades cristianas?

No hemos de olvidar que la crisis no solo crea empobrecimiento material. Genera, además, inseguridad, miedo, impotencia y experiencia de fracaso. Rompe proyectos, hunde familias, destruye la esperanza. ¿No hemos de recuperar la importancia de la ayuda entre familiares, el apoyo entre vecinos, la acogida y el acompañamiento desde la comunidad cristiana…? Pocas cosas pueden ser más nobles en estos momentos que el aprender a cuidarnos mutuamente. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).