¿Qué futuro aguarda a las CCP en España?

En el 2009, nuestro amigo Luis Angel Aguilar escribía: “Repartidos en 14 coordinadoras provinciales y regionales, todavía podemos contabilizar más de 1200 hombres y mujeres que participamos en unas 115 pequeñas comunidades (CCP) en España. A ellas hay que añadir otras tantas que pertenecen a diversas Iglesias de Base, como las de Madrid, Murcia o Asturias -entre otras-, que también forman parte de lo que genéricamente llamamos en Europa CCB, aunque no estén coordinadas como CCP, pero con las que compartimos prácticamente el mismo modelo de sociedad y de Iglesia”. Leer más

Francisco y Gustavo Gutiérrez se abrazan en Roma

Fue una audiencia privada, en la Casa Santa Marta. Sin focos, entre dos viejos conocidos. Francisco y Gustavo Gutiérrez se abrazaron ayer en Roma, simbolizando esa Iglesia en primera persona del plural que auspicia el Papa argentino, esa Iglesia en la que cabemos todos.

Los cristianos progresistas tachan de “insulto y desprecio al pueblo palestino” la investidura Honoris Causa de Netanyahu

La Universidad Católica de Murcia, vinculada a la FAES y los ‘kikos’, premia al primer ministro israelí gracias al apadrinamiento de Aznar.  El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, será investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia este mes de septiembre, a través de la cátedra de Ética Política y Humanidades, que dirige el expresidente del Gobierno español, José María Aznar, quien será el padrino del máximo dirigente israelí. Una iniciativa que ha irritado y mucho a la asociación de teólogos y teólogas juan XXIII y a los comités Óscar romero del Estado español.

El nuevo ‘número dos’ del Vaticano abre la puerta a revisar el celibato

El recién nombrado secretario de Estado recuerda que “no es un dogma”.  “Se puede reflexionar sobre estos temas y pensar en modificaciones”, afirma.  El papa Francisco y su próximo secretario de Estado, Pietro Parolin, ya tienen una cosa en común. Hablan sin tapujos y lo que dicen, aunque no se trate de una novedad aplastante, es analizado como indicio de los tiempos que se avecinan. Las declaraciones de Jorge Mario Bergoglio durante el vuelo de regreso de Río de Janeiro —“¿quién soy yo para juzgar a los gais?”— apuntaban a una Iglesia más tolerante, menos inquisidora con quienes se salen del guion.

¿El Papa Francisco está renovando la Iglesia?

Tengo la impresión de que hay gente que ni se hace esta pregunta. Como también es cierto que hay personas, que nunca se han interesado por las cosas de la Iglesia y de la religión, que ahora se preguntan por lo que hace y dice el nuevo papa. En todo caso, abundan los que piensan de forma que ni les interesa si el papa cambia o no cambia las cosas de la Iglesia y de le religión. En todo caso, me parece que la cuestión, que plantea este artículo, es un asunto que ni le llama la atención a una importante mayoría de nuestra sociedad en su conjunto. Lo cual, a mi manera de ver, es la prueba más clara de la respuesta que voy a proponer a la pregunta que sirve de título a este artículo. Me explico. Leer más

Palestina-Israel. Antecedentes

Javier Aisa, periodista especializado en actualidad internacional
(Espacio REDO) Diario de Navarra

El permiso israelí para que entren algunas mercancías en Gaza equivale a reconocer que existe un bloqueo contra la población de la franja. La afirmación de que hubo errores en la planificación y ejecución del asalto a los barcos turcos que pretendían romper el cerco revela una dosis considerable de torpeza política y militar. ¿De qué sirve la demostración de fuerza de un ejército supuestamente invencible cuando, además, se equivoca? Son decisiones destinadas a disminuir la condena de la opinión pública internacional. Sin embargo, no ocultan la actuación de un gobierno que conduce a Israel hacia un aislamiento suicida. Leer más

CAMBIO DE PARADIGMA EN LA IGLESIA

En estos tiempos de nueva evangelización -y por tanto de nuevo anuncio del Reino de Dios- una pregunta me acucia en ocasiones: ¿dónde puede hoy anclar la idea de Dios? ¿en qué interés, en qué preocupación, en qué anhelo humano puede echar sus redes y su oferta?

A lo largo de los siglos y hasta nuestros días, la Iglesia católica, vivida en régimen de cristiandad, encontró un punto de anclaje en el concepto del pecado. Desde Adán, por su desobediencia, y después de él por las obras de cada uno, el pecado nos sumergía en una historia de perdición de la que sólo Jesús nos podría salvar. Leer más

24º DOMINGO T.O., «PARA DIOS NADIE ESTÁ PERDIDO», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Lc 15, 1-32

Hoy leemos el capítulo 15 de Lucas, que empieza exponiendo el contexto en que se desarrollan las tres parábolas: la oveja, la moneda y el hijo perdidos. Todos los publicanos y pecadores se acercaban a él. Los fariseos y letrados critican a Jesús por esto. Las parábolas son una respuesta de Jesús a esas murmuraciones.

Los fariseos tenían una idea equivocada de Dios. Pensaban acercarse a Él a través del cumplimiento de la Ley. Tantas veces se nos ha inculcado la obligación de buscar a Dios por ese camino, que nos quedamos con el culo al aire cuando el evangelio nos dice que es Él el que nos está buscando siempre. No se trata aquí de la conversión del pecador, sino de la bondad absoluta de Dios para con nosotros.

A pesar de la radicalidad del domingo pasado (odia a tu familia, ama la cruz, renuncia a todo), hoy nos dice el evangelio que los «pecadores» se acercaban a Jesús para escucharle. Es la mejor demostración de que no lo entendieron como rigorismo, sino como acogida entrañable.

Los fariseos y letrados (los buenos) se acercaban también, pero para espiarle y condenarle. No podían concebir que un representante de Dios pudiera mezclarse con los «malditos». El Dios de Jesús está radicalmente en contra del sentir de los fariseos. Toda la religiosidad que nace de esta concepción equivocada de Dios es también equivocada.

Las parábolas no necesitan explicación alguna, pero exigen implicación, es decir, que nos dejemos empapar por su mensaje. El dios que nos hemos fabricado a nuestra imagen y semejanza tiene que saltar por los aires. Atreverse a romper una y otra vez el ídolo es la tarea más complicada de toda religión, porque ese ídolo es fruto de nuestros intereses egoístas que pretenden manipular a la divinidad.

El Dios de Jesús se identifica con cada una de sus criaturas haciéndolas participes de todo lo que él es. No somos nosotros los que tenemos que «convertirnos» a Dios, porque Él está siempre vuelto hacia cada uno de nosotros. No puede esperar nada de nosotros, pero nosotros, todo lo recibimos de Él.

Las tres parábolas van en la misma dirección. No solo nos invitan a la confianza en un Dios que nos busca con amor sino que trastocan radicalmente la idea de Dios, la idea de pecador y la idea de justo. Si comparamos la primera lectura con el evangelio, descubriremos el abismo que existe entre una concepción y otra. Pero se trata de sustituir conceptos religiosos, que son los más difíciles de desarraigar del corazón humano. Después de veinte siglos, seguimos teniendo la misma dificultad a la hora de cambiar nuestro concepto de Dios. Seguimos pensándolo como el que premia y castiga.

En los conceptos religiosos de la época, Jesús no pudo expresar toda su experiencia de Dios. Pero si estamos atentos podemos descubrir en su mensaje, rasgos definitivos del verdadero Dios. El Dios de Jesús es, sobre todo, Abba; es decir, padre y madre que se entrega incondicionalmente a sus criaturas. Es amor, misericordia y compasión. Nada del ser poderoso que espera de nosotros vasallaje. Nada del juez que analiza con meticulosidad nuestras acciones. Nada del impasible que defiende su gloria por encima de todo. Las tres parábolas insisten en la búsqueda, por su parte, del hombre, aunque se haya extraviado.

Hoy podemos apuntar a Dios con mucha más precisión que lo que fueron capaces de expresar los evangelios, porque tenemos mejor conocimiento del hombre y del mundo. Hoy sabemos que Dios no es un ser, ni siquiera el más sublime de todos los seres. Lo que Dios es, lo ha dejado plasmado en cada una de sus criaturas. Dios no puede ser aislado de la creación. No es ni cada criatura ni el conjunto de lo creado; pero tampoco es algo al margen, que se encuentra en alguna parte fuera de la creación. El concepto de creación que hemos manejado hasta la fecha debemos superarlo. Dios no «hizo» el mundo en un momento determinado. La creación es la manifestación de Dios que no exige un principio temporal.

El Dios de Jesús es don absoluto y total. No un don como posibilidad, sino un don efectivo y ya realizado, porque es la base y fundamento de todo lo que somos. Al decir que es Amor (ágape) estamos diciendo que ya se ha dado totalmente, y que no le queda nada por dar. Jesús no vino a salvar, sino a decirnos que estamos salvados. Un lenguaje sobre Dios que suponga expectativas sobre lo que Dios puede darme o no darme, no tiene sentido.

Si somos capaces de entrar en esta comprensión de Dios, cambiará también nuestra idea de «buenos» y «malos». La actitud de Dios no puede ser diferente para cada uno de nosotros, porque es anterior a lo que cada uno es o pueda llegar a ser. El Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, es una aberración incompatible con el espíritu de Jesús. Dios no nos ama porque seamos buenos, al contrario, seremos «buenos» si hemos descubierto lo que hay de Dios (Amor) en nosotros. Si somos «malos», es porque no hemos descubierto a Dios como base y fundamento de nuestro ser.

Alguno puede pensar que aceptar la misericordia de Dios, invita a escapar de la responsabilidad personal. Si Dios me va amar lo mismo siendo bueno que siendo malo, no merece la pena esforzarse. Esta reflexión, muy corriente entre nosotros, indica que no hemos entendido nada del evangelio. Nada más contrario a la predicación de Jesús. La misericordia de Dios es gratuita, eterna e infinita, aunque no puede afectarme hasta que yo no la acepte y la haga mía. Creer que puedo acogerme a la misericordia sin responder a su búsqueda, es entender la relación con Dios de una manera mecánica, jurídica y externa. Al contrario, la actitud de Dios para conmigo, tiene que ser el motor de cambio en mí.

La máxima expresión de misericordia es el perdón. Entender el perdón de Dios, tiene una dificultad casi insuperable, porque nos empeñamos en proyectar sobre Dios nuestra propia manera de perdonar. Nuestro perdón es una reacción a la ofensa del otro. En cambio, el perdón de Dios es anterior al pecado. Dios es solo amor, pero nosotros lo descubrimos como perdón, cuando nos sentimos perdonados, por eso para nosotros está siempre unido al pecado. Para aclararnos un poco, vamos a examinar dos conceptos: cómo podemos entender el perdón de Dios, y cómo podemos entender el pecado.

Dios sólo puede amar. Decimos que Dios ama porque Él es amor, no porque las cosas o las personas sean amables. Dios no ama las cosas porque son buenas, sino que las cosas son buenas porque Dios las ama. El perdón en Dios significa que su amor no acaba cuando nosotros fallamos, como pasa entre los hombres. Si nosotros amamos a unas criaturas y no a otras, se debe a nuestra ceguera, a nuestra ignorancia. Ahora comprenderéis lo equívoco de nuestro lenguaje sobre Dios cuando hablamos de su perdón como un acto.

Tenemos que cambiar el concepto de pecado como ofensa a Dios. Es ridículo pensar que podamos ofender a Dios. La incapacidad de los cristianos para aceptar a los «malos», se debe a nuestro concepto de pecado. Lo identificamos con la persona misma y no somos capaces de descubrir que la persona es una cosa y su postura y sus acciones otra muy distinta.

El pecado es siempre fruto de la ignorancia. Para que la voluntad se incline hacia un objeto, tiene que presentarlo el entendimiento como bueno. Claro que el entendimiento puede ver una cosa como buena, siendo en realidad mala. Esta es la causa de nuestros fallos. Por eso, para superar una actitud de pecado, no debemos apelar a la voluntad, sino al entendimiento.

Si las reflexiones que acabamos de hacer, son ciertas, ¿de qué sirve la confesión? Mal utilizada, para nada. Pero si la sabemos utilizar, es uno de los hallazgos más interesantes de los dos mil años de cristianismo, porque responde a una necesidad humana. Somos nosotros, no Dios, quienes necesitamos de la confesión como señal de su perdón. La confesión no es para que Dios nos perdone, sino para que nosotros descubramos el mal que hemos hecho y aceptemos el amor de Dios que llega a nosotros sin merecerlo. Esa aceptación lleva consigo un proceso interno, que es lo que intenta la confesión sacramental al facilitar la apertura a ese amor de Dios que solo llega a nosotros cuando nos abrimos a Él.

Meditación-contemplación

Que Dios pudiera amar a los pecadores, era impensable para los fariseos.

Esta actitud hace imposible toda relación con el Dios de Jesús.

Si no vivo el amor de Dios como pura gratuidad,

será imposible responder a ese amor y vivirlo.

…………………

El amor de Dios es anterior a mi propio ser.

No puedo hacer nada para merecerlo o para evitarlo.

Todo lo que soy, tiene como fundamento ese don gratuito de Dios.

Lo que se me pide, es dejar que ese Ágape se manifieste a través de mí ser.

…………………..

Tengo que dejarme encontrar por ese Dios que está siempre buscándome.

Tengo que sentir su fuerza y dejar que me inunde.

Dios en mí, es energía trasformadora.

Todo mi ser debe convertirse en esa energía que es Dios.

Fray Marcos

 

24. IGANDEA URTEAN ZEHAR, » KEUNURIK ESKANDALAGARRIENA-EL GESTO MÁS ESCANDALOSO».

24. IGANDEA URTEAN ZEHAR (C) Luk. 15, 1-32
KEUNURIK ESKANDALAGARRIENA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusen keinurik probokatzaile eta eskandalagarriena izan zen, dudarik gabe, bekatariei sinpatia bereziaz harrera egitea, hau da, gidari erlijiosoek zokoraturik zituzten eta gizartean, Legeaz kanpo jokatzeatik, markatuak zirenei. Jende hura gehienik haserrarazten zuena, Jesusek bekatariekin adiskidetsuki otorduak egitea zen.

Gehienetan, ahaztu egiten dugu Jesusek egoera harrigarri bat sortu zuela bere garaiko gizartean. Bekatariak ez doaz ihesi harengandik. Aitzitik, erakarririk sentitzen dira, bai Jesusek berak, bai haren mezuak. Lukasek diosku: «bekatariak eta zerga-biltzaileak Jesusengana hurbildu ohi ziren entzuteko». Badirudi, Jesusen baitan harrera eta ulermena aurkitzen dutela, beste inon ez bezala.

Bitartean, fariseuen taldekoek eta lege-maisuek, herriaren aurrean ospe moral eta erlijiosorik handiena duten horiek, kritika egiten besterik ez dakite, Jesusen portaeraz eskandalizaturik: «Honek bekatariak onartzen ditu eta otorduak egiten haiekin». Nolatan eser daiteke Jainkoaren gizon bat mahai berean jende bekatari eta jendilaje harekin?

Jesusek ez zion sekula jaramonik egin haien kritikari. Bazekien Jainkoa ez dela Epaile gogor eta zorrotza, sinagogan lehen postuak hartzen zituzten maisu haiek, guztiz seguru, aipatzen zuten bezalakoa. Jesusek ondo ezagutzen du Aitaren bihotza. Jainkoak ulertzen die bekatariei; guztiei eskaintzen die bere barkazioa; ez du inor baztertzen; dena du barkatzen. Inork ez luke lausotu edo desitxuratu behar Jainkoaren barkazio atzeman ezin eta doako hori.

Horregatik, bere ulermena eta adiskidetasuna eskaintzen die Jesusek. Prostituitu eta zerga-biltzaile haiek Jainkoak onartzen dituela sentitu behar dute. Hori da lehenengo gauza. Ez dute zertan beldur izan. Mahaian jar daitezke, ardoa edan dezakete eta kantari jardun ere bai Jesusen ondoan. Honen harrerak barnea sendatzen die. Lotsa eta umilazio orotatik libratzen ditu. Bizi-poza itzultzen die.

Diren bezalako onartzen ditu Jesusek, aurrez ezer exijitu gabe. Bere bakea eta Jainkoaganako bere konfiantza kutsatzen die, segurtasunik ez badu ere jokabidea aldatuz erantzungo diotela. Jainkoaren errukiaz erabat fidatuz egiten du hori, badakielako Jainkoa haien zain dagoela besoak zabalik, aita on bat galdua den seme batengana joan ohi den bezala.

Jesusi leial jarraitu nahi dion Eliza baten lehen egitekoa, ez da bekatariak kondenatzea, baizik ulertzea eta harrera eskaintzea adiskidetsuki. Erroman egiaztatu ahal izan nuen hau duela hilabete batzuk: Frantzisko aita santuak azpimarratzen zuenean Jainkoak beti barkatzen duela, dena barkatzen duela, guztiei barkatzen diela… jendeak gogotsu egiten zuen txalo. Segur aski, horixe da fede kaxkar eta duda-mudazko jende askok Elizagandik argiro entzun beharrekoa.

 

24 Tiempo ordinario (C) Lucas 15, 1-32

EL GESTO MÁS ESCANDALOSO

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 11/09/13.- El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a pecadoras y pecadores, excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era su costumbre de comer amistosamente con ellos.

De ordinario, olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que “los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle”. Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.

Mientras tanto, los sectores fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo, solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?

Jesús nunca hizo caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. El conoce bien el corazón del Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón insondable y gratuito.

Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto a Jesús. Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir.

Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.

La primera tarea de una Iglesia fiel a Jesús no es condenar a los pecadores sino comprenderlos y acogerlos amistosamente. En Roma pude comprobar hace unos meses que, siempre que el Papa Francisco insistía en que Dios perdona siempre, perdona todo, perdona a todos…, la gente aplaudía con entusiasmo. Seguramente es lo que mucha gente de fe pequeña y vacilante necesita escuchar hoy con claridad de la Iglesia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).