Publicación de Jesús Espeja, religioso dominico en Edit. San Pablo. «A los 50 años del Concilio»

Las sendas por donde debe caminar la Iglesia. A la luz del Concilio Vaticano II, Jesús Espeja intenta desbrozar en A los 50 años del Concilio las sendas por donde debe caminar la Iglesia y desarrolla algunas propuestas del concilio. Analiza la etapa de donde venía la Iglesia, subrayando la tentación del poder y los choques con la Ilustración, la necesidad de una profunda renovación y las resistencias a la misma.

Roma creará una academia pontificia para promover el latín en las iglesias y las escuelas

Benedicto XVI pretende que aumente el conocimiento del latín en la Iglesia, la sociedad civil y la escuela. Para ello, en breve publicará el documento de creación de la nueva Pontificia Academia Latinitatis.

La inminente institución de la nueva academia, que se añadirá a las once ya existentes, fue confirmada en una carta que el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, envió recientemente a un sacerdote de Rimini comprometido con que la clase de latín vuelva a las escuelas secundarias italianas. Lo desvelaba el vaticanista Andrea Tornielli hace unos días.

Ha muerto Carlo Maria Martini, el deseado

Temido y acosado por los conservadores, que le llamaban el «antipapa» y le acusaban de ser demasiado “liberal” y “progresista”, cuando, en realidad, fue siempre un hombre profundamente espiritual.

Demasiado profético para ser elegido por los mayoritariamente conservadores príncipes de la Iglesia, Carlo Maria Martini nunca llegó al solio pontificio. Pero fue un Papa en la sombra. Con tanta autoridad moral (o más) que Juan Pablo II y Benedicto XVI. Hasta su muerte, ayer, a los 85 años, tras lidiar durante los últimos 16 con el Parkinson. Con la dignidad de un auténtico enamorado del Cristo samaritano

Falacias sobre la crisis: ¿todos la sufren igual?

Secretariado Social – Justicia y Paz,
por Arturo GARCIA, Ramón BALENCIAGA, Pako ETXEBESTE, Patxi MEABE
Vizcaya

TODOS los días las noticias sobre los mercados, la prima de riesgo y los altibajos de la bolsa llenan los informativos. Casi siempre referido al dinero. Se habla mucho menos de la economía productiva que sufre las consecuencias de la actividad monetaria por el encarecimiento de los créditos y tiene como resultado el cierre de muchas empresas y que muchas personas vean truncadas sus posibilidades de vida digna. Se ha doblado el número que piden comida en los bancos de alimentos y no son los pobres tradicionales, sino que la tipología se ha diversificado, sin que falten personas con estudios universitarios. Asistimos a una grave mengua del Estado de bienestar (copago en la sanidad pública; disminución y mayor dificultad para obtener una pensión; alargamiento de la edad de jubilación…). Leer más

Francisco Fernández Buey: La incesante búsqueda de una alternativa de izquierda

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Cristianismo y Justicia. Barcelona
Jaume Botey

Francisco Fernández Buey (Palencia 1943), es filósofo ycomunista y uno de los pensadores más lúcidos en la críticadel sistema actual. Catedrático de Filosofía Política enla Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Es uno de los grandes expertos internacionales en la obra de Gramsci. Autor, entre otras obras, de Contribución a la crítica del marxismo cientificista, La ilusión del método, La gran perturbación, Leyendo a Gramsci, Marx (sin ismos), Guía para una globalización alternativa, Poliética.

Participó en la lucha antifranquista como militante del PSUC. Contribuyó con Manuel Sacristán a la creación de las revistas Materiales y Mientras Tanto. Activista en diversos movimientos sociales. En la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona coordina la Càtedra UNESCO sobre estudios interculturales.

En nuestro mundo de la cultura, hablar de Francisco Fernández Buey es hablar de izquierda, pero de una izquierda que sin dimitir de las ideas acepta el diálogo.
Uno diría que el principio ético de este diálogo es la presencia del “otro” sufriente. Y de esta realidad quedó impregnado desde sus primeros contactos con el marxismo. Leer más

DOMINGO XXII T.O, 2 de septiembre de 2012,

ATADURAS

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Mc 07, 01-23

Había una vez un monasterio en el que se respetaba el silencio escrupulosamente. Pero cada día, justo a las seis de la tarde, cuando los monjes iniciaban el rezo de Vísperas, aparecía un gato por la puerta de la iglesia, maullando fuertemente.

Ante la insistencia e intensidad de los maullidos, el abad tomó una decisión: pidió a un hermano que, de seis a siete de la tarde, atara al gato en un pilar que había a la entrada del monasterio, lejos de la capilla donde ellos rezaban. Y así lo hacía el hermano cada tarde.

Pero pasó el tiempo. El abad falleció y vino a sustituirle un monje de otro convento lejano, que pronto advirtió lo que cada tarde se hacía con el gato.

Meses después falleció el gato. Inmediatamente, el nuevo abad llamó al hermano y le dijo: «Compre cuanto antes otro gato para atarlo cada tarde de seis a siete en la columna de la entrada».

Este antiguo cuento muestra una tendencia bastante habitual en el comportamiento humano. Empezamos haciendo algo porque resulta útil, pero pronto absolutizamos esa acción, convirtiéndola en un rito al que atribuimos valor por sí mismo, al margen de su utilidad.

Cuando eso se produce, pareciera como si el único motivo para mantener una acción o un comportamiento fuera que «siempre se ha hecho así».

Si, además, a ese comportamiento se le ha otorgado un carácter «religioso», se añade otra razón poderosa para perpetuarlo. Y si, finalmente, la autoridad se arroga el poder de controlarlo y de vigilar su cumplimiento, tenemos todos los ingredientes, tanto para el inmovilismo como para situar la acción prescrita por encima incluso del valor o del bien de la persona.

Todo esto queda de manifiesto en el relato evangélico que leemos hoy. Los fariseos y doctores de la ley vigilaban rigurosamente el cumplimiento de las normas rituales; entre ellas, la de lavarse las manos antes de comer.

Probablemente, tal norma hubiera nacido como una medida de prevención higiénica. El error se produce cuando se absolutiza y se termina declarando «impuras» (religiosamente) a las personas que la incumplen.

De ese modo, lo que podía ser una prescripción saludable –también hoy los padres recuerdan a sus hijos la necesidad de lavarse las manos antes de comer- se terminó convirtiendo en un arma de poder y en un pretexto gravemente discriminatorio.

Pretextos de ese tipo se han utilizado (se utilizan) con frecuencia en la sociedad para estigmatizar a determinadas personas y colectivos. Y la autoridad, religiosa o civil, se ha convertido en «policía de las conciencias», acusando, condenando o incluso eliminando a quienes se salían de la norma prescrita.

Cuando todo eso se producía en el ámbito de la religión, la autoridad apelaba rápidamente al mandamiento divino, para otorgar mayor fuerza a sus pretensiones. En este caso, debía actuarse de una determinada manera, no solo porque «siempre se ha hecho así», sino porque «Dios lo ordena».

De este modo, la autoridad religiosa hacía a Dios cómplice de su propia actitud, con dos graves consecuencias. Por un lado, se estimulaba una actitud típicamente farisea, inflando el orgullo de los observantes de la norma. Por otro, generaba ateísmo en aquellas mentes lúcidas que se negaban a tomar como absoluta una norma que en ningún caso lo era.

De hecho, cada vez que la autoridad invoca el nombre de Dios para justificar sus decisiones, propias o recibidas, no hace sino «tomar el nombre de Dios en vano», reduciendo el Misterio a un ídolo, superpolicía moral del universo, que no puede sino provocar rechazo. No es extraño que el recurso fácil a la «voluntad de Dios» haya sido visto como «el asilo de la ignorancia» (B. Spinoza, Ética I, Apéndice, Alianza editorial, Madrid 2011, p.114) y «del antropomorfismo» (A. Comte-Sponville, El alma del ateísmo, Paidós, Barcelona 2006, p.115).

Una vez más, frente a las trampas de la religión, la actitud de Jesús es inequívoca. Hasta el punto que cuesta entender cómo hay personas que profesan ser seguidores suyos y siguen absolutizando normas, ritos, creencias…, por encima del bien de las personas, a las que no dudan en anatematizar y descalificar del modo más furibundo.

Las palabras de Jesús –que toma de Isaías, otro gran profeta de su pueblo- apuntan directamente hacia el corazón: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos».

Tales palabras parece que tendrían que convertirse, para la persona religiosa, en un interrogante siempre actual: ¿Dónde creo encontrar a Dios? ¿En las normas, en los ritos, en las creencias… o en el corazón? Es indudable que el comportamiento personal será radicalmente distinto, si hemos identificado a Dios con nuestras creencias o si lo experimentamos en lo profundo de nuestro ser. En el primer caso, habrá fanatismo; en el segundo, respeto y amor.

La tendencia humana a absolutizar las palabras que empleamos suele jugarnos muy malas pasadas. Así, suele darse el caso de que basta que una persona nombre a «Dios», para creer que ya actúa desde Él. Se ha sustituido la experiencia personal –siempre transformante- por un sonido verbal que, en no pocos casos, no es sino un «flatus vocis», pura palabra vacía.

«Nadie se emborracha con la palabra vino», nos han repetido los místicos sufíes. Y nadie se transforma por el hecho de repetir constantemente la palabra «dios».

Lo decisivo, como recordaba Jesús, es el «lugar» donde vivimos a Dios; es decir, la experiencia inmediata y directa de percibirnos en conexión con el Misterio que habita todos los seres y que, por eso mismo, se es capaz de reconocerlo en cada uno de ellos, tal como se reconoce en uno mismo.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

XXII. IGANDEA URTEAN ZEHAR, 2012ko irailaren 2a: Jainkoaren arrangura/ La queja de Dios

Jainkoaren arrangura/ La queja de Dios

José Antonio Pagola

Marcos 7, 1-8.14-15.21-23

Galileako fariseu-taldetxo bat Jesusi hurbildu zaio jarrera kritikoan. Ez datoz bakarrik. Lagun dituzte lege-maisu batzuk, Jerusalemetik etorriak, herrixketako landa-jende xumearen ortodoxia defenditzeko kezkaz, inondik ere. Arriskutsua da Jesusen jarduera. Zuzendu beharra dago.

Ohartu dira ezen, kasu batzuetan, Jesusen ikasleek ez dutela errespetatzen arbasoen tradizioa. Ikasleen portaeraz mintzo badira ere, Jesusentzat da galdera; badakite, izan ere, hark irakatsi diela askatasun harrigarri hartaz bizitzen. Zer dela eta?

Isaias profetaren hitz batzuekin erantzun die Jesusek, bere mezua eta jarduera oso ondo argitzen duten hitzekin. Jesusek bere-bere egiten dituen hitz horiek arretaz entzun beharrekoak ditugu; hain zuzen, gure erlijioaren funtsa den zerbaiti dagozkio. Profetaren arabera, hauxe da Jainkoaren arrangura edo kexua.

«Herri honek ezpainez ohoratzen nau, baina bihotza nigandik urrun du». Hauxe da, beti, erlijio guztien arriskua: Jainkoari ezpain-puntaz kultu ematea, formulak errepikatuz, salmoak esanez, hitz ederrak ahoskatuz; bitartean gure bihotza «urrun da harengandik». Alabaina, Jainkoari atsegin zaion kultua bihotzari dariona da, barne-atxikimenduari, gure erabakien eta egitasmoen jaiotze-puntu den pertsonaren barne-barneko erdiguneari dariona.

«Ematen didaten kultua hutsala da». Gure bihotza Jainkoagandik urrun dagoenean, gure kultua mamirik gabeko gertatzen da. Bizia falta ohi zaio, Jainkoaren Hitza egiaz entzutea, anai-arrebekiko maitasuna. Erlijioa azaleko zerbait bihurtzen da, ohikeriaz betea, Jainkoari leial zaion bizitzaren fruituak falta dituena.

«Irakasten duten doktrina giza agindu da». Erlijio guztietan izan ohi dira «gizatar» diren tradizioak. Arauak, ohiturak, debozioak: kultura jakin batean erlijiotasuna bizitzeko sortuak. On handia egin lezakete. Baina kalte handia egiten dute Jainkoaren Hitza entzutetik arreta gabetzen edo urruntzen gaituztenean. Ez zaie eman behar sekula lehentasuna.

Isaias profetaren aipamena bukatzean, oso larriak diren hitz hauekin laburbildu du Jesusek bere pentsamendua: «Alde batera uzten duzue Jainkoaren agindua, gizon-emakumeen tradizioari lotzeko». Giza tradizioei itsu-itsu lotzen gatzaizkienean, arrisku hau izan ohi dugu: maitasunaz ahaztu eta Jesusi, Jainkoaren Hitz haragitu horri, jarraitzetik apartatzekoa. Kristau-erlijioan lehenengo gauza Jesus da beti eta maitasunerako haren deia. Soilik, ondoren datoz giza tradizioak, inportanteenak iruditu arren. Ezin ahaztu genezake sekula zein den funtsa.

La queja de Dios

Marcos 7, 1-8.14-15.21-23

José Antonio Pagola

Un grupo de fariseos de Galilea se acerca a Jesús en actitud crítica. No vienen solos. Los acompañan algunos escribas, venidos de Jerusalén, preocupados sin duda por defender la ortodoxia de los sencillos campesinos de las aldeas. La actuación de Jesús es peligrosa. Conviene corregirla.
Han observado que, en algunos aspectos, sus discípulos no siguen la tradición de los mayores. Aunque hablan del comportamiento de los discípulos, su pregunta se dirige a Jesús, pues saben que es él quien les ha enseñado a vivir con aquella libertad sorprendente. ¿Por qué?

Jesús les responde con unas palabras del profeta Isaías que iluminan muy bien su mensaje y su actuación. Estas palabras con las que Jesús se identifica totalmente hemos de escucharlas con atención, pues tocan algo muy fundamental de nuestra religión. Según el profeta, esta es la queja Dios.

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. Este es siempre el riesgo de toda religión: dar culto a Dios con los labios, repitiendo fórmulas, recitando salmos, pronunciando palabras hermosas, mientras nuestro corazón “está lejos de él”. Sin embargo, el culto que agrada a Dios nace del corazón, de la adhesión interior, de ese centro íntimo de la persona de donde nacen nuestras decisiones y proyectos.

“El culto que me dan está vacío”. Cuando nuestro corazón está lejos de Dios, nuestro culto queda sin contenido. Le falta la vida, la escucha sincera de la Palabra de Dios, el amor al hermano. La religión se convierte en algo exterior que se practica por costumbre, pero donde faltan los frutos de una vida fiel a Dios.

“La doctrina que enseñan son preceptos humanos”. En toda religión hay tradiciones que son “humanas”. Normas, costumbres, devociones que han nacido para vivir la religiosidad en una determinada cultura. Pueden hacer mucho bien. Pero hacen mucho daño cuando nos distraen y alejan de la Palabra de Dios. Nunca han de tener la primacía.

Al terminar la cita del profeta Isaías, Jesús resume su pensamiento con unas palabras muy graves: “Dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”. Cuando nos aferramos ciegamente a tradiciones humanas, corremos el riesgo de olvidar el mandato del amor y desviarnos del seguimiento a Jesús, Palabra encarnada de Dios. En la religión cristiana lo primero es siempre Jesús y su llamada al amor. Solo después vienen nuestras tradiciones humanas por muy importantes que nos puedan parecer. No hemos de olvidar nunca lo esencial.

 

Seis de cada diez bodas en España son civiles

Casarse en España ya no implica hacerlo «por la Iglesia». Según los datos, seis de cada diez matrimonios que se lleva a cabo en nuestro país son civiles. En diez años, además, se ha pasado de 152.000 enlaces religiosos anuales a apenas 62.000. Así se desprende del Instituto Nacional de Estadística. Las uniones por la Iglesia disminuyen casi dos tercios.

Aborto y vida naciente con malformaciones

Juan Masiá Clavel, teólogo, bioeticista

Adjuntamos 2 artículos publicados por el teólogo y bioeticista Juan Masiá Clavel publicados en el País y en la Verdad de Murcia sobre el debate abierto con el tema del aborto.

El País

Hay que respetar que sea ella quien tome la decisión, sin imposición prohibitiva, ni complicidad permisiva
No soy ginecólogo, ni jurista, ni casado. Mi relación con el aborto se produce en dos campos: el consultorio espiritual y la clase de ética. Desde esas perspectivas comento sobre las decisiones conflictivas de interrupción o prosecución de un embarazo amenazado por patologías que hacen dudar de la conveniencia de protegerlo. Leer más

José Chamizo, defensor del Pueblo de Andalucía:”Echamos de menos que la Conferencia Episcopal se manifieste sobre la crisis”

El Defensor del Pueblo de Andalucía, quien dejó temporalmente el sacerdocio en 1996 para ejercer ese cargo, pide a la jerarquía eclesiástica que en una situación tan crítica se pronuncie contra el sistema capitalista de los mercados financieros. Es el Defensor del Pueblo de Andalucía, desde 1996, pero su gestión ha trascendido al resto del Estado como ejemplo de compromiso con los excluidos, incluso cuando aún no estaba en cuestión el modelo del Estado del bienestar.