¿Dónde está la religión en estos tiempos de pandemia?

Victorino Pérez – Armonía en la diversidad
Religión Digital

¿Dónde está la religión? Se preguntaba Suso de Toro, amigo y colega en las páginas de opinión del diario gallego Nós. “¿Dónde está la religión?… en un momento en que estamos obligados a encarar con ansiedad la enfermedad y la muerte”. Y el conocido escritor gallego hablaba de un “vacío importante”.

Yo contestaba en mi columna de este miércoles –en el breve espacio de los dos mil caracteres– que la religión está en la vida de cada día, en la de mujeres y hombres que ríen y que lloran, en los que sufren y desesperan y en los que los atienden, en los que encuentran y dan razones para vivir en tiempos de desaliento. Una religión bien viva sobre todo cuando está imbuida de espiritualidad, y –para los cristianos– de Evangelio, más que de dogmatismos y normas infumables, de rituales rígidos, trasnochados e intolerantes, de autoritarismo y formas jerárquico-patriarcales.

La religión –añadía– está en estos días y siempre en la  atención solícita y amorosa a los enfermos y a los más indefensos y desgraciados de este mundo, a los últimos y a los que ven de cerca a la muerte; está en una “ética samaritana”, como recordaba recientemente  Frei BentoLeer más…

Aceptémoslo, el estilo de vida que conocíamos no va a volver nunca

Redacción de Atrio

Vamos ya por la segunda semana de confinamiento y seguimos con la creciente sensación de irrealidad. En cifras de muertos ya España e Italia han superado a China. En contagiados en dos o tres días EE.UU. habrá conseguido ponerse a la cabeza. Todos los gobiernos del mundo, excepto Holanda; Suecia y algún otro, por diferente estrategia sanitaria o por irresponsabilidad supina, han tomado medidas de confinamiento y cese de actividades no necesarias, como en España. Hasta India lo ha impuesto hoy para más de mil millones de ciudadanos. No sé si queda quien crea que estamos siendo víctimas no de un virus que es como otras gripes sino víctimas de una paranoia mundial o de unas estrategias del golpe por Shock. Lo que hoy nos planteamos es cuánto va durar el gran confinamiento y el paro económico. Hoy me ha llegado un intento de predicción a nivel mundial, que parece serio, que coincide con la relativa relajación que empieza a darse en China y que se basa en que hasta otoño del año que viene no habrá vacuna fiable contra la pandemia. Ahí os lo dejo para que lo comentéis y saquéis consecuencias. Leer más…

Domingo 5º de Cuaresma (A) Fray Marcos

(Ez 37,12-14) Os infundiré mi espíritu y viviréis.

(Rom 8,8-11) No estáis en la carne, sino en el espíritu, que habita en vosotros.

(Jn 11,1-45) Yo soy la resurrección y la Vida. El que cree en mí tendrá Vida.

Ya tengo la  verdadera VIDA aquí y ahora. Si tomamos conciencia de que la VIDA ya está en nosotros, la preocupación por la vida no sería agobiante.

Lázaro es un personaje simbólico que nos representa en nuestra condición de criaturas limitadas, invitadas a superar los límites. Con la misma palabra “vida”, se hace referencia a conceptos tan diferentes que es difícil interpretarlos bien. De hecho, se puede dar la muerte en una vida fisiológica sana Y se puede dar la Vida con una salud deteriorada. No podemos tergiversar el texto hasta hacerle decir lo contrario de lo que quiere decir. Es indispensable que tratemos de dilucidar de qué Vida y de qué muerte estamos hablando.

En el relato de hoy, todo es simbólico. Los tres hermanos representan la nueva comunidad. Jesús está totalmente integrado en el grupo por su amor a cada uno. Unos miembros de la comunidad se preocupan por la salud de otro. La falta de lógica del relato nos obliga a salir de la literalidad. Cuando dice Jesús: “esta enfermedad no acabará en la muerte sino para revelar la gloria de Dios”; y al decir: “Lázaro está dormido: voy a despertarlo”, nos está indicando el verdadero sentido de todo el relato.

Si seguimos preguntando si Lázaro resucitó o no, físicamente, es que seguimos muertos. La alternativa no es, esta vida, solamente aquí abajo u otra vida después, pero continuación de esta. La alternativa es: vida biológica sola, o Vida definitiva durante esta vida y más allá de ella. Que Lázaro resucite para volver a morir unos años después, no soluciona nada. Sería ridículo que ese fuese el objetivo de Jesús. Es realmente sorprendente, que ni los demás evangelistas, ni ningún otro escrito del NT, mencione un hecho tan espectacular como la resurrección de un cuerpo ya podrido.

Jesús no viene a prolongar la vida física, viene a comunicar la Vida de Dios que él mismo posee. Esa Vida anula los efectos catastróficos de la muerte biológica. Es la misma Vida de Dios. Resurrección es un término relativo, supone un estado anterior de vida física. Ante el hecho de la muerte natural, la Vida que sigue, aparece como renovación de la vida que termina. “Yo soy la resurrección” está indicando que es algo presente, no futuro y lejano. No hay que esperar a la muerte para conseguir Vida.

Para que esa Vida pueda llegar al hombre, se requiere la adhesión a Jesús. A esa adhesión responde él con el don del Espíritu-Vida, que nos sitúa más allá de la muerte física. El término “resurrección” expresa solamente su relación con la vida biológica que ya ha terminado. “Quién escucha mi mensaje y da fe al que me mandó, posee Vida definitiva” (5,24). Esto quiere decir que todo aquel que tenga una actitud como la que tuvo Jesús en su vida, participa de esa Vida. Esa Vida es la misma que vive Jesús.

Jesús corrige la concepción tradicional de “resurrección del último día”, que Marta compartía con los fariseos. Para Jn, el último día es el día de la muerte de Jesús, en el cual, con el don del Espíritu, la creación del hombre queda completada. Esta es la fe que Jesús espera de Marta. No se trata de creer que Jesús puede resucitar muertos. Se trata de aceptar la Vida definitiva que Jesús posee y puede comunicar al que se adhiere a él. Hoy seguimos con la fe para el más allá de Marta, que Jesús declara insuficiente.

¿Dónde le habéis puesto? Esta pregunta, hecha antes de llegar al sepulcro, parece insinuar la esperanza de encontrar a Lázaro con Vida. Indica que son ellos los que colocaron a Lázaro en el sepulcro, lugar de muerte sin esperanza. El sepulcro no es el lugar propio de los que han dado su adhesión a Jesús. Al decirles: “Quitad la losa”. Jesús pide a la comunidad que se despoje de su creencia. Los muertos no tienen por qué estar separados de los vivos. Los muertos pueden estar vivos y los vivos, muertos.

 Ya huele mal. La trágica realidad de la muerte se impone. Marta sigue pensando que la muerte es el fin. Jesús quiere hacerle ver que no es el fin; pero también que sin  muerte no se puede alcanzar la verdadera Vida. La muerte sólo deja de ser el horizonte último de la vida cuando se asume y se traspasa. “Si el grano de trigo no muere…” Nadie puede quedar dispensado de morir, ni el mismo Jesús. Jesús invita a Nicodemo a nacer de nuevo. Ese nacimiento es imposible sin morir antes a todo lo que creemos ser.

Al quitar la losa, desaparece simbólicamente la frontera entre muertos y vivos. La losa no dejaba entrar ni salir. Era la señal del punto y final de la existencia. La pesada losa de piedra ocultaba la presencia de la Vida más allá de la muerte. Jesús sabe que Lázaro había aceptado la Vida antes de morir, por eso ahora está seguro de que sigue viviendo. Es más, solo ahora posee en plenitud la verdadera Vida. “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”. La Vida es compatible con la muerte.

Es muy importante la oración de Jesús en ese momento clave. Al levantar los ojos a “lo alto” y “dar gracias al Padre”, Jesús se coloca en la esfera divina. Jesús está en comunicación constante con Dios; su Vida es la misma Vida de Dios. No se dice que haya pedido nada. El sentido de la acción de gracias lo envuelve todo. Es consciente de que el Padre se lo ha dado todo, entregándose Él mismo. La acción de gracias se expresa en gestos y palabras, pero en Jesús manifiesta una actitud permanente.

Al gritar: ¡Lázaro, ven fuera! Esta confirmando que el sepulcro donde le habían colocado, no era el lugar donde debía estar. Han sido ellos los que le han colocado allí. El creyente no está destinado al sepulcro, porque aunque muere, sigue viviendo. Con su grito, Jesús quiere mostrar a Lázaro vivo. Los destinatarios del grito son ellos, no Lázaro. Ellos tienen que convencerse de que la muerte física no ha interrumpido la Vida. Entendido literalmente, sería absurdo gritar para que el muerto  oyera.

Salió el muerto con las piernas y los brazos atados. Las piernas y los brazos atados muestran al hombre incapaz de movimiento y actividad, por lo tanto, sin posibilidad de desarrollar su humanidad (ciego de nacimiento). El ser humano, que no nace a la nueva Vida, permanece atado de pies y manos, imposibilitado para crecer como tal ser humano. Una vez más es imposible entender la frase literalmente. ¿Cómo pudo salir, si tenía los pies atados? Parecía un cadáver, pero estaba vivo.

Lázaro ostenta todos los atributos de la muerte, pero sale él mismo porque está vivo. La comunidad entera tiene que tomar conciencia de su nueva situación, que escapa a toda comprensión racional. Por eso se utiliza la gran metáfora “Desatadlo y dejadlo que se marche”. Son ellos los que lo han atado y ellos son los que deben soltarlo. No devuelve a Lázaro al ámbito de la comunidad, sino que le deja en libertad. También ellos tienen que desatarse del miedo a la muerte que paraliza. Ahora, sabiendo que morir no significa dejar de vivir, podrán entregar su vida con plena libertad como Jesús.

Meditación

El relato nos invita a pasar de la muerte a la Vida.

Se trata de la Vida que no termina, la definitiva.

Es la misma Vida de Dios, comunicada al hombre.

Es la ÚNICA VIDA que lo inunda todo.

No es algo que Dios nos da o deja de darnos.

Es Dios comunicándonos su mismo ser.

Su ser es el fundamento de nuestro verdadero ser.

Jesús nos invita a descubrir y a vivir esa realidad.            

 Para profundizar

 Todo discurso sobre Dios es analógico

Entendido literalmente, te llevará al absurdo (piensa en el credo)

“VIDA”, la gran metáfora para tocar al Dios incognoscible

La vida biológica es pálido reflejo de la que a Dios atañe

Confundirlas es arruinar el gigantesco esfuerzo

Con todo, sigue siendo metáfora de aquella Realidad que no abarcamos

La VIDA no es un ser, es movimiento, manifestado en borbotones múltiples

Sin que podamos adivinar su esencia, esa VIDA  nos lanza al infinito

La VIDA (Dios) es total, sin fronteras y puede dar sentido a mi efímera vida

Ni la vida biológica de Jesús ni la de Lázaro merecerían atención alguna

Si no estuviera en juego la otra VIDA

Se trata de la misma VIDA de Dios que es absoluta

A la que ni la muerte puede afectar en nada

El texto quiere decir que estará siempre en el vivo y el muerto

El relato habla de mí, que vivo en la materia,

Para que me esfuerce por descubrir la VIDA,

Creer en Jesús es hacer mía esa VIDA

Y asegurar la eternidad desde este instante.

La palabra “resurrección” nos traicionó en seguida.

Era una metáfora radical y profunda

Y la tomamos en sentido literal biológico.

Así nos alejamos del mensaje pascual

Y nos enfrascamos en la visión carnal del acontecimiento.

Lázaro muerto vive en la auténtica VIDA

Jesús crucificado vive en la VIDA de Dios

Que siempre desplegó en su vida caduca.

Garizumako 5. igandea (A) (Joan 11,1-45) José A. Pagola

Evangelio del 29 / Mar / 2020
por Coordinador – Mario González Jurado

ATE BAT ZABALIK

Harrapatuegi gauzka «honakoago» [oraingo mundu] honek, «haratago» [geroko mundu] hartaz arduratu ahal izateko. Nahasten eta esklabotzen gaituen bizi-erritmoak mendean harturik, eguneroko albisteen eta gertaeren informazio itogarriak josirik, garapen teknikoak eskura jartzen dizkigun erakargarritasunez liluraturik, ematen du, ez dugula mugitzeko leku dugun «bizitza hau» baino zeruertz zabalagoren beharrik.

Zertan pentsatu «beste bizitza batean»? Ez ote da gauza zentzuzkoagoa, gure indar guztiak mundu honetan geure bizitza ahalik hobekien antolatzen eralgitzea? Ez al genuke saiatu behar oraingo bizitza hau eman ahal guztian bizitzen, gainerako guztia isilik utziz? Ez al da hobe bizitza hau onartzea beraren iluntasun eta enigmekin, eta «haratagoko» hura alde batera uztea, ezertan ere ezagutzen ez dugun misterio denez?

Halaz guztiz, gaur egungo gizakiak, beste aro guztietakoak bezala, badaki norberaren izatearen hondoan badela ezkutuan galdera bat, erantzuteko seriosagoa eta zailagoa dena: zer izango da gu guztion eta gutako bakoitzaren azkena? Gure ideologia edo fedea edozein delarik ere, aurrez aurre dugun zinezko problema geure geroa dugu. Zein azken dugu zain?

Peter Berger-ek errealismo sakonaz gogoratu digu: «gizarte oro, azken batean, aurrez aurre heriotza duen gizon-emakumeen talde bat da». Horregatik, hain justu, heriotzaren aurrean ageri ohi da argienik «egungo zibilizazioaren egia, –gauza kuriosa– ez baitaki zer egin heriotzarekin, hau ezkutatzen saiatu baizik eta iskin egin baizik ahalik gehien beraren erronka tragikoari.

Sakonagoa ematen du pertsona batzuen jarrerak; Eduardo Chillidarenak, adibidez, behin batean hitz hauek jaulki baitzituen: «Heriotzaz, arrazoiak esaten dit erabatekoa dela. Arrazoiaz, arrazoiak esaten dit mugatua dela».

Hemen dugu kokatu behar fededunaren jarrera, bai baitaki aurre egiten, errealismoz eta errespetuz, heriotzaren bazterrezineko gertaerari, baina Kristo piztuagan duen errotiko konfiantzatik jokatzen duelarik. Konfiantza bat, «kanpotik» ezin ulertu dena eta, noizbait, bere izatearen hondoan Jesusen hitz hauek aditu dituenak bakarrik bizi dezakeena: «Neu naiz piztuera eta bizia». Sinesten al duzu hau?

Jose Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

5 Cuaresma – A (Juan 11,1-45)

Evangelio del 29 / Mar / 2020
por Coordinador – Mario González Jurado

UNA PUERTA ABIERTA

Estamos demasiado atrapados por el «más acá» para preocuparnos del «más allá». Sometidos a un ritmo de vida que nos aturde y esclaviza, abrumados por una información asfixiante de noticias y acontecimientos diarios, fascinados por mil atractivos que el desarrollo técnico pone en nuestras manos, no parece que necesitemos un horizonte más amplio que «esta vida» en la que nos movemos.

¿Para qué pensar en «otra vida»? ¿No es mejor gastar todas nuestras fuerzas en organizar lo mejor posible nuestra existencia en este mundo? ¿No deberíamos esforzarnos al máximo en vivir esta vida de ahora y callarnos respecto a todo lo demás? ¿No es mejor aceptar la vida con su oscuridad y sus enigmas, y dejar «el más allá» como un misterio del que nada sabemos?

Sin embargo, el hombre contemporáneo, como el de todas las épocas, sabe que en el fondo de su ser está latente siempre la pregunta más seria y difícil de responder: ¿qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Cualquiera que sea nuestra ideología o nuestra fe, el verdadero problema al que estamos enfrentados todos es nuestro futuro. ¿Qué final nos espera?

Peter Berger nos ha recordado con profundo realismo que «toda sociedad humana es, en última instancia, una congregación de hombres frente a la muerte». Por ello, es ante la muerte precisamente donde aparece con más claridad «la verdad» de la civilización contemporánea, que, curiosamente, no sabe qué hacer con ella si no es ocultarla y eludir al máximo su trágico desafío.

Más honrada parece la postura de personas como Eduardo Chillida, que en alguna ocasión se expresó en estos términos: «De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada».

Es aquí donde hemos de situar la postura del creyente, que sabe enfrentarse con realismo y modestia al hecho ineludible de la muerte, pero que lo hace desde una confianza radical en Cristo resucitado. Una confianza que difícilmente puede ser entendida «desde fuera» y que solo puede ser vivida por quien ha escuchado, alguna vez, en el fondo de su ser, las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida». ¿Crees esto?

José Antonio Pagola

 

Domingo 29 de marzo 5º Cuaresma- (A) Koinonía.

Ezequiel 37,12-14: Les infundiré mi espíritu
Salmo 129: Señor viene la misericordia, la redención copiosa
Romanos 8,8-11: El Espíritu habita en ustedes
Juan 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida

Ezequiel 37,12-14

Os infundiré, mi espíritu, y viviréis

Así dice el Señor: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.

Salmo responsorial: 129

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor; / Señor, escucha mi voz; / estén tus oídos atentos / a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, / ¿quién podrá resistir? / Pero de ti procede el perdón, / así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor, / espera en su palabra; / mi alma guarda al Señor, / más que el centinela la aurora. / Aguarde Israel al Señor, / como el centinela la aurora. R.

Porque del Señor viene la misericordia, / la redención copiosa; / y él redimirá a Israel / de todos sus delitos. R.

Romanos 8,8-11

El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros

Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios.Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Juan 11,1-45

Yo soy la resurrección y la vida

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.]

Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.» Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»

[Los discípulos le replican: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?» Jesús contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.» Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará.» Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.» Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él.»]

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

[Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí y te llama.» Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.»]

Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,] sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Donde lo habéis enterrado?» Le contestaron: «Señor, ven a verlo.» Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!» Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?» Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: «Quitad la losa.» Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.» Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.» El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Muchos pueblos de la tierra, en el pasado y en el presente, se han visto forzados a abandonar su tierra, a marchar al exilio. Sus habitantes forman las legiones de desplazados y refugiados que, hoy por hoy, las Naciones Unidas, a través de su Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), se esfuerzan por atender. Para un desplazado no hay peor desgracia que morir lejos del paisaje familiar, de la tierra nutricia, del suelo patrio. El profeta Ezequiel, en la primera lectura, afronta esta situación viviéndola con su pueblo de Judá, hace 26 siglos: comienzan a morir los ancianos, los enfermos, los más débiles, lejos de Jerusalén, de la tierra que Dios prometiera a los patriarcas, la tierra a la cual Moisés condujera al pueblo, la que conquistara Josué. Al dolor por la muerte de los seres queridos se suma el de verlos morir en suelo extranjero, el de tener que sepultarlos entre extraños.

Pero la voz del profeta se convierte en consuelo de Dios: Él mismo sacará de las tumbas a su pueblo, abrirá sus sepulcros y los hará volver a la amada tierra de Israel. Su pueblo conocerá que Dios es el Señor cuando Él derrame en abundancia su Espíritu sobre los sobrevivientes.

En el Antiguo Testamento no aparece claramente una expectativa de vida eterna, de vida más allá de la muerte. Los israelitas esperaban las bendiciones divinas para este tiempo de la vida terrena: larga vida, numerosa descendencia, habitar en la tierra que Dios donó a su pueblo, riquezas suficientes para vivir holgadamente. Más allá de la muerte sólo quedaba acostarse y «dormir» con los padres, con los antepasados; las almas de los muertos habitaban en el “sheol”, el abismo subterráneo en donde ni si gozaba, ni se sufría.

Sólo en los últimos libros del Antiguo Testamento, por ejemplo en Daniel, en Sabiduría y en Macabeos, encontramos textos que hablan más o menos confusamente de una esperanza de vida más allá de la muerte, de una posibilidad de volver a vivir por voluntad de Dios, de resucitar. Esta esperanza tímida surge en el contexto de la pregunta por la retribución y el ejercicio de la justicia divina: ¿Cuándo premiará Dios al justo, al mártir de la fe, por ejemplo, o castigará al impío perseguidor de su pueblo, si la muerte se los ha llevado? ¿Cuándo realizará Dios plenamente las promesas a favor de su pueblo elegido? Algunas corrientes del judaísmo contemporáneo de Jesús, como el fariseísmo, creían firmemente en la resurrección de los muertos como un acontecimiento escatológico, de los últimos tiempos, un acontecimiento que haría brillar la insobornable justicia de Dios sobre justos y pecadores. Los saduceos, por el contrario, se atenían a la doctrina tradicional, les bastaba esta vida de privilegios para los de su casta, y consideraban cumplida la justicia divina en el “status quo” que ellos defendían: el mundo estaba bien como estaba, en manos de los dominadores romanos que respetaban su poder religioso y sacerdotal sobre el pueblo.

La segunda lectura está tomada de la carta de Pablo a los romanos, considerada como su testamento espiritual, redactada con unas categorías antropológicas complicadas, muy alejadas de las nuestras, que nos inducen fácilmente a confusión. El fragmento de hoy está escogido para hacer referencia al tema que hemos escuchado en la 1ª lectura: los cristianos hemos recibido el Espíritu que el Señor prometía en los ya lejanos tiempos del exilio, no estamos ya en la “carne”, es decir -en el lenguaje de Pablo-: no estamos ya en el pecado, en el egoísmo estéril, en la codicia desenfrenada. Estamos en el Espíritu, o sea, en la vida verdadera del amor, el perdón y el servicio, como Cristo, que posee plenamente el Espíritu para dárnoslo sin medida. Y si el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, para que participemos de la vida plena de Dios.

El pasaje evangélico que leemos hoy, la «reviviscencia» de Lázaro, narra el último de los siete “signos” u “obras” que constituyen el armazón del cuarto evangelio. Según Juan, antes de enfrentarse a la muerte Jesús se manifiesta como Señor de la vida, declara solemnemente en público que Él es la resurrección y la vida, que los muertos por la fe en Él revivirán, que los vivos que crean en Él no morirán para siempre….

Bonita la escena, bien construido el relato, tremendas y lapidarias las palabras de Jesús, rico en simbolismo el conjunto… pero difícil el texto para nosotros hoy, cuando nos movemos en una mentalidad tan alejada de la de Juan y su comunidad. A nosotros no nos llaman tanto la atención los milagros de Jesús como sus actitudes y su praxis ordinaria. Preferimos mirarlo en su lado imitable más que en su aspecto simplemente admirable que no podemos imitar. No somos tampoco muy dados a creer fácilmente en la posibilidad de los milagros. Para la mentalidad adulta y crítica de una persona de hoy, una persona de la calle, este texto no es fácil. (Puede ser más fácil para unas religiosas de clausura, o para los niños de la catequesis infantil).

En la muy sofisticada elaboración del evangelio de Juan, éste es el «signo» culminante de Jesús, no sólo por ser mucho más llamativo que los otros (nada menos que una reviviscencia) sino porque está presentado como el que derrama la gota que rompe la paciencia de los enemigos de Jesús, que por este milagro decidirán matar a Jesús. Quizá por eso ha sido elegido para este último domingo antes de la semana santa. Estamos acercándonos al climax del drama de la vida de Jesús, y este hecho de su vida es presentado por Juan como el que provoca el desenlace final.

La causa de la muerte de Jesús fue mucho más que la decisión de unos enemigos temerosos del crecimiento de la popularidad de un Jesús taumaturgo, como aquí lo presenta Juan. Este puede ser un filón de la reflexión de hoy: «Por qué muere Jesús y por qué le matan» (remitimos para ello a un artículo clásico de Ignacio Ellacuría, en http://servicioskoinonia.org/relat/125.htm). El episodio 102 de la famosa serie «Un tal Jesús» (https://radialistas.net/102-el-amigo-muerto/) también interpreta este pasaje de Juan en relación con la «clandestinidad» a la que Jesús tendría que someterse sin duda en el último período de su vida.

Otro tema puede ser el de la fe o del creer en Jesús, con tal de que no identificar la «fe» en «creer que Jesús puede hacer milagros» o «creer en los milagros de Jesús». La fe es algo mucho más serio y profundo. Podría uno creer en Jesús y creer que el Jesús histórico probablemente no hizo ningún milagro… No podemos plantear la fe como si un «Dios allá arriba» jugase a ver si allá abajo los humanos dan crédito o no a las tradiciones que les cuentan sus mayores referentes a los milagros que hizo un tal Jesús… La fe cristiana tiene que ser algo mucho más serio.

Y un tercer tema, todavía más complejo para nuestra reflexión, puede ser el de la resurrección. Precisamente porque, la de Lázaro no fue una resurrección. Lógicamente, a Lázaro simplemente se le dio una prórroga, una «propina», un suplemento… de esta misma vida. Un «más de lo mismo». Y el Lázaro «resucitado» -como tantas veces se lo mal llamó- tenía que volver a morir. Porque en esta vida concreta, «vivir es morir». Cada día que vivimos es un día menos que nos queda de vida, un día más que hemos gastado de nuestra vida, un día que morimos… Por lo que resucitar-resucitar… tiene que ser otra cosa que volver a la misma situación, volver a las andadas.

Aquí habría que subrayar que es bien probable que en la cabeza de la mayor parte de nosotros, la idea de «resurrección» que hay es una idea equivocada, un poco por la misma razón por la que decimos que Lázaro es «mal llamado resucitado»: porque pensamos, o mejor dicho, «imaginamos» la vida resucitada un poco como «prolongación, suplemento, continuación…» de ésta de ahora. Y no. No es sólo que la diferencia será que «aquella vida no se acaba», o que «no tiene necesidades materiales» porque «allí serán como los ángeles del cielo»… No; es que se trata realmente de «otra cosa».

Nuestra llamada «fe en la resurrección» no es un creer que hay un «segundo piso» al que subimos tras la muerte y que allí «continuaremos viviendo»… aunque sea con cuerpos espirituales… Todas estas «imágenes» pueden ser dejadas de lado. También aquí, yo puedo creer en lo que denominábamos «resurrección» sin aceptar la interpretación facilona de que Dios nos creó aquí primero para luego llevarnos a un lugar definitivo… Muchos pueblos primitivos han pensado esto, que ha sido una forma de interpretación de la vida humana que ha funcionado y ha hecho su servicio, en unos contextos culturales pasados. Pero hoy, si queremos escuchar a la ciencia y seguir anclados en «creencias» típicas de las religiones de la edad agraria… es necesario hacer un esfuerzo de renovación, y aceptar ascéticamente un «no saber/no poder expresar» bien el misterio que es la Vida, el misterio en que creemos…

Pero es un tema demasiado importante y demasiado sutil como para ponernos a hablar de la resurrección de Lázaro como modelo de la nuestra, sin necesidad de más preámbulos… Es más complejo el problema. Sobre la transformación de las condiciones de credibilidad de las religiones en este nuevo tiempo sugerimos la lectura de los artículos 352 (http://servicioskoinonia.org/relat/352.htm), de Mariano CORBÍ, y 344, de Amando ROBLES (http://servicioskoinonia.org/relat/344.htm). Sobre la necesidad de «despedirse del piso de arriba», recomendamos la lectura del capitulo de igual título del libro de Roger LENAERS «Otro Dios es posible [http://tiempoaxial.org/#10]. Y sobre la resurrección, en un plan más netamente teológico, recomendamos la lectura de TORRES QUEIRUGA, «Repensar la resurrección» (Trotta, Madrid 2003). Hay también un número de la revista CONCILIUM dedicado a la resurrección (noviembre 2006). La Agenda Latinoamericana’2011 [http://latinoamericana.org/digital] trae un artículo titulado «¿Pero hay o no hay otro mundo ahí arriba?» [ http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo/obra.php?ncodigo=729] accesible en su archivo digital [http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo]. La serie «Otro Dios es posible, de los hermanos LÓPEZ VIGIL aborda el tema de la resurrección en la entrevista 98 [http://radialistas.net/article/98-resucito/], titulada «¿Resucitó?». Y recomendamos un libro completo también sobre el tema, muy rompedor: Vida Eterna: una nueva visión: más allá de las religiones, más allá del teísmo, más allá de cielo e infierno, de John Shelby Spong (tiempoaxial.org).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 102 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «El amigo muerto». El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/102-el-amigo-muerto/

 

 

Juan José Omella: «Tenemos que ser responsables. Esto no es una lucha contra la fe, ni una persecución a la Iglesia, es la persecución de un virus que puede llevar a la gente a morir»

«Cada día mueren un montón de niños desnutridos (…) Una vez superada la pandemia tendremos que seguir con esta atención a los más necesitados de nuestra sociedad»

«Esta situación nos hace descubrir un poco más que todos somos iguales, porque todos podemos contagiarnos. Da igual que uno sea sacerdote, ministro o conductor de autobús»

«Los días posteriores a la Plenaria hubo una o dos personas que dieron positivo. Y parece ser que entre los obispos alguno al regresar a casa sintió fiebre, pero no ha ido a más. No tengo más noticias»

«No compliquemos el asunto, confiemos en las autoridades sanitarias. No favorezcamos el posible contagio, que, según nos dicen, es muy grande. Si hay una epidemia que se prolonga en el tiempo, sería una irresponsabilidad»

 Jesús BastanteReligión Digital

«En las familias no se programan las enfermedades, o la muerte de un ser querido. Hay que tomar la vida como viene». El cardenal de Barcelona, Juan José Omella,…Leer más…

De la ‘muerte negra’ al coronavirus: siglos de relación entre salud, ciencia y religión

Lucía López Alonso
Religión Digital
Cuando Hipócrates salvó a Atenas de una gran peste, los griegos supieron evolucionar del mito (la figura sanadora, por ejemplo, del centauro Quirón, un semidios) al logos, el descubrimiento de la ciencia a partir de la observación de la naturaleza

El hombre medieval supo integrar sus expectativas de fe (los milagros de los que nos han llegado grandes compilaciones) con respuestas desde el análisis de la realidad, es decir, a partir de diagnósticos y prácticas médicas

 

Antes de Cristo, en la Grecia clásica, todo parece indicar que Hipócrates salvó Atenas de una gran peste. Desde entonces, el mundo ha ido conociendo nuevas epidemias, plagas y enfermedades alarmantes, como la actual propagación del coronavirus. Tanto para enfrentarse a estos escenarios de emergencia sanitaria desde el pesimismo como para intentarlo desde el saber y el empirismo, la religión se ha combinado con la ciencia, consiguiendo a veces soluciones luminosas al miedo a morir. Leer más…

Bergoglio lamenta el «abismo de indiferencia» que lleva a construir muros y poner concertinas «contra los que huyen del hambre y de la guerra»

Jesús Bastante
Religión Digital

«Estamos preocupados por nuestras cosas, y nos olvidamos de los niños que tienen hambre, de la pobre gente que, en las fronteras de nuestros países buscan la libertad, todos estos inmigrantes forzados, que huyen del hambre y la guerra, y solamente encuentran un muro hecho de hierro, o con espinas, que no les deja pasar».
Francisco pide orar «por nuestros gobernantes, que tienen que tomar decisiones y se sienten incomprendidos».
Bergoglio ya llama «pandemia» a los contagios de coronavirus en el mundo.

Rotunda homilía contra la indiferencia. El Papa Francisco, en su cuarta misa por streaming desde Casa Santa Marta, denunció el “abismo de la indiferencia” que nos hace conocer la realidad de los que sufren, una información que “no entra en nuestro corazón”, como le ocurría al rico que tenía todos los días en las puertas al pobre Lázaro, y jamás le hizo caso. Leer más…

DOMINGO 2º DE CUARESMA (A) Fray Marcos

Mateo 17,1-9

Su rostro resplandecía como el sol

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro,a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.»

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

 Lo divino en Jesús no puede verse ni oírse. Su verdadero Ser y el nuestro, no puede ser percibido ni por los sentidos ni por la razón.

El domingo pasado, tirarse del alero del templo para ser recogido por los ángeles y manifestar ante la muchedumbre quién era, se nos presentó como una tentación. Pero hoy, una espectacular puesta en escena de luz y sonido, se nos presenta como la cosa más divina del mundo. Desde la razón, es una contradicción, pero en el orden trascendente, una formulación puede ser verdad y la contraria también.

Aunque no sabemos cómo se fraguó este relato, debe ser muy antiguo, porque Mc, ya lo narra completamente elaborado. Una vez que, descubrieron en la experiencia Pascual, lo que Jesús era, trataron de comunicar esa vivencia que les había dado Vida. Para hacerlo creíble, lo colocaron en la vida terrena de Jesús, justo antes del anuncio de la pasión. Así disimulaban la ceguera que les había impedido descubrir quién era.

No podemos pensar en una puesta en escena por parte de Jesús; no es su estilo ni encaja con la manera de presentarse ante sus discípulos. Por lo tanto, debemos entender que no es la crónica de un suceso. Se trata de una teofanía, construida con los elementos y la estructura de las muchas relatadas en el AT. Probablemente es un relato pascual, retrotraído a la época de su vida pública, tiempo después de haberse elaborado.

El relato está tejido con los elementos simbólicos, aportados por las numerosas teofanías que se narran en el AT. Nada en él es original; ni siquiera la voz de Dios es capaz de aportar algo nuevo, pues repite exactamente lo que dijo en el bautismo. Se trata de expresar la presencia divina en Jesús, con un lenguaje que todos podían reconocer. Lo importante es lo que quiere comunicar, no los elementos que utiliza para la comunicación.

No es verosímil que esta visión se diera durante la vida de Jesús. Si los apóstoles hubieran tenido esta experiencia de lo que era Jesús, no le hubieran negado poco después. Tampoco fue un intento de preparar a los apóstoles para el escándalo de la cruz. Si fue ese el objetivo, el fracaso fue absoluto: “Todos le abandonaron y huyeron”.

En la experiencia pascual descubrieron los discípulos lo que era Jesús. Todo lo que descubrieron después de su muerte, estaba ya presente en él cuando andaban por los caminos de Palestina. Los exegetas apuntan a que estamos ante un relato pascual. Si se retrotrae a la vida terrena es con el fin de hacer ver que Jesús fue siempre un ser divino.

No podemos seguir pensando en un Jesús que lleva escondido el comodín de la divinidad, para sacarlo en los momentos de dificultad. En la oración del huerto quedó muy claro Lo que hay de Dios en él, está en su humanidad. Lo divino nunca podrá ser percibido por los sentidos. Es hora de que tomemos en serio la encarnación y dejemos de ridiculizar a Dios.

La única gloria de Dios es su ser. Nada que venga del exterior puede afectarle ni para bien ni para mal. El aplicar a Dios nuestras perspectivas de grandeza, es sencillamente ridiculizarle. La única gloria del hombre es manifestar que en él está ya ese mismo amor. Manifestar amor hasta la muerte por amor, es la mayor gloria de Jesús y del hombre.

Jesús vivió constantemente trasfigurado, pero no se manifestaba externamente con espectaculares síntomas. Su humanidad y su divinidad se expresaba cada vez que se acercaba a un hombre para ayudarle a ser él. La única luz que transforma a Jesús es la del amor y solo cuando manifiesta ese amor ilumina. En lo humano se trasparenta Dios.

Los relatos de teofanía que encontramos en el AT, son intentos de trasmitir experiencias personales de seres humanos. Esa vivencia es siempre interior e indecible. La presencia de Dios es el punto de partida. Esa presencia es nuestro verdadero ser. La gloria no es una meta a la que hay que llegar sino el punto de partida para llegar al don total.

 Tomó consigo a tres: La experiencia interior es siempre personal no colectiva, por eso los presenta con sus nombres propios. Moisés también subió al Sinaí acompañado por Aron. El monte: Es el ámbito de lo divino. Si Dios está en el cielo, la montaña será el mejor lugar para que se manifieste. El monte alto es el lugar donde siempre está Dios.

 Rostro resplandeciente: la gloria de Dios se comunica a aquellos que están cerca de Él. A Moisés al bajar del monte, después de haber hablado con Dios, tuvieron que taparle el rostro porque su luminosidad hería los ojos) La luz: ha sido siempre símbolo de la presencia de la Gloria de Dios. La nube: Símbolo de la presencia protectora de Dios. A los israelitas les acompañaba por el desierto una nube que les protegía del calor del sol.

 Moisés y Elías: Jesús conectado con el AT. La Ley y los Profetas en dialogo con Jesús. El evangelio es continuación del AT pero superándolo. La voz: la palabra ha sido siempre la expresión de la voluntad de Dios. ¡Escuchadlo! Es la clave del relato. Solo a él, ni siquiera a Moisés y a Elías. El miedo, aparece en todas las teofanías. Ante la presencia de lo divino, el hombre se siente empequeñecido. Miedo incluso de morir por ver a Dios.

El relato propone a Jesús como la presencia de Dios entre los hombres, pero de manera muy distinta a como se había hecho presente en el AT. Por eso hay que escucharlo. Su humanidad llevada a plenitud es Palabra definitiva. Escuchar al Hijo no es aceptar un doctrina que él trasmite por su palabra sino transformarse en él y vivir como él vivió, ser capaces de manifestar el amor a través del don total de sí.

Ni la plenitud de Jesús ni la de ningún ser humano están en un futuro propiciado por la acción externa de Dios. La plenitud del hombre está en la entrega total. No está la resurrección después de la muerte ni la dicha después del sufrimiento. La Vida y la gloria están allí donde hay amor. La vida de Jesús se presenta como un éxodo, pero el punto de llegada será el Padre, que era el punto de partida al empezar el camino.

A los cristianos nos queda aún un paso por dar. No se trata de aceptar el sufrimiento y la prueba como un medio para llegar a “la gloria”. Se trata de ver en la entrega, aunque sea con sufrimiento, la meta de todo ser humano. El amor es lo único que demuestra que somos hijos de Dios. Darse a los demás por una recompensa, no tiene nada de cristiano.

Jesús nos descubre un Dios que se da totalmente sin pedirnos nada a cambio. No es la esperanza en un premio, sino la confianza de una presencia, lo que me debe animar. La transfiguración nos está diciendo lo que era realmente Jesús y lo que somos realmente cada uno de nosotros. ¡Sal de tu tierra! Abandona tu materialidad y adéntrate por los caminos del Espíritu. Vives exiliado en tierra extraña, que no es el lugar que te pertenece.

Meditación

Jesús era todo luz peque Dios lo inundaba.

Ese es el punto de partida para él y para nosotros.

No debemos esperare ninguna transfiguración

sino descubrir nuestro ser no desfigurado.

No tengo que caminar hacia una meta fantástica que me prometen,

Sino descubrir ya en mí el más sublime don, Dios mismo.

La Conferencia Episcopal elige a Juan José Omella como su nuevo presidente

El cardenal y arzobispo de Barcelona se considera más próximo a las tesis aperturistas del papa Francisco. Carlos Osoro será el vicepresidente Juan José Omella, este martes tras ser elegido nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española. En vídeo, las declaraciones de Omella. JAIME VILLANUEVA | EPV

MIGUEL ÁNGEL MEDINA-El Pais

La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha elegido a Juan José Omella como su nuevo presidente para los próximos cuatro años, en sustitución de Ricardo Blázquez, que ha representado a los obispos españoles desde 2014. Omella, de 73 años, es cardenal y arzobispo de Barcelona. Tras la reforma de los estatutos de la entidad —que se llevó a cabo en 2019—, el nuevo presidente ostentará el cargo durante los próximos cuatro años (y no tres, como hasta ahora). Se trata del noveno presidente de la institución desde su creación en 1966 gracias al Concilio Vaticano II. Nacido en Cretas (Teruel) en 1946, Omella fue ordenado cardenal por el papa Francisco en junio de 2017, por lo que se considera más próximo a las tesis aperturistas del Pontífice. Leer más…