Francisco: «Sueño una Europa sanamente laica, donde Dios y el César sean distintos pero no contrapuestos»

 Jesús Bastante
Religión Digital

El Papa lanza sus «sueños» para el Viejo Continente, e invita a los cristianos a «despertar la conciencia de Europa» y a «comprometerse con valentía y determinación a ofrecer su colaboración en cada ámbito donde viven y trabajan», en una carta al cardenal Parolin.

Advierte del riesgo de que el proyecto europeo «esté volviendo atrás» y de «la tentación de ir cada uno por su cuenta, buscando soluciones unilaterales»

“Sueño una Europa amiga de la persona y de las personas. Una tierra donde sea respetada la dignidad de todos, donde la persona sea un valor en sí y no el objeto de un cálculo económico o una mercancía”

“Sueño una Europa que sea una familia y una comunidad, que sepa valorar las peculiaridades de todas las personas y los pueblos, sin olvidar que estos están unidos por responsabilidades comunes”

Se trata de elegir entre un modelo de vida que descarta personas y cosas, y uno inclusivo que valora lo creado y a las criaturas” Leer más…

«Antes de que sea demasiado tarde, queremos recordar que la guerra es un fracaso de la politica y de la humanidad»

José Manuel Vidal
Religión Digital

Presidente Matarella: “El Espíritu de Asís se renueva hoy en Roma, en un tiempo de oscuridad y temor»

Riccardi: “La guerra es la madre de todas las pobrezas”

Riccardi: «Rezamos juntos, porque la oración es la raíz de la paz, que purifica el corazón del odio y pide a Dios el fin de todas las guerras»

Bartolomé: “ La época de la moda ecológica, de su idealización o peor aún, de su ideologización, ha terminado. El momento de la acción ha comenzado.

«Para construir la fraternidad que conduce a la paz y la justicia, al respeto y a la comprensión, para sentirse familiar como en un hogar, debemos comenzar por cuidar nuestro hogar común»

«En esta hora oscura de la tierra hemos aprendido que ‘Nadie se salva solo'» …Leer más…

Santu Guztien Jaia – José A. Pagola – A (Mateo 5,1-12)

JESUSEN ZORIONTASUNA

Ez da zaila Jesusek ezagutu zuen gizarteko pertsona zoriontsu baten irudia marraztea. Adineko gizonezko bat izango litzateke, sasoikoa, emakume jator eta emankor batekin ezkondua, semedun eta lur aberatsen jabea, erlijio-betetzailea eta herrian itzal handikoa. Zer gehiago eskatzen ahal litzateke?

Dudarik gabe, ez zen hau Jesusek arnasten zuen ideala. Emazterik eta semerik gabe, sororik eta ondasunik gabe, Galilean barna ibiltari eskale gisa, Jesusen biziera ez zen ahokatzen edo egokitzen konbentziozko inolako zoriontasun-motarekin. Haren biziera zirikatzailea zen. Zoriontsu bazen, era kontrakultural batean zen, ezarritakoaren atzekoz aurrerako era batean.

Izatez, Jesusek ezer gutxi pentsatzen zuen bere zoriontasunean. Bere bizitza, aitzitik, gogo-gogoko zuen egitasmo baten jirabira bizi zuen, sakon bizitzera eragiten zion egitasmoa baitzen. «Jainkoaren erreinua» deitzen zion. Ematen zuen, besteak zoriontsu egiten zituenean zela bera zoriontsu. Onik sentitu ohi zen jendeari osasuna eta duintasuna itzultzea lortzen zuenean, zuzengabeki kendu baitzizkioten.

Jesus ez zen ibili bere probetxu bila. Zoriontasun-egoera berriak nola sortuko ibili zen, guztientzat. Ez zekien zoriontsu izaten gainerakoak bere zorionean sartu gabe. Guztiei proposatzen zizkien irizpide berriak, askeagoak eta errotikoagoak, mundua zoriontsuago eta duinago egiteko.

«Jainko zoriontsu batengan sinesten zuen, Jainko kreatzaileagan, bere sorkari guztiei bihotzetiko maitasunez begiratzen dienagan; biziaren eta ez heriotzaren adiskide den Jainkoa zuen bere Jainko, jendearen bekatuei baino gehiago jendearen sufrimenari erreparatzen diona.

Jainko horrekiko fedetik jo zuen eskema erlijioso eta sozialak desegitera. Ez zuen segidako hau bere predikua: «Zorionekoak zuzenak eta jainkozaleak, jasoko baitute Jainkoaren saria» Ez zuen esaten: «Zorionekoak aberatsak eta boteretsuak, segurtatua baitute haren bedeinkazioa». Jesusen aldarria nahasgarria zen guztientzat: «Zorionekoak behartsuak, Jainkoa izango baitute bere zoriona».

Jesusen gonbita guztia honetara dator: «Ez ibili zorion bila zeuen interesak nola aseko, ezta zeuen erlijioaz zeuen probetxurako nola baliatuko ere. Izan zoriontsu, mundua guztientzat zoriontsuago izan dadin, leial eta pazientziaz lan eginez».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Fiesta de Todos los Santos – A (Mateo 5,1-12)

por Coordinador – Mario González Jurado

LA FELICIDAD DE JESÚS

No es difícil dibujar el perfil de una persona feliz en la sociedad que conoció Jesús. Se trataría de un varón adulto y de buena salud, casado con una mujer honesta y fecunda, con hijos varones y unas tierras ricas, observante de la religión y respetado en su pueblo ¿Qué más se podía pedir?

Ciertamente no era este el ideal que animaba a Jesús. Sin esposa ni hijos, sin tierras ni bienes, recorriendo Galilea como un vagabundo, su vida no respondía a ningún tipo de felicidad convencional. Su manera de vivir era provocativa. Si era feliz, lo era de manera contracultural, a contrapelo de lo establecido.

En realidad, no pensaba mucho en su felicidad. Su vida giraba más bien en torno a un proyecto que le entusiasmaba y le hacía vivir intensamente. Lo llamaba «reino de Dios». Al parecer, era feliz cuando podía hacer felices a otros. Se sentía bien devolviendo a la gente la salud y la dignidad que se les había arrebatado injustamente.

No buscaba su propio interés. Vivía creando nuevas condiciones de felicidad para todos. No sabía ser feliz sin incluir a los otros. A todos proponía criterios nuevos, más libres y radicales, para hacer un mundo más digno y dichoso.

Creía en un «Dios feliz», el Dios creador que mira a todas sus criaturas con amor entrañable, el Dios amigo de la vida y no de la muerte, más atento al sufrimiento de las gentes que a sus pecados.

Desde la fe en ese Dios rompía los esquemas religiosos y sociales. No predicaba: «Felices los justos y piadosos, porque recibirán el premio de Dios». No decía: «Felices los ricos y poderosos, porque cuentan con su bendición». Su grito era desconcertante para todos: «Felices los pobres, porque Dios será su felicidad».

La invitación de Jesús viene a decir así: «No busquéis la felicidad en la satisfacción de vuestros intereses ni en la práctica interesada de vuestra religión. Sed felices trabajando de manera fiel y paciente por un mundo más feliz para todos».

José Antonio Pagola

Domingo 31 T. O. – FIESTA DE TODOS SANTOS (A) – Fray Marcos

(Mt 5, 1-12) “Dichosos los pobres en el espíritu…”   

A pesar de mis fallos, soy plenitud. Lo difícil es aceptar los fallos en uno mismo y descubrir las virtudes en los demás.

Mateo 5,1-12a

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»

Los matemáticos dicen que la distancia de cualquier número, por grande que sea, al infinito, es siempre infinita. Para Dios todos somos iguales, no hay posible distinción. ¿Qué sentido tiene entonces el marcar las diferencias entre unos y otros? La fiesta de “Todos los Santos”, entendida como diferencia de perfección entre los seres humanos no tiene mucho sentido. Por eso le he cambiado el título y he puesto: “Todos santos”; aunque también podía haber puesto “Todos pecadores” y sería exactamente igual de cierto. Para Dios no hay diferencia ninguna, porque nos ama a todos por lo que Él es.

Si por santo entendemos un ser humano perfecto, significaría que ya ha llegado a su plenitud y por lo tanto se habrían acabado sus posibilidades de crecer. Pero su verdadero ser, y por lo tanto su perfección, nada tiene que ver con su biología o con su moralidad. A esa parte de nuestro ser no afectan las limitaciones, sean del orden que sean. Es una realidad que permanece siempre intacta. Descubrir, vivir y manifestar ese verdadero ser, es lo que podíamos llamar santidad y es posible para todos.

Cuando creemos que para ser santo tenemos que anular los sentidos, reprimir los sentimientos, machacar la inteligencia y someter la voluntad, nos estamos exigiendo la más torpe inhumanidad. La plenitud de lo humano solo se alcanza en lo divino, que ya  está en nosotros. Vivir lo divino que hay en nosotros es la meta de lo humano. El verdadero santo no es el perfecto sino el sincero. El santo nunca descubrirá que lo es. Por favor, que nadie caiga en la tentación de aspirar a la “santidad”. Aspirad solo, a ser cada día más humanos, desplegando el amor que es Dios y está en vosotros.

Cuando hemos puesto la santidad en lo extraordinario, nos hemos salido de todo marco de referencia evangélico. Si creemos que santo es aquel que hace lo que nadie es capaz de hacer, o deja de hacer lo que todos hacemos, ya hemos caído en la trampa del ideal de  perfección griega, que durante siglos se nos ha vendido como cristiana. Cuando un joven le dice a Jesús: «Maestro bueno”. Jesús le responde: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno más que Dios. ¿Qué hubiera contestado si le hubiera llamado santo?

Todos somos santos, porque nuestro verdadero ser es lo que hay de Dios en nosotros;  aunque la inmensa mayoría no lo hemos descubierto todavía, y de ese modo, tampoco podemos manifestar lo que somos. Somos santos por lo que Dios es en nosotros, no por lo que nosotros somos para Dios o para los demás. La creencia generalizada de que la santidad consiste en desplegar las virtudes morales, no tiene nada que ver con el evangelio. Recordemos: “Las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el reino de Dios”. Para Jesús, es santo el que descubre el amor que llega a él sin mérito ninguno por su parte. La perfección moral en consecuencia de la santidad, no su causa.

Debemos tener mucho cuidado a la hora de hablar de los santos como “intercesores”. Si lo entendemos pensando en un Dios, que solo atiende las peticiones de sus amigos o de aquellos que son “recomendados”, estamos ridiculizando a Dios. En (Jn 16,26-27) dice Jesús: “no será necesario que yo interceda ante el Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama”. Lo hemos dicho hasta la saciedad, Dios no nos ama porque somos buenos o por recomendación de uno que los es, sino porque Él es amor.  Es un poco ridículo seguir repitiendo una y otra vez: Señor, ten piedad (15 veces en cada eucaristía)

Se puede entender la intercesión de una manera aceptable. Si descubrimos que esas personas que han tomando conciencia de su verdadero ser, son capaces de hacer presente a Dios en todo lo que hacen, pueden ayudarnos a descubrirlo, y por lo tanto pueden acercarnos a Dios. Descubrir que ellos confiaron en Dios a pesar de sus defectos, nos tiene que animar a confiar más nosotros. No solo valdría para los que conviven con ellos, sino par todos los que después de su muerte, tuvieran noticia de ‘su vida y milagros’. Sería el camino más fácil para que creciera el número de los “conscientes”.

Debemos tener cuidado con la “comunión de los santos”. No se trata de unos “dones” o unas “gracias” que ellos han merecido y que nos ceden a nosotros. Es ridículo cuantificar y almacenar los bienes espirituales. Todo lo que nos viene de Dios es siempre gratuito y nunca se puede merecer. “Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Ahora bien, en el momento que se tiene conciencia de la unidad, se comprende que todo lo que hace uno repercute en el todo. La doctrina de Pablo es esclarecedora: “Todos formamos un solo cuerpo”.

En esta fiesta celebramos la bondad, se encuentre donde se encuentre. Es una fiesta de optimismo, porque, a pesar de los telediarios, Hay mucho bien en el mundo si sabemos descubrirlo. Es cierto que mete más ruido uno tocando el tambor que mil callando. Por eso nos abruma el ruido que hace el mal y no nos queda espacio para descubrir el bien. Hoy es el día de la alegría. La Vida y el Bien triunfan sobre la muerte y el mal. La vida merece siempre la pena. Esta alegría de vivir tenemos que mantenerla a pesar de tanto sufrimiento y dolor como hay en nuestro mundo. A pesar de que muchos seres humanos consumen su existencia sin enterarse de lo que son, y se conforman con vegetar.

Las bienaventuranzas nos descubre el verdadero rostro del “santo”. ¿Quién es dichoso? ¿Quién es bienaventurado? Felicitar a uno porque es pobre, porque llora, porque pasa hambre, porque es perseguido, sería un sarcasmo para el común de los mortales. Sobre todo si le engañamos con la promesa de que serán felices más allá. Haber reservado la palabra “bienaventurado” para los que han muerto, es una manipulación del evangelio inaceptable.  Aquí abajo, el dichoso es el rico, el poderoso, el que puede consumir de todo sin dar un palo al agua. Esa escala de valores queda trastocada por el evangelio.

Las bienaventuranzas no se pueden entender racionalmente, ni se pueden explicar con argumentos. Cuando Pedro se puso a increpar a Jesús, porque no entendía su muerte, Jesús le contestó: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Solo entrando en la dinámica de la trascendencia, podemos descubrir el sentido de las bienaventuranzas. Solo descubriendo lo que hay de Dios en mí, podré darme cuenta del verdadero valor. Para que una persona sea dichosa le tenemos que dar aquello que considera el valor supremo para ella. Tenga lo que tenga, si no lo percibe como valor absoluto, no le hará feliz.

Las bienaventuranzas no son un sí de Dios a la pobreza y al sufrimiento, sino un rotundo no de Dios a las situaciones de injusticia, asegurando a los pobres lo más grande que pudieran esperar, el amor que es Dios. En Él los pobres pueden esperar, tener confianza. No para un futuro lejano, sino ya, aquí y ahora. Puede ser bienaventurado el que llora, pero nunca el que hace llorar. Puede ser feliz el que pasa hambre, pero no el que tiene la culpa del hambre de los demás. Buscar la salvación en las seguridades terrenas, es la mejor prueba de que no se ha descubierto el amor de Dios. Aún en las peores circunstancias imaginables, las posibilidades de ser, nadie puede quitártelas

En la celebración de este día, no tenemos que pensar en los “santos” canonizado, ni en los que desarrollaron virtudes heroicas, sino en todos los hombres que descubrieron la marca de lo divino en ellos, y ese descubrimiento les empuja a mayor humanidad. No se trata de celebrar los méritos de personas extraordinarias, sino de reconocer la presencia de Dios que es el único Santo, en cada uno de nosotros. El merito será siempre de Dios. Muchas de esas personas que se han ido y recordaremos mañana, son verdaderos santos.

Domingo 1 de noviembre – Fiesta de Todos los Santos – Koinonía

Mateo 5,1-12a

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»

Se celebra hoy la Solemnidad de Todos los Santos. Qué bueno sería que no se redujera a lo que hemos solido llamar “mundo católico”, sino a un mundo verdaderamente «cat–hólico» (etimológicamente, según el todo, refiriéndonos al todo), o sea, «universal».

¿No querríamos celebrar en este día a todos los santos que están ya ante Dios? ¿Pues cómo vamos a limitarnos a pensar en «catálogo romano de los santos», de los «canonizados» por la Iglesia católica romana, en esa práctica llevada a cabo sólo desde el siglo XI, de «inscribir» oficialmente a los santos particulares de esa Iglesia, en su libro «Santoral Romano»? ¿Será que quienes figuran oficialmente inscritos durante 9 siglos en esta sola Iglesia son «todos los santos» que están delante de Dios… o tal vez serán sólo una insignificante minoría de entre todos ellos?

Es decir: pocas fiestas tanto como ésta requieren ser «universalizadas» para hacer honor a su nombre: la festividad de «todos los santos». Por tanto, hay que hacer un esfuerzo por entenderla con una real universalidad. Ésta es una fiesta «ecuménica»: agrupa a todos los santos. Es más que ecuménica, porque no contempla sólo a los santos cristianos, sino a «todos», todos los que son santos a los ojos de Dios. Ello quiere decir, obviamente, que también incluye a los «santos no cristianos»… a los santos de otras religiones (debería ser una fiesta inter-religiosa), e incluso a los santos sin pertenencia a ninguna religión, los «santos paganos» (Danielou tituló así un libro suyo), los santos anónimos (éstos deben ser verdadera legión), incluso los «santos ateos», o sea, los ateos santos, que, haberlos los ha habido, y los sigue habiendo.

Una fiesta pues, que podría hacernos reflexionar sobre dos aspectos: el de la santidad misma (¿qué es, en qué consiste, qué «confesionalidad» tiene…?), y el del «Dios de todos los santos». Porque muchas personas todavía piensan –sin pensarlo demasiado, desde luego– en «un Dios muy católico». Para algunos, Dios mismo sería en realidad «católico, apostólico… y romano». O sea, «nuestro». O «un Dios como nosotros», de hecho. Pudiera ser que, también… un poco… hecho «a imagen y semejanza» nuestra.

La actitud universalista, la amplitud del corazón y de la mente hacia la universalidad, a la acogida de todos sin etiquetas particularistas, siempre nos cuestiona la imagen de Dios. Dios no puede ser sólo nuestro Dios, el nuestro, el que piensa como nosotros e intervendría en la historia siempre según nuestras categorías y de acuerdo con nuestros intereses… Dios, si es verdaderamente Dios, ha de ser el dios de todos los santos, el Dios de todos los nombres, el Dios de todas las utopías, el Dios de todas las religiones (incluida la religión de los que con sinceridad y sabiendo lo que hacen optan con buena conciencia por dejar a un lado “las religiones”, aunque no «la religión verdadera» de la que por ejemplo habla Santiago en su carta, 1,27). Dios es «católico» pero en el sentido original de la palabra. Está más allá de toda religión concreta. Está «con todo el que ama y practica la justicia, sea de la religión que sea», como dijo Pedro en casa de Cornelio (Hch 10).

Hoy nos parece todo esto muy natural, pero hace apenas 50 años –los que hace que se celebró el Concilio– que estamos pensando de esta manera. En las vísperas del Concilio, el famoso teólogo dominico Garrigou-Lagrange (avanzado, progresista, y por ello perseguido) escribía con la mentalidad común del ambiente católico: «Las virtudes morales cristianas son infusas y esencialmente distintas, por su objeto formal, de las más excelsas virtudes morales adquiridas que describen los más famosos filósofos… Hay diferencia infinita entre la templanza aristotélica, regulada solamente por la recta razón, y la templanza cristiana, regulada por la fe divina y la prudencia sobrenatural» (Perfection chrétienne et contemplation, Paris 1923, p. 64).

Danielou, por su parte, afirmaba: «Existe el heroísmo no cristiano, pero no existe una santidad no cristiana. No debemos confundir los valores. No hay santos fuera del cristianismo, pues la santidad es esencialmente un don de Dios, una participación en Su vida, mientras que el heroísmo pertenece al plano de las realidades humanas» (Le mystère du salut des nations, Seuil, Paris 1946, p. 75). Todas las grandes figuras de la humanidad, personajes como Sócrates o como Gandhi… sólo podrían considerarse héroes, no santos; no quedarían incluidos hoy en esta fiesta, porque los santos serían sólo cristianos, ¡y católicos!

Este cambio de perspectiva es una de las tantas «rupturas» que realizó el Concilio Vaticano II.

La primera lectura bíblica de esta fiesta litúrgica, del Apocalipsis, aun estando redactada en ese lenguaje no sólo poético, sino ultra-metafórico, lo viene a decir claramente: la muchedumbre incontable que estaba delante de Dios era «de toda lengua, pueblo, raza y nación»… En aquel entonces, hablar de «las naciones» implicaba a las religiones, porque cada pueblo-raza-nación era considerado que tenía su propia religión. A Juan le parece contemplar reunidos, en aquella apoteosis, no sólo a los de su propia religión, sino a todos los pueblos, lo que equivale a decir: a todas las religiones.

Si corregimos así nuestra visión, estaremos más cerca de «ver a Dios tal como es» (segunda lectura), tal como podremos verle más allá de los velos carnales del chauvinismo cultural o el tribalismo religioso -que no son muy distintos. Obviamente, esos «ciento cuarenta y cuatro mil» (doce al cuadrado, o sea, «los Doce», o «las Doce ‘tribus’ de Israel», pero elevadas al cuadrado y multiplicadas por mil, es decir, totalmente superadas, llevadas fuera de sí hasta disolverse entre «toda lengua, pueblo, raza y nación»), esos ciento cuarenta y cuatro mil, o los entendemos como un símbolo macroecuménico, o nos retrotraerían a un fantástico tribalismo religioso.

Las bienaventuranzas comparten la misma visión «macro-ecuménica»: valen para todos los seres humanos. El Dios que en ellas aparece no es «confesional», no es de una religión, de una raza o tribu… no es «religiosamente tribal». Tampoco exige rituales de ninguna religión, sino la simple religión humana: la pobreza, la opción por los pobres, la transparencia de corazón, el hambre y sed de justicia, el luchar por la paz, la persecución como efecto de la lucha por la Causa del Reino… Esa «religión humana básica fundamental» es la que Jesús proclama como «código de santidad universal», para todos los santos, los de casa y los de fuera, los del mundo «católico»…

Si a propósito de la festividad de Todos los Santos se nos sugiere el texto de las Bienaventuranzas, es porque ellas son en verdad el camino de la «santidad universal», válida para todos los humanos, una santidad «supra-religional», llana y simplemente humana. En y con las Bienaventuranzas como carta de navegación de nuestra vida es posible alcanzar la meta de nuestra santificación, entendida como la lucha constante por lograr en el cada día el máximo de plenitud de la vida y el amor según el querer de Dios.

En la homilía, en la oración, en la conversación que tengamos sobre el tema, no dejemos de nombrar hoy a Gandhi, que tiene que ir de la mano con Francisco de Asís; a Martin Luther King acompañado por Mons. Oscar Arnulfo Romero, que lo admiraba mucho por cierto; a la mística santa Teresa con el incomparable Ibn Arabí, el místico sufí murciano universal; al inefable Juan de la Cruz con el místico Nisagardatta («¡Yo soy Eso!» –sus principales libros están disponibles en la red–)… La manera más efectiva de cambiar nuestra vieja mentalidad «tribal», que tanto nos ha afectado tradicionalmente en la concepción de la santidad, es practicarla, conversarla, manifestarla, compartirla fraternamente…

Dentro ya de la perspectiva cristiano-católica, para una aplicación más parenética de este precedente comentario exegético, recomendamos, como la mejor referencia, el capítulo Vº de la Constitución Dogmática de la Iglesia “Lumen Gentium”, del Vaticano II, con su “Universal llamado a la santidad”. Antes del Concilio se reconocía que había una especie de «profesionales de la santidad», que se dedicaban de un modo especializado a conseguirla, como los monjes y los religiosos/as, de quienes se decía que vivían en el «estado de perfección»; a los demás, los laicos/as o seglares como que se les consideraba de alguna manera dispensados de preocuparse demasiado de la santidad…

Recomendamos el artículo de P. Delooz, “La canonización de los santos y su significación social” en «Concilium» 149(1979)340-352, accesible en la RELaT (servicioskoinonia.org/relat/150.htm), para recordarnos de un modo más técnico la clásica estrechez de nuestro concepto de santidad, que queda patente incluso dentro del «Catálogo romano de los santos» canonizados.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 28, «Dios está de nuestra parte», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/28-dios-esta-de-nuestra-parte/

 

Terremoto en la Iglesia Católica: Francisco remece la enseñanza católica sobre sexualidad

Jorge Costadoat
Religión Digital

«Si a las personas homosexuales se reconoce el derecho a ejercer su condición, también se ha de reconocer esta posibilidad a los jóvenes que conviven antes de casarse y a todo tipo de parejas que lo hacen responsablemente»

«¿Qué sucederá en adelante? Lo normal y responsable de parte de la autoridad eclesiástica, sea este el papa o el próximo, será remirar la doctrina de la Iglesia a la luz del Evangelio. El Evangelio es un fin, las doctrinas son un medio»

El papa Francisco remece la enseñanza católica sobre sexualidad. Al aprobar la posibilidad de uniones civiles entre personas del mismo sexo, Francisco aprueba de hecho que haya relaciones sexuales legítimas fuera del matrimonio en todos los demás casos. Si a las personas homosexuales se reconoce el derecho a ejercer su condición, también se ha de reconocer esta posibilidad a los jóvenes que conviven antes de casarse y a todo tipo de parejas que lo hacen responsablemente…  Leer más…

OBITUARIO: A Javier Pagola

Joxé Arregi
Diario de Noticias

PAMPLONA – Celebro tu vida, Javier, ahora que te has ido, que te has quedado para nunca irte, que has vuelto a ser enteramente uno con la Fuente del Ser, ahora que vives.

La pena nos abate, sí, porque en nuestros pobres ojos ya no se encenderá la luz de los tuyos tan llenos de claridad y de ternura. Que se lo pregunten a tu querida, inseparable Maribel, a quien no hace mucho, mientras aún podías balbucir palabras, le decías: «Cómo eres, Maribel! ¡Cómo me cuidas!», fundidos ambos en la misma emoción, la misma profunda gratitud de la vida, la de quien recibiendo da y la de quien dando recibe, doble y única dicha a la que solo se accede a través de la muerte del ego.

Que se lo pregunten a tus hijos y nueras, que cuánto te querían te admiraban y viceversa, y ahora se resisten a creer que te hayan perdido, pero han de buscarte a oscuras en el duelo, como nosotros. Que se lo pregunten a vuestros cuatro adorables nietos que durante todo el confinamiento y después esperaban ansiosamente el cuento que tú les escribías cada día y que les transportaba a lo más profundo de la realidad verdadera, y ahora les falta el abuelo y el sabio. Que se lo pregunten a tantas y tantos compañeros de comunidades cristianas, de causas, proyectos, palestras sin fin por otra sociedad más justa, que se sienten huérfanas, huérfanos, en estos tiempos difíciles en los que más te necesitan. Todos hemos quedado un poco huérfanos. Leer más

El Papa muestra su puño de hierro y se queda solo

Marco Politi  –  ROMA

Il Fatto Quotidiano  –  Reflexión y Liberación

Una atmósfera malsana envuelve toda la historia del escándalo Becciu, los fondos secretos de la Santa Sede, las inversiones especulativas imprudentes y descontroladas realizadas con el dinero de la Iglesia y el secuestro de fondos a personas del clan familiar.

Es un ambiente de Coliseo, de sangre y arena, de un público sediento de ver cómo los gladiadores se enfrentan a las fieras y se matan entre ellos. Los ojos se vuelven hacia el emperador que mostró los pulgares hacia abajo hacia un intocable, decapitado en el acto. Pero la emoción del anfiteatro está lejos de disminuir.

No cabe duda de que el escándalo llega en un momento difícil del pontificado de Bergoglio y más que el aplauso de los fieles honestos por su puño de hierro arriesga a pesar la imagen de un Hércules que no puede limpiar las cuadras sucias porque cada rincón descubre una nueva suciedad.

Ya ha comenzado la fase final del pontificado bergogliano. En diciembre, Francisco cumple ochenta y cuatro años. Se perfila una larga temporada pre-cónclave en la que tras bambalinas los distintos grupos se posicionan en busca del “hombre adecuado” para ser llamado a guiar el barco de Pedro tras Francisco. Son fenómenos concretos, propios de toda gran realidad histórica, social y política en un sentido amplio.…Leer más…

¿Tiramos la toalla?

Jaime Richart, Antropólogo y jurista
Redes Cristianas

No es que ya entonces fuese agorero, es el conocimiento de la naturaleza de las cosas lo que me lleva a menudo a entreverar el futuro. Y ya sabía yo, y asi lo dije y lo escribí, que sin la colaboración de los medios de comunicación y del poder judicial poco iban a conseguir el legislativo y el ejecutivo en cuyos puestos estuviesen políticos dispuestos a poner en marcha un Estado nuevo más allá de los afeites y bambalinas que el texto constitucional le había dotado…

Han pasado 42 años y cada vez es más firme mi convicción de que no son ni el legislativo ni el ejecutivo los que están diseñando ni el marco y el lienzo político de la España pintada. Son el poder judicial conservador e involucionista, por un lado, y el periodismo monárquico y neoliberal, por otro, quienes la están configurando con la tremenda fuerza de sus respectivas energías y con la colaboración, claro está, de esas grandes proporciones de españoles en el Congreso que vienen simulando desde 1978 deseos de cambios soñados durante las cuatro décadas de dictadura pero que nunca permiten tampoco que pasen de serlo…Leer más…

El Papa bendice (por fin) el fin de la era Rouco en España

Jesús Bastante
Religión Digital

Francisco pide a los obispos españoles unidad y diálogo con el Gobierno, y ultima una completa renovación del Episcopado con nuevos nombramientos alejados de la línea ultraconservadora de Munilla, Reig Pla o Asenjo

Como sucediera hace casi medio siglo, cuando el Papa Pablo VI encargó al cardenal Tarancón y al nuncio Dadaglio acabar con los obispos franquistas y buscar prelados dispuestos a echar una mano en la transición democrática, ahora Francisco cuenta con Osoro y Omella para, junto al Nuncio Aúza, encontrar obispos comprometidos con las reformas en la Iglesia

Salieron contentos. Muy contentos. Los cardenales Omella y Osoro (arzobispos de Barcelona y Madrid, y presidente y vicepresidente de la Conferencia Episcopal) habían mantenido dos reuniones, en apenas 48 horas, con el papa Francisco. La primera tuvo lugar el jueves, fuera de programa, y se prolongó durante casi dos horas, en un ambiente distendido y sin testigos. La segunda, el sábado en el Palacio Apostólico junto al portavoz de la CEE, más formal pero que sirvió para hacer oficial lo que se había hablado en la Casa Santa Marta:..Leer más…