Lecturas
Is 49, 1-5. 9-11.
Sal 84.
2Pe 3, 8-14.
Mc 1, 1-8.
SEGUIMOS EN ADVIENTO
Entre el consuelo de la 1ª lec y la exigencia del Ev. En medio, como colchón mullido, la 2ª y su afirmación de que todo es paciencia de Dios con todos, que en profundidad es salvación. Una salvación muy “discreta”, muy difícil de distinguir del común de la vida.
Consolar, como todo entre humanos, termina siendo un arte en equilibrio inconstante difícil de precisar. Son malos y humillantes los consuelos paternalistas, desde fuera y de superioridad. Siempre será necesario consolar, imprescindible y profundamente humano (El Dios bendecido, porque nos consuela de 2Cor 1, 3). ¿Cómo consolar sin ser una vez más entrometidos? ¿Cómo descubrir al que urge de consuelo y no lo dice porque ni puede? Con facilidad, nos desentendemos de los demás por el peligro cierto de invadir intimidades. Podemos resultar entrometidos, consolando sin miramiento, a quien no lo necesita o lo rechaza. Se precisa humildad no retórica para aceptar una mano al hombro y una palabra buena. Y se precisa una verdadero arte para saber consolar en el momento preciso sin ingerencia y tan delicadamente que sólo procure bienestar y paz. La bendición inicial de la citada 2Cor da gracias por convertirnos Dios a nosotros en agentes de consuelo para la tribulación de cualquiera. Somos quienes han de consolar, hoy mismo, a esta humanidad de crisis, desgracias e injusticias estructurales con una palabra acertada, cargada de futuro y de esperanza.
Leer más