¿SER TODAVÍA CRISTIANOS?

Entrevista a Jesús Espeja

 El libro de Jesús Espeja «¿Ser todavía cristianos?» (Editorial San Pablo) sitúa a la Iglesia y la vivencia de la fe cristiana en el momento presente, partiendo de la descripción del proceso seguido desde el Concilio Vaticano II. 

Es una aportación muy clarificadora del contexto cultural, social y eclesial que nos envuelve. A la vez, resulta entrañable y muy estimulante como expresión de una fe de íntima identificación con Jesucristo, de vida comunitaria y de acción profética y apostólica en el momento actual.  

El Concilio Vaticano II fue un viento renovador en la vida de la Iglesia. ¿Qué aportaciones le parecen más positivas? 

Primero, la mirada positiva del mundo «teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias».  El concilio no ignora que «el mundo sigue esclavizado bajo la servidumbre del pecado», pero corrige una visión maniquea y dualista que en la tradición latina durante siglos prácticamente identificaba mundo y pecado.  Según la visón conciliar, muy conforme al realismo de la encarnación, podemos decir que no hay salvación fuera de este mundo.

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SEXUALIDAD UNITIVA Y SEXUALIDAD PROCREADORA

  

Juan Masiá Clavel

Un punto débil muy criticable, antropológica y éticamente, en los documentos eclesiásticos sobre familia, sexualidad y procreación asistida, es la obsesión injustificada por no distinguir ni separar los aspectos unitivos y procreativos en la relación sexual. Ahí se bloquea el razonamiento moral y se acaba por oponerse, tanto a la procreación médicamente asistida como a la contracepción y las relaciones que no tienen como finalidad la procreación. 

En este punto se mantienen sin ceder tanto Pablo VI, como Juan Pablo II y Benedicto XVI.  

Por citar solamente un texto típico, me remito al nº 4 de la instrucción Donum vitae (CDF, 1987). Dice así:  

“La contracepción priva intencionalmente al acto conyugal de su apertura a la procreación y realiza de ese modo una disociación voluntaria de las finalidades del matrimonio. La fecundación artificial homóloga (sic), intentando una procreación que no es fruto de la unión específicamente conyugal, realiza objetivamente una separación análoga entre los bienes y significados del matrimonio”.

 

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Domingo 22 de noviembre – XXXIV del ordinario (Cristo Rey)

Lecturas
Dn 7, 13-14  
Sal 92, 1-2. 5  
Ap 1, 5-8  
Jn 18, 33b-37

 

PRIMERAS IDEAS

                Concluye el ciclo litúrgico B, para dar comienzo al C con el domingo próximo, primero del Adviento. Concluye con la solemnidad de Cristo Rey, como síntesis y meta de todo el recorrido cristiano del año. Antes de la reforma conciliar no era así, y el domingo de Cristo Rey era el último del mes de octubre, pero no el final del año litúrgico. Al colocarlo en el final se ha pretendido centrar o corregir el sentido de esta fiesta. Había sido creada en 1925 por el papa Pío XI, en un contexto y situación política concreta, y con referencias implícitas a la misma.

                El domingo próximo comienza el adviento de este año y sería bueno prever una preparación y celebración lo más cercana posible a nuestra realidad, y, desde ella, creadora de esperanza.

                La fiesta de Cristo Rey no es ajena al ambiente final, escatológico, con el que concluyen los años litúrgicos. La realeza, o mejor el señorío, de Cristo se manifestará al final, será la conclusión gloriosa de todo. Su afirmación es el punto central y culminante de la escatología cristiana. 1Cor 15, 25-28. Cristo “tiene que” reinar. Afirmación de fe, e incuestionable. Contenido final y confesante de toda fe cristiana en ese “tiene que”. La muerte reina sobre todos los humanos. Será la última vencida, y será  arrastrada ante Dios como fruto de la victoria de Cristo. Con la muerte vencida, todos los humanos, sometidos por ella, se ven también colocados ante Dios, el que será plenitud de todo.

                Nos movemos en uno de los principales, si no el principal, punto de controversia de la teología cristiana actual. La dificultad de compaginar el señorío de Cristo sobre toda la creación y la aceptación del poder salvador de otras religiones y aun fuera de ellas. No parece posible hoy prescindir o silenciar la afirmación de fe de “Cristo tiene que reinar” en la humanidad y el universo entero. Si en otras religiones hay caminos de salvación (vd NE y DH), ¿qué relación mantienen con Cristo Jesús? ¿Sigue siendo él y su reinado referencia última e insustituible para todos y cada uno de los salvados? Cambiando señorío o realeza por mediación, ¿es eludible la mediación de Cristo, el Señor? ¿Es posible que otros grandes hombres y mujeres de Dios establezcan mediación directa con él, sin intervención de Cristo Jesús? No parece que los cristianos puedan renunciar a este punto de su fe en la que es quicio. ¿Vale aquí también la diferencia explícito e implícito? ¿Es suficiente proclamación cristiana la realeza y señorío de Cristo sin su afirmación explícita o sin deducir las consecuencias de la misma? Cristo ejercería su señorío real, pero de forma implícita, sobre el resto de religiones; como sin decirlo expresamente (ni rechazarlo), pero siendo real y verdadera su mediación no dicha. ¿No es una solución en falso, pues las demás religiones y opciones quedan siempre por debajo de Cristo, pero lo silenciamos como por delicadeza o por miedo? “Y toda lengua proclame ¡Jesú-Cristo es Señor! para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 11).

                Entre Señor y Rey, ¿qué título más adaptado a la cultura, al estilo de hoy? “Señor” fue uno de los títulos primeros y expresos sobre la divinidad de Jesús, frecuente sobre todo en la obra de Lucas. Ya en el S. I, el título Señor (Kyrios) se atribuía al emperador, colocándolo en cercanía con la divinidad. No parece posible separarlo de sus adherencias políticas y sociales. Pudiera pensarse que eran títulos más adecuados los de “Gran Esclavo”, “Universal Servidor”; pero no señalarían la ruptura de la resurrección y entronización en Dios del ajusticiado. Al hacerlo con títulos que así lo señalan, resulta imposible que no contengan adherencias del poder y el dominio.

 

                1ª lec de la profecía de Daniel. De su parte central, entre los capítulos 7-12. Una visión nocturna –nocturna, ¿facilita o entorpece la visión?- nos presenta a la figura central del texto, “un hijo de hombre”, que viene en las nubes y se presenta al anciano. De aceptar Jesús de Nazaret algún título, pudiera haber sido este. Quizá para la Escritura es un título más cercano a Dios que “hijo de Dios”. El “como un hijo de hombre” viene en nubes, sin origen concreto expreso, y se acerca a Dios. Hijo de Dios era título no sólo atribuido al rey de Israel (Sal 2), sino a otros reyes del entorno. Recordemos además la discusión en Jerusalén sobre la filiación divina del Mesías y el ser hijo de Dios (Mc 12, 37)

 

                2ª lec del libro del Apocalipsis, que significa “revelación”. Revelación de Juan para una iglesia que sufre persecución y celebra los misterios santos. Es continuación del saludo primero de Juan a las siete iglesias, deseando gracia y paz de parte del Espíritu y de Jesucristo. El “desarrollo” de ‘Jesucristo’ es la lectura de hoy. El Rey nos ha amado y nos ha hecho reyes y sacerdotes por amor. Todos han de mirar (un mirar que es intimidad en relación): los que lo aman y los que lo temen, porque lo atravesaron. Las palabras finales pertenecen a Dios, que todo lo abarca, y en todo se ha movido y se mueve hacia nosotros.

 

                3ª lec  del evangelio de Juan. Nos situamos en la narración de la pasión de Jesús. Un diálogo propio y característico  de este evangelista. No sucede en el exterior, sino dentro del Pretorio (en el interior, frente al exterior del  mundo. ¿El interior de las comunidades de Juan?). El punto de partida, corroborado por los otros evangelios: el título de rey para Jesús en boca de Pilato, certificado luego en el cartelón de la cruz. Casi un diálogo de lingüistas en torno a los términos, sus matices y su alcance real. Termina el diálogo, Pilato sale fuera y comienzan las burlas en torno a la realeza de Jesús. Y ¿si fuera esta segunda la verdadera?

 

PARA UNA POSIBLE HOMILÍA

                El Señor es Dios: él nos lumina (Sal 110). No es rey con criterios del mundo. Su reino no es de este mundo. Es rey para la verdad. Es tan la verdad de todo cuanto existe que esa verdad es la que lo constituye como rey de todo. Es rey que es agua, y que es luz y que es pan para vivir y que es pastor y que es esclavo y que es vida rebosante. Por eso es la verdad de las cosas, fluyendo entre nosotros. Sabemos por experiencia de su luz y su agua y su pan y su vida. Al saberlo y descubrirlo tan generoso e inagotable, sabemos que es rey y fuente de luz y de agua y de vida. Sabemos por experiencia de su estar por encima de todo, haciendo fluir, empapándolo todo. Su ser, tan originario, es ser realmente rey de cuanto vive y fluye y se mueve. Es rey del Espíritu. Es el Señor. Y nadie lo reconoce como tal, si no es por ese Espíritu que de él mana y todo lo inunda.

                Su reino no tiene que ver con los de este mundo, por civilizados que se presenten. Ni ejércitos, ni coacciones, ni miedo, ni impuestos, ni reverencias, ni castillos –ni interiores-, ni boato, ni pompa y circunstancia. Libertad, amor, ternura, debilidad por los malos y perdedores, son las claves de ese reino. Organizaciones, derecho, dicasterios, controles no son el reino. El reino es él y sólo él. Su comunidad lo intenta. Prefigura, hace interesante, provoca envidia por el reino, sin serlo. Señala qué y cómo es el reino, pero el horizonte último de cuanto señala es Jesús de Nazaret y sólo él. Su comunidad –y ojalá así fuera- sólo “”un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, un recinto donde seguir esperando” (vd Plegaria Eucarística V b), no en el que estar tranquilo y cómodo, como si se tratara de una situación consolidada.

                El reino está entre nosotros (Lc  17, 21). Hasta fuera de nosotros. Está por todas partes, empujando con fuerza, mientras la creación gime. Creciendo en sitios inesperados, en estercoleros de esta humanidad satisfecha y orgullosa, en rincones oscuros de olvido y soledad, en apartados donde se mantiene la esperanza aun en la misma sumisión. Está donde las razones para seguir esperando sin razones. ¿No lo veis, incluso oís, brotar manso y bello como la hierba? Se desarrolla en tanto amor y ternura silencioso que estremece la creación, en las búsquedas tercas de paz y de concordia, en los que vienen y van lejos, buscando eso, el Reino sin saberlo, y han de esperar en campos de refugiados. Entre nosotros. Come con publicanos y pecadores (Lc 15, 2), sabe de prostitutas que aventajarán a virtuosos  (. Está entre nosotros como semilla que se pudre y fructifica, como  antorcha en la noche, como joya inalcanzable, como levadura de otro pan, como el dinero perdido y necesario, como la pobre viuda generosa, como esterilla a los pies de todos, como paciente espera de quien busca.

                Está en nosotros, madura en nuestro interior, se apoya en el Espíritu. Nos hace dichosos en circunstancias bien adversas, en pobreza y paro y persecución, en mansedumbre y tersura de corazón. Dichosos en procurar la dicha a los demás. Tensos sólo ante la desesperanza. Está en nuestro interior, creciendo por años y días. En nosotros, incluso cuando nos desmoronamos y las fuerzas ceden o la memoria y la inteligencia nos abandonan. En nosotros siempre vigilantes, atentos a cuanto sucede, espabilados ante quien puede que esté llamando a la puerta para entrar y cenar con nosotros. En nosotros, como gozo y paz, consuela a todos y bendice a Dios.

                Venga a nosotros tu reino, Señor y Rey. Que tu reino nos alcance, nos invada, nos asalte y nos sumerja por fin. Que llegue tu reino. ¡Ven, Señor Jesús! Ven, y será tu reino.

Ignacio Ellacurí­a, 20 años después

16 de Noviembre de 1989

El Salvador

Ignacio Ellacuría (59), vasco de Portugalete, salvadoreño como sus compañeros de martirio, desde los 19 años, en el noviciado de Santa Tecla. Doctor en Filosofía, teólogo, rector de la UCA desde hacía diez años. Su rigor intelectual, su claridad en el análisis de la realidad, su creatividad para soluciones profundas e inmediatas, lo hacen interlocutor obligado de religiosos, intelectuales y políticos y su fama trasciende las fronteras centroamericanas. Invitado a congresos, conferencias, a recibir premios en el exterior, "Ellacu", como le dicen, aprovecha toda ocasión para ser portavoz de su pueblo clamando justicia.

Ingresó en la Compañía de Jesús a los 17 años y a los 19 viajó por vez primera a El Salvador. Completó sus estudios en Innsbruck, con Karl Rahner. En 1962 comenzó a trabajar con Xabier Zubiri, que sería su definitivo maestro y del que se convertiría en su mejor discípulo. Por aquellos años, Zubiri dijo al jesuita Luis Etxaerandio que «Ellacuría es un joven muy poderoso intelectualmente y tiene muchas posibilidades». A lo que el jesuita respondió: «Sí, Ellacu es un apasionado tremendo, pero a veces demasiado decidido e impetuoso. A ver si le enseña a dudar un poco».
Pero Ellacuría no dudó. Su excelente formación le hizo profundizar en la idea de que la realidad y la verdad han de hacerse y descubrirse en la complejidad colectiva y sucesiva de la historia, razón por la que la historia no es un factum –un hecho que nos viene dado de un modo fatal– sino un faciendum –una realidad que se teje cada día con nuestra acción–. Y como el destino le llevó a una tierra donde todo estaba por hacer, asumió con coraje el compromiso de contribuir a labrar una historia de libertad y justicia para el pueblo al que el destino le había ligado.
Hace veinte años, visitó Barcelona para recoger el premio Comín. Luego regresó a El Salvador. Sabía a lo que iba. Y, un día como otro, dio testimonio de entrega absoluta al ideal que entrevió con su inteligencia poderosa y sirvió con su voluntad decidida. Fue fiel hasta el extremo. Es la manifestación máxima de la dignidad humana.

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Ignacio Ellacurí­a, 20 años después

16 de Noviembre de 1989

El Salvador

Ignacio Ellacuría (59), vasco de Portugalete, salvadoreño como sus compañeros de martirio, desde los 19 años, en el noviciado de Santa Tecla. Doctor en Filosofía, teólogo, rector de la UCA desde hacía diez años. Su rigor intelectual, su claridad en el análisis de la realidad, su creatividad para soluciones profundas e inmediatas, lo hacen interlocutor obligado de religiosos, intelectuales y políticos y su fama trasciende las fronteras centroamericanas. Invitado a congresos, conferencias, a recibir premios en el exterior, "Ellacu", como le dicen, aprovecha toda ocasión para ser portavoz de su pueblo clamando justicia.

Ingresó en la Compañía de Jesús a los 17 años y a los 19 viajó por vez primera a El Salvador. Completó sus estudios en Innsbruck, con Karl Rahner. En 1962 comenzó a trabajar con Xabier Zubiri, que sería su definitivo maestro y del que se convertiría en su mejor discípulo. Por aquellos años, Zubiri dijo al jesuita Luis Etxaerandio que «Ellacuría es un joven muy poderoso intelectualmente y tiene muchas posibilidades». A lo que el jesuita respondió: «Sí, Ellacu es un apasionado tremendo, pero a veces demasiado decidido e impetuoso. A ver si le enseña a dudar un poco».
Pero Ellacuría no dudó. Su excelente formación le hizo profundizar en la idea de que la realidad y la verdad han de hacerse y descubrirse en la complejidad colectiva y sucesiva de la historia, razón por la que la historia no es un factum –un hecho que nos viene dado de un modo fatal– sino un faciendum –una realidad que se teje cada día con nuestra acción–. Y como el destino le llevó a una tierra donde todo estaba por hacer, asumió con coraje el compromiso de contribuir a labrar una historia de libertad y justicia para el pueblo al que el destino le había ligado.
Hace veinte años, visitó Barcelona para recoger el premio Comín. Luego regresó a El Salvador. Sabía a lo que iba. Y, un día como otro, dio testimonio de entrega absoluta al ideal que entrevió con su inteligencia poderosa y sirvió con su voluntad decidida. Fue fiel hasta el extremo. Es la manifestación máxima de la dignidad humana.

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Orar con el Evangelio

*           EL  ADVIENTO   MI  ADVIENTO 

*    Vamos a comenzar de nuevo el tiempo de ADVIENTO, comienzo del año Litúrgico, el año de la Iglesia
.
*    Tiempo de ADVIENTO. Tiempo de espera. El Señor está cerca. Viene.
*    Es un tiempo para enderezar las sendas y allanar los caminos.
*    Es un tiempo para despertar y velar.
*    La esperanza, en Adviento, es CONVERSIÓN, COMPROMISO. No basta con esperar pasivamente. El Reino de dios está cerca pero nos toca a nosotr@s, cristian@s, hacerlo visible ya.
*    Un anuncio, un grito nos llega:
*    ¡DESPERTAD!  Ya del sueño. ¡VIGILAD! ¡ ALEGRAOS!

*    El ADVIENTO, es un camino para buscar, para ir, para acercarnos más a Dios,
o para dejar y permitir que Dios llegue más a nosotr@s.
*    Una voz quiere despertar lo que duerme en cada persona:
*   “PREPARAD  EL  CAMINO  AL  SEÑOR”
*    Sabe a susurro, sabe a alarma que suena dentro del corazón…
¡Que  lo oigamos en nuestro interior!
                                                           

                             PREGÓN  DE  ADVIENTO 

*    Os anuncio que comienza ADVIENTO.
Alzad la vista, abrir bien los ojos, otead el horizonte;
daos cuenta del momento.
Captad los gritos y susurros, el viento, la vida.

 
*    Empezamos el ADVIENTO, y una vez más renace la esperanza en el horizonte.
Al fondo, clareando ya,
la NAVIDAD. Una NAVIDAD sosegada, encarnada, fraternal, solidaria, íntima, pacífica…
*    A veces también, superficial  violenta… pero siempre cargada de ESPERANZA.

*    Estad alerta y escuchad. Lleno de Esperanza grita Isaías.
“caminemos a la luz del Señor”.
     Con Esperanza pregona Juan Bautista:
     “CONVERTÍOS”, porque ya llega el Reino de Dios.
*    con la esperanza de tod@s los pobres de Israel,
de todos los pobres del mundo, susurra María su palabra de acogida:
    “HÁGASE  EN    SEGÚN  TU  PALABRA

*    ¡Alegraos!, saltad de júbilo. Poneos vuestro mejor traje.
¡Que se note!  VIENE DIOS.
Llenaos de ALEGRÍA, PAZ Y ESPERANZA.
Preparad el camino. Ya llega nuestro SALVADOR.
*    ¡VIENE DIOS!… y  ESTÁ A LA PUERTA.

             ¡Despertad a la Vida!.
                  Z  U  R  I  Ñ  E

 

ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn. 18, 33b-37)

* DOMINGO XXXIV. T.O. –B-  (Noviembre 22 de 2009)

* JESUCRISTO,  REY  DEL  UNIVERSO

*           Hoy nos podemos preguntar: ¿Tiene futuro la verdad  en este mundo de hoy?.
*           ¿Serán la libertad y la verdad  flores raras en nuestra tierra?.
*           ¿Terminarán encontrándose la verdad de Jesús y la sed de verdad del ser humano?.
*           El Evangelio de hoy nos puede suscitar estas o parecidas preguntas, ante el interrogatorio de Pilato  y la respuesta que le da Jesús:
*           TÚ LO DICES. SOY REY”
*           HE VENIDO PARA DAR TESTIMONIO DE LA VERDAD”.

*                      O R A C I Ó N

*           Jesús, que tu respuesta suscite  en nosotr@s una admiración por la belleza de tu  testimonio  acerca de la Verdad. Jesús tu ofreces gratuitamente la Verdad a los más pobres, pero no la escondes ante los poderosos a pesar de que tu vida corra peligro.

*           Vemos que la verdad oficial se impone por la violencia. En cambio tu Verdad Jesús no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma Verdad, que penetra suave y a la vez fuertemente en nosotr@s.

*           Tu Reinado, Jesús, nos lo enseñaste con tu vivir:
en el SERVICIO, en la ENTREGA  de la vida, y en la no VIOLENCIA.

*           Tú, Jesús eres el testigo de la verdad sobre la vida humana:
Has abrazado a l@s que estaban más desamparad@s;
*           Has compartido la mesa con tod@s;
            Has curado a muchos enferm@s;
            Has comunicado vida abundante.
            Nos has comunicado tu Espíritu, para que recemos al mismo Padre  que nos ama, sin distinciones de poder.
*         Nos has enseñado tu interés por to@s  , especialmente por l@s que más sufren.
*           Este modo de vida es tu REINO::
Reino de la Verdad y de la vida para tod@s. Reino de libertad, de justicia, de paz.

*           Señor, queremos pertenecer a tu Reino siempre; que no nos falte tu aliento, tu vida, tu Espíritu, para ser testigos de la Verdad,  de tu VERDAD, que es:
*           Amar especialmente a quienes lo necesitan.
            Liberar a los esclavizad@s por el mal.
            Dar gratis lo que hemos recibido gratis,
            Y construir el entendimiento y la paz.

*           Señor, Jesús, sabemos que para vivir tu VERDAD, hay que pararse, hacer silencio para escucharte y…con valentía, vivir y seguir  tu  Voluntad, que es la Voluntad de  nuestro Padre, Dios. AMÉN

*                      Z U R I Ñ E

Orar con el Evangelio (Mc. 13, 24-32)

                        DOMINGO XXXIII. T. O. – B – (Noviembre 15 de 2009)

*           Hay momentos en la vida en que todo parece que se vuelve del revés: el sol no ilumina, la luna no alumbra en las noches, las estrellas dejan de embellecer el cielo y se caen. El sol, la luna, las estrellas los astros son símbolo de muchas cosas que hacen dura la vida de los seres humanos y de los pueblos: el hambre, la injusticia, la enfermedad, el sin sentido de la vida.

*           ¿Qué hacer en esos casos?. ¿Será la angustia la única salida?. El Evangelio viene a nuestro encuentro con toda su capacidad de generar ESPERANZA. Jesús, que es la Palabra que no pasa nunca, nos asegura que viene, que está a la puerta. Es posible verle en la noche su presencia en medio de nosotr@s es una luz más potente que el sol y los astros.

                                            O R A C I Ó N

*           Seño, a esta promesa tan grande de tu venida,
cabe responder con la espera, con la vida levantada,
con la alegría que no se oscurece ni en la noche…
            Tu resurrección ha puesto el broche final a la historia;
han sido vencidos el mal y la muerte.

            La realidad definitiva será la victoria del bien, del amor, de la vida.

*           Incluso los que nos consideramos tuy@s, de tu Iglesia,
escandalizamos muchas veces: Nuestro afán de poder,
de no dejar pensar libremente,..

*           Pero gracias a ti, Señor, no han faltado ni faltan,
personas que nos reúnen en tu amor,
*           Que nos respetan como Tú.
*           Que nos dejan pensar y decidir fraternalmente.
*           Que nos curan y consuelan.

*           Tu Espíritu, Jesús, no deja de alentarnos:
             Nos recupera para la tarea del Reino.
             Nos recuerda lo esencial.
             Nos concede la libertad..
             Nos da el  coraje de ser tus testigos.
¿Seremos capaces de escucharte, de tener fe en tu Palabra?.

*           Señor Jesús, enséñanos a acompañar a personas
que no saben cómo salir de sus noches,
otras  que están a punto de perder la fe en la justicia, en la Iglesia.
*          Hay mucha dignidad escondida que espera salir a la luz. .

*           Señor, Jesús; sigue llenando de tu Espíritu a esas personas
que en nuestro camino, a veces oscuro, nos van señalando
el sendero de la vida, ensanchando el espacio de nuestra tienda,
llenando nuestro corazón de alegría. AMÉN.

*                      Z U R I Ñ E

Año sacerdotal, pero ¿qué sacerdote?

Juan Cejudo

09 11 2009

Alandar 

Llama la atención que el Papa actual declare del 19 de Junio de 2009 al 19 de Junio de 2010 año sacerdotal y nos ponga como ejemplo a imitar un sacerdote declarado santo: San Juan Mª Bautista Vianney, nacido en 1.786, especialmente famoso por sus horas dedicadas al Sacramento de la Confesión, hoy casi en desuso para la mayoría de los fieles.

El problema de la falta de sacerdotes y religiosos en la Iglesia es terrorífico. En Europa la edad media de los sacerdotes está en los 68 años y en España en los 65. Igual problema ocurre entre los religiosos y las religiosas que se ven abocados a traer “refuerzos” de países africanos o asiáticos para poder cubrir las vacantes necesarias.

Ya me dirán ustedes qué pasaría si en cualquier colectivo profesional: maestros, policías, personal sanitario, bomberos etc… el promedio de edad estuviera en torno a esas edades de 65-68 años: estarían abocados al fracaso y al fin de la profesión.

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