Domingo 10 de enero – Bautismo del Señor

Lecturas
Is 40, 1-5. 9-11  
Sal 103, 1-2. 4. 24-25. 27-30  
Ti 2, 11-14. 3, 4-7  
Lc 3, 15-16. 21-22
 

PRIMERAS IDEAS

       Conviene en este día señalar las diferencias entre el bautismo cristiano y el de Juan, que es el que  Jesús recibe. No veo que sea hoy día para hablar del bautismo, por ese peligro de confusión entre lo que se realizó en Jesús y lo que sucede en cada uno de los cristianos. El bautismo cristiano parte y se fundamenta en la muerte y la resurrección del Señor –a ello hace referencia la entrada y salida del agua-. El de Juan señala la conversión de los pecados de quien se bautiza y puede que incluya la referencia a la entrada en la tierra prometida. Si el más pequeño de los que creen en Jesús es mucho mayor que el Bautista (Mt 11, 11), también el bautismo cristiano es mayor y mejor, que el del desierto con Juan. Otra cosa es la manifestación (epifanía) de Dios en Jesús, a propósito de ese bautismo. La inmersión en la vida de la santa Trinidad sí sería el bautismo cristiano.

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Celebración de los Santos Inocentes

Un año más, el 28 de diciembre celebramos la Navidad recordando a los Santos Inocentes bajo el lema “Despertemos al clamor de los mártires”. Queremos compartir con la Red nuestra celebración, por lo que hemos insertado el documento en el apartado de Descargas.

Aprovechamos la ocasión para dar las gracias a la Red Herrieliza por su apoyo en la divulgación de nuestros actos, a todos los que asististeis por vuestra participación, a Jon Sobrino y a la parroquia San Fermín por su colaboración fraterna. Desearos un muy buen año 2010, en el que nuestra esperanza en un mundo más justo se vea materializada.

Un abrazo solidario

Comité de Solidaridad con el África Negra y Comité Cristiano de Solidaridad con Latinoamérica de Nafarroa “Oscar Romero”

 

ORAR CON EL EVANGELIO: ( Mt. 2, 1 – 12)

*      EPIFANÍADios se manifiesta – (Enero 6)

*  Epifanía significa manifestación. Jesús es la Epifanía de Dios, quien se manifiesta en la forma más indiscutible de humanidad, que es la de un niño. Pero hay una caracterís­tica importante de la epifanía de Dios en Jesús: es la de su universalidad. El relato de los Magos de Oriente manifies­ta claramente que para el amor de Dios no hay fronteras. “Dios ama a todos los hombres, quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. ¡Con cuánta frecuencia descalificamos a quienes profesan otras religiones, les consideramos inferiores, les hemos querido imponer “nuestra “ verdad, nuestra propia imagen de Dios…! La historia de los Magos nos habla de personas que buscan a Dios con sinceridad. Por eso lo encuentran. Sin embargo quienes creían estar más cerca de Dios, los conocedores de la Ley y los Profetas, no son capaces de descubrir al Mesías, al Dios hecho hombre. Abramos hoy nuestros horizontes, nuestra mente y nuestro corazón y descubramos la grandeza de Dios que se mani­fiesta a todos los hombres, sin hacer diferencia de raza, lengua o religión. 

                                      *  Oración

 * Señor, Dios y Padre Nuestro; Tú no eres un Dios oculto a nuestras vidas, sino que estás más cerca de nosotros que dos corazones que se cruzan o dos vidas que se encuentran.  – Pues en tu Hijo Jesús te hemos conocido,  y continuamos viviendo tu presencia en el amor a los demás, en la fraternidad.

* Hoy nosotros, como en otro tiempo ocurrió a los magos de Oriente, sabemos que sólo puede encontrarse contigo quien de verdad  te busca,  quien está dispuesto a desplazarse, a salir de su comodidad; quien desde su propia necesidad busca en tu vida y tus palabras el sentido de su vida,  de su trabajo y de sus días. 

– Es una lástima que nos hayamos acostumbrado  a llamarte Padre, Señor… porque como fruto de esa costumbre ya no nos encontramos contigo ni en la oración, ni en la reflexión sobre nuestra propia vida, ni en los hombres, en quienes tú te manifiestas.   

* Ésta es nuestra súplica esperanzada hoy: danos fe y sensibilidad para comprender que tu vida y nuestra vida se encuentran en cada momento,  si nosotros queremos; y ayúdanos a comprender las exigencias que nacen diariamente  de nuestro encuentro contigo. Que sepamos seguir  Tu “ESTRELLA” y seguir su LUZ. Como los "Magos".
  También nosotr@s, en Cristo, somos llamad@s a ser  luz.  AMÉN
                
                                        ZURIÑE            
                  
 

¿EXISTIERON LOS REYES MAGOS?

Los extraños visitantes

ATRIO

De todos los episodios de la infancia de Jesús, tal vez el más conocido es el de los Reyes Magos. ¡Quién no recuerda cada año, al llegar la Navidad, a aquellos misteriosos personajes que arribaron a Belén de tierras lejanas, envueltos en sus exóticos atuendos, para ofrecerle al Niño Dios sus presentes de oro, incienso y mirra! 

El único evangelista que conserva el recuerdo de este hecho es San Mateo (2,1-12). Según él, procedían de algún lugar de Oriente, y lograron encontrar a Jesús gracias a una misteriosa estrella que los guió por el camino. 

El episodio está tan grabado en la mentalidad popular, que millones de niños en todo el mundo creen que los Reyes Magos todavía siguen viniendo, en la madrugada del 6 de enero, a dejarles a ellos también algún regalo en sus zapatitos.

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Cambio climático: rumbo al desastre (Leonardo Boff)

No me vienen otras palabras al asistir al melancólico desenlace de la COP-15 sobre el cambio climático en Copenhague. La humanidad ha penetrado en una zona de tiniebla y de horror. Estamos yendo hacia el desastre. Años de preparación, diez días de discusión, la presencia de los principales líderes políticos del mundo… no fueron suficientes para despejar la tiniebla mediante un acuerdo consensuado de reducción de gases de efecto invernadero que impidiera llegar a los dos grados Celsius. Sobrepasado ese nivel y rozando los tres grados, el clima ya no será controlable, y quedaríamos entregados a la lógica del caos destructivo, amenazando la biodiversidad y diezmando millones y millones de personas. 

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Navidad, la ilusión perdida

ATRIO

29-Diciembre-2009    José Mª Castillo

 Desde niños nos han acostumbrado a celebrar la Navidad como una fiesta de luces, regalos, comidas abundantes de familias, amigos y empresas, fiesta de posibles excesos y, en todo caso, la ocasión del año para encontrarse, escribirse y desearse lo mejor de lo mejor. Sin duda, las palabras “felicidad”, “felicitación”, “felices” son las que más se repiten en estos días. La ocasión lo merece, decimos los cristianos. Porque es motivo de gozo y alegría lo que recordamos: el nacimiento de Cristo, cantado por ángeles del cielo y adorado por reyes de la tierra. ¡Cualquier cosa!

Y, sin embargo, como bien dijo, hace unos años, el conocido escritor italiano Ernesto Balducci, “la Navidad es, para el que llega al fondo de las cosas, una fiesta severa, una fiesta muy dura, como el Viernes Santo, de forma que sólo el que comprende esto puede abrirse a la alegría frágil, simple, familiar, de convivencia y amistad, sabiendo sin embargo que no debe engañarse con fábulas. Los tiempos que corren son severos. Y dichosos los que tienen la fuerza de escoger, en contraste con la cultura del poder, la grande, infinita, eterna cultura del amor, cuyo misterio es el mismo misterio de Dios”.

 

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Domingo 3 de enero de 2010 – Segundo de navidad

Lecturas
Si 24, 1-2. 8-12  
Sal 147, 12-15. 19-20  
Ef 1, 3-6. 15-18  
Jn 1, 1-18
 

IDEAS PRIMERAS

                Según  la precisión  que queramos pedir al  término “himno”, tanto pudiera ser que no correspondiera a ninguna de las tres lecturas como que lo hiciera a las tres. Pertenecen a un estilo peculiar de alabanza y admiración por alguien y por sus obras, para honrarle y celebrar sus éxitos, sin ponderar tanto sus implicaciones individuales o sus consecuencias vitales. Un himno recurre siempre a lenguajes, estructuras y expresiones poéticas, en el intento de que las palabras vayan más lejos que sus significados literales. Incluye por tanto un como acto de fe en las palabras y su riqueza siempre abierta e limitada. Exige salir de sí mismo y sus alrededores inmediatos para fijarse en algo de fuera, que hace olvidar las propias necesidades y centrar la atención y las palabras en otro diferente. En él fija su atención y le dedica, de entrada, su pensamiento y su tiempo. Olvido de sí y atención y tiempo para lo externo, al descubrir su excelencia. En las liturgias de la reforma tienen mucha importancia los himnos, interpretados sólo para cantar las alabanzas de Dios, no para ir ejecutando otras cosas mientras se canta. Afirmación a su vez de la importancia de una cosa en sí misma, la música, sin necesidad de acompañarla o hacer acompañar otras funciones -como no sean las letras-. La música en su real condición artística de superar lo inmediato para acercar a algo mayor y diferente. Pararnos, salir de nosotros, admirar, ponderar y terminar cantando porque no podemos por menos. Tanto en el Testamento primero como en el nuevo encontramos muchos himnos. Parten de la radicalidad creyente de salir de sí y encontrarse feliz en el otro, Dios, al que todo debe y de quien todo procede. Se fija en él, recuerda cosas suyas, se admira, se siente entusiasmado, y le canta. En la liturgia podrían utilizarse muchos más himnos. Oficialmente sólo figura en la misma el “Gloria a Dios en el cielo”. Sería bueno recuperar a todo el pueblo cantando a gusto, sin hacer otra cosa, sin andar, incensar, mucho menos comer, sólo cantar y disfrutar en Dios y en el canto que se le dedica. No será himno, cuando parte de ideas individualistas o deviene en moralejas prácticas. Himnos de alabanza a nuestro Dios. Con todos fuera de sí mismos, literalmente ex-tasiados.

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SANTA MARÍA MADRE DE DIOS. (Lc. 2, 16 – 21)

*                            SANTA  MARÍA  MADRE  DE  DIOS.  (Enero  1)

*           María descubre el hacer de Dios, su Palabra, en su existencia cotidiana y, por eso, lo conserva y medita en su corazón. Ella, desde la pedagogía divina, va percibiendo cómo Dios actúa  en el mundo, pero también en su vida, y responde de una forma generosa, sin cálculos.

                                                             O R A C I Ó N

*           María es Madre porque acoge la vida, le da cobijo, la cultiva en su interior..

*           María “conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”.

*           Ayúdanos, Señor, a conservar lo bueno que hemos vivido y a recordar lo menos bueno como una lección.

*           Señor, los pastores se volvieron dándote gracias por cuanto habían visto y oído.
            Haznos agradecid@s y capaces de descubrirte en cada momento de la vida.

*           Ayúdanos, Jesús nuestro, a mirar a María, tu Madre.
            Concédenos un corazón contemplativo como el suyo: Que intuya lo que Dios quiere de nosotr@s.

*           Señor, bendícenos y protégenos.
Que sintamos tu favor a lo largo de este nuevo año.
Y que en tu nombre seamos portadores de PAZ.  AMÉN.

                        Z U R I Ñ E

ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn. 1, 1 – 18)

*                 DOMINGO SEGUNDO DE NAVIDAD.-C – (Enero 3)

*           El evangelista nos presenta a Jesucristo como la Palabra que está junto a Dios creándolo todo.
            La Palabra de Dios, Jesucristo, ha querido hacerse presente en medio de la humanidad;  se ha comprometido personalmente en la causa de los hombres y mujeres; se ha hecho uno de nosotros, para compartir nuestras alegrías y nuestros dramas…
            Este texto evangélico nos invita a ver, conocer y contemplar el misterio de Dios “encarnado” y a ser testigos de ello. Somos l@s enviad@s por Dios, al igual que Juan, para dar testimonio, “porque de su plenitud tod@s hemos recibido”.
            Tenemos que ser testigos del amor y lealtad de Dios, l@s que nos decimos, seguidor@s de Jesús.

                                    O R A C I Ó N

*           La Palabra de Dios es la verdadera LUZ que ilumina la vida de toda persona.
            En el mundo está, es su casa.
            Desde todos los rincones se oye su voz. El mundo se sostiene por ella, pero el mundo se cierra a ella…
           Grita en el tercer mundo, grita en nuestras ciudades, grita en nuestras propias casas, grita en nuestro interior, pero las personas, no quieren escucharla.

*           Sin embargo, a cuant@s se sienten interpelad@s y la reciben les da la fuerza de vivir según Dios.

*           Nadie conocía al Dios verdadero, pero Jesús de Nazaret, la Palabra del Padre, éste nos lo ha manifestado.
           En Él, el Amor y la lealtad se han hecho realidad para tod@s.

*           Señor, danos Sabiduría para conducir nuestra vida de acuerdo con tu Voluntad.
            Señor, enséñanos a “escuchar”.
            Señor, que  nuestras palabras sean sinceras y fiables. Que nuestro hablar refleje la bondad de nuestro corazón y manifieste tu presencia entre nosotr@s.

*          La Palabra de Dios es la verdadera LUZ que  ilumina la vida de toda persona.  Desde todos los rincones se oye su voz. Que la sepamos “escuchar” y “vivir”. AMÉN
                                  Z U R I Ñ E

Quiero celebrar la Navidad

JOSÉ ARREGUI

No sé si has puesto ya un Belén en tu casa, no sé si esperas que un ángel te visite, que una estrella te guíe, que un niño te bendiga. No sé si estos días te alegran o te entristecen. Sé muy bien que todo es inseguro y ambiguo, también en Navidad, más en Navidad. Pero déjame que te diga con toda sencillez: yo quiero celebrar la Navidad de Jesús.

Yo sé que no se conoce el día en que nació Jesús. No tenemos ninguna razón para pensar que fuera un 25 de Diciembre, pero ése es el día en que el sol vuelve a ascender, la noche empieza a decrecer, el día vuelve a crecer. Y tuvieron razón los celtas y los romanos y todas las viejas culturas para festejar en ese día el sol, el día, la vida. Y tuvieron razón los cristianos para celebrar en ese día el nacimiento de Jesús, pues él les alumbraba el día y les calentaba la vida. Es verdad, sin embargo, que cuando el sol asciende en el Norte desciende en el Sur, y que cuanto más crece el día en el Norte más crece la noche en el Sur, y a uno le asalta la terrible pregunta de si no habremos construido milenariamente un cristianismo desde el Norte y para el Norte o incluso contra el Sur… Pero quiero celebrar la Navidad y dejar que un niño en un pesebre transforme los puntos cardinales de mi geografía y de mi religión.

Yo sé que Jesús, muy probablemente, no nació en Belén, sino en Nazaret, pero ¡qué importa!, yo llamo "Belén" ("Casa del pan" o "Casa del Dios pan") a ese pesebre bendito y a todos los pobres pesebres donde sigue naciendo Jesús, y quiero que mis labios se relaman cuando pronuncian "Belén", "Betlehem", como le sucedía al hermano Francisco en la Nochebuena de Greccio, y que las palabras vuelvan a ser milagrosas y nuevas.

 

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