Emma Riverola Escritora
El Periódico
Padre que te llamaste de muchos, el pasado vuelve para escupir en tu traición. La luz va a alcanzar el fondo de tu vergüenza. Demasiado tarde para algunos, para aquellos que fueron incapaces de crecer con una infancia robada. Pero muchos aún lo verán. Centenares de supervivientes presenciarán el derrumbe del silencio. Ese cómplice muro protector de tu vileza.
Maldito sea tu nombre. Maldito sea, aquí en la tierra y también en el infierno. Ese averno que tú anunciabas desde el púlpito. Esas tinieblas en las que hundiste a tantos. Un laberinto de soledad y desconfianza del que aún, después de décadas, tratan de escapar.
Hiciste con ellos tu voluntad. Poco te importó que fueran niños. Lo pudriste todo. Abusaste de sus cuerpos y de sus almas. Envenenaste sus corazones. Corrompiste la piel inocente. Y eyaculaste la culpa de ser una víctima. Ofendiste e hiciste creer que perdonabas. Les amenazaste con el pecado mortal. Amor, esperanza, verdad, fe, perdón… manchaste las palabras más sagradas y les dejaste huérfanos de ellas.
Estamos a punto de terminar un cálido verano que comenzó para nosotros con una noticia que nos dejó helados: en nuestra parroquia Virgen del Río nuestras curas son sustituidos y se van, de un plumazo, los tres. Esto supone que la parroquia va a experimentar un cambio en todo aquello que venía haciendo. La verdad es que nadie nos ha preguntado, por lo menos a los grupos, qué trabajo se hacía, cómo se llevaban a cabo las cosas, etcétera.