Ecos de una despedida

Mª Josefa Martiarena, Luis Mª Arraiza, Feli Suescun y Teresa Aristu Iriarte

Estamos a punto de terminar un cálido verano que comenzó para nosotros con una noticia que nos dejó helados: en nuestra parroquia Virgen del Río nuestras curas son sustituidos y se van, de un plumazo, los tres. Esto supone que la parroquia va a experimentar un cambio en todo aquello que venía haciendo. La verdad es que nadie nos ha preguntado, por lo menos a los grupos, qué trabajo se hacía, cómo se llevaban a cabo las cosas, etcétera.

No obstante nuestro grupo, como Comunidad Cristiana de Base Virgen del Río (así nos llamamos y así seguiremos llamándonos), queremos afirmar que el bagaje cristiano, humano, de cercanía, solidario que dejan Jesús Mª, Tomás y Lino es de alta calidad, y esto nadie nos lo podrá arrebatar.

La parroquia Virgen del Río se inauguró en 1971. Años de grandes inquietudes y grandes esperanzas. En lo social, el mundo obrero adquiría una clara conciencia de clase; el movimiento asociativo estaba en auge, creándose asociaciones de vecinos, de padres en colegios, grupos de promoción de la mujer…

En lo religioso, el Vaticano II traía aires nuevos y frescos, definiendo de forma contundente a la Iglesia como pueblo de Dios. Todo ello tuvo cabida y apoyo desde la parroquia.

Y en este contexto nació nuestra comunidad cristiana: un grupo de hombres y mujeres que queríamos actualizar nuestra fe, conocer más a Jesús de Nazaret mediante la oración y la reflexión evangélica. Poniendo sobre la mesa lo que entendíamos que Jesús nos interrogaba a través de los signos de cambio de los tiempos, y cómo llevar a cabo la invitación a construir el Reino.

En nosotros nació un compromiso social fuerte, descubrimos que pertenecíamos a una clase trabajadora; que la marginación nos rodea y tenemos que dar respuesta. Descubrimos también que formamos parte de un pueblo que busca su identidad, empeñado en mantener su cultura. En la actualidad analizamos los problemas derivados de la crisis: paro, emigración y un largo etcétera.

En este largo caminar de más de 30 años, hemos tenido la inmensa suerte de contar con la orientación y gran ayuda de nuestros curas. Sin ellos no habría sido posible recorrer este camino ni llegar al momento actual. Por ello nos congratulamos de haber sido sus amigos, sus compañeros de viaje. Seguiremos contando con vosotros si nos lo permitís.

Y para terminar una reflexión: esperamos, mejor pronto que tarde, que la trayectoria de cambio que está tomando la Archidiócesis de Pamplona y Tudela sea analizada con serenidad y alguien explique porqué en estos años se está desperdiciando la aportación de gente (laicos y curas) experimentada, preparada, valiosa y con gran compromiso cristiano. Y esto, precisamente, en una época de escasez de curas y seglares comprometidos.

En este punto no nos referimos solamente a los nuestros: la prensa trae, con frecuencia, artículos y cartas referentes a otras parroquias.

Jesús Mª, Tomás eta Lino, eskerrik asko, bihotz bihotzetik.