Teólogo, por josé maría castillo
DIARIO DE NOTICIAS
LA manifestación del pasado sábado 23 de octubre por las calles de Madrid, en la que numerosos colectivos de ciudadanos y de creyentes expresaron su protesta por la mal disimulada confesionalidad de un Estado (el español) que constitucionalmente es no confesional (Constitución Española, art. 16, 3), plantea, entre otras, una cuestión que los cristianos tendríamos que afrontar con lucidez, valentía y libertad. Esta cuestión se refiere, no a la confesionalidad religiosa del Estado, sino a la confesionalidad religiosa del cristianismo.
Digo esto porque parece razonable sospechar que bastantes ciudadanos (sean o no sean cristianos) ven un serio problema en la confesionalidad religiosa del Estado. Lo cual es, efectivamente, un problema importante, que necesita ser debidamente matizado por los expertos en Derecho Constitucional. Y por eso entiendo que es enteramente razonable y necesario que muchos ciudadanos, sean o no sean creyentes, protesten por el hecho de que sus dineros se dediquen a costear una confesión religiosa (la Iglesia) o a pagar los viajes del Papa.