Atrio
Cuando el equipo presidencial de Mariano Rajoy optó por la denuncia ante el Tribunal Constitucional de la segunda convocatoria de consulta popular realizada por el Presidente Artur Mas en Cataluña, dio el paso definitivo para que el problema de Cataluña se agravase en conflicto social.
Ya sabemos que estamos en una situación o coyuntura histórica de fin de ciclo, pues primero aconteció la crisis del pensamiento progresista y de las izquierdas, que luego fallaron las clases políticas, máximos rectores de la sociedad, y erraron los economistas, en una crisis de gobernanza y de descontrol de los ciclos económicos.
Ahora son los sociólogos quienes reclaman el protagonismo y a quienes todo el mundo mira, tras el hundimiento de todo pensamiento filosófico y teórico. Son los observadores indiscutibles de los movimientos dentro de los fenómenos sociales, que definen y determinan la realidad.
Nada más a propósito que los escándalos in crescendo y que vamos conociendo escalonadamente del Partido Popular, de algunos políticos de otras formaciones y de CIU, el Partido de Jordi Pujol que rigió los destinos de Cataluña hasta hoy en la persona de su fundador, que resumen el fracaso de la política.
Mientras, Cataluña ha sido introducida en una estructura de conflicto social igual que está instalado el resto de España y sea cual sea el resultado político de la consulta de hoy 9 de noviembre de 2.014
Nos salvan las instituciones que han permitido la organización y una concurrencia pacífica sin aparato represor, y que desde sedes judiciales han contenido el embiste vengativo de algunos actores políticos.
El 9 de noviembre y el 15 de mayo tienen en común que se han evidenciado los límites de nuestra democracia iniciada en 1978
Lo trágico del momento presente es que ni en Cataluña ni en el resto de España apenas se han podido oír las voces de quienes defienden nuestro orden social fundamentado en los valores compartidos y que la gobernanza político-económica han arrojado a los vertederos de la historia ofreciéndonos a cambios actos de corrupción o gestos y acciones de una mentalidad desviacionistas de los valores ciudadanos consagrados en nuestra Carta Magna.
Nuestra Constitución es lo suficientemente democrática, aunque esté interpretada bajo mínimos de forma interesada, que admite su reforma, el cambio de modelo, o su sustitución plena en la consagración del principio de soberanía popular
Defender este principio para toda “nación” ( entiéndase España como nación de naciones) conlleva que lo mismo podemos avanzar hacia la realidad plena de un Estado Federal que defienda reconociendo los hechos diferenciales, concretados bajo ese mismo concepto de “nación” que podríamos decidir entre todos los pueblos de España cómo fuese para el futuro nuestra convivencia, compartida o no. La convivencia se gana día a día, pues encierra nuestra realidad existencial.
Pero aquí estamos aún, permitiendo que los valores propios de la sociedad civil sigan sufriendo una lógica de dominación. Los partidos nacen, incluso éstos de nuevo cuño, en lugar de sujetos, como “actores de dominación”, determinando la acción colectiva e imponiendo sus modelos culturales. En ese amplio espectro hablamos de todos, no sólo de ERC, CIU, PP. UPyD como fuerzas enfrentadas, sino fenómenos más recientes como Podemos.
