Otra vez

Juan García Caselles
Religión Digital

Otra vez nos sorprende la barbarie terrorista, esta vez en Niza, otra vez en Francia.

Pero quizá, una vez condenada la barbarie de los otros, parece necesario entrar al fondo del asunto y preguntarnos cuál es el origen del terrorismo yijadista.

Es verdad que los musulmanes en general se sienten ninguneados por eso que llamamos occidente, pero no parece que la solución consista en bombardear sucesivamente a Irak, Afganistán, Somalia, Yemen, Libia. Siria, etc., (y todo esto sin contar con lo de Israel, que es un insulto, solo para los palestinos, sino para todo ser humano que tenga algún sentido de la racionalidad, la decencia y la compasión) porque, precisamente, han sido todos estos ataques de las fuerzas mundiales del orden mundial las que han justificado y propiciado el terrorismo como única respuesta o defensa posibles frente a ese orden establecido.

De todos modos, los terroristas no vienen de ninguno de los países machacados, sino que son, y esto es clave, personas afincadas en occidente o nacidas en él, formadas la mayoría por los sistemas de integración de las llamadas sociedades democráticas..

Es que nos gusta ir de guaperas por el mundo presumiendo de democracia e igualdad, cuando, en realidad, solo somos miembros de sociedades capitalistas y, como es bien sabido, cuando la democracia entra en contradicción con la economía capitalista, es ésta la que se lleva el gato al agua, no por nada, sino porque el poder real lo detentan las burguesías, mientras que los políticos son actores de quita y pon, que es verdad que pueden hacer algunas cosas, pero pocas.

Viviendo en estas sociedades que presumen de democracia y practican el capitalismo, los inmigrantes y sus hijos, se encuentra cogidos por la contradicción de ser legalmente iguales a los indígenas de cada país, pero son al mismo tiempo tratados como diferentes y de peor condición, o sera, sumidos en la marginación principalmente en el trabajo y también en todos los terrenos sociales, como es el caso de la vivienda o la enseñanza.

Ninguneados por la misma sociedad que aparenta tenerlos como iguales, los más jóvenes, en busca de su propia autoestima, se agarran a cualquier cosa que les permita considerarse a sí mismos como iguales o superiores a la sociedad corrupta que les rodea y se entregan en cuerpo y alma a un yijadismo que les enseña que son los preferidos de Alá y les impulsa a atacar la sociedad que les desprecia. Ya veis, no hacen falta instructores de los lejanos desiertos, basta un simple camión.

El mal de fondo no es el islamismo, ni siquiera el islamismo radical, que radicales hay en todas partes, en todas las religiones y en todas las creencias o ideologías. El culpable final es un capitalismo feroz que mata a quien sea con tal de mantener sus amados beneficios porque para el capitalismo las personas no son personas, sino simples instrumentos de usar y tirar. Y luego nos quejamos, pero, integrados como estamos y ricos como somos, esclavos del dinero, somos capaces de votar a Rajoy y de hacer cosas peores como contemplar tan tranquilos que nuestros gobiernos, de izquierdas o derechas bombardeen niños inocentes sin que se nos caiga la cara de vergüenza.

¡Ah! Y los asesinos siguen siendo asesinos, pero tan culpables como ellos me parecen los que en vez de entrar a solucionar las causas solo se les ocurre fabricar más bombas y bombarderos para mayor beneficio de los que los fabrican y mas muertes para los más pobres.