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1. La frontera como herida y como sacramento
Hay una llaga en el cuerpo del mundo: se llama frontera. Allí se levantan muros, se extienden alambradas, se multiplican retenes. Pero también allí laten los pies cansados de quienes buscan vida, se abrazan madres con hijos, se derrama llanto y esperanza. La frontera es herida, pero también sacramento: signo visible de un misterio invisible, umbral de un Dios que camina con su pueblo.
León XIV, primer papa estadounidense, descendiente de inmigrantes y curtido en el barro misionero latinoamericano, llega a la cátedra de Pedro con la frontera tatuada en la piel. No la contempla como un mapa político, sino como altar donde Cristo sigue crucificado en los cuerpos de quienes huyen. Y en esa mirada prolonga lo que Francisco gritó desde Lampedusa, aquel día de 2013 en que preguntó: “¿Quién lloró por estos hermanos y hermanas?”. Francisco abrió la herida; León XIV quiere convertirla en fuente de agua viva… Leer más (José Luis Pinilla)