Cristianisme i Justicia
Se sabe milenaria. El tiempo le ha otorgado ese caparazón en el que sabe ocultarse cuando algo va mal. Lo mira todo con parsimonia, como si ya lo hubiera visto antes. Se mueve lenta pero segura, dominando el espacio que le rodea y a la vez ignorándolo. Nos referimos a la tortuga que campa por las estancias vaticanas, con la que se cierra la recomendable película Cónclave (2024) de Edward Berger. El guiño simbólico a una resistencia al cambio se combina con las risas de monjas, como algo que está cambiando en la Iglesia.
Efectivamente, sabemos que las cosas están cambiando y también sabemos que no se está produciendo al ritmo que muchos quisiéramos. A esto se suma la ansiedad ante un futuro nuevo cónclave que podría suponer un volantazo a todos estos aires de apertura. Pero dejemos que la esperanza domine sobre la inquietud en 2025.
Este año jubilar fue anunciado por Juan Pablo II cuando se cerró su precedente en 2000. Mucho ha cambiado el mundo desde entonces y algo la Iglesia. La bula que convoca, Spes non confundit (La esperanza no defrauda), fue publicada el 9 de mayo de 2024, coincidiendo con la festividad de la Ascensión del Señor.? Supone un alegato a buscar los signos de esperanza en nuestros días, a la vez que nos invita a convertirnos, nosotros, también en signos de esperanza para aquellas personas que «sufren la exclusión y la indiferencia de muchos»: los presos, los enfermos, los jóvenes, los migrantes, los ancianos y los pobres. Esta idea alude a la empatía y a la acogida necesarias de la Iglesia, hechos que estuvieron presentes el pasado 24 de diciembre con la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro… Leer más (Manuel Sánchez-Moreno)