Público
Debo aclarar desde un principio que no soy creyente, es decir, no estoy dotado de lo que los creyentes llaman “el don de la fe”. Pertenezco, sin embargo, a una familia y a una tradición que siempre hizo distinción entre las religiones por un lado y las instituciones que las reproducen, como la Iglesia, por otro. Mis padres me enseñaron a respetar las religiones y a los creyentes, pero no siempre a las autoridades eclesiásticas que dirigen las iglesias, las cuales, como instituciones humanas, configuran las religiones y sus creencias para optimizar los intereses que las sustentan. Un ejemplo de ello es la composición del colectivo de santos y beatos de la religión católica, nombrados a dedo por las máximas autoridades de la Iglesia católica. El estudio de a quién se nombra santo, cuándo, cómo y por qué dice mucho sobre tal institución y sus intereses durante sus 20 siglos de existencia. Un estudio de enorme interés (sobre todo para los estudiosos de cómo se genera y reproduce el poder) es analizar cómo este es percibido por los dirigentes de la Iglesia católica y cuáles son los objetivos de nombrar a alguien santo y su relación con tal poder… Leer más (Vicenç Navarro)