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Decía Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz en 1986 y superviviente de los campos de concentración nazis, que lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. Lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, también es la indiferencia ante la existencia.
Al fin y al cabo, quien odia a otra persona muestra un interés por ella… La razón de fondo sobre lo que alertaba Wiesel es sencilla de exponer: la persona que se comporta con indiferencia no ha desarrollado un sentimiento de empatía que le permita conectar con las necesidades de los demás. Es una respuesta –negativa– en toda regla a la necesidad de un semejante. A veces basta solo con mirar para otro lado y consentirlo. Esta peligrosa actitud de la sociedad actual, poco visualizada, no mide el destrozo que provoca tanto en el orden social como en lo individual, a gran y a pequeña escala. Leer más (Gabriel Mª Otalora)